Raúl Asencio, defensa del Real Madrid, agradeció las muestras de apoyo recibidas tras el golpe sufrido en la Liga de Campeones ante el Benfica, en una acción tras la que reconoció haber perdido “la noción del tiempo“, que acabó con una contractura cervical que le impedirá estar ante el Getafe.
“Recuerdo una jugada muy rápida. Era un balón aéreo y yo voy al duelo y ya lo siguiente que recuerdo es estar con los doctores en el suelo después del golpe, que al final me doy con mi compañero Eduardo (Camavinga), y un poco pierdo la noción del tiempo, dónde estaba, lo que estaba ocurriendo, y ya vuelvo a recordar cuando ya estaba dentro, en el túnel del vestuarios”, aseguró a los medios del club.
“Pierdo un poco toda esa noción de lo que estaba ocurriendo. Es un momento muy desagradable. Recuerdo al doctor, al le doy las gracias por todo lo que hizo y a todos los servicios médicos. No tenía la vista del todo clara, no podía moverme del todo, perdía fuerza… una sensación un poco desagradable”, añadió.
Tras el incidente sufrido por Asencio a los 77 minutos del partido ante el Benfica y el paso por el hospital para descartar una lesión de gravedad, el defensa madridista guardó reposo en su domicilio y el club blanco descartó su presencia el lunes ante el Getafe. Agradeció el calor de la afición del Santiago Bernabéu y de sus compañeros.
“En ese momento al Bernabéu no lo pude sentir, pero desde que llego al hospital estoy consciente y puedo coger el móvil, veo todas las muestras de cariño y la verdad que muy agradecido. La afición del Madrid me ha recibido de una manera muy especial y lo noto. Y en situaciones como estas, que espero que no ocurran más, es cuando más la notamos”, reconoció.
“Doy las gracias a toda la afición, a toda la gente que me ha apoyado, que me muestra su apoyo y su cercanía, que al final es muy bonito y es una sensación que el jugador necesita. Y a mis compañeros que se han volcado conmigo. Desde que volví a coger el móvil ya tenía un mensaje de todos y yo ni sabía cómo había acabado el partido. Es todo más que un equipo, es una familia”, concluyó
Eligió un mal día Donald Trump para convertirse en el primer presidente de Estados Unidos en acudir a una Super Bowl. O, al menos, eligió mal a quién dar su apoyo. Horas antes del partido declaró su amor por Patrick Mahomes y, aún más, por su mujer Brittany, fan declarada del republicano (o lo que sea). Ni siquiera le desanimó compartir la bufanda de los Chiefs con su odiada Taylor Swift, que le hizo más daño en las elecciones que Kamala Harris, y su novio, Travis Kelce, la otra gran estrella de Kansas City y supervillano en el planeta MAGA por ser el rostro de la campaña de vacunación durante la pandemia. Nada de eso desanimó a Trump porque él había ido a Nueva Orleans a ganar y, jubilado Tom Brady, nadie acerca tanto la victoria en la NFL como Mahomes. Un rato después, los Philadelphia Eagles celebraban el título tras una de las mayores humillaciones de la historia (40-22, gracias al maquillaje final).
No fue una victoria, fue una aniquilación, un partido para el que se deberían haber recuperado los dos rombos. Hay cosas que los niños no deben ver. La primera vez que Kansas City cruzó el mediocampo, acababa el tercer cuarto, perdía ya 34-0 y los Eagles pensaban ya en dónde ir a celebrarlo.
No necesitó siquiera el equipo dirigido por Nick Sirianni, que ha pasado en un año de hombre-meme cuya cabeza peligraba a campeón, un gran partido de su superestrella ofensiva, Saquon Barkley, que cerró el, seguramente, mejor año que se ha visto de un corredor con una actuación discreta para sus estándares. Más brillante estuvo su quarterback, Jalen Hurts (nombrado MVP con dos touchdowns de pase y otro de carrera), pero tampoco necesitó grandes heroicidades. La Super Bowl se decidió cuando ambos descansaban, en el ataque de unos Chiefs absolutamente destrozados por la defensa que vestía de verde. Fue una exhibición. Si hubiera sido boxeo, la esquina de Mahomes habría tirado la toalla antes del descanso.
Donald Trump, junto a su hija Ivanka y su nieto Theodore, en la Super Bowl.AP
Una y otra vez, liderados por un sensacional Josh Sweat (probablemente más merecedor del MVP que Hurts, pero el ataque siempre reina), golpearon al mejor jugador del planeta hasta convertirlo en un pelele que regaló dos intercepciones impropias a los fantásticos Cooper DeJean y Zack Baun. Y es que, para poner en perspectiva la obra de arte de la defensa coordinada por Vic Fangio, hay que recordar que Mahomes, aún sin cumplir los 30, buscaba su cuarto título (el segundo, contra estos mismos Eagles hace dos años) y el tercero seguido, un triunfo que le haría mirar ya sólo hacia Brady (siete anillos y que comentaba su primera Super Bowl en la tele) y la Historia. Aún está a tiempo, pero de Nueva Orleans salió su leyenda magullada.
Todo estaba ya resuelto (24-0) cuando Kendrick Lamar salió a actuar en el descanso. No fue el espectáculo más brillante que hemos visto, la propia NFL le había puesto la zancadilla sacando a Beyoncé a hacer magia en la jornada navideña, pero sí uno de los más morbosos. Primero, porque terminó de rematar al pobre Drake cantando ‘Not like us’ ante el mundo entero y acompañado de Serena Williams y Samuel L. Jackson. Tanto flow es abusar. Segundo, porque uno de los bailarines lució un buen rato una bandera palestina mientras regateaba a seguratas como Lamine Yamal a defensas. Tercero, porque nunca ha ocultado su (pésima) opinión sobre un Trump que le observaba desde el palco con cara de estar pensando a cuántos de esos tipos que en nada se parecían a él y a sus amigos podría deportar. A veces, la música no es lo más importante de un show.
La segunda parte fue un plácido paseo de Philadelphia hacia la gloria, hora y media de ver qué famosos aparecían en pantalla. Como siempre, no escaseaban. La citada Taylor Swift (que gestionó conuna fabulosa media sonrisa el tremendo abucheo de la afición de los Eagles al verla en el videomarcador), Jay Z, Kevin Costner, Bradley Cooper, Adam Sandler, Paul McCartney... y una llamativa representación de nuestro fútbol: Messi, Rodri, Griezmann, Koke, Luis Suárez, Busquets... Todos viendo cómo los Eagles ponían en pausa el ascenso de Patrick Mahomes a la sala más exclusiva del Panteón de los quarterbacks. Tendrá más oportunidades, no lo duden. Para la próxima, tal vez decida pedirle a Donald Trump que se quede en casa. Una humillación así tarda en curarse. Si es que se cura...