El Santiago Bernabéu ha respondido a la crisis del Real Madrid con una de las broncas más grandes de los últimos años. La afición abucheó al equipo tanto en la llegada del autobús como en la salida de los jugadores al calentamiento y en la posterior vuelta a vestuarios para el partido ante el Levante, pero amplió todavía más el volumen de sus quejas cuando la megafonía dio la alineación y cuando el partido empezó, incluyendo un sector de la grada que gritó “¡Florentino, dimisión!”.
Vinicius Júnior y Jude Bellingham, por ese orden, fueron los más señalados por la grada, tanto en el anuncio de la alineación como en el partido, silbando la grada cada vez que cogían el balón. El estadio les culpa de la rebelión del vestuario que terminó en el despido de Xabi Alonso y de la mala racha de resultados del equipo en las últimas semanas.
Los pañuelos hicieron acto de presencia antes del pitido inicial y cuando la Grada Fans, el sector de animación del Bernabéu, comenzó a animar al equipo. En ese momento, el resto del público respondió con cánticos de “¡Fuera, fuera!”.
No sirvió de nada la petición de Arbeloa en la rueda de prensa previa, en la que pidió el apoyo de la afición citando a Juanito: “Juanito dijo ’90 minuti en el Bernabéu son molto longo’, no dijo ‘90 minuti contra llos jugadores‘”.
En El Señor de los Anillos, el mago Gandalf aparece al amanecer en el Abismo de Helm junto a los jinetes de Rohan cuando las fuerzas de Saruman estaban a punto de vencer a las tropas del rey Théoden. «Un mago nunca llega tarde ni pronto, llega cuando tiene que llegar», había dicho un tiempo antes. Le gustará a Álvaro Arbeloa el personaje del mago, porque en la rueda de prensa posterior a la sufrida victoria contra el Rayo, el entrenador del Real Madrid se animó a decir «tampoco soy Gandalf El Blanco» al explicar qué quería de sus futbolistas. El salmantino admitía no poder hacer magia con su equipo, incapaz de crear fútbol con continuidad ante los vallecanos y silbado durante gran parte del encuentro por la grada del Bernabéu.
«Lo que quería de mis jugadores es lo que estoy viendo, compromiso y actitud. No vale sólo con la calidad, la constancia es clave y trabajaremos para tenerla, porque debemos hacer más que los demás para vencer a nuestros rivales», reflexionó ante los medios.
"Aquí hay 17 campeones de Europa"
Los primeros 15 días de Arbeloa como técnico del Madrid se cerraron este domingo con cuatro triunfos y dos derrotas en seis partidos, con una eliminación copera en Albacete y con el desastre de Lisboa, donde el duelo ante el Benfica les obligará a pasar por el peaje del playoff. «Perdimos en Lisboa, pero veníamos de tres partidos buenos. Ganar al tercero (Villarreal), al Mónaco y a un Levante que, visto lo visto (por el empate ante el Atlético), no parece ser tan mal rival. No se mejora sin que haya picos y estos jugadores han demostrado una mentalidad muy fuerte, aquí hay 17 futbolistas que han sido campeones de Europa hace 18 meses, que parece que a veces se olvida. Con ellos sacaremos adelante las situaciones que lleguen», insistió, volviendo a enfocar su mensaje hacia el elogio al vestuario. Un planteamiento que parece inquebrantable en su discurso.
Esos 15 días de enero con Arbeloa de entrenador también han estado marcados por los tres recibimientos que le ha hecho Chamartín a su equipo: ante el Levante y el Mónaco después del fracaso en Copa y ayer durante el duelo contra el Rayo tras caer en Lisboa. Tres días de pitos, especialmente a jugadores como Vinicius y Bellingham, de menciones a Florentino Pérez y al propio Arbeloa. El día del Levante, el técnico fue extenso en su reflexión sobre los silbidos de la grada y declaró que los que pitaban al presidente «no quieren al Real Madrid», pero en la rueda de prensa tras vencer al Rayo se limitó a decir que «respeto mucho al público del Bernabéu y siempre les voy a pedir su apoyo».
"Son mejores con el público de su lado"
Cuestionado de nuevo por los silbidos, constantes durante todo el partido, tanto en el inicio como en el descanso y después del empate de De Frutos, Arbeloa negó esa visión. «Respeto todas las opiniones, pero he visto un público que nos ha llevado a la victoria. Sin ellos no habría llegado ese gol. Lo digo siempre, los jugadores son mejores con el público de su lado. Y hoy se ha vuelto a demostrar», declaró.
