El neerlandés logró en Baal su octava victoria en ocho presencias esta temporada en el calendario de ciclocross.
Van der Poel celebra el triunfo.JASPER JACOBSAFP
El rey no ha muerto. Ni mucho menos. Ni siquiera sufre un achaque. Ni siquiera ha echado una cabezada y dormido un ratito para descanso de su persona o por compasión hacia los demás. En realidad, está más vivo que nunca. Más fuerte. O, en fin, tan fuerte como siempre. Mathieu van der Poel obtuvo, en Baal, donde no estaba previsto en principio que coincidiera con los otros dos tenores (Van Aert y Pidcock), su octava victoria en ocho presencias esta temporada en el calendario de ciclocross.
Y esta vez, en contra de su costumbre, no aflojó el ritmo en la última vuelta para ganar por un puñado de segundos que no reflejaba, que no expresaba el auténtico desarrollo de la prueba. No. Esta vez, dentro de su superioridad inicial, siguió forzando la máquina hasta los postres y dejó a Wout van Aert a, prácticamente, dos minutos (1:55). Y a Pim Ronhaar, a casi tres (2:44).
El belga le aguantó al principio el paso. Pero, seguramente a causa de que marchaba por encima de sus posibilidades actuales, cometió un error, uno de esos que prácticamente no comete jamás el neerlandés, que domina las carreras por fuerza y técnica, y perdió comba. Ronhaar, compatriota de Van der Poel, mantuvo durante casi toda la carrera un duelo con Tom Pidcock por el tercer lugar del podio. Pero el británico se desinfló en los últimos compases. Hasta tal punto que, duodécimo, fue adelantado por Felipe Orts, undécimo a 4:57 de Van der Poel.
El circuito era precioso para una prueba de ciclocross. No le faltaba de nada de lo habitual y lo contingente: tramos de tierra dura, charcos como pequeñas lagunas, asfalto, escalones, tablones, toboganes, barro superficial y ese puré hondo y pegajoso donde los pies se hunden y las ruedas se atascan. Así pues, máquina al hombro y hombres rebozados. Y con ella a cuestas o pedaleando. Y con lodo hasta las cejas, Van der Poel añadió otro diamante a su corona.
"No tengo nada que demostrar", pronunció en la previa Wout van Aert, acorralado por las críticas, consciente de que demasiadas miradas se posan ya en su preocupante bajón de rendimiento. Volvía el belga a A través de Flandes, el eléctrico anticipo del Tour de Flandes, allí donde hace un año se dejó media temporada en una caída en la que se fracturó la clavícula y varias costillas. Y lo que parecía que era su regreso a la victoria acabó en otro drama con el que acrecentar las dudas.
Neilson Powless le arrebató el triunfo donde antaño era imbatible, en un sprint mano a mano en el que, para más inri, a Wout le acompañaban dos compañeros del Visma Lease a Bike. Un escarnio colectivo y otra punzada en lo personal para el que hace nada era considerado el corredor más completo del mundo. "Soy totalmente responsable. Fui demasiado egoísta. Quería tanto esta victoria, especialmente después de las críticas que he recibido y de la mala suerte que he tenido... Estaba pensando en mí mismo", se sinceró como nunca, para recibir de inmediato el apoyo público de compañeros y rivales, desde Demi Vollering a Tadej Pogacar.
Tras su irrepetible Tour 2022, Van Aert no es el mismo. Todo a su alrededor es sinónimo de infortunio. Ya ni siquiera aparece en las quinielas como favorito a las clásicas de primavera. Tanto para el domingo en el Tour de Flandes como para la París-Roubaix del siguiente están muy por delante Mathieu Van der Poel o el propio Pogacar.
Cuando Jonas Vingegaard conquistó su primer Tour no pudo más que rendirse a un gregario impagable. "Es el mejor ciclista del mundo, he tenido la suerte de que me ha ayudado a ganar", dijo de un Van Aert que se lo puso en bandeja -el golpe de gracia a Pogacar en Hautacam...- pero que, además, atacó a diario (a veces, de salida), se llevó el maillot verde, se enfundó varios días el amarillo, ganó tres etapas y en otras cuatro entró segundo.
Una salvajada que le proyectaba a un futuro en el que, por qué no, ser él mismo el que intentara ganar la Grande Boucle. Porque en la edición de 2021 ya había firmado algo 'imposible', vencer en todos los terrenos: en contrarreloj, en el sprint masivo de los Campos Elíseos y en alta montaña (tras coronar el Mont Ventoux).
Van Aert, con Benoot, Powless y Jorgenson en 'Dwars Door Vlaanderen'.AFP
Ese mismo 2022 Van Aert había sido segundo en Flandes y tercero en Roubaix. Tras ganar la Milán-San Remo en 2020, que en su palmarés se acumularan Monumentos parecía un hecho inevitable. Pero, a día de hoy, apenas la Classicissima sigue luciendo. Van der Poel, su enemigo íntimo desde niño, desde el ciclocross que les formó, le ha borrado del mapa. Aquel pinchazo fatídico en el Infierno del Norte de 2023 pareció precipitar el mal fario. "Especialmente en Roubaix nunca he tenido suerte. Es una carrera en la que tienes que correr de forma perfecta, pero siempre me ha pasado algo o había alguien más fuerte. En esas carreras especialmente cada detalle puede ser decisivo. Ojalá algún día la suerte este de mi lado", se sinceraba en una entrevista con este periódico.
