Los dos mejores tenistas del momento, dos aves de presa, en la final más atractiva que podía imaginarse. Si prevalece la experiencia, parte en desventaja. Novak Djokovic ha ganado siete veces el torneo y Carlos Alcaraz está sólo en su tercera partici
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Entre el segundo y el tercer set, Carlos Alcaraz caminaba hacia el vestuario y con sólo dos gestos resumía sus problemas a su equipo. Con el dedo índice se señalaba la cabeza. Y luego, con el mismo dedo, anotaba que no. Todavía no había acabado el partido, pero ya estaba fuera del US Open: desconectado, desanimado, desganado. En su peor actuación en un Grand Slam, Alcaraz perdió ante el neerlandés Botic van deZandschulp, el actual número 74 del mundo, por 6-1, 7-5 y 6-4 y se despidió de Nueva York en segunda ronda.
Como ya avisó en el Masters 1000 de Cincinnati con aquella raqueta rota y en primera ronda del mismo 'grande' ante el australiano Li Tu, Alcaraz confirmó que está agotado después de una increíble racha veraniega -con los títulos en Roland Garros y Wimbledon y la plata en los Juegos Olímpicos de París- y que necesita un descanso. A los 21 años le sobran piernas y el circuito ATP no para, pero no hay mente que aguante tanta exigencia, tantas emociones, en definitiva, tanto tenis. En las próximas semanas ha prometido su presencia en la fase de grupos de la Davis, la Laver Cup, el ATP 500 de Pekín, el Masters 1000 de Shanghai, un torneo de exhibición en Arabia Saudí, el Masters 1000 de París-Bercy, las ATP Finals y las finales de la Davis, pero sería una imprudencia seguir con el plan. Alcaraz precisa olvidar la raqueta más de dos o tres días.
Este jueves en Nueva York quedó a la vista. A Alcaraz no le falló el tenis porque no hubo tenis. Simplemente no estuvo sobre la pista. Desde el primer set, que perdió en sólo media hora sin conseguir ni un solo golpe ganador, no fue él. Fue un tenista que no quería estar sobre la pista, jugar era un suplicio, competir ya era una quimera.
CHARLY TRIBALLEAUAFP
Sólo en dos momentos del encuentro, Alcaraz amagó con despertar. Unos cuantos "¡Vamos!", un par de golpes suyos, incluso alguna sonrisa. Sucedió al principio del segundo set, cuando devolvió con rabia un break a Van de Zandschulp y al final del tercer set, cuando ya no había marcha atrás. Entonces, con su entrenador, JuanCarlosFerrero, insistiéndole para que lo intentara, Alcaraz empezó a jugar con ironía, por diversión y hasta hubo espectáculo, pero para remontar dos sets se necesita mucho más que eso. Al final el neerlandés cerró la victoria y se llevó la ovación de su vida, la más inesperada.
El acierto de Van de Zandschulp
También lo mereció. Si el nivel de Alcaraz estuvo muy por debajo del habitual, el nivel de Van de Zandschulp estuvo muy por encima. Hace nada, en mayo, después de caer en primera ronda de Roland Garros, el neerlandés de 28 años confesaba que estaba planteándose la retirada porque tenía demasiados días malos. Con un puesto número 22 en 2022 como cima de su carrera, en los últimos meses había caído mucho en el ranking y llegaba al US Open con derrotas clamorosas sobre su espalda, como la que sufrió en su debut en el humilde Challenger de Zug.
Ante Alcaraz, Van de Zandschulp desplegó unos recursos muy superiores a esos resultados. Con contundencia en el saque y la derecha, apostó todo a unas subidas de vértigo a la red y le salió bien. Allí ganó 28 de los 35 puntos que intentó, una constante. Desde el primer punto devolvió al español todos sus golpes, le mareó con dejadas, le superó con globos, en definitiva, completó un gran partido y se mereció el triunfo. Alcaraz este jueves no estaba en condiciones de responderle.
Dejó escrito David Foster Wallace aquello de que "el tenis es ajedrez en movimiento", pero qué ajedrez puede haber cuando un tipo coge la raqueta, golpea la bola y la envía al otro a 230 kilómetros por hora. No sirve tramar con los peones, tampoco avanzar con los alfiles, ni tan siquiera arremeter con la reina. Únicamente funciona agarrar el tablero y lanzarlo al otro a la cabeza para que caiga redondo del castañazo.
