El miedo es una respuesta de supervivencia, puro instinto para mantenerse alerta ante un posible desastre. Le costó al Valencia sacudirse el temor que le atenaza en el duelo ante el Villarreal, pero acabó liberándose con el empuje de la chavalería de Baraja para sumar un punto que sabe a poco, aunque le permite agarrarse a la pelea y no acabar con la salud emocional de Mestalla. [Narración y estadísticas]
Agarrotó el Villarreal a todo el estadio nada más pisar el césped. No pensaban tener piedad y lo demostró Nicolas Jackson estrellando un balón en la capa del poste en el minuto 3. Probó después Baena con un tiro raso primero y después recortando a Paulista para volver a toparse con la madera, como de nuevo el delantero senegalés probó a Mamardashvili. Pese a que el equipo groguet jugaba al ralentí, no encontraban la forma de hacerle daño, solo Samu Lino probó con un centro a Cavani en el primer palo que el uruguayo no acertó a rematar. Ni un disparo entre los tres palos es un balance demasiado pobre para quien para apuros, así que tuvo que despertar en la segunda parte.
Buscó Baraja la energía de sus canteranos, el descaro de Diego López, que tuvo un mano a mano con Reina en fuera de juego, lo sumó al de Javi Guerra y después al músculo de Moriba. Creció el Valencia creció, pero ni Cavani acertaba ni Lino tomaba buenas decisiones. Y en el error llegó el gol del Villarreal. El bote de un desafortunado despeje se lo acomodó Jackson con el pecho en carrera con Diakhaby para encontrar el único hueco entre el palo y Mamardashvili. Siete goles para el senegalés en estado de gracia.
Lejos de forzar, el Villarreal aflojó y el Valencia no se cayó. Probó Cavani, en fuera de juego, falló Diego López un pase de la muerte de Javi Guerra y al final fue Lino quien cazó un despeje de Reina a los pies de Hugo Duro para convertir lo que iba a ser un penalti -se preparaba Gil Manzano para ello- en el tanto de empate. La diferencia la buscó Setién en Gerard Moreno y Baraja en el joven Alberto Marí, que se quedó sin su gol en el 92 y sin su línea en la historia por unos centímetros. Un reparto de puntos tan poco ilusionante como valioso.
Se ha acostumbrado el Valencia a vivir huyendo del descenso con tanta frustración que su parroquia se agarra a cualquier alegría que le recuerde la grandeza del club. Eso, en los últimos años, y pese a sonoros tropiezos, solo se lo da la Copa del Rey. No se resignan a exigir más, pero la realidad es tozuda, la misma que les ha privado de tener en su plantilla jugadores indiscutibles que llegan a Mestalla a punto de explotar o a reverdecer sus laureles. Sin capacidad para pelear en el mercado, históricamente las leyendas se han forjado creciendo en el club, hayan sido canteranos o no, o llegando como veteranos con mucha capacidad de pelea. Villa, Silva, Mendieta, Albelda o Baraja pueden pertenecer al primer grupo; Ayala, Carboni o Cañizares al segundo. En esta tipología encaja Guido Rodríguez.
El argentino, campeón del Mundo y dos veces de la Copa América, es la 'estrella' que los Lim le han traído a Carlos Corberán en el mercado de invierno. Con el agua al cuello, han rebuscado el CEO de fútbol, Ron Gourlay, y el propio entrenador refuerzos fiables que rescaten al equipo. Y el centrocampista lo es.
Guido es un jugador con peso, capaz de argumentar en su presentación que el Valencia «debe mirar para arriba», sin que eso crea que es escupir al cielo. Ambición y fútbol para un centro del campo que Corberán no ha conseguido evitar que, en algunos momentos, se diluya y donde hoy no hay más alternativa que Pepelu y el suizo Ugrinic, porque el resto no hace ralla. Ni Javi Guerra ni Almeida han convencido en este triángulo donde debe nacer el juego del Valencia y empezar a morir el del rival.