Desde febrero de 2024 no gana una carrera de un día (La Kuurne-Bruselas-Kuurne). Al percance en A través de Flandes se unió el gravísimo (en su rodilla se aprecian las consecuencias) del final de temporada en la Vuelta, camino de los Lagos de Covadonga, cuando ya sumaba tres victorias de etapa y recuperaba la sonrisa y el espectáculo.
Una lesión durísima de la que no parece haber vuelto como antaño. En 2025, donde volvió a alzar los brazos en dos pruebas de ciclocross (aunque en el Mundial volvió a perder ante Van der Poel), hasta el segundo puesto en la meta de Waregem su registro era muy pobre. No brilló ni en la Clásica de Jaén (39º) ni en la Vuelta al Algarve (Vingegaard le ganó en la crono). Tampoco en clásicas que antaño conquistó como la Omloop Nieuwsblad o la Kuurne. Tras ellas, se marchó a una larga concentración en el Teide, de la que sigue dejando dudas sobre su estado de forma. En la E3 Saxo Classic entró a casi tres minutos de Van der Poel y el miércoles un calambre en el sprint le hizo ceder ante Powless. ¿Es el final de una estrella o será capaz de volver a ser el Van Aert de antaño? En el pavé busca redención.
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Actualizado Miércoles,
3
enero
2024
-
19:04La empresa de bebidas energéticas, que ya patrocinaba a Van Aert o Pidcock,...
«JuanAyuso tiene los huevos bien colocados. Es ambicioso, ganador, muy completo y tiene carácter». A un veterano técnico de UAE no le sorprende el estupendo arranque de curso del español. El discípulo de Joxean Fernández Matxin ha subido al estrado de los sobresalientes y de ahí nadie le desplaza. En el último mes ha sumado ocho podios en cinco carreras. A sus 21 años es el mejor mortal en esta nueva temporada dominada por Vingegaard, Pogacar y Evenepoel.
«Ayuso está muy centrado, siempre está atento a las mejoras técnicas y a la nutrición. En muchos aspectos me recuerda a Alberto Contador», señalan desde el UAE. «Es un killer», insiste Matxin.
«Que me comparen con Contador es muy gratificante, él es uno mis ídolos. Pero todavía tengo mucho por hacer y aprender», ha dicho Ayuso, que acaba de comprobar en posición de privilegio el poderío de Vingegaard en la Tirreno-Adriático. El español finalizó segundo, venció en la contrarreloj inaugural (derrotó a Filippo Ganna, el mejor especialista del mundo) y sumó dos segundos puestos en sendas etapas ganadas por el Jinete pálido danés. «Todo el equipo me ha ayudado mucho. Ha sido agradable compararme con algunos de los mejores escaladores del mundo. Soy realista y sé que ahora mismo no puedo desbancar a Vingegaard con un ataque, pero estoy satisfecho con lo conseguido. Sé que voy en la dirección correcta», advertía el pasado sábado, en la víspera de la conclusión de la ronda italiana.
Antes de acudir a la cita de los dos mares sumó una victoria en la clásica Faun-Ardèche, un segundo puesto en la Faun Drôme (no peleó la victoria a su compañero Marc Hirschi), un tercero en el trofeo Laigueglia y un segundo en la contrarreloj mutilada de la Vuelta a Andalucía. En el estreno de la temporada, en el sterrato de la Clásica de Jaén, fue vigésimo. Su formidable rendimiento ha generado una gran ascenso en el escalafón del UAE y ahora pugna con Almeida, Adam Yates, McNulty y Hirschi por ser el lugarteniente más cualificado de Pogacar.
País-Vasco, Amstel...
Ayuso atesora carisma y nunca pasa desapercibido. En su primera participación en la Vuelta, en 2022, terminó tercero. El pasado año, tras cinco meses en blanco por una lesión en el tendón de Aquiles, conquistó dos etapas en la Vuelta a Suiza (acabó segundo) y una en el Tour de Romandía. Logró la medalla de plata en el campeonato de España de ruta. «Ese tiempo que estuve parado fue muy duro, pero aprendí mucho en el aspecto mental. La ayuda del rehabilitador Víctor Moreno y de toda mi familia fueron fundamentales», confesó tras superar su experiencia más ingrata.
Ayuso ha convertido el podio en su estancia habitual y ahora pretende prolongar sus exhibiciones en un mes de abril muy intenso, con exigentes visitas a las clásicas de las Ardenas. Y es que el chico de Jávea también es candidato a las pruebas de una día debido a su notable punta de velocidad en subida. Alumno aplicado de Alejandro Valverde. Desde el 1 al 6 competirá en la Vuelta al País Vasco, donde volverá a enfrentarse a Vingegaard. El 14 acudirá a la Amstel Gold Race, el 17 irá a la Flecha Valona y el 21, a la Lieja-Bastoña-Lieja. En La Decana, su clásica favorita junto al Giro de Lombardía, será la única ocasión en la que coincidirá con Pogacar. En el Monumento belga tendrá que colaborar con el esloveno en su objetivo de resarcirse de aquella maldita caída del pasado año que lastró su rendimiento en el Tour.
Ayuso cerrará su temporada de primavera en el Tour de Romandía: 23-28 de abril. Luego descansará y se concentrará en altura para preparar su debut en el Tour de Francia, la carrera por la que se hizo ciclista. «Participar en el Tour es cumplir mi sueño. En el equipo todos trabajaremos para Tadej, si me dan un poco de rienda suelta lo aprovecharé», señala. Sus objetivos después del Tour serán los Juegos Olímpicos, el Mundial, Quebec, Montreal y el Giro de Lombardía. La Vuelta a España queda excluida en la planificación del mejor de los mortales.