Bellingham, un mes fuera
El Madrid entra ahora en un terreno valle. Eliminado de Copa, tendrá 15 días sin encuentros entre semana hasta la eliminatoria de Champions contra el Benfica. Bellingham se perderá el cruce por la lesión muscular que le tendrá un mes fuera. Un momento que el vestuario espera enfocar para «trabajar física y tácticamente». Así lo reconoció Fede Valverde: «Lo que viene ahora es lo más importante, así que tenemos que escuchar y trabajar al máximo. Tenemos que seguir mejorando estos días».
En la misma línea se mostró Arbeloa: «En estas semanas intentaremos que el equipo trabaje y vaya hacia donde queremos. Es hora de trabajar y mejorar. Tenemos que trabajar en todas las fases del juego y para mejorar eso necesitamos horas de entrenamiento», expresó el técnico salmantino.
«Para la mitad del mundo, sólo soy un mercado. Les hago ganar o perder dinero, nada más. Los únicos comentarios que he recibido durante las últimas semanas son 'como no llegues a esta cifra, estarás en mi lista negra'». Hace unos días, Tyrese Haliburton, jugador de los Indiana Pacers y uno de los mejores bases de la NBA, avisaba sobre la ola que ha llenado de toxicidad el día a día de la liga. Algo que se extiende también al resto de deportes de América, Europa y todo el planeta. «Los aficionados gritan constantemente a los jugadores por sus apuestas. Es una locura y un problema que hay que atajar», ampliaba PJ Tucker, de Los Angeles Clippers.
Las apuestas se han adueñado del deporte. No sólo de su economía, patrocinando equipos y organizaciones, sino de todo su contexto: de los jugadores, que son protagonistas de las mismas; de las plataformas de retransmisión, que las incentivan en sus propias emisiones; y de los aficionados, tan pendientes, o más, del partido que de su apuesta. Nadie escapa. ¿Por qué? Porque ahora es mucho más fácil apostar y hay muchas más posibilidades dentro de un mismo encuentro. Olvídese de acertar quién gana. Vaya a lo concreto.
Así se han adueñado del deporte las apuestasEL MUNDO (Vídeo)
Piense en LeBron James. ¿Anotará hoy más de 22 puntos? ¿Capturará más de 7 rebotes? ¿Dará más de 8 asistencias? ¿Meterá más de 1 triple? ¿La suma de sus puntos, rebotes y asistencias será mayor o menor que 43? ¿Perderá más de 3 balones? ¿Conseguirá más de 2 robos? ¿Pondrá más de un tapón? ¿Anotará la primera canasta del partido o de su equipo?
Ahora piense en Rafa Nadal. ¿Ganará el siguiente punto? ¿Ganará el segundo punto del próximo juego? ¿Y el tercero? ¿Y el cuarto? ¿Si gana el juego, lo hará dejando a su rival a 0, a 15, a 30 o a 40? ¿Cuando el primet set llegue a seis juegos, cómo irá el marcador? ¿Cuál será el resultado correcto de este set? ¿Ganará Nadal al menos 4 juegos? ¿Habrá tiebreak? ¿Cuántos juegos se disputarán en el set y en el partido? ¿Cuántos ganará Nadal? ¿Será el número de juegos disputados par o impar? ¿Quién llegará primero a 3 juegos ganados? ¿Y a 4?
Ahora piense en Jude Bellingham. ¿Marcará ante el Bayern? ¿Cuándo lo hará, el primer gol o el último? ¿Disparará más de una vez? ¿Más de dos? ¿Uno será a puerta? ¿Dará más de 60 pases? ¿Más de 65? ¿Dará una asistencia? ¿Dos? ¿Hará más de una entrada? ¿De dos? ¿De tres? ¿Cometerá una falta? ¿Le sacarán amarilla? ¿Le expulsarán?
"Es consecuencia del Siglo XXI"
«Los mercados deportivos permiten apostar hasta el último detalle. El Madrid-Barça, por ejemplo, tenía más de 400 mercados», explica a este periódico David Pere Martínez Oro, director de Episteme Social, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor de Ludomorfina, el fenómeno de las apuestas en la juventud española. «Mientras tengamos esta oferta de mercados en las plataformas online, será condición inherente al deporte profesional. Es consecuencia del Siglo XXI, una industria que vela por ganar dinero y unas tecnologías que han evolucionado hasta el punto de monitorizar partidos de Tercera Regional», añade.
