Carlos Alcaraz ha anunciado que no disputará el Masters 1000 de Roma que comienza la próxima semana en el Foro Itálico al resentirse de la lesión en el antebrazo derecho que le apartó del Masters 1000 de Montecarlo y del torneo de Barcelona.
El murciano ya indicó al término del encuentro ante el ruso Andry Rublev, de los octavos de final del Masters 1000 de Madrid, que jugó con el brazo protegido con un manguito, que no había tenido buenas sensaciones en la zona.
Tras someterse a unas pruebas médicas para conocer la situación del antebrazo, el número tres del mundo ha anunciado en redes sociales que no jugará el torneo de Roma.
“Sentí dolor después de jugar en Madrid, molestias en mi brazo. Hoy me hecho unas pruebas y tengo un edema muscular en pronador redondo, consecuencia de mi última lesión. Desgraciadamente no voy a poder jugar en Roma. Necesito descanso para recuperarme y poder jugar sin dolor al cien por cien”, apuntó Alcaraz.
Carlos Alcaraz, que iniciará ya la recuperación de la lesión, tenía intención de disputar el torneo de Roma, pero tras la dolencia su intención es llegar en perfectas condiciones a Roland Garros que comienza el 26 de junio.
El pasado julio, Alexander Zverev visitó Mallorca. Un alemán en Baleares, dirán, menuda novedad. Pero el número tres del mundo no estaba de vacaciones, no quería pisar la playa ni tomarse una cerveza en un pub: estaba en un viaje espiritual. Durante 10 días se recluyó en la Rafa Nadal Academy de Manacor en busca de inspiración. A sus 28 años, con tres derrotas en sus tres finales de Grand Slam, necesitaba ayuda, alivio, apoyo, y encontró todo ello en Rafa Nadal.
"No sé cuántas veces me dijo que tenía que ser más agresivo y valiente. Sé que debo hacerlo, pero escucharlo de él, con quien he jugado partidos importantes...", aseguraba Zverev. En las semanas posteriores parecía un tenista nuevo, se le veía cambiado, pero igualmente perdió en tercera ronda del US Open. Ni Nadal puede hacer ciertos milagros. ¿Será distinto este Open de Australia? A juzgar por el sufrimiento del alemán en primera ronda ante Gabriel Diallo, no lo parece.
El tenis se ha instalado en una era previsible: Carlos Alcaraz o Jannik Sinner ganarán este Grand Slam, como hicieron en los anteriores. Es lo más probable. ¿Lo único posible? La alternativa es Novak Djokovic, una leyenda de 38 años, y más allá es difícil confiar en alguien. Ya cayó eliminado un Top 10, Felix Auger-Aliassime, y el resto aceptan que sus opciones son remotas.
El estadounidense Taylor Fritz, número nueve del mundo, comentó durante el verano de 2024 que "si alguien tiene una buena semana, cualquier cosa puede pasar". El pasado domingo en Melbourne se lo recordaron. "¿Yo dije eso? ¿Cuándo? ¿Hace tres o cuatro años? No, no, ahora realmente todo depende del Big Two", reconoció, como uno de tantos adversarios a años luz de los dos dominadores del circuito.
JAMES ROSSEFE
Ante otros tenistas, el estadounidense es poderoso, pero nunca ha ganado a Alcaraz en sus cinco enfrentamientos —sí lo hizo en la exhibición de la Laver Cup— y la única vez que derrotó a Sinner fue en 2021, cuando este tenía 19 años. Entre los mejores del planeta se acumulan estadísticas igual de sonrojantes, aunque ninguna como la que sufre el local Alex de Miñaur, número seis del mundo: ha jugado cinco veces contra Alcaraz y 13 contra Sinner sin ganar nunca. 18 derrotas en 18 partidos. El público local le adora, pero es difícil considerarle candidato en un Grand Slam a cinco sets.
La resignación de Medvedev
"Carlos y Jannik juegan mejor al tenis que nosotros, simplemente es eso. No me da vergüenza decir que si juego 10 partidos contra Carlos y 10 contra Jannik perderé la mayoría de las veces. Pero podría ganar alguno. El resto tenemos que tener esa mentalidad. He jugado contra muchos grandes nombres de la historia del tenis y también tienen días malos", analizaba el lunes Daniil Medvedev, posible rival de Alcaraz en semifinales.
El ruso es una rareza entre los aspirantes porque sabe qué es llevarse un 'grande' —el US Open de 2021— y sabe qué es vencer tanto a Alcaraz como a Sinner, aunque de todo ello ha pasado ya tiempo. A sus 29 años asume su declive, y quizá ese sea el punto diferencial con otras épocas. Entre 2005 y 2007, Rafa Nadal y Roger Federer encadenaron 11 Grand Slam consecutivos, pero ya amenazaba un joven Novak Djokovic, junto a Andy Murray, Stan Wawrinka o Juan Martín del Potro. Ahora los posibles adversarios del Big Two son mayores que ellos, y a los coetáneos —Ben Shelton, Lorenzo Musetti, Jack Draper o Holger Rune— les queda más de un paso por dar.
