El piloto español es hoy un veterano adorado por los jóvenes. “Es una leyenda”, alaba Verstappen. En muchos casos, de Sainz a Stroll, de Tsunoda a Zhou, fue un “ídolo de infancia”
Fernando Alonso, a su llegada al Red Bull Ring, este jueves.CHRISTIAN BRUNAEFE
«Estoy feliz por mi victoria, pero no puedo estar feliz del todo. La situación del mundo no me lo permite. Me siento como...», y Ons Jabeur rompió a llorar. Ocurrió en las WTA Finals de 2023, apenas unos días después del inicio del actual conflicto bélico en Gaza, cuando la tunecina anunció que donaba sus premios «a los palestinos». En aquel momento Jabeur era la sexta del ranking WTA y venía de ser finalista en Wimbledon; justo después pasó medio año sin encadenar dos victorias hasta caer a su actual puesto 39 de la lista mundial. La madrugada de este martes debuta en el Open de Australia ante la ucraniana Anhelina Kalínina en busca de recuperar su tenis y de superar una crisis de juego que parece insuperable. ¿Por qué? Porque la guerra continúa.
«Lo que está pasando en el mundo me ha afectado más de lo que esperaba. Intento mantenerme alejada de los medios porque cada vez que veo un vídeo es horrible, es horrible», confesaba ya en Melbourne en una entrevista a The Guardian donde añadía: «Estoy tratando de separar las cosas, aunque es muy difícil hacerlo. ¿Qué sentido tiene jugar al tenis si muere gente inocente en Gaza y en Ucrania?».
El ascenso hasta el estrellato
Jabeur ganó Roland Garros junior en 2011 y entró en el Top 100 de la WTA en 2017, pero se presentó ante el gran público en 2022 con una racha asombrosa. Con un juego heterodoxo, creativo, distinto, ganó el Mutua Madrid Open y llegó a las finales de Roma, Wimbledon y US Open. Era la primera africana que conseguía semejantes logros, por lo que de inmediato se convirtió en una ídolo para muchos. En aquellos meses, más con el adiós de Serena Williams, Jabeur era la tenista más reclamada, tanto para los medios de comunicación como para los aficionados, que la paraban para hacerse selfies y más selfies a la salida de cada entrenamiento.
Empujada al tenis por su madre, Ridha, que veía en el deporte la mejor manera de progresar, en sus inicios le faltó financiación para sus entrenamientos y viajes, pero en los últimos años varias empresas de países musulmanes, como Qatar Airways o la saudí Kayanee, se han volcado en su carrera. Hoy sigue siendo una referente, recientemente nombrada embajadora del Programa Mundial de Alimentos (PMA), pero los resultados son muy distintos.
Un plan perfecto roto
«Trato de recordarme por qué empecé a jugar al tenis. La cancha debería ser mi lugar feliz y, si no es así, entonces probablemente algo va realmente mal», aseguraba estos días Jabeur que aceptaba que ha habido otros problemas más allá de los bombardeos en Gaza. El año pasado sufrió molestias en la rodilla y en el hombro, pero no quiso parar y eso acabó traduciéndose en derrotas. Además, la desdicha en la final de Wimbledon de 2023 era y sigue siendo una losa.
Después de su eclosión en 2022, la tunecina planteó aquel encuentro por el título ante la checa Marketa Vondrousova en la pista central del All England Club como la cima de su carrera y aquello no acabó bien. Jabeur llegó a declarar que si ganaba se retiraría durante una temporada para ser madre, confesó que ya lo había hablado con su pareja, el ex esgrimista tunecino Karim Kamoun, y la derrota por 6-4 y 6-4 rompió todos sus planes.
«Fue muy difícil porque conecté el partido con ser madre y construir una familia. Ese planteamiento añadió un extra de tristeza a la derrota», admitió meses después, cuando aseguró que seguiría jugando sin parones hasta ganar un Grand Slam. Luego llegaría el conflicto en Gaza y una ráfaga imparable de derrotas. «¿Cómo podemos vivir en un mundo así? ¿Qué está pasando? Para mí, nada tiene sentido. Todo es realmente horrible», proclamaba.
Hubo un detalle en la derrota de Carlos Alcaraz este lunes que insinuaba qué ocurría. En su palco, los miembros de su su equipo, del entrenador Juan Carlos Ferrero a su hermano Álvaro pasando por su agente, su médico, su fisioterapeuta o su preparador, se cruzaron de brazos al sentarse y se levantaron igual. No hubo gritos de ánimos, ni tan siquiera gestos. De hecho raramente Ferrero daba alguna indicación. Quienes siempre acompañan a Alcaraz sabían que no estaba para ganar y simplemente sufrieron el partido como hizo el tenista.
