Los héroes del 12-1 a Malta se reúnen cuarenta años después en el Benito Villamarín
El periodista y comentarista José Ángel de la Casa, quien narro el histórico partido de la selección española ante Malta del año 1983, posa junto a los ex futbolistas Francisco Güerri, Paco Bullo, Lobo Carrasco, Juan Señor, Gordillo, Andoni Zubizarreta, entre otros, este miércoles, en el estadio en el que se disputo el partido, el Benito Villamarín de Sevilla.Jose Manuel VidalEFE
Diez de los futbolistas que participaron en el España-Malta del 21 de diciembre de 1983, que clasificó a la selección nacional para la Eurocopa de Francia, en la que fue subcampeona, se reunieron este miércoles en el Benito Villamarín, el estadio en el que golearon por 12-1 a los malteses.
Poli Rincón, Manu Sarabia, Andoni Goikoetxea, Víctor Muñoz, Juan Señor, Andoni Zubizarreta, Paco Buyo, Francisco Güerri, Paco ‘Lobo’ Carrasco y Rafael Gordillo han sido los internacionales presentes en este homenaje al periodista José Ángel de la Casa, el narrador de aquel encuentro en Televisión Española, además de su compañero en RTVE Jesús Álvarez, entre otros.
El reencuentro de estos exfubolistas, entre los que ha reinado un ambiente muy distendido, ha servido como prólogo a la ‘I Jornada Nacional de Periodismo Deportivo: Ayer, hoy y siempre’ que se celebrará este jueves en Sevilla y en la que, entre un cargado programa de mesas de debate, se rendirá homenaje a José Ángel de la Casa.
Juan Señor, antiguo centrocampista del Real Zaragoza que marcó el duodécimo gol aquella noche -que De la Casa cantó hasta romperse la garganta en el que ha sido el gallo más famoso de la historia de las retransmisiones televisivas-, ha comentado que “esa selección era una piña” y que su lema era “todos para todos”.
“Me siento un privilegiado por haber participado en este partido, que hizo felices a millones de españoles, y supone una gran emoción volver a estar con estos compañeros en el mismo escenario cuarenta años después”, declaró Señor.
Estos internacionales se encontraron cuatro decenios después con un Benito Villamarín completamente remozado y muy cambiado con respecto al que albergó aquel histórico encuentro de España, entonces dirigida por el mítico Miguel Muñoz, tres días antes de la Nochebuena de 1983 y que había sido remodelado para el Mundial de España 82, aunque luego el estadio del Betis ha tenido profundas reformas posteriores.
Tras posar para una foto para el recuerdo, José Ángel de la Casa y la decena de futbolistas que lo acompañaban han asistido en un hotel cercano al Benito Villamarín a la presentación del libro ‘Breve historia de la Selección Española masculina de fútbol’ (Editorial Base), en la que han participado su autor, Rubén Bielsa, y su prologuista, Alfredo Relaño.
A la París-Roubaix, la prueba más única y espectacular del ciclismo mundial, el verdadero Monumento de la emoción, se le podría aplicar aquello que dijo Churchill de Rusia: "Es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma". En la pregonanda batalla entre Tadej Pogacar y Mathieu Van der Poel se coló Wout Van Aert, heroico, premio a un tiempo de infortunios que hicieron dudar a todos menos a él. Sorteó desventuras y aguantó en la agonía épica del mano a mano la pujanza, la obsesión de Pogacar. Y en el golpe de velocidad del velódromo impuso su potencia de sprinter para la victoria de una vida.
Lloró Van Aert, cómo no. El segundo Monumento de su carrera (tras San Remo en 2020). Señaló al cielo, el triunfo de quien nunca se dio por vencido, de un tipo que honra su deporte. Tantas veces cerca, no sólo en Roubaix (cuarto el año pasado, tercero en 2023 y segundo en 2022). Fue él, nunca cobarde, el que propició el viaje en solitario con Pogacar, a pesar de lo peligrosa que era la apuesta. Aguantó las embestidas del esloveno mientras les perseguían por detrás, distancias siempre intrigantes que nunca llegaron al minuto. Colaboró con inteligencia cuando tocó y le salió redondo al belga, otro ciclista de leyenda.
Una victoria que quiebra la racha de su Némesis Van der Poel, que impide la cuarta seguida de su rival desde la niñez. Y, más importante, que vuelve a apartar de la gloria eterna a Pogacar, segundo otra vez. Le impide completar el quinteto de Monumentos, igualar a Eddy Merckx, Roger de Vlaeminck y Rick van Looy. Conquistó al fin San Remo, pero Roubaix, su único 'imposible', tendrá que esperar.