Llega a Mestalla para cinco meses, justo los que faltan para que Lionel Scaloni arme la lista del Mundial, y nadie, ni siquiera él mismo, sabe si se quedará más tiempo o, mejor dicho, si el Valencia se puede permitir que se quede más tiempo al coste que tiene un futbolista de esta talla aunque haya cruzado la treintena. Adaptado a LaLiga -salió del Betis en junio de 2024-, también sabe lo que significa la Copa para el Valencia. No en vano le arrebató con vistiendo de verdiblanco la última final que disputaron los valencianistas. Esta noche, ante el Athletic, podrá vivir cómo Mestalla siente pasión por la competición que le ha llevado a dos finales en la última década. «No son unos cuartos de final, es una final. Tenemos que vivir dándole la mayor de las importancias. Sabemos que es un partido de todo o nada», advertía Corberán, muy cuestionado porque sus números le hubieran condenado al despido en cualquier otro club donde no tuviera el apoyo férreo del máximo accionista, que prefiere traerle futbolistas que le ayuden a evitar el cese.
Las bajas del Athletic
El valencianismo se agarra en este cruce a que el Athletic es el único rival de los posibles al que le ganó en Liga, en Mestalla, una de las cinco únicas victorias en 22 partidos. Saben, además, que llega magullado. Y es que si el Valencia solo tiene dos puntos sobre el descenso, el Athletic tiene tres.
No está siendo una temporada fácil para Valverde, y solo el el milagro de Bérgamo, la victoria ante el Atalanta que le mantuvo vivo hasta la última jornada en Champions, ha dado alegrías a los rojiblancos. No se dan las condiciones para que sea fácil repetirlo en Mestalla, porque el equipo llega sin centrales. Paredes, sanciones, Vivian y Laporte saliendo de sus lesiones, Egiluz y Yeray sin poder viajar... el técnico no tendrá más remedio que tirar de laterales, Yuri o Lekue, o canteranos. En el ataque, la lesión Oihan Sancet y, sobre todo, la de Nico Williams son un varapalo.
San Mamés puede romperse las manos aplaudiendo a un futbolista imprevisible que siempre aparece cuando hay que hacer al Athletic aún más grande. Si la grada quiere ver a su equipo en la final de la Europa League, si persigue ese sueño europeo, aparece Nico Williams para encarrilarlo con descaro dando la vuelta a una eliminatoria que se complicó en Roma. Si allí se la engriseció una expulsión y un error en los minutos finales, en Bilbao una roja le asistió en la remontada que, esta vez sí, hasta la grada protegió. [Narración y estadísticas: 3-1]
Tuvo que perseverar San Mamés hasta encontrar el primer gol de Nico Williams en el tiempo añadido después de una primera parte que se le puso de cara casi desde el inicio. La determinación con la que saltó al campo el equipo de Valverde deparó que, en el minuto 3, a Maroan Sannadi, en su primer partido decisivo en la Catedral, de esos que son para veteranos, le faltara un centímetro para conectar su testarazo a un centro perfecto que de Iñaki, convertido en un dolor de muelas para Angeliño y N`Dicka. Sin embargo, respondió la Roma con un remate de cabeza de Cristante al poste que asustó a la grada pese a estar anulado por fuera de juego.
Justo cuando el Athletic recordó que no iba a ser fácil remontar el 2-1 de la ida, el partido se le inclinó. Hummels se equivocó en un pase horizontal buscando a Mancini que cazó Maroan y el alemán, pese a que faltaban 30 metros para que el hispano marroquí pisara el área, lo derribó sin miramientos. Tampoco los tuvo el colegiado Turpin para mostrarle la roja directa y dejar a la Roma en inferioridad ante el gesto contrariado de Ranieri.
Rugió San Mamés y su equipo se instaló en campo italiano, buscando cómo activar a los Williams sin prisa pero sin pausa. Le costó muchísimo aprovecharse porque la Roma se comportó como un pinball: pelota que llegaba al área, un hábitat donde se siente cómodo, pelota que escupían. Era cuestión de no desesperar. Eso mismo se decían Dybala y Dovbyk, que ni olían el balón.
