El navarro presenta múltiples lesiones y “dentro de la gravedad, está consciente y mueve las extremidades”, informa su equipo, el Caja Rural
Josu Etxeberria.@CajaRural_RGA
El ciclista de Caja Rural Josu Etxeberria se encuentra ingresado en la UCI del Hospital Universitario de Navarra a consecuencia de las heridas sufridas este miércoles al ser atropellado mientras entrenaba.
Según informa su equipo en X (antigua Twitter), el navarro presenta múltiples lesiones y “dentro de la gravedad, está consciente y mueve las extremidades”. Termina el mensaje deseándole “mucho ánimo y pronta recuperación”.
El accidente tuvo lugar hacia las 13:30 horas del miércoles a la altura del kilómetro 4 de la NA4120 (Gulina-Aróstegui), en Iza, informa la Policía Foral que se ha hecho cargo de la investigación.
Etxeberria, de 23 años y vecino Iturmendi, fue trasladado al Hospital Universitario de Navarro en helicóptero. El conductor del vehículo, un joven de 21 años de Berrioplano, resultó ileso.
Fausto Coppi, el cautivador ateo, retaba al Gino Bartali, el fervoroso cristiano que auxiliaba a los judíos perseguidos. Memorable aquella imagen del traspaso del bidón de agua en el ascenso al Télégraphe. ¿Quién ayudaba a quién? La Italia dividida de la posguerra. El atractivo Jacques Anquetil escalaba el Puy de Dôme codo contra codo con el rocoso Raymond Poulidor. La pugna del talento innato frente a la resistencia descomunal. Eddy Merckx se negaba a vestirse de amarillo tras la brutal caída de Luis Ocaña en Menté. El acaparador insaciable contra el rebelde indomable. El orgulloso Bernard Hinault reconquistaba el título ante el altivo Laurent Fignon. El último gran duelo intergeneracional de Francia. La máquina perfecta de Miguel Indurain contra la elegancia del atormentado Gianni Bugno. El baile de Alberto Contador frente al molinillo de Chris Froome.
Apasionantes desafíos. Historias del ciclismo, de la vida misma. Parejas de leyendas del Tour de Francia a las que ahora se unen Tadej Pogacar y Jonas Vingegaard, dos fenómenos que vuelven a enfrentarse en una ronda rompedora. Por primera vez parte desde Italia (Florencia) y no finalizará en París. Debido al despliegue logístico y de seguridad de los Juegos Olímpicos, la clausura será en Niza, con una contrarreloj individual de 34 kilómetros. Desde 1989, cuando Lemond derrotó a Fignon por nueve segundos (la renta más corta de la historia), la Grande Boucle no terminaba con un ejercicio individual. Tensión hasta el último suspiro. Christian Prudhomme, director del Tour, sueña con una resolución apoteósica entre el eslovaco y el danés. Un pulso entre dos portentos que se retroalimentan con lances mayúsculos.
Pogacar acude a la ronda tras arrasar en el Giro de Italia. Vingegaard se presenta con las heridas recién cicatrizadas tras la caída en el País Vasco, neumotórax, fracturas de clavícula y costillas. El jefe del Visma se ha preparando en altura en la estación alpina de Tignes. La incertidumbre sobre su rendimiento recorre el village de Florencia.
Tras los pasos de Pantani
Idéntica duda generó la presencia de Pogacar en el inicio de la ronda de 2023 por su recuperación exprés por la caída sufrida en la Lieja-Bastoña-Lieja, con fractura de la muñeca izquierda. También hermanos siameses en la desgracia. Entonces, Pogy presentó batalla, pero sin contundencia ganadora. Eso es lo que espera que suceda ahora con el danés. «Hemos trabajado mucho para llegar a este momento y, por supuesto, me siento bien y muy motivado», responde Vingeggard.
Ambos acaparan los focos y su pugna recuerda a aquella que mantuvieron Hinault y Fignon hace 40 años. Dos parejas con la misma secuencia de podio. Hinault se adjudicó las ediciones consecutivas de 1981 y 1982; Fignon las de 1983 y 1984; y el veterano bretón la de 1985. Pogacar ganó en 2020 y 2021; Vingegaard, en 2022 y 2023. La cábala señala que ahora volverá a vencer el esloveno. Si fuera así, igualaría el registro de Marco Pantani, el último que se adjudicó Giro y Tour en el mismo año (1998).
Para consumar ese reto, el líder del UAE deberá superar los obstáculos de otros adversarios ansiosos de notoriedad. El belga Remco Evenepoel necesita exhibir sus portentosas cualidades en la gran ronda. Pogacar le respeta: «Remco está con ganas, seguro que volará en el Tour». El esloveno Primoz Roglic, ya en sus últimos envites, debe justificar su millonario fichaje por el Bora.
Carlos Rodríguez busca mejorar el quinto puesto de la pasada edición. El español cuenta con un equipo sólido. El Ineos presume de dos ganadores del Tour: Egan Bernal y Geraint Thomas. Rodríguez, en teoría, debería ser el español más alto en la general. Enric Mas, Pello Bilbao y Mikel Landa podrían darse por satisfechos con entrar en el top ten. Juan Ayuso, que acude como debutante y gregario de Pogacar, perseguirá un triunfo de etapa. Para el chaval de Jávea sería un sueño imponerse hoy en la jornada inaugural más dura de la historia: un recorrido de 206 kilómetros entre Florencia y Rimini con un desnivel acumulado de 3.600 metros y siete ascensiones por los Apeninos.
