El 9 de junio de 2006, a las 18:06 de la tarde, Philipp Lahm, con un lanzamiento desde el pico del área hacia la escuadra izquierda del portero costarricense Jose Porras, marcó el primer gol del Mundial de Alemania. Hace 20 años. Fue el Mundial de Zidane, de su ascenso a la gloria y su descenso a los infiernos hacia el pecho de Materazzi, la última Copa del Mundo de Raúl, el preludio del lustro mágico de España entre 2008 y 2012, el adiós mundialista de Ronaldinho y Ronaldo Nazario… Y el primero, el estreno, de Leo Messi y Cristiano Ronaldo. En ese momento, jóvenes promesas y a partir de aquel verano príncipes de un fútbol que no ha conocido en este siglo a mayores competidores que ellos.
Cristiano, dos años mayor que Messi, aterrizó en Alemania con 21 años, consolidado como titular en la selección portuguesa y habiendo entrado en los 20 mejores del Balón de Oro el año anterior. Todavía con el 17 a su espalda a la espera de heredar el 7 de Figo, marcó en el segundo partido ante Irán y anotó el penalti decisivo de la tanda en la que los lusos superaron a Inglaterra para acceder a las semifinales. Ahí cayeron ante la Francia de Zidane, pero aquel torneo serviría de punto de inflexión en su carrera. Al año siguiente, terminaría como máximo goleador del United, ganaría la Premier y ascendería hasta el segundo puesto del Balón de Oro, por delante de Messi y sólo por detrás de Kaká.
Cinco días después de Cristiano, el argentino se convirtió, con 18 años y 357 días, en el futbolista de su país más joven en debutar en un Mundial con la albiceleste. No jugó en el estreno, pero salió 15 minutos y marcó ante Serbia en la segunda jornada. Aprovechando el tanto, Pekerman apostó por él como titular ante Países Bajos, pero le dejó fuera en el duelo de cuartos ante Alemania, donde Argentina quedó eliminada, con Messi observando desde el banquillo.
Punto de inflexión
Cristiano y Leo salieron de Alemania con muchas cuentas pendientes y con una rabia que alimentó su hambre. Ambos alcanzarían el podio del Balón de Oro en 2007 y sólo lo abandonarían una vez cada uno en las siguientes 12 temporadas, alargando hasta este Mundial un dominio salvaje. No sólo futbolístico, sino también mediático. Alejados ya de los mejores equipos de Europa, siguen siendo los futbolistas mejor pagados del mundo por sus contratos con el Al Nassr y el Inter Miami (240 y 111 millones anuales), los deportistas más seguidos en redes sociales (670 y 511 millones) y el gran foco de esta Copa del Mundo, la de su despedida (salvo sorpresa) de sus selecciones nacionales.
Por el camino, el deseado Mundial de Messi, que aspira en Estados Unidos, México y Canadá a alcanzar su tercera final mundialista. Un torneo que parece haber decantado la balanza de esta histórica lucha hacia el lado del albiceleste. Su triunfo en Qatar, empatando con Maradona, le permitió elevar a ocho sus Balones de Oro (por cinco de Ronaldo), pero lo más importante: le puso en un lugar al que Cristiano de momento no ha conseguido llegar.
El luso, que supera a Messi en número de Ligas de Campeones (cinco a cuatro), mantiene aquellas semifinales de 2006 como el mejor resultado de Portugal en un Mundial. Eliminado en octavos de 2010 y 2018, en la fase de grupos de 2014 y en los cuartos de Qatar, Cristiano tiene su última oportunidad en Estados Unidos. Sus fracasos internacionales con la selección contrastaron con la gloria de Messi, finalista en 2014 tras caen en cuartos en Sudáfrica. De aquella derrota ante Alemania en la final le costó reponerse a Messi y a su país, con el fracaso de los octavos de Rusia como punto de inflexión.
La Euro ganada por Cristiano en 2016 impulsaba la fuerza del luso en el enfrentamiento, pero Messi, en un ciclo extraordinario, levantó dos Copas América y un Mundial mientras Ronaldo se conformaba con las Nations League de 2019 y 2025.
Seis Mundiales
20 años después de su debut, pueden romper todavía más récords en la Copa del Mundo. Mejorarán a los mexicanos Carbajal, Márquez y Guardado y al alemán Matthäus y serán los únicos en disputar seis Mundiales, con Messi pudiendo igualar a Pelé, Cafú, Ronaldo, Matthäus y Littbarski con tres finales. Mientras otras estrellas de su generación, como Kaká, Iniesta, Xavi, Bale o Ibrahimovic se han ido retirando, ellos permanecen. Al menos un verano más.
Cristiano persiguiendo junto a Portugal el único gran torneo que le falta y Messi liberado después de tocar el cielo en el Lusail. Los focos van hacia ellos, pero también hacia sus herederos, esos que tantas páginas han intentado llenar, sin éxito, en los últimos años. Nadie parece dar el paso definitivo para consolidar su puesto en el trono que el luso y el argentino han liberado. Mbappé, Kane, Vinicius o Lamine Yamal están llamados a ocupar su sitio, pero el fútbol todavía les espera.
973 (Cristiano) y 910 (Messi) goles, cinco y ocho Balones de Oro, 12 y 14 podios del mismo (los siguientes, Platini y Beckenbauer, tienen sólo cinco), cinco y cuatro Champions después… Y un Mundial, el de Messi, para decantar la pelea de este dominio salvaje. 2026, última llamada.





