No habían pasado ni 60 segundos cuando Griezmann marcó el primero. Antes ya hubo un posible penalti (otro más en el limbo…) para el Atlético. Los de Simeone se han convertido en un equipo desatado, en un tren de alta velocidad, más todavía con el objetivo del sorpasso al Real Madrid a tiro. No iba a dejar pasar la primera oportunidad. Objetivo cumplido, de momento. Y con otra goleada. Y hasta con un penalti a favor un año después. [5-1: Narración y estadísticas]
La fiesta fue completa en el after hour del Metropolitano. Si el Atlético es el equipo más en forma de Europa, como dicen las sensaciones y reafirman los números (una derrota en los últimos 17 partidos, 35 puntos de 42 posibles en la segunda vuelta…), Griezmann es la batuta de todo lo que le sucede. Es la diversión hecha futbolista. Es un estado de ánimo celestial. El Cádiz lo padeció.
Fue un tortura. Porque el gol en el amanecer no fue casualidad. Los amarillos apenas pudiero escapar de su campo en toda la primera parte. Lemar y Carrasco eran un tormento y Morata tuvo varias ocasiones para ampliar. Pero la varita mágica la posee Antoine. Una pared suya con Lemar, en una transición eléctrica, la culminó al primer toque con otro golazo. Al poco no hizo el hat trick de milagro.
En dos partidos, apenas tres días, el Atlético ha hecho 10 goles. 13 en una semana. Y lo que pudieron ser. El Cádiz, que se complica la vida en la tabla, vio como a la vuelta el propio Morata anotaba el tercero, a pase dentro del área de un central, Hermoso. Y poco después le cayó el cuarto. Y, aquí la noticia, fue de penalti, 35 partidos de Liga después. Para cachondeo de las tribunas (menos pobladas de lo habitual por las horas) del Metropolitano. Fue una mano clara de Alcaraz, aunque Soto Grande tuvo que recurrir al VAR.
La noche ya estaba despedazada. El Choco Lozano anotó el tanto del honor de los de Sergio, un auténtico golazo. Y un minuto después el quito del Atlético lo anotó Nahuel Molina, el lateral goleador.
Más allá de la euforia, esta escalada del Atlético no deja de ser una noticia algo triste. Por cómo se estropeó todo en el comienzo de temporada, por lo que pudo ser y no es. Ahora pelea por las migajas, aunque algo es algo. En lo económico y en lo sentimental: sería la quinta vez en 11 temporadas que el Cholo acaba por delante del Madrid.
Hace unos días, apenas unos minutos antes de un viaje, Payton Pritchard, uno de los pesos pesados del vestuario de los Celtics, avisó a Hugo González, el rookie, de que debía llevar un Monopoly al avión. El antojo, pequeña novatada, lo solucionó el alero español con idéntico desparpajo con el que se mueve en la cancha. Ducha rápida, carrera al centro comercial y a tiempo en el aeropuerto de Boston con el juego de mesa... que nunca utilizaron sus compañeros.
Hugo escucha, analiza y ejecuta; siempre anticipándose a la jugada. Cuando le dijeron que él era el encargado de llevar la baraja de cartas, siempre a estrenar, también fue a comprar unas cuantas. Vive los primeros episodios de un sueño en la NBA, pero no se deja impresionar. Ni por los elogios ni por verse sentado en ese mismo avión al lado de Jayson Tatum, la estrella ahora lesionada. Han pasado ya dos meses de su debut y su impacto en la mejor liga del mundo, apenas con 19 años, crece como lo hacen las victorias de unos Celtics a los que pocos auguraban con tantos triunfos a estas alturas.
Españoles en la NBA ha habido ya un buen puñado y cada uno manejó sus circunstancias. Los hubo pioneros como Fernando Martín, elegidos desde las cumbres del draft como Pau Gasol o acudiendo ya con sus carreras enhebradas, como Jorge Garbajosa o Juan Carlos Navarro. Santi Aldama, el único que acompaña a Hugo ahora (a la espera de Aday Mara y tantas otras promesas que destacan en la NCAA), llegó desde las expectativas de una pequeña universidad, esquivando en su juventud las canteras de los grandes españoles. El caso de Hugo apenas se asemeja al de Usman Garuba, desde un Real Madrid en el que apenas habían comenzado a desperezar. Elecciones medias del draft, casi apuestas. El de Azuqueca tuvo que hacer las maletas de vuelta tras dos años. No parece que vaya a ser el caso del alero.