El Athletic tenían claro el plan: insistir. Maroan trató de picar un pase filtrado de Unai Gómez para sorprender al meta Svilar, pero el golpeo se le fue alto. Fue entonces Nico quien comenzó a aparecer para desequilibrar con conducciones verticales en las que fue capaz de retar a Cristante y Rensch, quebrarles con un gesto y cruzar un latigazo que se estrelló en el palo.
De nuevo el joven 9 de los leones armó un disparo duro que salvó el meta romano sin que su rechazo lo cazara Iñaki porque fue derribado sin que el VAR apreciara penalti. Veía Valverde que necesitaban acertar en el último pase, con el último remate, porque la Roma es capaz de sacudirte en un momento, como hizo en el partido de ida y en el minuto 38, pese a la inferioridad, otra vez Cristante enganchó un tiro que rozó el palo de Aguirrezabala.
Sin embargo, y pese a que Aitor Paredes le devolvió la ocasión, el premio para el Athletic llegó con el tiempo cumplido cuando Iñaki volvió a soltar otro centro que no pudo rematar Maroan en el punto de penalti pero quedó listo para que Nico fusilara en el segundo palo. Ya estaba la eliminatoria igualada, ahora había que ganarla.
El inicio de la segunda parte lo marcó un cabezazo de Iñaki a centro de De Marcos, pero Ranieri, consciente de que jugaba contra once y todo un estadio, también movió ficha para buscar una contra que le volviera a dar vida. La consiguió, pero Shomurodov no tuvo premio, como tampoco Berenguer cuando le dio la réplica. El duelo seguía siendo rojiblanco y había que cerrarlo. El primer paso lo dio Yuri con un impecable cabezazo que sorprendió a Svilar. Ese segundo gol ya invitaba al Athletic a mantener en control y la paciencia para no cometer errores. El fantasma de lo ocurrido en el Olímpico de Roma se esfumó cuando en el 82, otra vez Yuri subió la banda y asistió a Nico para que se colara en el área burlando a Mancini y a N'Dika y marcara el tercer gol.
Aun así, tocó apretar los dientes cuando Turpin señaló penalti por agarrón de Gorosabel a El Shaarawy. Marcó Paredes el 3-1 en el segundo minuto de alargue, pero la lección estaba aprendida y San Mamés sigue tras su sueño europeo que ahora pone en el camino al Rangers o al Fenerbaçhe.
España sólo ha jugado unas semifinales de la Eurocopa. Fue en 1997, en Suecia, con equipaciones prestadas por la selección masculina para futbolistas amateur que pidieron vacaciones en sus trabajos para poder jugarla y el único apoyo visible de Televisión Española. El fútbol femenino en España era residual para aficionados y marcas, incluso para la RFEF era una obligación a la que apenas prestaba atención. De aquello han pasado 28 años y, ahora que España buscará el viernes pisar de nuevo unas semifinales europeas, la selección empieza a ser un filón.
Han crecido los patrocinios, las marcas quieren asociarse a figuras como Alexia Putellas o Aitana Bonmatí, estrellas mundiales con sus tres Balones de Oro, pero también a las emergentes Salma Paralluelo o Vicky López, dos ganchos que conectan con el público millennial. Y el rendimiento deportivo empieza a dejar ingresos en las arcas de la Federación. La fase de grupos de esta Euro y la clasificación a cuartos ha reportado 2,6 millones de euros: 1,8 por la participación, 300.000 euros por cada victoria y 550.000 por el pase. Si la selección se proclama campeona, sumará un total de 5,1 millones, un 156% más que lo que cobró Inglaterra en 2022, pero algo menos de los nueve millones que supuso el Mundial. Eso sí, las jugadoras se repartirán dos millones en primas, casi diez veces más que en 2023 (248.000 euros).
Las cifras aún quedan lejos de los 41,8 millones que se embolsó España por levantar el trofeo de campeona de Europa en Alemania, pero la apuesta de la Federación se aproxima mucho en el presupuesto de 2025: para la selección masculina hay 15,7 millones, y 13,1 para la femenina.
