“Gary, Gary, Gary….”, coreaban al unísono los miles de espectadores concentrados en torno al green del 18 del Texas Children’s Houston Open. Lo que parecía una semana más de transición del PGA Tour, pendiente del estado de Tiger Woods o lo que suceda en unos días en el Masters de Augusta, se acabó convirtiendo en la historia del año.
Gary es Gary Woodland, un golfista de 41 años de Kansas que pasó a la eternidad en 2019 al coronarse como campeón del US Open. Una carrera notable que, sin embargo, dio un giro dramático en abril de 2023.
De pronto empezó a sentir miedo. Mucho miedo. Miedo a la muerte sin motivo. “Me temblaban mucho las manos. Llamé a mi médico personal para que me diera algo que me calmara. Le estaba explicando lo que estaba experimentando y me dijo: ‘Gary, necesito que te hagas una resonancia magnética'”. Se la hizo ese mismo día y a las pocas horas todo dio un vuelco. “Encontraron algo en el cerebro y mi vida cambió para siempre”, recuerda.
Pasó por el quirófano con la incertidumbre de no saber si volvería a despertar, el golf pasó a otro plano de su vida. El tumor que le extirparon resultó ser benigno, pero comenzó una carrera por comenzar de nuevo.
Woodland, 2.478 días más tarde de su última victoria en el US Open, y dos años después de resucitar de la mesa de un quirófano, volvió a ganar en el Circuito Americano. Lo hizo con una exhibición de control de juego y emociones. Llegó a manejar seis golpes de ventaja en la última jornada del domingo en Texas, finalmente ganaría por cinco al danés Nicolai Hojgaard.
Woodland mantuvo la calma y la respiración a lo largo de cinco horas de torneo. A menudo se llevaba la mano al pecho e inspiraba profundamente antes de cada golpe. Y es que su cabeza, ya limpia de lesiones físicas, no llegó nunca a recuperarse de las psíquicas.
Fue en septiembre del año pasado, jugando el Procore Championship en Napa, cuando Gary volvió a sentir una sensación extraña mientras jugaba. Una persona encargada de anotar los resultados caminaba, como es habitual, unos metros por detrás del jugador. “Me empecé a agobiar, sentía que me perseguía”, explica.
Su caddie, el veterano Brennan Little, se dio cuenta de que algo iba mal y se acercó a su jugador, que comenzó a llorar desconsoladamente y sin motivo. No quiso retirarse y, con las gafas de sol de su caddie, terminó la jornada como pudo, metiéndose en cada baño portátil que encontraba por el campo para descargar el llanto como un niño desconsolado.
Tras varias pruebas, los médicos no tardaron en diagnosticar un severo estrés postraumático. Empezó de nuevo otra lucha con terapeutas, familia e incluso hablando con veteranos del ejército que sufrían un transtorno similar. Los médicos le recomendaron dejar de competir, pero Gary sabía que esa línea sería la última que cruzaría.
El domingo su triunfo supuso una verdadera historia de superación. En sus zapatos de golf, escrita la palabra “coraje”, una palabra que le ayudaba a recordar en cada golpe su armamento para superar las batallas pasadas.
Transparencia
Hace un par de semanas, con motivo del The Players Championship, Gary Woodland quiso compartir con todos, a través de una entrevista con Golf Channel, su segunda lucha con el estrés postraumático. “Ya no puedo gastar energías ocultándolo. Todos en el circuito han sido increíbles conmigo. Me dicen: ‘Qué bueno es verte superar esto, es genial verte al cien por cien’, y yo agradezco ese cariño y apoyo. Pero por dentro siento que me estoy muriendo y siento que estoy viviendo una mentira”, relató entonces. Woodland soltó un lastre con el que convivía. “Siento que me he quitado 1.000 kilos de encima”, apuntó, y con esa sensación se plantó este jueves en el torneo de su resurrección definitiva.
Cuando embocó su putt en el 18, volvió a llorar, esta vez un llanto de alegría y no de angustia. Se rompió por completo cuando estrechó los brazos de su mujer Gabby Granado. “Aquí practicamos un deporte individual, pero hoy no estuve solo”, dijo el golfista con la voz temblorosa en cuanto le entrevistó la televisión tras su triunfo. “Espero que quienes estén pasando por dificultades me vean y no se rindan. Que sigan luchando”, agregó. Su triunfo además le clasifica para el Masters de Augusta.