Hugo González, defendiendo a James Harden.Mark J. TerrillAP
Porque los Celtics en Hugo vieron algo más que sus escasas apariciones con Chus Mateo el curso pasado. Era una joya a pulir. Una joya que se dejaba pulir. Desde que acudió en verano a Boston, una esponja. La exigencia máxima de Joe Mazzulla -«te exige, te lleva al límite físico y mental», contaba el madrileño hace unos días en 'Drafteados'- y cada oportunidad como si le fuera la vida. Hugo habla desde la defensa, lo que le hace diferente. Sus highlights en el esfuerzo ante las estrellas rivales se hacen virales, como los elogios de los gurús. Stan Van Gundy pronunció hace unos días en la televisión nacional: «Me estoy enamorando de él. Es un grandísimo defensor. Creo que Brad (Stevens, General Manager de los Celtics) ha vuelto a hacer una extraordinaria elección en el draft».
El de San Agustín de Guadalix ya es uno más en la rotación de los Celtics. Sus números, aún discretos, hablan, sin embargo, de un impacto. Promedia 4,2 puntos y 3,2 rebotes, pero su media de minutos no llega a 15. Sus porcentajes (menos el de tiros libres, a mejorar ese 54,5%, seis de apenas 11 intentos) son brillantes, teniendo en cuentas además las pocas oportunidades de lanzar en un equipo con referentes ofensivos claros: 52,1% en tiros de campo y 39,5% en triples. Sólo un rookie, el bahameño de los Sixers VJ Edgecombe, le supera en un dato bien apreciado, el de más/menos en cancha: con Hugo, los Celtics suman un más 158. En otro apartado de estadística avanzada conocido como net rating (mide la diferencia de puntos con un jugador por cada 100 posesiones), el español brilla con una cifra de 20,6: sólo Alex Caruso (Thunder) en toda la NBA le supera.
Hugo crece (ha participado en los últimos 15 partidos de forma consecutiva y cuatro veces ha superado ya la decena de puntos) y sin Tatum, lesionado gravemente el pasado mes de mayo, los Celtics asombran cuando tantos apostaban por un año en barbecho -traspasaron a Al Horford, Kristaps Porzingis y Jrue Holiday- a la espera de su referente. Con un Jaylen Brown desatado, son el mejor ataque de toda la NBA y han ganado 22 partidos para ser terceros del Este. Y apuestan por algo diferente, por mezcla de quintetos, a veces un small ball en el que incluso Mazzulla ha utilizado a su rookie español para defender al cinco rival. Sin complejos.
Contra maldiciones (desde 2002 ningún anfitrión triunfa...), nada mejor que el descaro, el talento callejero, el flow dominicano. Jean Montero desafía la presión imaginando que aún juega en su barrio de Santo Domingo, las calles donde el baloncesto es también una vía de escape. Ante su liderazgo y ante un Valencia Basket decidido a reinar en esta Copa que se inaugura en el Roig Arena, que vuelve a la ciudad del Turia 23 años después, sucumbió el Asisa Joventut (95-84).
Ni el influjo de Ricky -qué lujazo- que meditaba un rato antes del comienzo del duelo, como si visualizara con ojos cerrados aquel pasado, aquel niño de 17 años que alzó el trofeo de verdinegro en Vitoria 2008. O el que antes de dar el gran salto a la NBA lo conquistó dos veces más de azulgrana. Feliz Ricky, feliz el baloncesto.
Hace 10 días, la Penya derrotó al Valencia en el Olimpic. Al ese equipo redondo de Pedro Martínez que ya no sorprende si no que asusta en la mismísima Euroliga. Que parte de favorito en la Copa, mirando a los ojos sin complejos a Madrid y Barça. Entonces fue un 10-2 de salida, que recordaba Dani Miret clave para el desarrollo del duelo después. Algo parecido esta vez, cuando al 5-0 inicial respondió el Joventut con un aluvión, un parcial de 2-13 con ese alero que tira tan raro como efectivo, Cameron Hunt, inabordable.
Pero no cundió el pánico. El Valencia derrota por erosión. Por seguir a lo suyo, juego rápido, triples, carreras y rebote ofensivo. Entre primer y segundo cuarto, un parcial de 10-0 que trastabilló a los catalanes. Empezaban a no encontrar respuesta, porque el intercambio de golpes con este Valencia es condena. Otro arreón justo antes del descanso dejó heridos a los de Miret. Montero era ya un demonio que se empezaba a gustar (46-34, con 15 puntos del dominicano).
