El técnico de Olympiacos, que ya ganó la Euroliga en 2013 al Real Madrid, es hijo de un ex militante comunista que escapó de una cárcel del Pireo
Bartzokas, durante la semifinal contra Mónaco.Enric FontcubertaEFE
Cuando la quijotesca figura de dos metros de Georgios Bartzokas (Atenas, Grecia, 1965) irrumpe en el Zalgirio Arena, la enfervorizada afición de Olympiacos se rompe en una ovación reverencial. No es para menos, él fue el último entrenador en hacer a los del Pireo reyes de Europa. Ocurrió hace una década, en otra final contra el Real Madrid tras una de las remontadas más asombrosas que recuerda el baloncesto continental en la semifinal contra CSKA.
«En aquel encuentro estaban Sloukas y Papanikolaou y en el Real Madrid jugaban Llull, Chacho y Rudy. Los equipos son distintos, aunque los mismos clubes, muy grandes, todos en Europa conocen a ambas entidades. Tengo mucho respeto por Chus Mateo y por el Madrid, pero confío mucho en mi equipo», pronunciaba ayer el técnico, en esa ceremonia en la que todos se empeñan en no tocar el trofeo por aquello del mal fario.
Entonces, Bartzokas se convirtió en el primer entrenador griego en ganar la Euroliga. Las dos anteriores del Olympiacos habían sido con Dusan Ivkovic y todas las del Panathinaikos con Zeljko Obradovic. Formado como asistente de Giannakis en el Maroussi, su primera etapa en el Pireo acabó a finales de 2014, aunque el éxito no le iba a abandonar. En 2016 llevó al Lokomotiv Kuban nada menos que a la Final Four, desplumando al Barcelona en cuartos de final.
Etapa Barça
Así que el Barça vio en él al digno sucesor de Xavi Pascual. Pero su año fue horrible: ni siquiera accedió a los playoffs de Euroliga y perdió en cuartos de la ACB con el Valencia. Tras un paso por el Khimki, en enero de 2020, justo antes de la pandemia, Georgios, al que sus rodillas habían cortado a los 27 años su carrera como jugador, regresó a su querido Olympiacos.
Aunque el lado vital más desconocido de Bartzokas está bien lejos del baloncesto y tiene que ver con su padre Andreas. Conocido militante del partido comunista griego, protagonizó junto a otros 27 presos de su mismo partido una histórica fuga de la cárcel de Vourla, en el puerto del Pireo, que posteriormente inspiró la película ‘La gran evasión’.
En el mítico largometraje de John Sturges, la escapada cavando un túnel ocurre en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. Los hechos reales sucedieron el 17 de julio de 1955. La mayoría de los reclusos, incluido Bartzokas, fueron apresados otra vez, aunque su leyenda ya estaba escrita.
Otra de las curiosidades del atildado Bartzokas, al que en el descanso de la semifinal contra Monaco, 12 abajo su equipo, un aficionado le gritó: «¡Despierta!» (y luego llegó el histórico parcial de 27-2 a su favor), es su pasión por la música. «Cuando era joven quería ser guitarrista como Jimmy Page en Led Zeppelin», le confesó a Piti Hurtado en una entrevista reciente en DAZN.
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Actualizado Martes,
13
junio
2023
-
11:09Ver 4 comentariosEl serbio, protagonista absoluto del triunfo de los Nuggets con un...
«Tenía 23 años, perdí totalmente el brillo en los ojos». Nil repasa en voz alta lo que él mismo define como un «duelo». Habla de «odiar» todo lo que le hacía feliz, de «sentir lástima» por sí mismo y hasta de apartarse de «personas que quería un montón»; se negaba a recordar lo que había sido. Nil Riudavets (Mahón, Menorca, 1996) ahora tiene 28 y es pura inspiración, desde aquellos abismos, desde el accidente compitiendo que le costó la movilidad de su brazo derecho. Es el enfermero que era y el triatleta también. Aunque todo lo detestara. «He perdido el brazo, pero he ganado una vida», presume hoy, tras un verano inolvidable: bronce paralímpico en París y subcampeón del mundo en Torremolinos.
Aquel 1 de mayo de 2019, en el Prat, Campeonato de Cataluña por equipos, Nil, promesa del triatlón nacional, dándolo todo en cabeza del suyo, no fue capaz de esquivar ni el impacto frontal contra otro ciclista ni el destino. «Se dieron todos las factores posibles en un circuito que no era lo seguro que tenía que ser. Después del choque recuerdo muy poca cosa. En el suelo hice un análisis rápido de mi cuerpo y vi que el brazo derecho ya no lo movía. Sentí miedo, me vino muchísimo dolor, empecé a gritar... allí perdí el conocimiento», relata el instante que cambia para siempre una vida.
Se despertó 12 horas después en la UCI del hospital de Bellvitge sin entender nada. «Mis padres me explicaron la gravedad», cuenta Nil, detallando el parte médico. «Tenía partida la clavícula en varios trozos. Lo más crítico fue la arteria subclavia, la que lleva la sangre al brazo, una hemorragia interna muy bestia. Y la secuela principal, el arrancamiento del plexo braquial, que es el paquete de nervios que se encarga de la motricidad y la sensibilidad del brazo. No podía mover nada. Estuve un mes y medio en la UCI».
