Los dos mejores tenistas del momento, dos aves de presa, en la final más atractiva que podía imaginarse. Si prevalece la experiencia, parte en desventaja. Novak Djokovic ha ganado siete veces el torneo y Carlos Alcaraz está sólo en su tercera partici
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Fue en Navidad cuando Carlos Alcaraz creyó encontrar el equilibrio. Durante tres semanas entrenó en las pistas de su infancia en el Real Club de Campo de Murcia y fue feliz rodeado de familia y amigos, más feliz que nunca. En la cima del tenis mundial, por fin todo encajaba. Sin la obligación de desplazarse a Valencia para estar junto a su exentrenador Juan Carlos Ferrero, su físico y su mente conectaban, la vida era maravillosa, como quedó demostrado en el Open de Australia. Pero no era tan fácil. Aquel júbilo ahora es un recuerdo y lo que queda es el último partido. Alcaraz, eliminado en tercera ronda del Masters 1000 de Miami, enfadado consigo mismo y con el mundo.
«¡Hoy no puedo más! ¡Es un no parar! ¡Quiero irme ya a casa! ¡No puedo más! ¡No puedo más, tío! ¡No puedo más!», gritaba antes de certificar su derrota. La paz interior, por los aires. ¿Qué había cambiado? En realidad, nada. La desesperación ante SebastianKorda solo es un aviso de que, por muy bien que vayan las cosas, el hastío siempre estará al acecho.
El tenis es agotador, no hay remedio. Desde principios de año, Alcaraz apenas ha estado un par de semanas en Murcia entre torneos y compromisos. De Corea del Sur, donde jugó un amistoso con Jannik Sinner, al Open de Australia; de allí a Bahréin para asistir a la pretemporada de la Fórmula 1 y a Qatar para el ATP 500 de Doha, y de allí a los dos Masters 1000 de Estados Unidos. Cuando estuvo por casa aprovechó para ver a su familia y quedar con sus amigos para ir al karting, pero poco más. Tenis, tenis y más tenis. Al final tenía que pasar.
"Es una lesión psicológica"
«Tendemos a atribuir poderes sobrenaturales a los deportistas, pero son humanos como todos. Carlos ha estado acumulando demasiado durante muchas semanas y ha habido un momento en el que se ha desbordado emocionalmente. Ha sufrido una lesión psicológica, como podía sufrir una lesión física. Quizá le ha faltado más prevención, o cuidar más los descansos, o trabajar más sus fuentes de bienestar. Eso es lo que va a poder hacer ahora», explica la psicóloga Josefina Cutillas, que trabajó con el número uno hasta los 15 años e incide en una máxima: «Lo que le ha pasado no es tan raro ni tan grave».
«Carlos es transparente, y bajo mi punto de vista eso le engrandece. Con él podemos ver lo difícil que es ser una estrella del tenis. Antes los campeones tendían a ocultar estas situaciones, pero estoy segura de que las vivían igual», cuenta Cutillas. El público español se acostumbró al prodigioso autocontrol de Rafa Nadal, pero el resto de las grandes leyendas vivieron momentos de frustración sobre la pista. Todos. Hasta Roger Federer rompió alguna raqueta -una de ellas precisamente en Miami-.
Quizá la mayor diferencia de Alcaraz con sus predecesores esté en el tipo de partidos en los que explota, pues prácticamente nunca le ha pasado en un Grand Slam ni en semifinales o finales de Masters 1000. El vaso siempre se colma en rondas iniciales y eso también tiene una explicación. «Desde que era pequeño, el motor de su motivación siempre han sido los retos y disfruta en ese contexto. Ante una situación de presión máxima se crece. Pero eso no quiere decir que no lo esté viviendo. Después, cuando llega la descompresión, aparecen los problemas. Por ejemplo, no sé hasta qué punto ha gestionado las emociones de ganar en Australia», analiza Cutillas, que sabe cuál es la solución.
¿Y ahora qué hacer?
En los próximos días, Alcaraz podrá estar con los suyos y recuperar el equilibrio perdido desde Navidad. Después de su derrota ya regresó a El Palmar y esta misma semana regresará a los entrenamientos en el Real Club de Campo de Murcia, pero lo importante no será lo que haga con la raqueta. Será lo que haga fuera de la pista. La recuperación mental es esencial para encarar lo que le viene.
Si decide mantener su calendario, a mediados de la semana próxima ya debería viajar al Masters 1000 de Montecarlo para encadenar luego el Trofeo Conde de Godó en Barcelona, el Mutua Madrid Open y el Masters 1000 de Roma. La lógica impone que renuncie a una de sus competiciones, pero el tenis es agotador, no hay remedio. Si Sinner vence en Miami, el español deberá defender su número uno del ranking ATP con uñas y dientes hasta llegar a Roland Garros, que arranca el 24 de mayo.
Si Carlos Alcaraz tiene una asignatura pendiente es esta: ganar también en los días raros. Nadie disfruta de cada partido, no lo hicieron antes Djokovic, Nadal o Federer, y entenderlo es un paso más en su aprendizaje. A sus 21 años y con cuatro trofeos de Grand Slam en las estanterías de su casa, ya lo está asimilando. Este viernes, en cuartos de final del Masters 1000 de Montecarlo, ante el francés Arthur Fils, tuvo muchos motivos para derrumbarse, pero prefirió agarrarse al torneo con uñas y dientes. No fue una victoria bonita, todo lo contrario, pero fue una victoria.