El Joventut se llegó a ver 17 abajo a la vuelta de vestuarios y, sin embargo, contra todo pronóstico, resucitó. Mostró coraje y relució su experiencia. La de tipos como Tomic, Hanga o el propio Rubio. Montero se enredó en batallitas con Vives y perdió algo de ritmo. Quedaban nueve minutos y los de Miret, que últimamente andaban con el acierto del revés, estaban a tres puntos a base de triples (69-66).
Ricky Rubio, durante el partido ante el Valencia.Kai ForsterlingEFE
Pero al Valencia, a este Valencia, al pimpampum no le gana casi nadie. En el momento de la verdad, los triples como lluvia fina en el Roig Arena, dos de Pradilla (solidísimo, como siempre), Badio... Y otra vez la ventaja y un Joventut que moría lentamente. Fue el propio Papi Badio el que puso el remate, ya sin aliento el Joventut, digno, pero corto en el Roig Arena.
"Un madrileño más", presume Fabien Causeur (Brest, Francia, 1987), vecino en la capital de Trey Thompkins y Anthony Randolph, jugadores de esos sin los que no se entendería la reciente época del Real Madrid. Secundarios o imprescindibles que ahora reviven el pasado "con una buena botella de vino". Recién retirado tras una temporada final en Milán, el francés reflexiona, antes de que los blancos busquen en Atenas su 12ª Copa de Europa, sobre lo vivido: pocos mejor que él entendieron lo que es una Final Four.
Pregunta. El héroe inesperado de la final de 2018 en Belgrado. La defensa sobre Sloukas, los 17 puntos...
Respuesta. Fue increíble. Es gracioso, luego me enteré de los planes de Pablo Laso: yo no iba a jugar. Él quería rotar con 10, Randolph y yo fuera. Pero en la semifinal contra el CSKA, las cosas no iban bien y a los 10 minutos cambió de opinión. Y como jugué bien, defendiendo a Higgins y a De Colo, fui titular en la final. Eso habla muy bien de la forma que leer los partidos de Pablo. Creo que la confianza que gané en esta Final Four cambió toda mi historia en el Madrid, fue un antes y un después.
P. ¿Qué recuerdos le vienen a la mente de esa final?
R. Sobre todo, era muy impresionante el ambiente en Belgrado, había 20.000 personas y sólo 300 o 400 del Madrid. Cuando meto mi primera canasta, ya se fueron todos los miedos. Me dio alas. Era el tapado, nadie hablaba de mí. Fallé esos tiros libres al final, pero sin más.
Causeur y Doncic, tras ganar la Final Four de Belgrado en 2018.EFE
P. En Vitoria, un año después, le haces 18 puntos en semifinales al CSKA, aunque perdéis.
R. Esta Final Four y la siguiente en Belgrado contra el Efes... son las que más frustración me han dado. Teníamos el partido muy controlado contra el CSKA. De Colo hace un último cuarto espectacular. Se perdió la oportunidad del back to back.
P. Belgrado 2022. Haces también una gran semifinal contra el Barça y Laso dice: "Fabien nunca es un secundario para mí". Luego perdéis contra el Efes.
R. No sé cómo explicarlo. Suena a tópico, pero mi confianza la gané entrenando. Me gustaba mi trabajo, llegar el primero y quedarme a tirar después, horas y horas. De mí decían: 'Solo va a izquierdas'. Y era verdad. Pero llegaba el día D y rendía. Me metía presión, pero de la buena.
P. Y el remate en Kaunas. La de Llull. Pero en esa final metes tres triples.
R. En la semi no juego nada. En la final entro en el segundo cuarto y meto una bandeja desde el tiro libre. Soy muy tozudo. Fue la final de Llull, claro, su canasta a lo Michael Jordan, lo que le faltaba a su carrera. Y el Chacho hizo un gran fin de semana. Yo acabé en lágrimas, porque esta temporada había sufrido un poco más, con menos minutos. Todos tenemos mucho ego y siempre pensamos que merecemos más.
