Los 26 días del mercado de enero han deparado sorpresas en el Valencia que invitan al análisis sobre la gestión que en los últimos meses ha hecho el club, esos en los que Ron Gourlay está al frente de la parcela deportiva -aunque oficialmente llegara en mayo- y que recuerdan el reto que se marcó en octubre: “Tenemos cuatro ventanas de mercado para hacer el equipo más fuerte”.
El primero ha sido este que afronta su recta final, un mercado de invierno en el que no ha habido experimentos ni apuestas arriesgadas, hay certezas. Los goles de Sadiq y su incidencia en el juego ofensivo del equipo, decisivo para enderezar el rumbo hace un año. El equilibrio de Guido Rodríguez, un campeón del Mundo que llega para mejorar el balance defensivo de un centro del campo, en muchas ocasiones, transparente, y que tiene el poso de los grandes jugadores que ha visto Mestalla. A ellos se suma Unai Núñez, que aporta experiencia a una defensa magullada por las lesiones. Quizá la de bilbaíno no fuera la primera opción, pero tampoco es un disparo al aire. Los tres jugadores están preparados para aportar a Carlos Corberán justo lo que necesita: rendimiento inmediato que haga al equipo “más fuerte”.
Su encaje en el once titular puede ser casi automático. No lo ha hecho el entrenador con Sadiq por respetar una jerarquía de vestuario, en la que pesa el trabajo incansable de Hugo Duro y también de Lucas Beltrán, y porque es una bala en la recámara, algo que antes no tenía. Entre los tres, siempre habrá uno que amenace desde el banquillo.
Menos dificultades debe encontrar Guido, con Pepelu emergiendo como puntal y despertando la competencia con Ugrinic y Javi Guerra. Si es el jugador que todo el mundo vio en el Betis, con hueco en la Argentina de Scaloni, Corberán tiene que encontrar su lugar porque debe ser la pieza que aporte el equilibrio. Y no solo en este final de temporada en el que el Valencia volverá a tener que apretar los dientes en LaLiga y, si cumple, se podrá permitir soñar con la Copa del Rey, donde espera, de momento, el Athletic.
Sadiq y Guido rozan la treintena, lo que rompe con el patrón de Meriton, y llegan con contratos en firme, lo que permite al Valencia ilusionarse con mantener durante algún tiempo una columna vertebral más fuerte, que no se modifique año a año, obligando a empezar a construir casi desde cero. En el caso del argentino, el club tiene seis meses para cerrar un acuerdo que dure más de seis meses.
Al Valencia desde 2020 llegaban o jugadores con capacidad de explosión -aunque fuera a precio desorbitado como Marcos André o Maxi Gómez– , y por tanto de venta, o cedidos, algunos con buen rendimiento como Samu Lino, Justin Kluivert, Enzo Barrenechea y, seguramente, Lucas Beltrán, y otros sin pena ni gloria como Max Aarons, Peter Federico, el ucraniano Yaremchuk e incluso el mancuniano Nico González y Rafa Mir.
Hay otra categoría que también ha explorado el Valencia, que es la de club rehabilitador. Firmó a Cavani, enfilando su ocaso, buscando que aún diera algo en Mestalla. A Samu Castillejo para rescatarlo del olvido, y no duró ni seis meses, y a jugadores con ansia como Sergi Canós, que tampoco encajó. A este grupo casi se podría unir ya Baptiste Santamaría.
El único que encaja en la categoría de este mercado de invierno, de galones, oficio y rendimiento inmediato es Luis Rioja. Está por ver si la inversión de cuatro millones realizada en Ugrinic, que apunta maneras, y Copete, cada vez más eficaz en el eje de la zaga. El suizo y el andaluz son los fichajes del mercado que, aunque de adaptación tardía, están cumpliendo su papel.
El giro en su manual de mercado se produce porque Meriton, Kiat Lim, con la refinanciación en el bolsillo y el estadio en marcha, no puede dejar al equipo caer. Y tiene el agua al cuello. Eso lo sabe bien Ron Gourlay y se encarga de recordárselo Carlos Corberán. La gerencia confía en el entrenador de Cheste y en su capacidad de hacer despertar al equipo, pero ha reconocido que debe darle herramientas, de las buenas, de rendimiento inmediato y, por tanto, la inversión era necesaria.
Entre traspasos, indemnizaciones y coste salarial, el Valencia tendrá que afrontar un gasto de alrededor de diez millones que diferirá en las cuentas en los próximos años, pero que se ve obligado a afrontar en enero, cuando en agosto no quiso. El caso de Sadiq es el mejor ejemplo.
Pero esta línea se refuerza también buscando veteranos sin coste, como el caso del central neerlandés Justin de Haas, de 29 años, a quien el Valencia ha atado libre en junio cuando finalice su contrato con el Fameliçao portugués.
Gourlay, con una dirección deportiva renovada a su criterio para peinar los mercados en busca de talento, ha cedido en el primero de los cuatro mercados decisivos que apuntó en octubre a una evidencia del fútbol: la experiencia y los buenos jugadores sostienen a los clubes y permiten crecer el talento que eclosiona. En la justa mezcla está la clave.