Mayores audiencias
La inercia ganadora de la selección también tiene otra vía de impacto en las cuentas: es atractiva para el público. En directo, llenan estadios en la Eurocopa y superan con creces la media de los 20.000 espectadores en la última fase de clasificación para la fase final de la Nations League. En televisión, de donde nace el 29% de los ingresos de la RFEF, la final del Mundial de Australia y Nueva Zelanda fijó una marca de 5,6 millones de espectadores de media y un 65,7% de cuota de pantalla. La final de la Liga de Naciones 2024 ante Francia la vieron 1,9 millones y en la fase previa de esta Eurocopa, retransmitida por La 1 de TVE, la cifra ha rondado los dos millones.
El debut ante Portugal lo siguieron de media 1,7 millones de telespectadores, con un 17,5% de cuota. Ante Bélgica, a las seis de la tarde, fue el programa más visto de La 1 ese día, con 1,4 millones de espectadores de media. El partido ante Italia volvió a ser lo más seguido, con un 20,7% de cuota y 1,8 millones de espectadores. Casi uno de cada cuatro que se sentaron frente al televisor esa noche quiso ver en acción a las chicas de Montse Tomé.
Esa visibilidad también ha atraído a las marcas, especialmente en el último año. El Mundial tendría que haber supuesto un espaldarazo comercial, pero lo eclipsó el vendaval que desató la agresión de Luis Rubiales a Jenni Hermoso. «Las marcas huían del ruido y no se asociaban a una Federación que había perdido credibilidad. Ahora empiezan a tener más confianza», cuentan fuentes federativas.
Aitana Bonmatí, con el balón, durante el partido ante Italia.AFP
El primer paso adelante lo ha dado Iberdrola, que ha doblado su aportación como socio patrocinador del equipo femenino. La RFEF está intentando tejer sinergias en la estrategia de marketing que una a las dos selecciones absolutas, pero la compañía energética quiere seguir ligando su imagen únicamente a la selección femenina e incrementar una apuesta que, aunque comenzó con los chicos en 2009, justo antes del Mundial de Sudáfrica, se volcó desde 2016 en el deporte femenino, incluso dando nombre a la Primera División femenina que, entonces, organizaba la Federación al no ser reconocida como profesional.
Otras marcas como Adidas, que es el espónsor técnico, Ebro, Halcón Viajes, La Roche-Posay, Cervezas Victoria o El Pulpo, sí han entrado en un patrocinio global de ambos combinados nacionales, incluso de las categorías inferiores. Esto supuso en 2024 unos ingresos de casi 40 millones de euros para la Federación, que se pretenden hacer crecer. Desde la llegada de Rafael Louzán a la presidencia se ha puesto fin a un periodo de cierta inestabilidad. Aquella hipoteca reputacional está empezando a levantarse, ayudada también por los éxitos deportivos.
Un lugar de celebración y un gran evento
La pasada semana, y cuando la selección ya había alcanzado los cuartos tras las goleadas a Portugal y Bélgica, todas las bocas de metro de la estación de Plaza de España en Madrid amanecieron rebautizadas con los nombres de las capitanas: Alexia, Irene Paredes, Olga Carmona, Aitana y Mariona. Se trata de un acuerdo alcanzado con la Comunidad de Madrid para incentivar el seguimiento del campeonato ahora que encara su fase decisiva.
Es esa plaza madrileña la que a la Federación, como uno de los retos que se marca Louzán, le gustaría convertir en el lugar emblemático de celebración de los éxitos de España. Mientras el Mundial femenino se celebró en la explanada de Puente del Rey, en Madrid Río, como el masculino de 2010, los festejos que dirigió Morata hace un año se vivieron en Cibeles, frente al Palacio de Comunicaciones.
No es el único reto que se marca la nueva presidencia. En el horizonte, además del Mundial 2030, se mantiene la puja por un gran evento de fútbol femenino. El próximo Mundial se celebrará en Brasil, en 2027, mientras para la Eurocopa 2029, cuyas candidaturas deben presentarse antes del 28 de agosto, pujan Alemania, Italia, Polonia, Portugal y Dinamarca y Suecia. España tendrá que prepararse para pelear por posteriores competiciones.