Las semanas sin carreras en pleno Mundial amenazan con un nuevo orden de parrilla a la vuelta, en Bakú, el 30 de abril. Aston Martin promete mejoras del monoplaza para mantener su puesto.
Fernando Alonso, en el podio de Arabia Saudí.STREFE
“Estoy batiendo algunos récords porque he corrido muchas temporadas en la Fórmula 1, pero el único récord que importa es el número de títulos. Por ahora ése es inalcanzable… probablemente” y con ese “probablemente” Fernando Alonso regalaba esperan
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"¡Vengaaaa!", llegaba Anna Tarrés a la zona mixta del Centro Acuático de París y montaba la fiesta. De repente no habían pasado 12 años ni por supuesto un escándalo que acabó en los tribunales. En los pasillos, Tarrés, ahora seleccionadora de la China campeona, celebraba junto a Andrea Fuentes y Alba Cabello, entrenadoras de la Estados Unidos subcampeona, e incluso con Paula Klamburg, encargada de la Australia novena. El equipo español de natación sincronizada que asombró en los Juegos de Londres 2012 volvía a estar reunido en la victoria, aunque esta vez no era española. La selección volvía a celebrar una medalla, un bronce por equipos, el primero desde entonces, pero la alegría, el ruido, el jolgorio lo ponía la generación anterior, ahora dispersa por los banquillos de todo el mundo.
"Es la mejor entrenadora del mundo", aseguraba Fuentes sobre Tarrés y ésta hablaba y hablaba sobre su adaptación a la cultura china de la mano del cámara de televisión español Roger Vicente, de sus paseos en bici por Pekín y de cómo incluso organizó una calçotada con salsa de romesco para el equipo asiático. "Su punto diferencial es la capacidad de trabajo, la disciplina y el físico. Trabajan a unos niveles muy científicos, tienen un control total de la preparación de las nadadoras", comentaba Tarrés sobre su selección, China, que ofreció una exhibición. Muy superior al resto, tuvo siempre el oro al cuello, mientras Estados Unidos brilló con las acrobacias para llevarse la plata y España aseguró un bronce para recuperar su lugar en la historia.
La celebración de España
Cuando acabó su actuación, España se reunió ante los televisores para ver qué hacía su principal rival, Japón, que terminó cuarta y después estalló la celebración. En las entrañas del Centro Acuático hubo carreras, lágrimas, abrazos, hasta que todas se reunieron alrededor de Ona Carbonell, que las esperaba en la puerta del vestuario. La que fuera líder de esta generación había sido invitada por el Comité Olímpico Internacional (COI) para dar los tres golpes de bastón que dan inicio a todas las sesiones en estos Juegos y pudo festejar con el grupo.
Lavandeira JrEFE
"¡Por fin!¡Por fin!", celebraba Carbonell mientras felicitaba de una en una a todas las nadadoras españolas, Iris Tió, Alisa Ozhogina, Marina García, Lilou Lluís, Meritxell Mas, Paula Ramírez, Blanca Toledo y Meritxell Ferré. "La peque, ¿Dónde está la peque?", preguntaba la ya ex nadadora sobre la última incorporación de la selección, la que hizo cambiar los programas.
Hace tres meses, sólo tres meses, la seleccionadora española, Mayuko Fujiki, consideró que para dominar las acrobacias, el nuevo mantra de la natación artística, necesitaba alguien que rotara con su saltadora, Meritxell Mas, y en el Terrassa encontró a una chica pequeña y ligera que a sus 17 años era capaz de volar: Ferré. "Después del Mundial de Doha [de este año] vimos que teníamos que aumentar la dificultad, que arriesgar más para aumentar nuestro margen si había una base mark [una penalización]. Ella nos ha ayudado mucho en eso", analizaba Fujiki que anunciaba a la propia Ferré como "líder del equipo en el futuro".
MANAN VATSYAYANAAFP
La propia Fujiki, que también fue seleccionadora de China y Estados Unidos, felicitó a Anna Tarrés, que fue su mentora en los banquillos, y ambas tuvieron una bonita conversación: "Anna me ha dado las gracias porque este bronce es muy importante para España, para que las niñas se apunten a los clubes".