Carlos Alcaraz sufrió este domingo un duelo de esos, una batalla en el estricto sentido de la palabra, explosiones, estruendos, dolor, sangre, y si sobrevivió fue porque supo estar tranquilo en su trinchera. Sólo salía cuando tenía que salir. Su rival, el estadounidense Ben Shelton, coetáneo suyo, tiene uno de los saques y una de las derechas más potentes del circuito y, pese a jugar en tierra batida, había peligro. Después de tres horas y 14 minutos de juego, venció por 7-6(8), 6-3, 4-6 y 6-4 y cruzó a cuartos de final de Roland Garros donde le espera un adversario diferente, Tommy Paul. También yankee, muy yankee, granjero en Nueva Jersey en sus ratos libres, su juego es mucho más curvilíneo. Quizá esta vez habrá "ajedrez en movimiento".
Desde el mismo calentamiento de la mañana, Alcaraz se parapetó para contrarrestar el servicio súbito de Shelton. Esta semana, por azar, él y su equipo han descubierto a un sparring francés, Enzo Couacaud, que "le pega duro", como dice su entrenador Juan Carlos Ferrero, y a las once de la mañana ya estaba en la pista 2 sacando y sacando y sacando para que el español pudiera restar. "Estoy reventando, no puedo más", le confesaba Couacaud a su técnico, pero Alcaraz necesitaba más. Horas más tarde, ya en la pista Philippe Chatrier se encontró con lo mismo, pero todavía a más velocidad.
El estilo de juego de Shelton lo transportó de París a Melbourne o a Nueva York, a una pista sobre cemento, y tuvo que superar el ‘jet lag’. "Hoy, mucha paciencia", le reclamaba Ferrero y mucha paciencia tuvo. La estadística dice que apenas un 10% de los intercambios superaron los nueve golpes; la mayoría no pasaron de los tres o cuatro golpes iniciales. Además, al contrario que en otras ocasiones, esta vez Shelton no cayó en excesivos errores no forzados, así que la serenidad era obligatoria. "Tenía que calmarme, que mantenerme calmado. En algunos momentos me enfadaba conmigo mismo, pero pensaba: 'Relájate, Carlos, que si no será peor", admitió después Alcaraz.
JULIEN DE ROSAAFP
Su gesto deportivo
Los minutos decisivos, aquellos que decantarían tanta guerra, iban a llegar y lo hicieron pasada la hora de juego. Hubo dos ratos memorables: es obligado a regresar al partido para volverlos a ver. El primero fue el tie-break del primer set. La forma inglesa, 'tie-break', rotura de empate, no dice nada, pero la castellana muerte súbita evoca a lo que se disputaba esta vez: todo o nada. Si perdía, Alcaraz entraba en un laberinto del que costaría salir; si ganaba, cielo despejado. Pese a su habilidad en estos casos, el español empezó con el paso torcido, con un 4-1 en contra, y así continuó hasta plantarse frente al abismo. Tres bolas de set en contra defendió. Tres bolas de set salvó, una de ellas con una de esas voleas a contrapié tan suyas.
El éxito en el primer set invitaba a Shelton a la rendición, pero no fue así. Hasta el final siguió, siguió y siguió. En el arranque del segundo set, el estadounidense volvió a tener oportunidades, entonces cinco bolas de break, y las desaprovechó de nuevo. En ese juego, precisamente, hubo un detalle de deportividad de Alcaraz. Después de un intercambio largo, salvó una pelota lanzando su raqueta al aire y ni el juez de silla ni Shelton se percataron. El punto era para el español. Pero avisó de lo ocurrido y lo perdió, como debía. Luego, en el tercer set, la lucha de su rival tuvo premio, pero Alcaraz supo resolver más tarde.
"Era esencial ganar ese primer set, si no el partido hubiera sido mucho más duro. Estoy contento de mantener el nivel pese a haber perdido ese tercer set", analizó el actual número dos del mundo, que también valoró su confesión al árbitro: "Podía no haber dicho nada, pero me hubiera sentido culpable. Si sé que he hecho algo ilegal, tengo que decirlo para ser honesto. El deporte debe ser así, hay que ser justo con tu rival y con uno mismo"