El fútbol español se enfrenta a otra denuncia de racismo que salpica la competición y la pone a prueba. La decisión de la UEFA de sancionar de manera preventiva a Prestiani por el presunto insulto racista a Vinicius en el Benfica-Real Madrid puede marcar un antes y un después. Esta vez serán la RFEF y LaLiga quienes tendrán que actuar ante lo ocurrido en el Elche- Espanyol.
Con el partido 1-2, en el minuto 78, el colegiado Iosu Galech, paró el encuentro, cruzó los brazos, el signo de que se activaba el protocolo antirracismo, y se fue a la banda a hablar con Eder Sarabia y Manolo González. Nadie en el estadio comprendía muy bien qué pasaba, pero sí que los protagonistas eran el delantero Rafa Mir y el lateral perico Omar El Hilali en una ‘conversación’ que produjo mientras esperaban un saque de puerta.
Ambos jugadores se reprocharon conforme se iban alejando el uno del otro y, cuando el árbitro trató de mediar, el marroquí le comunicó el insulto y decidió activar el protocolo. Todo en menos de tres minutos, tras los que reanudó el juego sin que ni siquiera hubiera advertencia por la megafonía del Martínez Valero.
Lo que pasó se conoció a través del acta del colegiado. “En el minuto 78, Omar El Hilali me comunicó que Rafa Mir se dirigió a él en los siguientes términos: «Viniste en patera», no pudiendo ser escuchado por ninguno de los componentes del equipo arbitral. En consecuencia, procedí a activar el protocolo contra el racismo, motivo por el cual el partido estuvo parado durante tres minutos”, redactó el árbitro.
De esas palabras, por el momento, no han aparecido imágenes y los dos jugadores se taparon la boca en su cruce de palabras.
El Hilali salió del estadio en silencio y tampoco fue explícito su entrenador, que aseguró en rueda de prensa que no había hablado con su futbolista. “El racismo se debe sacar del fútbol y de la vida. Y todo tipo de insultos”, se limitó a comentar.
Más contundente fue Edu Expósito. “Es un acto racista, LaLiga tiene que meterse. Hay micrófonos y cámaras. Además, lo ha escuchado un compañero. A ver si tantas campañas que se hacen sirven para algo”, aseguró. Ese compañero más cercano podría ser Urko, cuyo testimonio puede resultar muy relevante.
El Espanyol dio apoyo a su futbolista, que acabó un partido en el que, después del incidente, el propio Rafa Mir marcó el 2-2 desde el punto de penalti tras una clara mano de Carlos Romero. Sin embargo, el club obedecerá el deseo de El Hilali de que el incidente, una vez denunciado, quede en manos de los comités. El Elche y su jugador tampoco han expresado su punto de vista de la denuncia por racismo.
El precedente de Diakhaby
El caso Prestiani y la determinación de la UEFA de sancionar al argentino aunque no hubiera imágenes ni sonidos de lo ocurrido entre el argentino y Vini Jr. ha convertido los indicios, en este caso la reacción del brasileño y el rotundo testimonio de Mbappé, en pruebas de cargo, al menos para que el jugador se perdiera el partido de vuelta.
En LaLiga solo ha habido un precedente similar que la RFEF y LaLiga dejaron sin sanción. El 4 de abril de 2022, en el minuto 29 del Cádiz-Valencia, Diakhaby informó de que el jugador Juan Cala le había insultado. “Interrumpí el partido debido a una confrontación entre jugadores de ambos equipos. El jugador Nº 12 del Valencia C.F. Mouctar Diakhaby, una vez amonestado por discutir con un contrario, me dice textualmente: “Me ha llamado negro de mierda” en referencia al jugador Nº 16 del Cádiz C.F. Juan Torres Ruiz. Este hecho no fue percibido por ningún integrante del equipo arbitral”, recogió el acta arbitral.
Aquel partido estuvo parado durante 24 minutos, el Valencia se retiró del campo y solo volvió, ya con Diakhaby en la grada, muy afectado, ante la amenaza de perder los tres puntos. En ese momento, no había protocolo antirracista en LaLiga.
La conclusión del Comité de Competición, en una resolución firmada por Carmen Pérez, fue que “el indicio de la reacción del jugador del Valencia no es la única forma de entender el hecho de la autoría del insulto racista, pues es perfectamente compatible esa reacción con la creencia de haber escuchado el insulto, a pesar de que no se produjo”, firmaba.
A eso añadía que “todas las pruebas periciales practicadas por diferentes expertos sobre los archivos audiovisuales concluyen de forma unánime lo contrario” y no existía “ningún testimonio directo ni indirecto del insulto (jugadores de un equipo, jugadores de otro, colegiado, etcétera)”.