Las sanciones
Los mercados son los eventos dentro de un partido y son el principal foco de los problemas entre el mundo del deporte y de las apuestas. Presiones, sanciones... Les sonará el nombre de Sandro Tonali, centrocampista italiano del Newcastle suspendido diez meses por haber apostado en mercados de partidos que él mismo disputaba. De hecho, uno de los vídeos que más virales se han hecho sobre el tema es el de una amarilla que recibió por tardar, sospechosamente demasiado, en salir del campo.
No es el único. La NBA acaba de sancionar de por vida a Jontay Porter, jugador de los Raptors, que dio información a sus conocidos para que apostaran en sus propios mercados, apostó él mismo 54.000 dólares y limitó su participación en los encuentros para acertar. La MLB, la liga de béisbol, investiga a Shohei Ohtani, una de sus estrellas, por los gastos millonarios de su traductor en las casas de apuestas. Mientras que la NFL sancionó al receptor Calvin Ridley por apostar en partidos de la liga. Sin embargo, el deporte que más polémica tiene con este tema es el tenis.
"El tenis es el más fácil de adulterar"
En 2022, seis tenistas españoles fueron inhabilitados por amaños y cada mes hay noticias de nuevas sanciones. «El tenis es el deporte más fácil de adulterar, especialmente en el circuito ITF. Son chicos jóvenes que casi tienen que poner dinero de su bolsillo para viajar...», avisa Pere Martínez Oro. «Apuestas 10.000 euros, te dejas romper un servicio y te sacas el doble. Es facilísimo. Pero el problema es ético y del deportista, no sólo de los mercados. Puedes quitar partidos del circuito ITF de las casas de apuestas, pero a la industria no le interesa. Ellos quieren más mercados, más apuestas, más dinero», insiste.
La industria quiere más, y las organizaciones que gobiernan el deporte, también. «Nosotros no podemos llevar publicidad de las casas de apuestas, pero los torneos hacen acuerdos millonarios con ellas. Deberíamos quedarnos al menos el 50% de ese acuerdo, pero no recibimos nada. Miles de millones que circulan por el circuito y nosotros no vemos nada», se quejaba Novak Djokovic hace unas semanas.
Más apuestas, más audiencia
Una situación que también se vive en la NBA. La liga llegó a un acuerdo histórico con FanDuel y DraftKings, dos plataformas de apuestas, para permitir a los espectadores apostar durante los encuentros a través de la propia aplicación de la NBA. Más apuestas, más usuarios, más audiencia. Según un estudio de 'CRG Global', el 57% de los apostadores de la NBA ven mucho más la liga cuando apuestan, el 30% han escogido su equipo favorito según los aciertos en las apuestas y el 29% deja de ver el partido cuando su apuesta ya está resuelta. Mientras, las casas de apuestas han multiplicado sus ingresos hasta los 36.000 millones en 2023, según 'Statista'. En EE.UU, el valor de FanDuel ha superado los 31.000 millones.
"Cuando juegas bien y les haces acertar, está todo perfecto. Pero cuando fallas te tiran mierda, como que no he superado los 29,5 puntos y cosas así. Me siento mal porque no les quiero hacer perder dinero, pero sólo salgo e intento jugar", se quejaba Jason Tatum, de los Boston Celtics. "Estamos caminando por un hilo muy fino, es una situación muy complicada", advertía J. B. Bickerstaff, técnico de los Cavaliers, sobre la legalización de las apuestas deportivas en 38 estados de Estados Unidos desde 2018. Desde ese año, la NFL, la liga más seguida del país, ha incrementado sus audiencias un 8% y ha tenido 38,5 millones de espectadores por partido, cifra de récord.
La Liga, en alerta
LaLiga se salva de momento de polémicas, pero el debate existe. «El fútbol es más pausado que el tenis o el baloncesto. Hay menos mercados y no hay tanta presión en ese sentido por parte del aficionado, pero en los últimos años esos eventos se han multiplicado», explica a este periódico Iñaki Arbea, director de Integridad de LaLiga, que detalla que en cada campo hay un personal que se encarga de vigilar «actitudes raras» y advierte sobre las mafias que intentan controlar a los deportistas: «Son el principal problema, las mafias que usan las apuestas y amenazan a los jugadores para blanquear dinero».
