La biatleta italiana Rebecca Passler, que fue suspendida cautelarmente el pasado 2 de febrero por un positivo en letrozol durante un control fuera de competición, fue readmitida el pasado viernes en los Juegos Olímpicos de Milán Cortina 2026 tras demostrarse la involuntariedad en la ingesta de la sustancia prohibida.
“El Tribunal Nacional de Apelaciones de la Organización Nacional Antidopaje (NADO) ha estimado la apelación de Rebecca Passler contra la suspensión provisional tras un resultado positivo en una prueba de letrozol realizada el 26 de enero, al determinar que existía un caso ‘fumus boni iuris’, es decir, la aparente validez de la ingesta involuntaria o la contaminación involuntaria de la sustancia en cuestión”, informó la Federación Italiana de Deportes de Invierno (FISI).
En su recurso, la deportista de 24 años afirmó que vive con su madre, quien toma letrozol como parte de su tratamiento contra el cáncer de mama, y que la contaminación probablemente provino de una cuchara que utilizó para comer crema de avellanas Nutella en el desayuno el día anterior al control.
El resultado permite a la atleta participar en los Juegos Olímpicos de Milán Cortina 2026. Passler se ha reincorporado a los entrenamientos junto a sus compañeras de equipo desde este lunes, fecha en la que se ha puesto a disposición del cuerpo técnico para las siguientes competiciones olímpicas.
“Han sido días muy difíciles. Siempre he creído en mi buena fe. Agradezco a todos los que me han apoyado, desde los abogados que gestionaron mi situación, hasta la Federación Italiana de Deportes de Invierno, pasando por mi familia y amigos. Ahora por fin puedo volver a concentrarme al 100% en el biatlón”, expresó Passler.
Por su parte, el presidente de la FISI, Flavio Roda celebró “el resultado de la apelación, que permite a Rebecca regresar al equipo”.
La resolución, que permite a Passler competir en biatlón en la última semana de competición, llega dos días después de que la División Ad Hoc del Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) para estos Juegos se declarara no competente para retirar esa sanción cautelar.
No tiene edad para trabajar sin el consentimiento de sus padres, ni para conducir ni para votar. Lamine Yamal acaba de aprobar cuarto de la ESO y se ha convertido en estrella del fútbol con 16 años y 362 días antes de poder hacer todo lo demás, una precocidad superior a la de las grandes leyendas de la historia del fútbol mundial. Ni Maradona, ni Cruyff ni Di Stéfano, ni siquiera Pelé brillaron en un gran torneo tan pronto como el español.
Al brasileño es al que más se acerca. Con 15 años lo sacó el Santos de una fábrica de zapatos donde cobraba dos dólares la hora mientras jugaba en el Baquinho, un club de barrio de Bauru, en el interior de Sao Paulo. Lo hizo debutar un mes antes de cumplir los 16 en un amistoso ante el Corinthians, pero su primer partido oficial lo jugó el 26 de abril de 1957 con 16 años, 6 meses y tres días. Unos meses después, el 7 de julio, jugó su primer partido con Brasil: la Copa Roca y ante Argentina en Maracaná. Perdieron 2-1, pero suyo fue el gol. Su explosión llegó un año después en Suecia. El 15 de junio, ante la URSS, con 17 años, siete meses y 20 días marcó su primer gol para conducir a Brasil a la Copa de Mundo y empezar a fraguar su camino de leyenda.
A Cruyff, del que seguro Lamine Yamal ha escuchado mil y una historias en La Masía, también le costó algo más acaparar las miradas. A los 12 años, y tras el repentino fallecimiento de su padre, entró en el Ajax, donde debutó en la élite con 17 años, seis meses y 21 días. Sin embargo, para vestir la 'orange' tuvo que esperar hasta los 19 años, en septiembre de 1966 con un 2-2 ante Hungría con un gol suyo. Ese año también ganó la Liga. Su liderazgo con Holanda se fraguó en los 70, tras recibir el Balón de Oro con 24 años.
El fútbol de Cruyff le queda lejos hasta al padre de Lamine, que apenas tiene 36 años, pero seguro que recuerda a Diego Armando Maradona y su talento puro. El argentino también fue precoz. Con 15 años, once meses y 20 días debutó con la camiseta de Argentinos Juniors, cuando ya habría brillado en su equipo infantil, que apodaban Cebollitas. Menotti le llamó para debutar con Argentina con 16 años y 119 días, pero no contó con él para el Mundial del 78, uno de los momentos más amargos de la carrera de Maradona, que se convertiría en icono del fútbol mundial a mediados de los 80, pasados los 20 años.
Con 16 años, Alfredo di Stefáno estaba ayudando a su padre con en el campo y con la ganadería. Había abandonado los estudios para contribuir a la economía familiar pero no la pelota. Aprovechaba cualquier momento para jugar allá donde fuera y su talento llegó a oídos de River Plate. A los 17 años le fichó River Plate, que no le hizo debutar hasta dos años después, luego lo cedió a Huracán para recuperarlo en 1947 y proclamarse campeón de Liga, máximo goleador con 27 goles y campeón con Argentina del Sudamericano, en el que marcó cinco goles en seis encuentros. Esa misma temporada, el 4 de diciembre de 1947, jugó por primera vez con Argentina. Tenía 21 años y 147 días. Fue en Ecuador con una goleada 7-0 a Bolivia en la que marcó.