Ahora, el equipo se irá a celebrar y Tió y Ozhogina se centrarán en el dúo, donde tendrán más competencia, pero también podrían colgarse una medalla el sábado. La propia Tió era la primera en salir a zona mixta y lamentaba que, mientras sus compañeras se irán por la noche a "quemar París", ella y Ozhogina tenían que volver de inmediato a la Villa a descansar. "Ha sido un camino muy largo, llevamos muchos años detrás de esto, ahora hay que ir a por más", anunciaba Fujiki que se imaginaba en un futuro, en los Juegos de Los Ángeles 2028 siendo el centro de la fiesta, por encima de la generación anterior, Tarrés, Fuentes y compañía, y sus equipos repartidos por todo el mundo.
"Había pensado en ello varias veces. En Cuba no tenía opciones de competir, tenía muchas dificultades para entrenar y sabía que ése era el momento. Del 6 de mayo al 26 de julio de este año estuve en París ayudando a las judocas de mi país clasificadas para los Juegos Olímpicos y el día de la inauguración, cuando llegué al aeropuerto para regresar a La Habana, me separé del grupo".
A los 31 años, a la judoca Dayle Ojeda se le escapaba la carrera, la vida. Nacida en La Habana en 1993, entre 2019 y 2020 ganó un Campeonato Nacional, compitió en los Grand Slam de París y Dusseldorf e imaginó un futuro mejor, distinto, próspero. Pero después todo se desvaneció. En su categoría, de más de 78 kilos, Cuba contaba con una leyenda algo mayor que ella, Idalys Ortiz, cuatro veces medallista olímpica, campeona en Londres 2012, y no había dinero para ambas. En cuanto las autoridades escogieron a Ortiz, acabaron los viajes para Ojeda y hasta se limitaron los entrenamientos.
"A los Juegos Olímpicos viajan más, pero al resto de competiciones sólo van las primeras figuras de Cuba, apenas tres o cuatro judocas. No había recursos para nada, no había manera de desarrollar una carrera deportiva y no tenía medios para vivir. Recibía un salario mínimo que no alcanzaba para las cosas fundamentales y me tenían que ayudar mis padres. Sólo había dos caminos: o salir de Cuba o dejar el deporte", comenta Ojeda a EL MUNDO desde Valencia, donde llegó después de todo un periplo. Porque viajar de La Habana a Valencia con escala en París es relativamente fácil, pero desertar de un país es otra cosa.
"No sabía qué pasaría, unas amistades me recogieron"
"Estaba nerviosa, miraba atrás por si me seguían, no sabía qué pasaría. Por suerte unas amistades me recogieron en el aeropuerto. Después cogí un autobús hasta Barcelona, me quedé allí unos días con una amiga y luego llegué a Valencia, donde me esperaba Ayumi".
Subcampeona en los dos últimos Abiertos Panamericanos de Varadero, Ojeda podía haberse marchado a Estados Unidos, a Miami, donde tiene familiares, o podía haberse quedado en Francia, una potencia mundial en judo, pero escogió España porque "nos parecemos en muchas cosas" y por Ayumi Leiva, compatriota suya nacionalizada el año pasado y aspirante a medalla en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 2028. Ella le explicó las bondades del sistema español y le introdujo en el Centro Especializado de Alto Rendimiento (CEAR) de Benimaclet, donde entrenan los recientemente olímpicos Salva Cases y Tristani Mosakhlishvili 'Tato'.
"El judo es judo en todo el mundo, pero la preparación en España no tiene ni punto de comparación con la de Cuba por muchos motivos. En primer lugar porque aquí la preparación física es más profesional, está más estudiada, hay más recursos. Y en segundo porque aquí hay muchísima gente de nivel. Hay muy buenas judocas en España y, además, cada semana viene gente de nivel de otros países. Sólo llevo aquí dos meses, pero noto que he mejorado más que nunca en mi vida", reconoce Ojeda, a quien aún le queda un camino largo.
Dayle Ojeda.David GonzálezAraba
"En mi mente sé que es lo mejor, pero en mi corazón me cuesta porque voy a pasar tiempo sin ver a mi familia. En Cuba tengo a mi mamá y se me hace duro. Hablo todos los días con ella, también hablo con mi hermana, con mis sobrinos, pero no es lo mismo que verlos en persona. Eso es lo más difícil".
Con la añoranza a cuestas, Ojeda ahora intentará destacar en el Campeonato de España que se celebrará en diciembre -en su peso la selección no tiene representantes olímpicos o mundialistas- y poner en orden su situación. La Federación Valenciana de Judo le ha ofrecido una plaza en su residencia y le ayuda con la manutención y el material, pero necesita competir cuánto antes. El proceso de nacionalización es complicado y, más allá del apoyo institucional, los resultados ayudan.