«No tengo ganas de hablar de fútbol». Carlo Ancelotti fue muy contundente en la sala de prensa de Valdebebas. A 24 horas del partido contra el Milán, su Milán, ni siquiera el italiano podía centrarse en lo deportivo, en un encuentro clave para el Real Madrid en el futuro a corto plazo en la Liga de Campeones. Su mirada, y la de todos los protagonistas del fútbol español, está en la Comunidad Valenciana y en la tragedia provocada por la DANA. Una mirada que provoca una pregunta que durante estos últimos días se ha repetido en los móviles de muchos vestuarios de Primera y Segunda División: «¿Por qué jugamos? ¿No se suspende?».
«El fútbol tenía que parar», admitió el italiano, emocionado, ante los medios, sumándose a la ola de críticas que se han acumulado en las salas de prensa de LaLiga durante todo el fin de semana. «No tiene sentido jugar», dijo Simeone el sábado. «Si pudiera tomar la decisión, no jugaría», admitió Flick. Los tres entrenadores de los tres mayores equipos del fútbol español se han mostrado en contra de jugar, liderando la voz de unos vestuarios que respaldan esa postura: «Era el momento de estar con los afectados y pensar sólo en eso», reconoció Lucas Vázquez. Entonces, ¿por qué se jugó la jornada y por qué los clubes españoles disputarán los partidos europeos esta semana? La respuesta es simple: el fútbol nunca para.
Históricamente, el deporte rey se ha mostrado al lado de las desgracias, ya fueran atentados o catástrofes naturales. Ha ayudado económicamente, ha disputado partidos benéficos, ha tenido gestos, pancartas, minutos de silencio, brazaletes negros... Pero no ha parado. Sólo la pandemia, y sólo cuando se restringió totalmente la movilidad, le obligó a detener su constante camino.
La tarde del 11 de septiembre de 2001, martes, unas horas después del atentado sobre las Torres Gemelas de Nueva York y tras la suspensión de todas las ligas deportivas estadounidenses, la UEFA mantuvo la jornada de Champions y el Madrid jugó, y ganó, en Roma esa misma noche. Un día después, y tras millones de críticas, decidió cancelar la del miércoles. «Todos nos preguntábamos lo mismo hasta una hora antes del partido, ¿cómo se va a jugar?», admitió Del Bosque.
Tres años después, el 11 de marzo de 2004, el fútbol español y europeo miraron más de cerca a la desgracia con los atentados de Madrid. Y aún así el deporte no paró. La UEFA, que tampoco había suspendido el Madrid-Barça de semifinales de Champions celebrado unas horas después del atentado de ETA en la capital en mayo de 2002, decidió continuar la marcha de la jornada continental en 2004 y homenajear a las víctimas con un minuto de silencio. El mismo día 11, Barcelona, Valencia, Mallorca y Villarreal disputaron sus encuentros de la UEFA sin impedimentos. «Hemos solicitado la suspensión, pero UEFA ha considerado que debía jugarse», reconoció Laporta. «Teníamos la cabeza en Madrid», dijo Puyol. «Fue una falta de respeto», declaró Cocu. «Se han equivocado al no aplazar los partidos de los españoles», aseguró Camacho, entrenador del Benfica aquel año.
Dos días después, el 13 de marzo, el Madrid recibió al Zaragoza en el Bernabéu. En uno de los fondos, una pancarta: «El dolor ocupa nuestros corazones». En el césped, fútbol a pesar de todo. Ayer Ancelotti insistió en que el deporte «es una fiesta», pero sólo «cuando tu familia está bien». «Si no, no hay que hacerla».
El fútbol tampoco paró en Europa tras los atentados de París en 2015, después del grave terremoto de Italia en 2016 o el fin de semana siguiente a los atentados de Barcelona en 2017. De nuevo, gestos, muchos, pero también pases y goles.
La pandemia, en marzo de 2020, fue lo único que lo detuvo. Fue lo último en parar, eso sí, con partidos a puerta cerrada, como aquel Valencia-Atalanta de Champions. Y fue lo primero en volver, con la final a ocho de Lisboa, también sin público, y con la Liga disputándose en estadios vacíos y PCR previas a cada duelo.
Esta noche, la UEFA realizará un minuto de silencio en todos los encuentros de la jornada como gran homenaje a las víctimas, pero jugadores y técnicos, especialmente durante la jornada liguera del fin de semana, esperaban mucho más. «Dicen que el espectáculo debe seguir, pero no así», cerró ayer Ancelotti.