El Infierno del Norte es una amalgama de malabarismos, de control de las emociones, de las malas pasadas que juegan los nervios cuando todo se desmorona. Y todo se desmorona, a todos, todo el rato. Quizá, incluso, en más de una ocasión. Camino del velódromo André Petreux de Roubaix, todavía con 120 kilómetros por delante, el primero en lidiar con las trampas que esconden los adoquines fue Tadej Pogacar. Un pinchazo en Quérénaing a Maing cuando el propio UAE empezaba a tensar al pelotón.
El esloveno, que acudió en diciembre y en marzo a la zona para seguir estudiando el terreno y perfeccionando su técnica en lo que iba a ser su segunda tentativa en la reina de las clásicas, no entra en pánico. Tan clave como la fuerza en esta gymkhana sin igual. Agarra la bicicleta neutra y avanza unos kilómetros mientras la carrera se le va por delante. En el siguiente tramo, adoquín seco y polvoriento, Maing a Monchaux-sur-Ecaillon, ya llega el coche de su equipo y vuelve a agarrar su Colnago, con calma relativa -"Eh, moto", grita-, con los favoritos 50 segundos por delante.
Pogacar, en el momento del cambio de bicicleta.ETIENNE GARNIERAFP
Pogacar salvado, reincorporado por sus compañeros, por el enorme Politt, por el esforzado Morgado, ahora es el turno de Van der Poel. Nada menos que en el mítico Bosque de Arenberg, es el neerlandés el que pincha. Y a él sí, al rey del adoquín, la tensión le juega una mala pasada en esas decisiones a tomar en segundos y con las pulsaciones disparadas. Su compañero Jasper Philipsen le cede su montura, pero el invento no funciona, pedales diferentes y vuelta a empezar. Segundos que son oro en medio del caos. Entonces es Tibor del Grosso es que cambia su rueda por la de su líder, pero ya se escapa la cabeza, casi dos minutos cuando vuelve a cambiar de bici al final del tramo. Peleó hasta el final (acabó cuarto), pero en ese instante se le estaban escapando todas las opciones de hacer historia al nieto de Poulidor.
Todo se ordena y se desordena una y otra vez. Ganna, Van Aert e incluso otra vez Pogacar, vuelven a tener problemas mecánicos. Van der Poel inicia un titánico trabajo de remontada. De grupo en grupo hasta que conecta con Ganna y se sienten aliados en el infortunio. Por delante, es Van Aert el que intuye la oportunidad de su vida. En Auchy-lez-Orchies Bersée lanza su órdago y le sale redondo. Sólo Pogacar es capaz de seguirle. Y juntos avanzan como malabaristas sosteniendo en el aire un puñado de platillos giratorios.
"Prefiero ganar mi primera Roubaix a mi quinto Tour", había reconocido Pogacar este invierno. Y lo peleó con todas sus fuerzas, con toda su inteligencia. Pero a la segunda tampoco lo logró. Porque un titán supo bailar sobre los adoquines mejor incluso que él.
La vuelta de Xabi Alonso al Madrid no es como la del hijo pródigo en los Evangelios, porque no hubo pecado en su marcha al Bayern, pese a escoger el lado del anticristoGuardiola, sólo la voluntad de determinar su propio destino y buscar la ciencia hasta en el sacrilegio, pero sin avaricia. No necesita, pues, el perdón de Dios ni la misericordia de ser superior alguno. Estamos ante el regreso de un conquistador que siempre ha obedecido a su instinto, especialmente para decir «no». Dijo «no» a Rafa Benítez por quedarse junto a su pareja antes del parto, hecho que marcó el principio del fin de su balada en Liverpool, y dijo «no» a Hacienda, frente a la que temblaban e imploraban sus compañeros, los grandes héroes de Sudáfrica, bajo la amenaza de acabar en la cárcel. El Madrid sabe bien que ha sentado a todo un carácter en un banquillo donde se acostumbra a decir «sí», y el nuevo entrenador conoce el principio de autoridad que rige el lugar del mismo modo que el hijo que vuelve a la casa del padre. Hay cosas que no cambian ni la fama ni el dinero. Esa cohabitación es tan o más importante en esta nueva era que el encaje de piezas en el campo, porque entrenar al Madrid no es entrenar únicamente a un equipo. Es entrenar a un ecosistema compuesto de fútbol, poder y vanidades.