P. ¿Cómo es tu vida ahora después de parar de golpe una carrera tan intensa?
R. El ritmo es mucho más tranquilo. Estoy sobre todo centrado en dedicar el tiempo perdido con mis hijos, con mi mujer. Yo dedicarme a ellos, más que ellos seguirme todo el tiempo. Y disfruto de poder hacer cosas que no he hecho antes. No había esquiado en mi vida, cosas así.
P. ¿Se echa de menos el baloncesto?
R. Pensaba que no estaba preparado para la retirada. Yo quería seguir jugando un año más, entrené durante el verano para eso. Pero no hubo ninguna oferta que me interesara y todo se paró de repente. Pero creo que estaba listo. Hace unos días tuve una conversación con Tony Parker y le pregunté, porque hay mucha gente que sufre con la retirada. Me dijo que los dos hemos ganado mucho y eso ayuda: '¿qué más te queda por hacer?'. De hecho, no he tocado la pelota desde que me retiré. Creo que en el fondo lo necesitaba, pero mi cerebro no me lo decía todavía.
P. Cuando sales de la cantera de Le Havre, ¿se te hubiera pasado por la cabeza una carrera así (sólo con el Madrid ganó 14 títulos)?
R. No, no, imposible. Cuando eres alguien como yo, sin hype, del que no se hablaba, no te lo imaginas. Lo que sí creo es que siempre, desde muy pequeño, era muy competitivo en todo. Quería ser el mejor, quería ganar, quería mejorar. Amaba el baloncesto más que mucha gente y esta mentalidad me ha ayudado mucho.
P. ¿Se sintió infravalorado?
R. Nunca me sentí una estrella.
Causeur, durante un partido de Euroliga con el Madrid.EFE
P. ¿Cómo ves la Final Four? No es la primera que llega el Madrid con lesiones y bajas.
R. Las dos Final Four que gané con el Madrid llegamos de una forma parecida. A Belgrado 2018, después de que Sergi (Llull) hubiera estado lesionados siete meses. Vuelve contra el Panathinaikos en cuartos. Campazzo tenía un edema en la rodilla. Y en Kaunas igual, jugamos sin Poirier, sin Yabusele y sin Deck. Y ganamos la Euroliga haciendo una zona 2-3 y Ndiaye parando a Mirotic, el mejor jugador de Europa. Por lo que he vivido, prefiero llegar no siendo favorito. Jugar la Final Four sin Tavares, que es el jugador más determinante de Europa, es duro. Pero el Madrid siempre da la cara y yo no apostaría contra ellos.
P. ¿Cómo era ese vestuario con Felipe, Llull, Rudy, el Chacho...?
R. Antes de llegar, los veía y les tenía la etiqueta de cazadores de títulos. Convivir con ellos fue fácil, me adapté muy rápido. Sentía que tenía su misma mentalidad. Competir con esta gente era algo muy divertido, especial. Y aunque jugara más o menos, siempre tuve mi momento. Sigo pensando que, si ellos siguen cerca del club, como directivos, se mantendrá la misma mentalidad. Los españoles de la selección... De hecho, cuando me preguntan por qué ha ganado más que la selección francesa, les digo: 'Vive conmigo un año en Madrid y lo entenderás'. Esta gente no deja una oportunidad marchar.
P. Te tocó aprender a defender.
R. Sí, totalmente. Antes jugaba para meter puntos, pero no tuve otra. Si quería jugar... Cuando entré en el vestuario del Madrid y vi a mis compañeros, me dije: "Joer, todos son mejores que yo. Tengo que hacer algo para jugar". Tenía que ser una navaja suiza, hacer un poco de todo. Meter puntos, defender. Cuando Jaycee Carroll se fue, quería ser como él. Que cuando entrara en el campo, pasara algo.
P. ¿El momento más difícil fue el de la polémica salida de Laso y la llegada de Chus Mateo?
R. Nos quitaron a una persona que llevaba una década en el club. Todos teníamos mucho cariño a Pablo. Pero somos jugadores y nos tenemos que centrar en nuestro trabajo. Chus no era un desconocido y siguió mucho la línea de Pablo, aunque metiendo lo suyo. Fue inteligente y el cambio de entrenador resultó fácil.
P. ¿Cómo te gustaría que se te recordara?
R. Buena persona, trabajador y ganador. He notado mucho el cariño de la gente cuando fui a ver el clásico en el Palacio. Flipé que me llamaran leyenda del Madrid. Porque nunca tuve esa etiqueta.