La España de Chus Mateo es una revolución: paliza a Ucrania en Riga

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La España de los meritorios es el ejemplo de Pierre Oriola, un veterano que llevaba cinco años olvidado de (y por) la selección, que acude a la llamada con la misma dosis de ilusión que de liderazgo. Algo parecido se podría decir de Ferran Bassas o de Oriol Paulí. Esta España de tipos para los que no hay hueco en la Euroliga ni tampoco en las Américas, es el descaro de Álvaro Cárdenas, un base del que nadie parecía saber nada. Los puntos de Jaime Fernández y Francis Alonso… Y, sobre todo, el soplo de aire fresco que ha traído Chus Mateo con su llegada. [66-86: Narración y clasificaciones]

“No escucharéis una excusa”, pronuncia el seleccionador, al que ni las ausencias ni las lesiones apartan de su objetivo (hubo recuerdo para los caídos de gravedad, Great Osobor y Miqui Salvó). De hacer de su España un equipo reconocible, competidor, bravo. Todo eso que se vio en las dos primeras victorias y se corroboró en el más difícil todavía, ante la invicta Ucrania en su exilio de Riga. La selección de Chus Mateo es un torrente de baloncesto. Es un equipo al que da gusto ver. Que disfruta y hace disfrutar.

La segunda parte de España en el Xiaomi Arena fue una obra maestra. Una declaración de intenciones. Un baño de baloncesto colectivo para dar otro paso más hacia el Mundial de Qatar. Pese a que muchos (o la mayoría) de los que lo lograron no vayan a estar allí.

Jaime Fernández, ante Ucrania.Alberto NEvado / FEB

Y eso que a la selección le costó entrar en el partido. Horario extraño, pabellón desangelado y un rival incómodo. La frialdad exterior, cubierta Riga de la nieve que no ha dejado de caer en todo el invierno, se trasladaba a la cancha. Donde Fran Guerra fallaba canastas solo bajo el aro y Santi Yusta, que no deja de ser el claro referente, cometía también algún error difícil de explicar. Tampoco ayudó la segunda falta de Oriola en un abrir y cerrar de ojos. Ucrania, con sus gigantes y sus tiradores, con Kovliar y con su juego físico y el apoyo del poco público del exilio en las tribunas, se sentía definitivamente más cómoda.

Y cosechó las primeras ventajas (23-17), ante el carrusel de cambios de Chus Mateo, intentando dar con la tecla. Fue ahí cuando, del fondo del banquillo, surgió la primera solución ofensiva. Porque a España le costaba un mundo cada canasta, con cero amenaza en la pintura y poco perímetro. Fue Ferran Bassas, uno de esos veteranos que siempre han estado dispuestos en cada llamada de la selección, el que emergió con poderío.

Con el descaro de haber estado siempre bajo el radar, sin ir más lejos esta misma temporada, donde salió del Andorra rumbo al Baxi Manresa, para demostrar que le sigue quedando mucho baloncesto. No acudía a una Ventana desde hacía tres años y, sin complejos, espabiló a la selección con tres triples sin fallo y alguna asistencia que era como oxígeno para un equipo bloqueado. Fue un 0-8 de parcial que permitió a España igualar y, a pesar de las incomodidades, evitar más dudas.

La mejor España, sin embargo, estaba a la vuelta de vestuarios. Y qué España. Con Oriola y Paulí, y una pareja tan móvil, agresiva y con puntos en las manos como Cárdenas y Jaime Fernández, la selección encontró su ADN. Intensidad, diversión, frenesí desde la defensa. Fue madurando a Ucrania, sintiéndose cómoda. Más pujanza ahora desde el banquillo, un triple del especialista Alex Reyes y otro (el cuarto sin fallo) de Bassas. Era un festival que coronó Francis Alonso desde el perímetro. Cerró entonces un cuarto al que nadie debió poner fin, un parcial de 1-21 para dejar tiritando al Xiaomi Arena, el escenario de la fase final del último Eurobasket.

Ya no había dudas, España estaba en modo avión. Festejaba cada acción defensiva, dominaba el rebote, tenía acierto (15 de 27 en triples) y no dudaba. La segunda parte de Oriola había sido una master class. Ucrania, desesperada, tendrá que buscar la revancha el lunes en Oviedo.

kpd