El primer «no» del entrenador acabó por ser un «sí», aunque sin llegar a la tensión de los extremos, porque la voluntad del tolosarra era empezar de cero, en la pretemporada. Es decir, después del Mundial de Clubes. A cambio, se acelera la llegada de jugadores, aunque no haya tiempo para el mercadeo llevado al límite, como gusta a Florentino Pérez. Ahí tenemos ya a Huijsen. Sin embargo, el «sí» que Xabi Alonso le habría dado a Modric, o eso dice el entorno del croata, condicionado a la última voluntad del club, fue un «no» cuando llegó a los despachos principales de la T4 del Bernabéu. El interés estratégico del Madrid, pues, ha prevalecido en el tanteo anterior y posterior a la firma del técnico, cuyo fuerte carácter no está reñido con su pragmatismo.
Xabi Alonso, durante un partido en Leverkusen.OSCAR DEL POZOAFP
Xabi Alonso es un tipo de decisiones firmes, no de estallidos, y de personas de confianza, pero sutil con las equidistancias. Se mantuvo fiel a su asesor fiscal, Iván Zaldúa, cuestionado por algunos de sus colegas en el sector, en el largo proceso del litigio con Hacienda que lo llevó a la tanda de penaltis, la sala del Tribunal Supremo. Mantiene a su agente de siempre, Iñaki Ibáñez, de sólida reputación y referencial para todos los futbolistas y entrenadores en Euskadi, pero deja cuestiones relativas a su imagen en manos de Best of You, agencia bien relacionada con la cúpula madridista. Xabi Alonso, simismo, llega con el staff técnico que tenía en el Bayer Leverkusen, pero su conexión y sintonía personal con Álvaro Arbeloa, consolidada especialmente en la era Mourinho, debería lubricar mejor la transición entre el filial y el primer equipo, al ser elegido el segundo como sustituto de Raúl.
Su segundo será el argentino Sebas Parrilla, al que conoció ya en Valdebebas, en su paso como técnico por las categorías inferiores. También estuvo vinculado a la cantera blanca Beñat Labaien, junto a Fernando Morientes en el Juvenil B, aunque Xabi Alonso lo conoció en la Real Sociedad, donde era analista. Alberto Encinas, por su parte, llegó al Bayer Leverkusen desde las categorías inferiores del Barcelona, crianza que también tuvo el nuevo preparador físico, Ismael Camenforte, vinculado al fútbol sala azulgrana, y que es considerado pieza clave en la reconstrucción, tanto para el entrenador como para el club. Si Antonio Pintus, al que siempre se apoyó desde la cúpula, sigue o no por Valdebebas, será sin molestar, únicamente como observador.
Pintus, al que trajo al Madrid Zinedine Zidane, regresó por petición expresa del club, pero su conexión con Carlo Ancelotti y su hijo Davide no era, precisamente, la ideal, pese a tratarse de compatriotas. En el entorno del staff se le observaba algo «anticuado». Camenforte es partidario de una preparación más individualizada en función de los puestos y las demarcaciones, y suya es una frase definitoria: «No trato a los futbolistas como a atletas». Atletas fue la palabra que utilizó Guardiola para definir al Madrid de Mourinho en el que jugaba Xabi Alonso, y con el que se sintió en muchas cosas identificado.
"Mou era el técnico que necesitábamos"
«Era el entrenador que el Madrid necesitaba en un momento determinado», confesaba el Xabi Alonso jugador en conversación con este periodista. Era el momento de mayor esplendor del Barça de Messi, lo que llevó al madridismo a una crisis de autoestima. No estamos en un momento semejante, no al menos todavía, pese a la optimista proyección del nuevo Barça de Lamine Yamal y del 4-0 sufrido esta temporada en los clásicos. En los 10 años transcurridos desde que el Barcelona levantó la última Champions, en 2015, el Madrid ha conquistado cinco, la última hace un año, con el entrenador saliente. El Madrid no está ante una urgencia histórica, pero sí ante la urgente necesidad de cambiar una tendencia.
El fútbol del Bayer Leverkusen, campeón de la Bundesliga y la Copa la pasada temporada, ha dejado claro qué quiere Xabi Alonso de sus jugadores: alto ritmo de juego, presión y adaptabilidad para cambiar de sistema, a partir de un inicio con tres centrales. Eso no quiere decir que vaya a repetir los dibujos tácticos en el Bernabéu, pero lo que sí va a exigir son las mismas constantes vitales. El Madrid que viene va a ser un equipo de autor, para lo bueno y para lo malo, hecho que confiere a su entrenador, de 43 años, un liderazgo mayor en un momento en el que el líder supremo se desgasta en muchos frentes a campo abierto, la Superliga, Tebas y los árbitros, sin aliados ni relevo ante un futuro no ajeno a las incógnitas.