Al final, en el marcador un 4-6, 7-5 y 6-3 en dos horas y 23 minutos de juego para clasificarse para semifinales, donde se encontrará a su compatriota Alejandro Davidovich, que se deshizo de Alexei Popyrin por 6-3 y 6-2.
El triunfo servirá para rehacer la confianza quebrada de Alcaraz y para empujarle cuando vuelvan a torcerse las cosas. Hubo un momento crítico con 5-5 en el segundo set, tres bolas de break en contra que salvó, que puede contar como un examen aprobado. Si realmente quiere ser leyenda, llegar a 10, 15 o 20 'grandes', deberá superar muchos otros así.
"Quería mantenerme concentrado y esperar mis oportunidades. En el primer set cometí errores y Arthur estuvo a un nivel altísimo. En el segundo set salvé un break clave. Y en el tercer set sabía que ganaría el que se mantuviera sereno. Estoy muy orgulloso de haber sacado este partido adelante, especialmente por la parte mental", aseguró el actual número tres del ranking ATP que había cedido otras veces en situaciones parecidas.
Fils, un coetáneo a tener en cuenta
Fils le empujó ante ese abismo. El francés de 20 años, actualmente en el número 15 del mundo, es un jugador en pleno despegue gracias a la velocidad de su derecha y a su dominio de la tierra batida. Campeón el año pasado del ATP de Hamburgo, donde derrotó a Alexander Zverev en la final, en esta gira sobre arcilla muy probablemente disfrutará de alegrías. Ante Alcaraz lo tuvo todo a su favor y si perdió fue sólo por inexperiencia.
SEBASTIEN NOGIEREFE
Como en los dos partidos anteriores, el español empezó desconectado, perdido en su servicio, errático con sus golpes -especialmente con el revés- e incluso lento en sus movimientos. En los tres primeros juegos ni tan siquiera apareció y, cuando despertó, ya había perdido el primer set. Fue un arranque extraño que fue remendando punto a punto con cierta mejora en su saque y más puntería. La dejada le volvió a funcionar de maravilla y, con ese instrumento afinado, fue encontrando el resto de su orquesta. No había espectáculo -18 golpes ganadores por 41 errores no forzados-, pero había oficio.
Después de salvar el momento clave en el segundo set, sólo necesitaba mantenerse serio para desesperar a Fils en el tercero -llegó a romper una raqueta- y asegurarse la victoria. No fue una victoria bonita, todo lo contrario, pero queda la lección aprendida.
El momento de Davidovich
Como el triunfo de Davidovich. También en un momento extraño de su trayectoria, después de caer hasta el número 42 del ranking ATP, el otro español en semifinales del Masters 1000 de Montecarlo ha recuperado su mejor tenis en una semana para el recuerdo. Después de derrotar a dos de los mejores tenistas del mundo, Ben Shelton y Jack Draper, Davidovich podría haberse congratulado, pero hizo todo lo contrario. En cuartos, ante Popyrin, apareció hambriento, más concentrado que nunca, y no permitió una posibilidad que no fuera su triunfo.
Ha disputado ocho semifinales de torneos ATP -tres en Masters 1000- y nunca ha acabado siendo campeón: más preparado que nunca, ante Alcaraz tendrá una nueva oportunidad.
Dijo Carlos Alcaraz, en vísperas de su estreno en el Masters 1000 de Montecarlo y, consiguientemente, en la temporada de tierra batida, muy prometedora para el hombre que defenderá título en Roland Garros, ideal para redimirse de la pobre gira estadounidense de pista dura, de donde regresó en blanco por primera vez en cuatro años, que la ausencia de Jannik Sinner, castigado tres meses por dopaje, y la vía libre para pelear por volver a lo más alto del ranking, poco menos que le «mató».
«Mucha gente me está preguntando, diciéndome, que tengo la posibilidad de ser el número 1 si Jannik no está jugando», comentó en la conferencia de prensa previa al inicio del torneo. «Así que probablemente esa presión en cierto modo me ha matado».
Tercero ahora en el escalafón, a casi 1.000 puntos de Alexander Zverev, el español, de 21 años, se siente ahora liberado ante la evidencia de que esa posibilidad se ha esfumado en el tiempo sobre polvo de ladrillo que ahora arranca, con Montecarlo, Barcelona, Madrid y Roma, antes del aterrizaje en el Bois de Boulogne. «Pienso que estoy muy lejos de Jannik, así que estoy aquí sin tener que pensar sobre ello, sólo dispuesto a salir y jugar. Esa es mi mentalidad ahora», apuntó.
Campeón en Rotterdam, cuartofinalista en Doha, semifinalista en Indian Wells y eliminado de entrada en Miami, suma 6.720 puntos, frente a los 7.645 de Zverev y los 10.330 del italiano, que reaparecerá en Roma a partir del 8 de mayo. «Estoy feliz con la forma en la que estoy jugando. Desde que comenzó el año he hecho un gran tenis, pero este deporte no es sólo golpear la bola, sino que también están la cabeza y el físico».
Su primer rival, este miércoles, será Francisco Cerúndolo, 22º, a quien ha derrotado en sus dos enfrentamientos previos: hace unas semanas, en cuartos de Indian Wells, por 6-3 y 7-6 (4), y el pasado año, sobre la hierba de Queen's, en dieciseisavos, por 6-1 y 7-5. Será, pues, su primer duelo en arcilla, el territorio natural del jugador argentino, donde ha ganado dos de sus tres títulos, Umag, en 2024, y Bastad, en 2022. También salió campeón en pasto: Eastbourne, 2023. Cerúndolo venció este lunes al veterano Fabio Fognini, campeón del torneo en 2109, por 6-0 y 6-3.