En este Real Madrid de ausencias a última hora, de caídas en desgracia tremendas después de una temporada casi impecable en cuanto a prevención de lesiones, si alguien sabe de quedarse con la miel en los labios es Gaby Deck. “Las últimas dos Final Four me las perdí, justo ahí antes”, explicaba el argentino antes de partir hacia Atenas. Ya en el OAKA, con todas las ganas acumuladas, de vuelta a la cita cuatro años después, su papel en la semifinal contra el Valencia Basket resultó determinante. Como lo deberá ser este domingo ante Olympiacos (20.00 h., Movistar).
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“Todos tenemos que multiplicarnos para jugar en esa posición”, contaba ayer en la pista del OAKA, antes del último entrenamiento del Madrid, recordando algún tiempo en su carrera en el que le tocó jugar de cinco. Tan lejos que ni se acuerda, en categorías inferiores: “Ahí siempre jugaba al cuatro y al cinco”. Porque si algo puede oponer el Real Madrid contra el físico, la defensa y el talento que maneja Bartzokas es aquello que representa Deck. Versatilidad, experiencia, espíritu ganador, rebote. Con Trey Lyles obligado al pívot puro en el que faltarán por lesión Tavares, Alex Len y Garuba, y seguramente Chuma Okeke también ahí como plan B, el puesto de cuatro, como si las fichas se fueran moviendo, recaerá en dos tipos con espíritu de alero. Uno es Mario Hezonja y el otro es Deck.
El Tortuga llegó a Madrid, desde el San Lorenzo de Almagro, el verano después de que el club conquistara la Décima en Belgrado. Disputó la Final Four de 2019 en Vitoria, eliminados en semifinales por el CSKA. En 2020 la pandemia acabó con la competición y en 2021 puso rumbo a Oklahoma, aventura NBA, y, además, el Madrid no se clasificó para Colonia. Así que, ausente en Kaunas 2023 (se torció la rodilla durante la famosa y polémica serie contra el Partizán) y Berlín 2024 (en la penúltima jornada de la liga regular de la ACB en Valencia, se volvió a quebrar la rodilla), su última presencia es la de 2022 en Belgrado, final perdida contra el Efes.
Ahora es su momento. Y lo sabe. “Tengo muchas, muchísimas ganas acumuladas. La verdad es que el basket siempre da revancha y poder estar en una final y competir es algo muy lindo. Por eso digo que primero disfrutar y después, obviamente, tratar de ganar el partido, que esto es lo que todos queremos”, confesaba a pregunta de este periódico.
Deck, 31 años, luce en una plenitud como no se recordaba. Tanto en los cuartos de final contra el Hapoel como en la Final Four ante el Valencia, solventados algunos problemas que ha ido arrastrando en su hombro, mostró su versión más plena. Fue un verdadero tormento para lo de Pedro Martínez: 18 puntos y ocho rebotes, cinco de ellos ofensivos, el arma determinante para el triunfo. Es la competitividad de tipos como él lo que pone nervioso a Bartzokas, con todo a favor en la final.




