La titular del Juzgado de Instrucción número 10 de Valencia ha abierto una investigación por el presunto delito de odio que sufrió el jugador del Real Madrid Vinicius Jr. el pasado domingo en Mestalla. La instructora ha citado a declarar como imputados a los tres jóvenes de entre 18 y 21 años que fueron detenidos el pasado martes y al propio jugador brasileño, que declarará en calidad de perjudicado.
El juzgado ha abierto el procedimiento tras recibir un atestado por un posible delito de odio elaborado por la Brigada de Información de la Jefatura Superior de Policía de la ComunidadValenciana, al que se ha acumulado la denuncia presentada por la LaLiga, personada como acusación particular.
Vinicius declarará en Madrid por videoconferencia y la juez ha pedido que se habiliten todos los medios técnicos necesarios para que el futbolista no tenga que desplazarse a la Ciudad de la Justicia de Valencia. El futbolista ya lo hizo de la misma manera en el procedimiento que sigue abierto en Palma por los insultos que recibió en el partido ante el Mallorca.
La magistrada también ha solicitado al Valencia que conserve todo el material audiovisual registrado por las cámaras de seguridad de Mestalla a partir del minuto 72, momento previo a la denuncia de Vinicius, por si en algún momento de la instrucción fuera necesario. La Policía ya examinó parte de esas imágenes y su contenido se incluye en el atestado que remitió al juzgado.
El club también deberá identificar a los vigilantes de seguridad que se encontraban trabajando en la grada de animación Mario Kempes del estadio de Mestalla el día del partido para que puedan prestar declaración como testigos.
Irreverente, descarado, vertical, preciso y letal. Podrían ser adjetivos que describan al Atlético de Madrid que despedazó sin piedad al Betis en apenas 20 minutos para plantarse en las semifinales de la Copa del Rey. Pero también son calificativos que describen a su último fichaje, el nigeriano Ademola Lookman. Ni por un segundo pareció que en La Cartuja debutara con la camiseta rojiblanca. Fue una pesadilla por la orilla izquierda, una avispa que clavaba su aguijón en una defensa bética incapaz de controlarle. Y lo hizo gracias a padrinos como Baena y Barrios, que se encargaron de que no le faltaran balones con los que quebrar a Aitor Ruibal, Bartra y Diego Llorente. El Betis no encontró cómo frenar un vendaval que en el descanso ya los había eliminado.
Por fin Simeone vio un partido redondo y eso que tuvo que recomponerse ante la baja de Sorloth y la imprevista indisposición de Julián Álvarez. Tuvo que echar mano de Griezmann, de Baena centrado en el ataque y acelerar la adaptación del atacante nigeriano que, por fin, le había traído Mateo Alemany. Abde, con una rosca buscando la escuadra de Musso, fue el primer y único aviso de los verdiblancos en el arranque de un duelo que ya no volvió a controlar. El Atlético pulsó el botón del vértigo y Baena no tardó en ejercer de crupier y repartir una asistencia que Griezmann, pese a su magia, no pudo cazar. Pero de ahí nació un saque de esquina que Hancko cabeceó en el primer palo para marcar el primer gol en el minuto 12. La bestia acababa de despertar. Otra vez Baena dejó a Lookman en un mano a mano con Adrián que el nigeriano cruzó en exceso. Entre los dos habían agitado al Atlético para calvario del Betis, que ni olía una pelota que siempre rondaba al rojiblanco debutante. Debió pensar en qué buen momento dejó el Atalanta, porque otra vez, entre Marcos Llorente y Hancko, le pusieron de cara a portería.
Trató de estirarse el Betis sin fortuna, porque Hancko le arrebató el remate a Chimy Ávila y Antony estrellaba su centro-chut en Musso. Ni siquiera Deossa, que cazó el rechazo, pudo ponerla entre los tres palos. No estaba el equipo de Pellegrini encontrando sensaciones en la primera media hora del partido. Y ya nunca lo haría.
La respuesta del Atlético fue más vértigo y más precisión. Como si fuera un rondo, entre Baena volvió a asociarse con Lookman y con Ruggeri para que pusiera un centro que al primer palo Giuliano convirtió en el segundo gol. Estaban cuajando el duelo más perfecto de los últimos años, y eso no lo cambió ni algún destello de Antony, porque su equipo estaba cortocircuitado. Era imposible maniatar a un rival que estaba disfrutando de su particular locura en la que Lookman estaba como pez en el agua y Griezmann recordando por qué es un mago. El nigeriano, con un perfil agitador que no tenía Simeone, se atrevió a salir del carril izquierdo, sentar a Bartra y a Llorente en el área y fusilar a Adrián para certificar que puede ser imparable y que le gusta tener socios como Giuliano, que no cazó otro de sus centros al filo del descanso por una talla de bota.
El rondo en que se convirtió la primera parte no desapareció en la segunda, por mucho que el Betis, por defender su honra, tratara de despertar. Pero es que no pudo a pesar de que el Atlético tuvo la mala noticia de la noche cuando Barrios sintió un latigazo en los isquios que le impidió salir caminando del campo. El impacto de perder, por un tiempo, a un jugador vital se lo sacudieron pronto los colchoneros. El cuarto gol lo ensayó primero Hancko, omnipresente en defensa y en ataque, y lo consiguió Griezmann para poner el broche a un partido perfecto. Se lo regaló Lookman, un puñal a la espalda de la zaga verdiblanca. A la carrera se fue de todos y se la cedió al francés para que cruzara a la escuadra del meta bético.