"Pensaba que podía competir, que podía encarar los intercambios largos, pero la barriga me ha limitado mucho. No me he sentido cómodo en ningún momento. No me gusta hablar de estas cosas porque suena a excusa, pero si me siento mal, me siento mal", aseguró el número tres del ranking mundial después de caer por 6-1 y 7-5 ante Casper Ruud en su debut en las ATP Finals.
Los entrenamientos y la sesión de fotos
Desde hace casi una semana, antes de llegar a Turín, Alcaraz arrastraba un resfriado que no se acaba de ir y que le obligó incluso a tomar antibióticos. En sus primeros entrenamientos en las entrañas del Inalpi Arena se le notaba muy cargado, utilizando el kleenex todo el rato y recurriendo a soluciones temporales para respirar mejor, como la cinta nasal o el Vicks VapoRub. En la sesión de fotos oficial, organizada en el precioso Museo Nazionale del Risorgimento Italiano, realizó varios estornudos que alertaron a sus rivales en el torneo. Pero anteayer, en la última sesión de preparación antes del estreno, se encontró mejor, más liberado, más fresco. Podía ser suficiente.
Ante Ruud, un tenista al que siempre había ganado con solvencia y que llegaba en una profundísima mala racha -dos victorias en los últimos 10 partidos-, quizá no necesitaría la perfección para sumar un triunfo. Pero en cuanto se despertó ayer todo se torció. El dolor de barriga que no le permitió ni comer ni almorzar con normalidad oscureció su estreno en la Copa de Maestros y finalmente le llevó a la derrota.
Seguirá en el torneo
Después de caer ante Ruud, eso sí, en ningún momento se planteó la retirada del torneo, todo lo contrario. Al salir de la pista y de su luz azul fluorescente, Alcaraz se subió a la bici del pequeño gimnasio que hay en los pasillos del pabellón y realizó su habitual rutina post-partido. Con la ventaja de descansar este martes, este miércoles se presentará al segundo partido de la fase de grupos con la intención de remontar y alcanzar las semifinales.
MARCO BERTORELLOAFP
"Si me baso en las sensaciones de hoy es complicado pensar en clasificarme, pero lo bueno del tenis es que todo cambia de un día para otro. Ha habido muchos jugadores que han perdido el primer partido de las ATP Finals y luego han salido campeones. El año pasado yo mismo perdí en el debut [ante Alexander Zverev en tres sets] y luego llegué a semifinales.. Ahora debo ir partido a partido. Ojalá me encuentre mejor, aunque también debo aprender a ganar cuando no me encuentro bien", comentó con todas las opciones en contra.
El cansancio mental
Su clarísima derrota ante Ruud le obliga a ganar a Alexander Zverev y Andrey Rublev, un sobreesfuerzo. Porque además de su dolor de barriga, Alcaraz admitió este lunes que le falta frescura a estas alturas de temporada y que le costará recuperarla ya. Al fin y al cabo, antes de coger vacaciones, sólo le queda la Copa Davis de Málaga, donde jugará tres partidos individuales como mucho y la presencia de Rafa Nadal le aparta del dobles.
"Todos los jugadores estamos cansados mentalmente; si alguien te dice que está fresco te engaña. Algunos lo llevan mejor y otros lo llevamos peor. Me noto cansado, sin tiempo para descansar y para entrenar en casa. Pero, como decía, tengo que encontrar la forma de jugar bien en malas condiciones", repetía Alcaraz después de uno de los peores partidos que ha jugado nunca contra un Top 10.
Antonio CalanniAP
Para el español falló todo lo que podía fallar. Sólo sonrió al inicio del segundo set, cuando fue más agresivo y consiguió su único break ante Ruud, pero luego volvió a hundirse, muy lejos de su juego. Las estadísticas muchas veces engañan, pero esta no: el español tuvo problemas al saque -menos del 50% de primeros en el primer set-, padeció con su derecha -hasta 34 errores no forzados- y no se encontró en la red -sólo convirtió el 60% de sus subidas-.
Mientras Ruud, un defensor como pocos, aguantaba y convertía sus bolas de breaks, Alcaraz se precipitaba en los intercambios y padecía incluso con las dejadas, su recurso más alegre. Siempre con la cabeza baja, nada funcionaba y los miembros de su equipo tampoco podían ayudarle. Era un partido para sufrirlo.
JAVIER SÁNCHEZ
@javisanchez
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