La leyenda del equipo olímpico español de bobsleigh que nunca existió: “Éramos unos desgraciados”

La leyenda del equipo olímpico español de bobsleigh que nunca existió: "Éramos unos desgraciados"

¿De dónde sacaban los trajes para el hielo?
La madre de uno de los miembros del equipo compró tela, nos los cosió y nosotros pusimos encima unas pegatinas que nos dio la Federación Española. Pero no teníamos uniforme ni nada, íbamos por las estaciones con ropa de calle.
¿Y los cascos?
Utilizábamos unos cascos de moto que el entrenador sacó de la BMW y nos regaló. No eran homologados, nunca lo fueron.
¿Y el bobsleigh?
El equipo austriaco nos alquilaba uno que tenían viejo, que llevaba sin utilizar más de una década. Como ya no era reglamentario le tuvimos que hacer arreglos como soldarle unos bloques de plomo.

España sólo ha participado en bobsleigh en los Juegos Olímpicos de invierno en dos ocasiones. En Cortina d’Ampezzo 1956 se quedó cerca de ganar una medalla con el Marqués de Portago como líder y mecenas y en Grenoble 1968 se presentaron varios equipos a propuesta de Juan Antonio Samaranch. Pero estuvo clasificada una tercera vez y nadie la recuerda. Un conjunto de seis chavales enviados a un colegio mayor de Austria a aprender cómo era aquello de tirarse montaña abajo con un trineo consiguió un billete para Albertville 1992 y justo después se separó, fue eliminado, se evaropó. Hace cinco años ‘La Vanguardia’ recuperó la historia del llamado ‘equipo invisible’, cuyos miembros conversan ahora con EL MUNDO después de la clausura de los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina.

“Fue una iniciativa que salió de los estudios de INEF de varias ciudades de España. Algunos que habían participado en los Juegos Olímpicos décadas atrás organizaron un casting, nos hicieron pruebas y montaron un equipo. Yo no estudiaba INEF, hacía Derecho, pero venía del atletismo y quedé segundo”, recuerda Joan Manel Esclasans, uno de los protagonistas de la versión española de la película ‘Elegidos para el triunfo’, que relata los éxitos de Jamaica con el bobsleigh. “¡Aquellos jamaicanos eran amigos nuestros! Nosotros éramos unos desgraciados y caíamos bien a todo el mundo. Ellos tenían muchos más medios”, apunta Esclasans, hoy de 56 años, informático, sobre aquel año de locura en su juventud. Junto a él se apuntaron Xavi Núñez, que venía de jugar al fútbol americano en los ya desaparecidos Diesel Eagles de Vilafranca o Luis Lisazo, que era subcampeón de España de lanzamiento de disco.

Una paella en Mónaco

“La Federación Española aceptó el proyecto, pero luego se sorprendió del éxito y nunca llegó a apostar. Se tomaba el bobsleigh a cachondeo. Nos enviaron a Innsbruck a entrenar y sólo nos cubrían alojamiento y manutención. Para el resto teníamos que usar el dinero de la beca ADO, que eran unas 75.000 pesetas -unos 450 euros-, o pedir ayuda a nuestras familias. Era todo muy precario. Teníamos un entrenador que venía con nosotros de vez en cuando, pero ni preparador físico, ni fisioterapeuta, ni médico, ni nada. De hecho si nos hacíamos daño nos atendían los médicos del equipo soviético porque teníamos buena relación con ellos”, cuenta Esclasans.

En su palmarés, hasta siete participaciones en la Copa del Mundo de 1991 en lugares como Cortina d’Ampezzo o La Plagne y el Preolímpico previo a Albertville 1992, donde superaron el proyecto de Mónaco con su príncipe Alberto como uno de sus integrantes. “También teníamos buena relación con él. Nos invitó en verano a una competición de salidas que hacía en el Principado y le preparamos una paella”, recuerda el miembro del bobsleigh que pasó de la gloria a la desaparición en un instante.

¿Qué ocurrió?
No se esperaban que nos clasificáramos para unos Juegos Olímpicos y no querían gastarse el dinero que tocaba. Nos dijeron que no nos iban a inscribir, que el presupuesto se lo llevaba Blanca Fernández Ochoa -bronce en esquí alpino en aquella edición- y nos enviaron para casa sin más.
¿Qué hicieron?
Nos sentimos engañados, nos tomaron el pelo. Yo había dejado Derecho, por ejemplo. Estuvimos más de un año fuera de casa y no sirvió para nada. Éramos muy jóvenes, teníamos muchas ganas y nos lo tomábamos muy en serio. Íbamos a ver cómo entrenaban los austriacos y les copiábamos en todo, estábamos ocho o nueve horas en el hielo. Con otros gestores hubiera sido un proyecto bonito.
¿Mantienen la relación?
La verdad es que no. Cada uno hizo su vida y ya está. Estaría bien reencontrarnos algún día.

kpd