Cuando parecía que tocaba levantar el pie y jugar hasta que se agotaran los minutos mientras debutaban Rodrigo Mendoza o Vargas, eso no ocurrió. La voracidad atlética le llevó a completar la manita y una humillación que indignó a La Cartuja. Erró Griezmann ante Adrián tras una asistencia de Almada que el argentino recogió para poner el quinto en el marcador. El Atlético vuela en una Copa en la que se cruzará con Barcelona, Real Sociedad o Athletic.
No era un derbi libre de amarras, de esos donde la valentía de aplastar al rival da alas a los jugadores. En el Ciutat de València, a los 22 les lastraba el miedo. En zona de descenso, cualquier error tiene una penalización en la tabla y en el ánimo. Por eso Levante y Valencia se tantearon con más tensión que amenaza... hasta que en la segunda parte aparecieron dos futbolista descarados, a quienes no le pesan estos lastres. Ramazani y Sadiq quebraron la defensa del Levante y dieron con sus goles oxígeno al Valencia que se sigue agarrando a Primera mientras los granotas se hunden. [Narración y estadísticas: 0-2]
Arrancaron los dos equipos verticales, buscando a Ryan y a Dimitrievski sin lograrlo de otra forma que no fuera a trompicones y sin verdadero peligro. Los incesantes pitos e insultos a Pepelu, por cómo rompió su amor por el Levante para cruzar al estadio del otro lado del Turia, y la factura que la grada le tenía guardada a Hugo Duro por su chilena en Mestalla y su pique con Matías Moreno, fueron lo más destacable de una primera parte insulsa. Los valencianistas, chotos en este estadio, manejaban hasta los tres cuartos de campo, con una sala de máquinas alimentada por un engrandecido Pepelu y el incombustible Ugrinic, pero ahí se abría un abismo cuando había que encarar área. Por los costados, ni Rioja se soltaba de Manu Sánchez ni Ramazani ponía en problemas al jovencísimo debutante Nacho Pérez. Y así era imposible asustar. Cuando se cumplía el primer cuarto de hora, con el Valencia más estirado, se escapó Gayà por la orilla pero Lucas Beltrán no acertó a rematar su asistencia.
Hacia la otra portería lo intentaba también Tunde, porque a Iker Losada lo tenía bien vigilado Unai Núñez, de improvisado y excelso lateral derecho. La mejor ocasión granota fue un testarazo de Iván Romero a un balón que, con su zurda enguantada, le puso Carlos Álvarez en un saque de falta. El remate lo salvó Dimitrievski y el rechazo lo mandó a la grada de Orriols Matías Moreno. Tuvo el delantero sevillano otra clara oportunidad con una contra mano a mano con Gayà y el portero macedonio fuera de la portería, pero optó por una vaselina imprecisa.
Ya no se asomaron más en toda la primera parte, donde reinó el centrocampismo, sobre todo por la incapacidad del equipo de Corberán de encontrarse en ataque. Se sostenía sin sufrir y se estrellaba contra un muro a la hora de dañar.
En la segunda mitad, quiso el Levante crecer y pudo tener premio con un cabezazo de Dela a un falta servida por Carlos Álvarez. También armó la zurda Tunde en la frontal, pero su remate de perdió. Creía Pablo Martínez en el centro del campo y, con él, los granotas. Eso lo detectó Corberán y echó carbón a la caldera con Sadiq, Javi Guerra y Guido Rodríguez en el minuto 60. Cuatro minutos después, el Valencia hilvanó la mejor jugada del partido comandada por el nigeriano, que se la puso de tacón a Rioja para colocara un centro medido que Ramazani recibió para fusilar a Ryan. Primer tiro a puerta y ventaja en un derbi que ya nunca dejó de tener cara. Incluso pudo repetirse asistente y goleador un instante después, pero esta vez Rioja no estuvo preciso.
Luis Castro también inyectó energía a su once, con Etta Eyong, buscando juego más directo, pero todo se truncó cuando Guido cazó a Pablo Martínez en la frontal y el capitán levantinista se dañó la rodilla. Ese varapalo en el minuto 78 dejó frío al Levante, aunque Manu Sánchez desperdició solo ante Dimitrievski la ocasión más clara para el empate. De ahí nació un despeje a la carrera de Sadiq mano a mano con Matías Moreno que ganó el nigeriano para poner el segundo tanto en el marcador mientras todo el Ciutat reclamaba una falta que Ortiz Arias, ni el VAR, apreció.
Los jugadores del Levante, hundidos tras la derrota.ANA ESCOBAREFE
No acabó la grada contenta con el árbitro, y aún se encendió más cuando mostró una amarilla a Arriaga y, al aplaudirle en la cara, le mandó al vestuario. Antes ya le había mostrado una roja directa a Vicente Iborra, ayudante de Luis Castro, por protestar dos disputas de Tárrega con Etta Eyong.
Con dos disparos a puerta, el Valencia se llevó el derbi y, por primera vez en la historia, venció al Levante dos veces en una misma temporada. Pero fue un duelo tenso hasta después del pitido final. El central suizo Cömert fue a celebrar la victoria al córner donde se concentraba la afición valencianista y cogió el banderín para ponerle la camiseta. Para impedirlo, se lanzaron empleados y jugadores granotas, hubo lanzamiento de decenas de botellas desde la grada y mientras el jugador se marchaba al túnel de vestuarios. Gesto feo del defensa que, desde el Levante se interpretó como una falta de respeto, y mala respuesta de una grada que se enfrentará a una multa.