Tras un primer período desconcertante y casi con el inevitable estigma del anti-gol, el Real Madrid logró en la segunda parte un triunfo liberador, tranquilizante, como si tuviera grandes expectativas todavía, a pesar de su magnanimidad frente a cual
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Volvía Sergio Scariolo a un clásico 23 años después. A ese escenario tan único, pese a lo repetitivo de cada temporada. Su Real Madrid en el Palau Blaugrana con dos desafíos, mantener y ampliar la racha heredada de ocho victorias consecutivas y ganar, al fin, a domicilio en Euroliga (en ACB ya lo logró el domingo en Zaragoza). Dos objetivos cumplidos en una estupenda noche en Barcelona, un festival ofensivo, talento blanco desatado, frente a un Barcelona que apenas pudo opositar más que orgullo. Un naufragio que acabó en pañolada y gritos contra el palco. [92-101: Narración y estadísticas]
Desde el mismo amanecer se intuyó a un Madrid al fin liberado, en la que iba a ser su noche más plena de lo que va de curso. Nada más oportuno, tantas veces, que enfrentarte al mayor de los desafíos para sacar lo mejor de uno mismo. Las cinco primeras canastas blancas en el Palau -que en la previa homenajeó a Alex Abrines, retirado con 31 años- tuvieron diferente autor. Un ritmo ofensivo demoledor, con Campazzo (acertó sus tres primeros triples) y un ya imparable Trey Lyles, que hirió con la calma de los elegidos. Anota canastas con una facilidad insultante, el muestrario de un jugador superior llegado después de 10 temporadas titular en la NBA. Un fichaje de los que cambian proyectos.
El Barça aguantaba como podía, sostenido por sus veteranos, Vesely, Shengelia (que pudo jugar a pesar del esguince sufrido el domingo) y Will Clyburn. Pero cuando apareció Hezonja, la distancia se disparó por primera vez. El Madrid -en el que debutó Alex Len- acertó ocho de sus 10 primeros triples, incluido uno desde más allá del medio de campo de Chuma Okeke (también recuperado para la ocasión) que cerró un primer episodio de 34 puntos blancos.
Lo nunca visto en el Palau, demasiado hasta para el amor propio del Barça. Que se vio 17 abajo (27-44), superado totalmente en el rebote, aunque no tiró la toalla.
Deck atrapa un rebote ante Shengelia, en el Palau.Enric FontcubertaEFE
El paso por vestuarios no apagó la clase de Lyles, que volvió con más puntos de su infinito repertorio, hasta dispararse a los 27 ya por entonces (acabó con 29, cuatro de seis en triples, 32 de valoración, su tope personal incluida la NBA). El Barça lo intentaba de todas formas, pero se le acumulaban los problemas: Satoransky, su único base pleno (Laprovittola regresó después de sus problemas físicos y Juani Marcos no fue ni convocado) salió del partido tras una técnica que suponía su quinta falta. Aún en el tercer cuarto.
Era un querer y no poder, una frustración constante y en aumento. Scariolo movía su lujoso fondo de armario y todos se unían a la fiesta. Hezonja, como actor secundario, es demasiado. Al final de ese tercer acto minaban las fuerzas mentales azulgrana acciones de un enorme mérito ofensivo de Andrés Feliz, el propio Hezonja, Maledon... El acierto era una tortura para el Barça, al que ni Willy Hernangómez, que apareció ya en la segunda mitad, logró revivir.
Es el sino de este Barça de cinturón apretado en los despachos. Altibajos que no auguran cosas demasiados buenas a largo plazo, para desesperación de un Joan Peñarroya que sólo sabe perder clásicos: 0 de seis desde que aterrizó en el banquillo del Palau. A comienzos del acto final, 18 abajo, todo parecía acabado. Es más, cuando se produjo el último amago de remontada local, comandado por Kevin Punter -un 10-2 a falta de cinco minutos-, volvió a la cancha Lyles. Y ni los ánimos del Palau posibilitaron un final emocionante. Un golpe de autoridad blanca en el primer clásico del curso, una noche para el recuerdo del canadiense.
A Luis Enrique no le duelen prendas a la hora de trabajar con jóvenes futbolistas. No en vano, su estreno como técnico fue en un filial del Barça que Pep Guardiola prácticamente acababa de abandonar para tomar las riendas del primer equipo. Frente al Auxerre, por necesidad, ante la plaga de lesiones que está asolando al PSG, pero también por convencimiento, en un partido en el que el equipo parisino se impuso por 2-0, contó con cinco futbolistas por debajo de los 20 años, dos de ellos, incluso, menores de edad: Warren Zaire-Emery y Senny Mayulu, ambos con 19 años de edad; Quentin Ndjantou, quien tiene actualmente 18, y Mathis Jangeal e Ibrahim Mbay, ambos de 17 años. Casi una guardería en un fútbol de elite donde la edad es ya poco más que un número.
Ndjantou ha sido el último en llegar. Su debut con el primer equipo tuvo lugar precisamente en este duelo con el Auxerre, solo unos días después de que el club decidiera que era mejor que se quedara en lugar de embarcarse con la selección francesa sub'20 para disputar el Mundial de Chile. Las lesiones estaban diezmando a la primea plantilla y había que tener las espaldas bien cubiertas.
Algo que el propio Barça también ha tenido que hacer con Diego Kochen por la lesión de Joan García, si bien el arquero estadounidense, en su caso, sí tuvo que tomar un avión de vuelta, al estar ya en tierras chilenas con su selección. Las credenciales de Ndjantou para que su equipo optara por ni siquiera dejarle viajar incluían un hat trick frente al Atalanta en la Youth League. Su estreno en la elite, en este caso, no pudo rubricarlo con gol, pero sí dejó muy buenas sensaciones.
Paris Football Club
«Fue un orgullo enorme. Estoy muy contento de haber jugado con mi club de formación y también agradezco al entrenador su confianza», aseguró el delantero tras el partido contra el Auxerre. Por mucho que Ndjantou señalara que se encontraba feliz por haberse estrenado en la Ligue 1 con el club en el que se ha forjado como futbolista, lo curioso es que ese camino formativo tuvo una estación que estuvo a la vez muy cerca y muy lejos de su actual equipo: el Paris Football Club.
En esta entidad, fundada en 1969 y escindida del embrión que creó el PSG en 1970, solo dos años después de esa fusión, el joven delantero de ascendencia camerunesa permaneció cinco años, entre 2014 y 2019. Antes, entre 2013 y 2014, había formado parte del RC Arpajonnais y, entre 2019 y 2020, jugó con el US Villejuif.
Ndjantou, durante el partido del sábado ante el Auxerre.AP
Ante el Barça, hoy en Montjuïc, es más que posible que a Luis Enrique no le quede otra que seguir apostando por los jóvenes. Para este segundo partido de la fase de liguilla de la Champions, el PSG tiene cuatro bajas de peso: el flamante actual Balón de Oro, Ousmane Dembélé, Marquinhos, Désiré Doué y Khvicha Kvaratskhelia.
En cambio, el técnico asturiano sí podrá contar con otros nombres de peso como lo son los de Fabián Ruiz, Joao Neves y Vitinha. El conjunto que dirige Hansi Flick, por su parte, tiene las ausencias forzosas de Gavi, Joan García, Raphinha y Fermín, pero sí que podrá contar con un Lamine Yamal que revolucionó el choque con la Real Sociedad, y Alejandro Balde.