Los ‘playoffs’ de la ACB no han podido empezar de forma más atípica e inesperada, con dos partidos inaugurales como para frotarse los ojos.
Un momento del duelo entre el Baskonia y el Joventut.David AguilarEFE
El potente Baskonia, equipo de Euroliga, segundo de la temporada programada tras ese Barcelona al que se le han atragantado todas las citas clave, caía a su vez en su propia cancha frente a un Joventut que ya no está abonado a las proezas y que había acabado en un discreto séptimo puesto. Y el Real Madrid, que algunos podrían considerar desmotivado tras sus enormes proezas antes de la Final Four europea y durante ella, vistas sus dificultades contra un Betis descendido a la liga LEB, nuestra segunda división, sometía al ambicioso y reforzado Dreamland Gran Canaria a un auténtico tormento en el primer partido de su serie al mejor de tres.
No hay nada definitivo pero el Granca, y sobre todo el Baskonia, tienen mucho terreno que recuperar. Y, desde luego, un Baskonia que depende de dos jugadores pequeñitos es algo que no recordábamos.
El equipo vasco ha funcionado muy bien esta temporada en la ACB, aunque no tanto en Euroliga, con una rotación muy inhabitual en él: sus estrellas han sido dos bases-escoltas pequeños, Markus Howard y Darius Thompson, que han compensado unas actuaciones bastante medianas de los jugadores interiores a las órdenes de Joan Peñarroya. Pero que llegue otro pequeñito, el osado Kyle Guy, que tira muy bien pero sólo promediaba 12 puntos en la ACB, y les encasquete 36 puntos y les mande a una inapelable derrota en el Fernando Buesa Arena es, a la vez, algo imprevisible y ominoso.
En esa otra eliminatoria, el Madrid ha vuelto a demostrar que al fin está en sintonía con Chus Mateo, con sus cambios de rotación y sus defensas alternativas. Creen los unos en los otros, y han perdido todo temor a unos rivales que hace un mes les hacían sufrir. Sí, contra el Betis se notó el relajamiento tras el triunfo continental, pero aun así sacaron fuerzas cuando un rival mejor de lo que su clasificación indica se jugaba la permanencia. Y ante el Granca, equipo con buenos jugadores en todas las posiciones, regresó el gran juego de la Final Four, con sus tapones, sus rebotes, sus triples y sus contraataques. Ahora el Madrid se ha dado cuenta de que su peor enemigo puede ser su propia desconcentración: cuando se vuelca, gana. Y los rivales ya lo saben también.
La temporada de Unicaja, campeón de Supercopa, Copa y Champions League, no podía morir así, tan temprano, tan sin ser ellos. En el Palau Blaugrana, contras las cuerdas tras su derrota del martes, los de Ibon Navarro desplegaron su versión más voraz para seguir con vida, para pasar por encima del Barça y forzar el tercer partido (será el domingo en el Carpena) que resuelva la eliminatoria de cuartos. [59-81: Narración y estadísticas]
Fue Oleg Balcerowski el as que se sacó de la manga Navarro, el elemento desequilibrante de ese plan que siempre tiene alternativas. El gigante polaco desplumó definitivamente en la segunda parte a un Barça que nunca se encontró, siempre a remolque del ritmo de Kendrick Perry, incapaz de aprovechar el match ball que se trajo de Málaga.
Un duelo roto ya mediado el tercer acto, cuando Joan Peñarroya buscaba soluciones y no las encontraba ante un rival sin fisuras. Una paliza finalmente. "El peor partido del año en el Palau", resumió el técnico local.
Desde bien pronto el Barça pareció desinflado, como si el esfuerzo de la prórroga en Málaga el martes hubiera dejado sin fuerza a su menguada rotación, pese a la victoria. Todo fueron problemas desde el amanecer: una agresión de Justin Anderson a Barreiro (que sólo fue sancionada con antideportiva...), dos faltas rápidas de Fall y un Unicaja eléctrico y acertado. Con los puntos de Perry y un par de buenas acciones de Tillie cerró el primer round con ventaja clara (17-26). Que no menguó después, agresivos Taylor y Carter también, decididos mientras los azulgrana aguantaban como podían.
Pero el empuje de Unicaja se mantuvo a la vuelta. Enérgico. Perry era un demonio en el Palau y el Barça se tambaleó, con preocupantes grietas defensivas hasta un -14 (38-52), alarma roja. La solución de Peñarroya fue directamente un suicidio. Quitó a Willy Hernangómez y jugó sin pívots ante Balcerowski (Ibon Navarro dejó fuera esta vez a Sima y Osetkowski), que se puso las botas y estiró la distancia hacia lo inasumible.