Primera dificultades orográficas para una cita plagada de exigentes cotas montañosas. La primera criba llega en la cuarta etapa, con ascensiones a Galibier, Sestriere y Montgenevre. En la séptima jornada hay una crono de 25 kilómetros, luego llegarán tramos de sterrato (novena etapa), los Pirineos, con Tourmalet, Peyresourde o Plateau de Beille, y los Alpes, con Isola 2000 (lugar de concentración de Pogacar), Bonette o Couillole. Un Tour para encandilar.
La fatalidad de Iván Romeo es la de todo el ciclismo español, tan malencarado con el Tour, como si el hechizo pretérito hubiera sido roto. Valiente, poderoso a sus 21 años, protagonista en la fuga del día, la que iba a triunfar en Pontarlier bajo la lluvia, el vallisoletano se fue violentamente contra la acera en una curva a falta de 20 kilómetros. [Narración y clasificaciones]
Una caída fatal, traicionado por el ímpetu que le honra. Se levantó como un resorte, pero el del Movistar, con su maillot de campeón de España hecho pedazos, estaba herido, por fuera y por dentro, la rabia de quien lo ha intentado todo. El shock se adueñó de una fuga. En esa misma curva también cayó Gregoire, pero logró recomponerse. En mitad del caos, el sprinter Kaden Groves lanzó un ataque que le iba a llevar en solitario hasta la meta de Pontarlier. Una victoria única a añadir a las siete que posee en la Vuelta y las dos del Giro. La tercera para su equipo, el Alpecin de los retirados Philipsen y Van der Poel.
Desde el lago de Nantua y sus aguas azules de postal, donde los ciclistas ya calentaban en el rodillo bien temprano, no hubo respiro. En el Macizo del Jura aguardaba el último botín, tantos tipos desesperados, sin nada que echarse a la boca, poco más que sufrimiento durante tres semanas. Tal fue el ansia que la fuga del día tardó en conformarse. En ella estaba Jegat, al que le gritaban que no era bienvenido, pues hacía trabajar por detrás al Jayco para defender la décima plaza de Ben O'Connor. Migajas.
Iván Romeo, durante la etapa, antes de su caída.MARTIN DIVISEKEFE
Ahí estaba ya Iván Romeo, tan activo en su Tour de debut, la Grande Boucle que jamás olvidará. Ya por la mañana le señalaban en el autobús del Movistar, jornada rompepiernas con cuatro pequeñas cotas, ideal para sus características de rodador y su hambre de primerizo.
Hicieron camino los 13, con Tim Wellens y Matteo Jorgenson como favoritos y la lluvia como elemento animador. Justo antes del accidente, en la última cota del día, Iván lo intentó con toda su fuerza. Estuvo a punto de lograrlo, de irse en solitario, pero al menos seleccionó el grupo aún más. Mientras guardaba fuerzas para otro arreón, en una curva a derechas traicionera a la que entró pasado, cayó y con él todas sus ilusiones. Una lección que no olvidará a quien el Tour aguarda en el futuro, el proyecto de un corredor de época.
Del rosa al rosa pasando por el ciclamino. Mads Pedersen recuperó el liderato en una etapa, ésta sí, de clásica transición, entre Vlorë y Vlorë. La carrera ha ido dando vueltas por Albania por los mismos sitios. La etapa, no obstante, prometía, si es que había interés por parte de algunos secundarios, de mover la carrera.
Lo hubo por parte de un grupito acaudillado por Joshua Tarling y formado, además, por Lorenzo Germani, Mark Donovan y Chris Hamilton, a los que más tarde se unirían Alessandro Tonelli y Dries de Bondt, que no pasó de los tres minutos de ventaja sobre un pelotón tranquilo pero alerta. Era un intento abocado al fracaso.
A esos aventureros los alcanzaron Lorenzo Fortunato y Pello Bilbao, que coronaron por ese orden la dificultad del día, el puerto de Llogarasë, de segunda, 10 kms. a una media del 7%. Estaba demasiado lejos de la llegada, a casi 50 kms., la mitad de ellos, más o menos, de bajada, para resultar decisivo. En ese tramo murió el intento de Pello y Fortunato.
Pero, en cierto modo, el puerto sí fue decisivo. Mostró el interés del Lidl-Trek por eliminar a los velocistas, en beneficio de Pedersen, y también el del Red Bull-Bora de que el asunto no se descontrolase y se le fuera de las manos. Y también el de UAE de Ayuso. En resumidas cuentas, los equipos de los favoritos. El Bora defendía el liderato de Roglic, pero no demasiado. Si lo conservaba, bien. Si no, no pasaba nada. Pedersen es un líder temporal, y su trono rosáceo, una estación de paso.
Eliminados, pues, los velocistas, el danés ganó en un sprint limpio y algo ajustado al neozelandés Corbin Strong y al venezolano Orluis Aular (Movistar), otra vez tercero.
El Giro abandona este lunes Albania y entra en Italia con una etapa entre Aberobello y Lecce. Con toda probabilidad se la llevará un sprinter.