Como demostraron los casos de compatriotas suyos como el saltador Jordan Díaz o el boxeador Enmanuel Reyes Pla, si Ojeda se confirma como una opción de medalla para los Juegos Olímpicos de Los Angeles 2028 el Consejo de Ministros no tardará en actuar. "Ahora mismo mi motivación es trabajar al máximo para estar preparada cuando llegue mi momento. Me encantaría poder ir a los próximos Juegos Olímpicos y devolver a España toda la ayuda que me está dando", finaliza Ojeda.
María Vicente es todo lo que el atletismo español siempre soñó. Un talento único entre 48 millones, una campeona olímpica en potencia. Cuando era adolescente fue campeona del mundo juvenil de heptatlón y batía uno, dos o tres récords de España cada mes, en categoría cadete, juvenil o promesa, en 60 metros vallas, salto de altura o salto de longitud. Ahora a sus 22 años llegaba lo mejor. En el Mundial indoor de Glasgow que empezó este viernes iba a ser campeona absoluta por primera vez: no había dudas.
Lo proclamaba el ranking, que la situaba como la mejor del planeta; lo confirmaba la lista de inscritas, con la ausencia de referentes como Nafissatou Thiam y Katarina Johnson Thompson; pero sobre todo lo anunciaba su mirada. Decidida, confiado, madura... hasta sus rivales le daban por favorita pese a su juventud. Pero el atletismo, el deporte en general, puede ser muy cruel.
Este viernes en la primera prueba de las cinco del pentatlón -vallas, altura, peso, longitud y 800 metros-, Vicente fue la más rápida y, es más, fue más rápida que su propia sombra. Un rayo en los 60 metros vallas con una marca (8.07 segundos) que nunca había alcanzado. Ya era la líder, quien quisiera el oro debería arrebatárselo. Pero justo después el 'crack'. En la siguiente prueba, el salto de altura, colocó el listón a 1,73 metros -un desafío sencillo para ella-, pisó raro en uno de los primeros apoyos, paró en seco y de inmediato se estiró en la colchoneta rota por el dolor.
"Por favor, no, por favor, no, otra vez no", repetía mientras la desgracia le contradecía. Las primeras exploraciones confirmaron que se había roto completamente el tendón de Aquiles de la pierna izquierda. Adiós al Mundial indoor de Glasgow y, mucho peor aún, adiós a toda la temporada, es decir, a los Juegos Olímpicos de París.
"Estoy temblando y en shock"
"No he tenido ningún aviso, he metido el apoyo y he escuchado un 'crack'. Estoy temblando y en shock. Sé que será más duro que la última vez y sólo puedo afrontarlo con energía", comentó Vicente, en la zona mixta del Emirates Arena de Glasgow, donde apareció pese a todo -una muestra de su educación- con la ayuda de una silla de ruedas. Según comentó, este mismo sábado volará a Barcelona y se operará en la clínica Tres Torres, un lugar que conoce.
Porque la desesperación de Vicente sobre la colchoneta venía del daño sufrido, sí, pero también del recuerdo. Desde su estreno entre adultos la española arrastra un calvario que oculta su habilidad. Hubo episodios que hoy son anécdotas, como los tres nulos en el salto de longitud del Europeo indoor de 2021, o la nefasta actuación en la jabalina que la descartó en los Juegos Olímpicos de Tokio. Pero ya hay verdaderas cicatrices. En 2022 Vicente se rompió el cuádriceps de la misma pierna izquierda y se perdió el Mundial de Eugene y el año pasado otra dolencia le obligó a renunciar a las combinadas y centrarse en sus mejores pruebas, los saltos. En el último Mundial de Budapest, de hecho, participó en longitud y triple y en ambas disciplinas se quedó a escasos centímetros de la final.
Según explicaba a EL MUNDO su entrenador, Ramón Cid, por quien Vicente abandonó su Hospitalet natal y se instaló en San Sebastián, en los últimos meses se había profesionalizado de verdad. Prodigio generacional desde pequeña, en sus primeros años en categoría absoluta aún le faltaba cuadrar todos los entrenamientos, cumplir con las horas de sueño, aceptar la rigidez de la dieta, pero ya lo había hecho. Desde el pasado verano, Vicente estaba mentalizada para ser campeona en este Mundial indoor de Glasgow y brillar en los Juegos Olímpicos de París. Cumplía con todo: ni un solo rodaje quedaba por hacer, todos los días estaba pronto en la cama, no se permitía ni una chocolatina. Ahora a sus 22 años llegaba lo mejor. Pero el atletismo, el deporte en general, puede ser muy cruel.