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En las orillas del río Yarra, más allá de los jugadores australianos, todos los carteles de promoción del Open de Australia tienen las mismas caras: las dos de siempre, Sinner y Alcaraz. Eso desvela la parte problemática de su dominio. La repetición de duelos entre ambos es una bendición para los amantes del tenis —el año pasado hubo seis finales memorables—, pero también puede ser un problema a corto o medio plazo. A su sombra no crecen otras figuras y si uno de los dos se lesiona, los torneos perderán interés.
Además, las marcas se concentran en ellos y las diferencias económicas son abismales. Según la revista Forbes, en 2025 Alcaraz y Sinner fueron los tenistas con más ingresos del mundo. Djokovic no se quedó lejos, pero el cuarto clasificado, Fritz, ingresó un tercio de lo que ingresaron ellos. Coco Gauff, Aryna Sabalenka, Qinwen Zheng e Iga Swiatek ganaron más dinero que él.
El tenis celebra la excelencia de Alcaraz y Sinner, dos jugadores camino de convertirse en leyendas. Pero necesita que aparezca un tercer nombre, o un cuarto, o un quinto, para que la monotonía no rompa la magia.
"What a player!", escribió Jannik Sinner sobre Rafael Jódar en la cámara de televisión después del partido. Los elogios del italiano con ese "¡Qué jugador!" se vieron ampliados en la rueda de prensa posterior al duelo de cuartos de final del Masters de Madrid en el que le derrotó por 6-4 y 7-6 (0) después de una hora y 57 minutos.
"Al saludarnos en la red le dije que siguiera trabajando y mejorando. Es un jugador de alta calidad. Mi consejo es que se mantenga lo más posible ajeno a la presión. Lo que está haciendo es increíble, pero cuando la presión se te mete en la cabeza las cosas son más difíciles. Sé que su padre está creando una burbuja alrededor de él", dijo el número 1 del mundo.
No se trata de mera cortesía. Sabedor de sus andanzas y de que viajaban por el mismo lugar del cuadro, Sinner no dudó en presenciar en directo, en la pista Manolo Santana, donde el español ha disputado todos sus partidos, su encuentro de segunda ronda ante Alex de Miñaur, a quien Jódar tan sólo concedió cuatro juegos, y le ha seguido el rastro a lo largo de todo el torneo.
El impacto del nuevo fenómeno del tenis mundial, que el próximo lunes será 29º en el ránking, es brutal. Madrid despidió este miércoles con los lógicos honores a quien se ha encaramado por derecho como uno de sus nuevos ídolos. A falta del mejor tenis que le distinguió en su formidable periplo durante el torneo, Jódar, 19 años, presentó un combate digno ante Sinner, pero el techo del número 1 del mundo se reveló demasiado alto para este chaval capaz de despertar la ilusión entre una hinchada huérfana de la magia de Carlos Alcaraz, ausente del torneo por lesión por segundo año consecutivo.
Discurso humilde
"Trataré de aprender de este partido para el futuro. Veré el partido y analizaré las cosas que he hecho bien y las que hecho mal. Es mi primer año en el circuito y sé que estoy en un proceso de aprendizaje. No creo que por estos resultados sea mejor de lo que realmente soy. Tengo los pies en el suelo y sé que todo el mundo te puede ganar", dijo el también reciente semifinalista del Conde de Godó ante los medios.
Jódar no pudo aprovechar ninguna de sus seis oportunidades de rotura, dos de ellas en el primer parcial, con el partido aún parejo, y las otras cuatro en sendos juegos mediado el segundo set, con el italiano mostrando dudas con el servicio, lejos de percutir con el tenis al que nos tiene acostumbrados. Ahí le faltó al español el cuajo necesario para un desafío de semejante dimensión, mientras que su oponente encontraba las soluciones para llegar hasta un desempate donde no hubo color.
"Quiero analizar cómo he jugado esos puntos. Ahora mismo no los recuerdo muy bien", comentó sobre las opciones de rotura de las que no obtuvo provecho.
No parece que estemos ante un fenómeno circunstancial. Con unos resultados que le han proyectado de manera vertiginosa, el madrileño, que ocupaba el puesto 896º a principios de 2025, será cabeza de serie en Roland Garros, en su segundo grande en el cuadro principal tras caer en segunda ronda en el Abierto de Australia. Antes podremos verle en el Masters 1000 de Roma, último torneo antes de la gran cita en París.
Bajo techo debido a la lluvia, en unas condiciones más favorables para su oponente, el tenista de Leganés no se amedrantó después de un primer set que se le esfumó en un par de juegos erráticos. Mantuvo sus señas de identidad, yendo a por los puntos, si bien con menos orden y acierto que en los encuentros precedentes.