El triatleta paralímpico Nil Riudavets, en Mahón."Germán Lama"MUNDO
Entonces llegó lo peor, la negación, la vida marcada para un chico que «ya era independiente en Barcelona, hacía deporte, trabajaba de enfermero en urgencias... Y vuelvo a Menorca siendo una persona dependiente, en casa de mis padres... Siempre había sido muy optimista y durante ese periodo de mi vida soy una persona apagada, con muchas inseguridades. Asimilé que estar mal era lo normal. El duelo me duró dos años».
Nil atiende a EL MUNDO jovial, a punto de irse de vacaciones con su pareja a Tailandia, tras su jornada en el hospital Mateu Orfila de Mahón. Ya no se desempeña en Urgencias, donde le encantaba «el aliciente de la adrenalina», sino en Seguridad del paciente y Calidad. Volver al trabajo fue el primer paso. Pero a aquel niño que jugó al fútbol hasta Bachillerato, que nunca dejó de nadar y que cada verano completaba todas las carreras de su isla, le quedaba recuperar una parte de su existencia. «No podía ver ciclismo. Odiaba todo lo que tuviera que ver con las dos ruedas. Era súper fan del Tour y durante tres años no lo vi. Y desconecté totalmente de todo lo que fuera triatlón. Me creaba mucha rabia que un deporte que yo quería tanto me había llevado a una situación tan dura como es perder un brazo», revive ese agujero de «ira y resquemor», de «pérdida de identidad brutal». «Me miraba al espejo y sentía lástima por la persona que veía reflejada. Me hacía mucho daño».
El primer paso hacia el reencuentro con el deporte Nil lo sitúa en un viaje con su novia a Picos de Europa. «Vimos una carrera de ultradistancia, la Travesera. Y empecé a conectar un poco con el mundo del running», recuerda. Aunque mucho antes, todavía en el hospital, había recibido una visita de esas que jamás se olvidan, la de Álex Sánchez Palomero. «Se presentó a la semana del accidente, yo no le conocía de nada. Era un chico con la misma lesión, la misma discapacidad. Había sido bronce en Tokio en triatlón. Me explicó cómo era su día a día con un brazo. Eso me marcó mucho. Vi a una persona con una vida totalmente plena. Me animó siempre a perseguir mi sueño, a normalizar todo», alaba a quien ahora es, a la vez, su compañero y su rival.
Nil Riudavets, en Mahón."Germán Lama"MUNDO
Una vez hechas las paces consigo mismo y con el deporte, Nil empezó a correr. En cuatro meses completó un 10k en 32:40, su mejor marca, y una media maratón en 1:10. Y se planteó lo impensable, intentar acudir a los Paralímpicos en Maratón, aunque justo eliminaron del programa su categoría. «¿Y si lo intentó en triatlón?»
Ese segundo paso era el más complicado, quizá el inimaginable. Nil, que antes era diestro y tuvo que hacerse zurdo -«desde el minuto uno cuando subí a planta en el hospital. Pintando mandalas, con libros de caligrafía...»-, se subió de nuevo a una bicicleta. Con todos sus miedos. «En el viaje en coche de vuelta, le dije a mi padre que yo no volvía a montar», asegura de un proceso lento pero seguro con su bici adaptada. También había que nadar con un solo brazo. «Costó mucho, porque tienes que adaptar totalmente la técnica. Son horas y horas. Nunca me hubiese imaginado que con un brazo se pudiese nadar tan rápido», se felicita.
Riudavets, durante los Juegos de París.EM
Y, tras un durísima preparación, cinco años después del accidente, estaba en la línea de salida de unos Juegos Paralímpicos. Con un triatlón por delante hasta la medalla. Tras el agua y la bici, aún mantenía sus opciones. Acudía a un desenlace de película. «En la carrera mis amigos me dijeron que parecía que me habían puesto la estrella del Mario Bros. Empecé como un loco, con la piel de gallina. A 400 metros alcancé al tercero, estaba vacío de energía, pero tenía un plus de rabia acumulada. Le arranqué y llegué a meta gritando, llorando. Todo el esfuerzo había merecido la pena».
Nil Riudavets, tras ganar el bronce en los Juegos Paralímpicos de París.EM
«En el momento que cambié la mirada hacia mí mismo, todas las de la gente también cambiaron. Ganar una medalla en el deporte que me hizo perder el brazo fue perdonarme con la vida. Ahora veo miradas de orgullo y emoción y ninguna de lástima», concluye Nil, con otro reto maravilloso por delante. Pretende acudir a los Paralímpicos de Invierno de 2026 en Milán-Cortina d'Ampezzo en esquí de fondo. «Sería un sueño después de haber ido ya a unos de veranos. Y más siendo yo de Menorca, que aquí nieve, cero», bromea.
LUCAS SÁEZ-BRAVO
@LucasSaezBravo
Actualizado Miércoles,
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