En una de las habituales encuestas de comienzo de temporada, los mánagers generales de los clubes de Euroliga no incluyeron al Valencia Basket entre los que acabarían ni siquiera entre los 10 primeros que, al menos, disputarían el play-in por el título. Y eso que acababa de conquistar la Supercopa ACB. Y eso que en unos días iba a estrenar el flamante Roig Arena. Y eso que a los mandos seguía Pedro Martínez. Pero nadie daba un duro por un equipo poco habitual de la máxima competición continental, de vuelta tras la ampliación a 20 de este verano. Hoy, 15 jornadas después, los taronjas pueden asaltar el liderato.
Enfrente estará el Anadolu Efes del recién fichado Pablo Laso y en las tribunas habrá más de 10.000 personas, pues presume de 11.000 abonados en un recinto estrenado en octubre después de una inversión de más de 400 millones de euros y que ya ha superado varias veces los 14.000 espectadores. Y que se suma a las impresionantes instalaciones de L'Alqueria. De ganar, sería su 10º triunfo en 15 partidos. Más otros ocho en ACB -sólo se vieron sorprendidos en Granada-, donde comparten primer puesto con el Real Madrid. En lo deportivo y en lo estructural, es el equipo de moda. «El nivel de autoexigencia es altísimo, empezando por Pedro y siguiendo por Enric Carbonell (Director General). Lo estamos disfrutando, pero siempre pensando en el siguiente partido», explica Luis Arbalejo, director deportivo desde hace tres temporadas.
El Valencia asombra y arrasa a partes iguales. Capaz de ganar en la misma semana, la pasada, en el OAKA de Atenas (sin la participación de su máximo anotador, Jean Montero) y en el Buesa Arena donde nadie lo había hecho en ACB, con una canasta sobre la bocina de Kameron Taylor. Que no deja de ser uno de sus refuerzos estrella, birlado al Unicaja. Un tipo que cumplía los requisitos. De los que Arbalejo, en completa sintonía con Pedro Martínez, rastrea en el feroz mercado Euroliga. «Jóvenes, atléticos y con buena mentalidad. Y que sean buenas personas», expone el director deportivo sobre el «perfil». Como Omari Moore, Darius Thompson, Neal Sako, Braxton Key, Yankuba Sima y el prometedor Isaac Nogués. Las caras nuevas que, unidas al bloque anterior, con fuerte presencia nacional (Jaime Pradilla, De Larrea, López-Arostegui, Josep Puerto...), han elevado las prestaciones de un equipo hoy por hoy temido por todos los rivales.
Porque los taronjas, que manejan «el tercer presupuesto en la ACB pero uno de los tres o cuatro más bajos de la Euroliga», encandilan por su propuesta. Nadie juega tan rápido y con tanto vértigo. Nadie en Europa lanza tantos triples (es el cuarto máximo anotador de la competición) ni en ACB mete tantos puntos, casi 97 por duelo. La idea de Pedro Martínez enamora hasta en la NBA. «Hay jugadas que robamos de él», admitía Kenny Atkinson, entrenador de los Cavaliers hace unos días: «Todos los entrenadores de la NBA aprendemos de Pedro, sus equipos son siempre innovadores. Tiene una gran influencia en el baloncesto global».
De Larrea celebra una canasta, ante Pedro Martínez.
Conjugar éxito en la cancha y en los despachos no siempre va de la mano. Mientras el club crecía con el inestimable impulso del propietario Juan Roig, máximo accionista de Mercadona, el equipo masculino -el femenino, campeón de las tres últimas ligas, es la otra gran apuesta- lidiaba con la tiranía nacional de Madrid y Barça (el año que viene cumple 40 años y en sus vitrinas sólo luce la Copa de 1998 y la Liga de 2017) y con la ferocidad continental (cuatro títulos de la Eurocup), donde no siempre tuvo abiertas las puertas de la Euroliga en la que ha garantizado su presencia tres años más. Tras el paso por el banquillo de entrenadores como Joan Peñarroya o Alex Mumbrú, Arbalejo supo que el hombre indicado era el veterano Martínez. «Para mí lo más importante en un deporte colectivo es el entrenador. Es increíble trabajar con él. Tiene obsesión por hacernos mejores a todos, no sólo a los jugadores. Huye de protagonismos. Y, además, tenemos un estilo súper reconocible», destaca el joven director deportivo sobre una forma de frenética de plantear el baloncesto en la que «juegan todos, rota cada dos o tres minutos, cargamos el rebote ofensivo, tiramos mucho de tres, vamos a más de 100 puntos... Eso hace que seamos muy competitivos y capaces de ganar a cualquiera. Y, además. Es una de las cosas que nos ayuda a llenar».
En el Valencia hablan de «proyecto ambicioso» y se separan de la idea de «club de fútbol con la marca Madrid o Barça». «Va más allá del baloncesto. Con el Roig Arena, somos casi una empresa de entretenimiento. Es un pabellón cercano a los NBA», presume Arbalejo. Instalado, como todos, en la idea del «partido a partido», pero que no niega lo que apetece la Copa en casa de febrero. «No hay presión, pero sí somos ambiciosos. Aunque cuando sea el sorteo, sólo hablaremos del duelo de cuartos».