"Han sido cuatro partidos muy buenos ante rivales muy distintos, pero todo eso no cambia nada. Ha sido una experiencia muy bonita aquí, en Madrid, pero sé que queda mucho camino", insistió, en el discurso humilde del que lleva haciendo gala desde su estallido en el circuito.
Campeón el pasado año en Paris-Bercy y este curso en Indian Wells, Miami y Montecarlo, Sinner se encuentra a dos victorias de convertirse en el primer jugador capaz de conquistar cinco Masters 1000 consecutivos. No pierde un partido en un torneo de este rando desde que se retiró por calambres ante Tallon Griekspoor el pasado 5 de octubre, en Shanghai.
Hay derrotas que son remolinos: la corriente es violenta, cuesta horrores salir de ellas, son muy peligrosas. Pero hay derrotas que son lo contrario: una nube tapa el sol, se siente un ligero escalofrío y al rato todo brilla. La derrota de Carlos Alcaraz contra Grigor Dimitrov en los cuartos de final del Masters 1000 de Miami fue así, una molestia pasajera. Este viernes, dormida la noche, quizá el español ya ni recuerde el feo marcador (6-2 y 6-4) y encare despreocupado la preparación para la gira de tierra batida que viene. Es el ideal para el deportista: si hay que caer que sea porque el adversario fue mejor. Y Dimitrov fue mejor, mucho mejor.
«Grigor jugó un tenis casi perfecto. No he podido encontrar soluciones ni hacerle sentir incómodo. Yo he jugado un gran tenis, no perfecto, pero bueno. Se lo he dicho a mi equipo: me ha hecho sentir como si tuviera 13 años. Ha sido una locura. No sabía qué hacer. No tenía debilidades. No recuerdo haberme sentido de esta manera. Si me pasó antes, fue hace muchísimo tiempo. He sentido una frustración inmensa», reconoció Alcaraz en la rueda de prensa posterior con una sonrisa en la cara.
Dimitrov sumerge a Alcaraz en un mar de dudas y lo elimina en cuartos de Miami
Nada tuvo que ver su tropiezo este jueves contra Dimitrov con sus otras caídas recientes. Ni ante Alexander Zverev en el último Open de Australia ni ante Novak Djokovic en las ATP Finals ni ante Jannik Sinner en el ATP 500 de Pekín salió tan tranquilo. Entonces el número dos del mundo se sumergió en una crisis personal, dejó de disfrutar sobre la pista, dudó sobre su tenis al completo. Esta vez simplemente aplaudió a su rival y a otra cosa. En realidad no había otro camino. Dimitrov, un tenista excepcional hundido por el peso de su apodo -Baby Federer-, jugó uno de los mejores partidos de su vida con un servicio firme y su resto de revés realmente violento. Cada saque de Alcaraz encontraba una respuesta inmediata, directa, una raquetazo que no había manera de devolver. Al final, el español recogió sus raquetas, su trofeo de ganador del Masters 1000 de Indian Wells y regresó de Estados Unidos con alegría.
«Ha sido un mes de marzo muy positivo ganando un Masters 1000 y sintiéndome como me he sentido. Ha sido súper positivo. A pesar de la derrota, me voy con sensación de haber jugado un buen tenis y sólo he encontrado un rival que me ha pasado por encima. Tengo ya ganas de empezar la gira de tierra batida», concluyó y ese es ahora el desafío que viene.
Los torneos sobre arcilla
Pese a sus condiciones físicas, Alcaraz todavía no ha completado un tour de arcilla completamente satisfactorio. Tanto en 2022 como en 2023 venció en el Conde de Godó y el Mutua Madrid Open de Madrid, los dos torneos de casa, pero en los Masters 1000 de Montecarlo y Roma todavía no ha disputado los cuartos de final y siempre se ha marchado de Roland Garros con la sensación de haber podido llegar más lejos. En 2022, ante Zverev, le pudo su propia mente y en 2023, ante Djokovic, le pudo su propio cuerpo, lesionado a medio partido. Este año tiene en París el desafío de la temporada por partida doble. Primero, a principios de junio, buscará su primer título de Grand Slam, y después, a principios de agosto, el oro olímpico en los Juegos Olímpicos. Quien acierte en Francia puede encadenar una racha antológica y no hay un candidato por delante de Alcaraz.
Más allá de la incógnita de Rafa Nadal, Novak Djokovic atraviesa una crisis -más después de separarse de su entrenador, Goran Ivanisevic- y habrá que ver el nivel del resto. Sinner, Daniil Medvedev y Zverev sí se han presentado en las semifinales del Masters 1000 de Miami, pero en tierra les esperará Alcaraz con una derrota superada, una molestia pasajera.