Lamine Yamal.MIGUEL MEDINAAFP
De Zinedine Zidane hay poco que explicarle a Yamal, aunque recuerde más su faceta de entrenador del Real Madrid que de jugador. También llegó rápido al profesionalismo, pero le costó más entrar en la selección francesa. El 18 de mayo de 1989, con 16 años y 329 días, firmó su contrato con el Cannes para debutar en la Ligue 1, pero no fue hasta cinco años después, en agosto de 1994, tras el Mundial de Estados Unidos al que no fueron los bleus y tras cumplir los 22, cuando la absoluta le llamó para un amistoso contra la República Checa en Burdeos, ciudad y club para el que jugaba. El marcó los dos goles que hicieron empatar a Francia.
El 'padrino' Leo Messi
A Lamine nadie le tiene que explicar qué hacía Leo Messi a los 16 años, porque en La Masía convive con quienes le conocieron. De hecho, el argentino le 'apadrinó' sin saberlo en un calendario solidario en el que el joven jugador de 20 años del Barça sostiene a un bebé de Mataró que se había inscrito para participar en esa acción solidaria en la que se volcó el club. Con la edad de Yamal, el argentino ya asombraba, pero fue Rijkaard quien lo llevó al primer equipo el 16 de noviembre de 2003, con 16 años y 145 días, en un amistoso ante el Oporto de Mourinho. Su debut en Liga fue el derbi ante el Espanyol en Montjuic un año después. No tardó en vestirse la albiceleste. Fue en Budapest en el verano de 2005, con 18 años y 55 días. A Lamine aún le faltaban dos años para nacer.
A Cristiano y a Mbappé también se les puso el foco muy rápido. Con 16 años, el portugués daba su primera entrevista después cuatro años en la cantera del Sporting de Portugal. Su familia había cambiado Funchal, en Madeira, por la capital buscando la progresión, que llegó con el debut en Primera con el 29 de septiembre de 2002, con 17 años y 233. La Eurocopa de Portugal en 2004 le abrió las puertas de la selección un año antes e hizo su debut recién cumplida la mayoría de edad.
Kylian Mbappé no es de la misma generación, pero Yamal se va a cruzar con él muchas veces. En la primera, ya le derrotó. El francés tiene el récord de precocidad en la Ligue 1 al debutar con el Mónaco en 2015 con 16 años y 347 días, de manera que superaba a Thierry Henry. Su primer gol lo marcó con 17 años y 62 días, pero la internacionalidad absoluta no le llegó hasta 2017 con 19 años, lo que convierte en más extraordinaria la precocidad del joven español.
Las medallas eran muy importantes. Pero más la triple opción de obtenerlas. Aunque se trata de un Europeo y no de un Mundial, tres finalistas en los 60 metros vallas suponían un hito y suscitaban una optimista reflexión acerca de los 110 metros al aire libre. La lesión de Quique Llopis en el calentamiento volcó un jarro de agua helada sobre la delegación española. Pero el hecho debe interpretarse como un contratiempo puntual que no cambia la trascendencia del momento y su importancia futura. No quiebra una proyección. Que Abel Jordán, el neófito, fuera cuarto justifica aún más un optimismo necesario y compensador.
La temporada "indoor" es una estación de paso hacia el atletismo largo y ancho en estadios de 400 metros de cuerda. Pero Quique Llopis y Asier Martínez no son vallistas de alto vuelo sólo en escenarios reducidos. Abel Jordán, de padres cubanos y bisabuelos emigrados a la Gran Antilla, de genes de "acá" y no de allá", tiene 21 años, tres menos que sus también jóvenes colegas y apunta, por edad y maneras, a formar con ellos un cuerpo tricéfalo con miras a bajar de los 13 segundos, la puerta de acceso a la gran clase mundial, en los 110 metros.
Puede que lo consigan los tres. Puede que dos. Puede que uno. Puede que ninguno. Pero la sola posibilidad conjunta es un regalo. Lástima que no hayan coincidido con la plenitud de Orlando Ortega, plusmarquista nacional con 13.04 y que, como cubano, corrió en 12.94.
No obstante, tres nombres agregan uno más al brillante y referencial dúo que formaron, a últimos de los años 70 y durante gran parte de los 80, Javier Moracho y Carlos Sala, de los que se descolgó Juan Lloveras. Crearon expectación y elevaron las vallas al máximo grado de popularidad e interés. Curiosamente, Sala nunca fue plusmarquista nacional, pero sus marcas y carisma lo asocian plenamente a Moracho. Fueron, por así decirlo, los últimos españoles de rancio abolengo. Moracho, en 1987, dejó el récord en 13.42. Felipe Vivancos, talentoso y frágil, fue una breve secuela del dúo. Corrió en 2004 en 13.41, pero el registro no fue homologado por la incorrecta alineación de la foto-finish. Y dio paso, en tiempos ya sociológicamente distintos, de emigración e integración a los primados de Jackson Quiñónez, nacido en Ecuador, y de Orlando Ortega.
Hoy, pese a todo, Quique y, por encima de todo Asier y Abel rescatan la historia por el procedimiento de repetirla. Y no precisamente como farsa. En todo caso, en este momento, como amargura pasajera.