La delantera de la Real Sociedad Edna Imade es la principal novedad de la lista de España para la final de la Nations League que disputará a doble partido el próximo viernes 28 en Kaiserslautern y el martes 2 en el Metropolitano de Madrid
Sonia Bermúdez ha convocado a 25 jugadoras entre las que destaca, además de Imade, los regresos de Leila Ouahabi y Esther González, así como la continuidad de las jóvenes Clara Serrajordi y Eunate Estralaga, así como la de Jenni Hermoso, a la que la seleccionadora no dio mucho minutos en las semifinales ante Suecia.
Edna Imade estaba desde hace tiempo en el foco de la Federación, pero no podía ser convocada porque no había culminado su proceso de nacionalización. Nacida en Marruecos hace 25 años cuando su madre huía de Nigeria, se crió en Sevilla. Jugó en el Carmona hasta los 14 años, pasó por el fútbol sala hasta que, a los 19, la fichó el Málaga. La buscó el Cacereño en Segunda y su talento la llevó a Primera con el Granada. Su crecimiento llamó la atención del Bayern, que la ha incorporado y cedido a la Real Sociedad.
Imade es la tercera máxima goleadora de la Liga F con siete tantos, detrás de las culés Pawor y Clàudia Pina, con 8, y fue elegida como la mejor jugadora del mes de octubre, pero no podía debutar con la selección porque, hace hasta muy poco, su único pasaporte era nigeriano.
Porteras: Cata Coll, Adriana Nanclares y Eunate Estralaga.
Defensas: Ona Batlle, Olga Carmona, Irene Paredes, Mapi León, Jana Fernández, María Méndez y Leila Ouahabi.
Centrocampistas: Alexia Putellas, Laia Aleixandri, Fiamma Benítez, Aitana Bonmatí, Vicky López y Clara Serrajordi.
Delanteras: Jenni Hermoso, Mariona Caldentey, Esther González, Claudia Pina, Eva Navarro, Cristina Martín-Prieto, Athenea del Castillo, Edna Imade y Alba Redondo.
No quería sustos Hansi Flick y saltó al Sardinero con las rotaciones justas para un duelo que le enfrentaba al líder de Segunda, pero se agarró a quienes no le fallan: Ferran, Joan Garcia y a ellos se sumó Lamine Yamal. El Barça, crecido tras la victoria en la Supercopa, vio tropezar al Real Madrid y apretó los puños. Un rival menos en el camino siempre que cumplieran con su deber en Santander. Le costó sudarlo. El Tiburón apareció para, en un latigazo en el minuto 66 que fue su único disparo, encarrilar una clasificación, que sostuvo Joan Garcia para birlarle la prórroga al Racing en último suspiro y remató Lamine Yamal en el añadido. Objetivo cumplido, pero no fácil.
El Racing fue digno competidor. El primer aldabonazo que les ancló las botas al césped lo dio Arana presionando y robando a Gerard Martín una pelota y armando un disparo que acabó salvando Joan Garcia rozándolo para enviarlo por encima del larguero. El Racing tocaba zafarrancho con la doble intención de evitar que los azulgranas se acomodaran el partido y golpearles. Apenas pudieron sostener esa intención porque, aunque el Barça no era tan vertical como le gusta, encontraba espacios para intimidar.
Fue Koundé hasta línea de fondo para poner un centro raso a Dani Olmo, y a punto estuvo de cazar con el empeine una pelota cruzada de Rashford al área pequeña. No se asustó el Racing, que intentó estirarse hacia campo culé, cómodo conteniendo al rival, que a la media hora le puso de nuevo a prueba con un disparo de rosca de Marc Bernal, a quien Flick le dio la titularidad para que vaya cogiendo ritmo y los minutos que no tiene en Liga. Amagaban los azulgranas sin conseguir avanzarse en el marcador, en el que iban pasando los minutos con un empate que no les servía. Lo intentó deshacer al filo de descanso Rashford con un tiro que se envenenó al tocar en Castro pero que, sin verlo, atrapó Ezkieta.
El Barça tenía a Lamine Yamal y a Ferran a los que Flick les pidió que encontraran la forma de ser protagonistas en la segunda mitad. Lamine se lo tomó al pie de la letra. Primero con un disparo y después encontrando el desmarque de Rashford en la otra orilla del campo para que el inglés armara un golpeo que se perdió por el lateral de la portería. No marcaban, pero ya se habían instalado a vivir en campo racinguista.
Como les faltaba un empujón, llamaron a Fermín para sustituir a Marc Bernal. El panorama no cambió: el Barça dominaba sin mordiente y el Racing se defendía esperando a poder armar una transición eléctrica que cogiera desordenado a su enemigo. Se acordó entonces Lamine de las instrucciones de Flick, burló a media defensa en un palmo y buscó a Ferran con una pelota que solo tenía que embocar. El gol lo evitó, esta vez, Ezkeita, pero no un córner que Lamine se la jugó a olímpico y la estrelló en el larguero.
Ya no hubo más fogueo del Barça. Desde la orilla derecha a la altura del círculo central filtró Fermín una asistencia a Ferran que, ganando la carrera al defensa y burlando al portero, convirtió en la ventaja culé un minuto antes de que su entrenador lo enviara al banquillo. Porque Flick ya no especuló: al campo Raphinha, Pedri y Lewandowski.
El plan estuvo a punto de hacerlo estallar Lozano, cuando se escapó a la espalda de toda la defensa para batir a Joan Garcia... aunque en fuera de juego. Eso fue suficiente para volver a recordarle al Barça que quedaban casi 20 minutos de partido y el marcador era corto. Parte de la culpa era de Ezkieta que, como si fuera la manilla de un pinball, salvó el remate de Fermín y el rechazo que cazó Lewandowski. Para entonces, el Racing también tenía toda su artillería sobre el césped, aunque fueron víctimas de la mecanización del Barça en los fueras de juego -dos goles anulados- y de la magia de un portero extraordinario.
Si no se puede ser brillante hay que ser práctico. Eso fue lo que logró el Barça para salir vivo de Lisboa en un duelo que se complicó mucho en apenas 20 minutos por la expulsión de Cubarsí. Necesitó para lograrlo la mejor versión de Szczesny, un portero jubilado que se agigantó para hacer milagros, y del despertar de Raphinha, un futbolista determinante casi más por carácter que su fútbol, que es mucho. Se arremangaron los azulgranas demostrando que saben jugar de frac y con el mono de obreros. [Narración y estadísticas (0-1)]
Fue el meta polaco el primero que recordó al Barça el valor de lo que estaba en juego en Lisboa. De nada serviría una brillante liguilla si un tropiezo en octavos te condena a ver la competición por la tele. No habían pasado ni 30 segundos cuando la primera pelota que tuvo el Benfica se convirtió en un disparo de Aktürkoglü que salvó una mano milagrosa. El susto espabiló al equipo de Flick, que había puesto en el campo a todo su talento. Por primera se encontraban De Jong, Pedri y Dani Olmo. Suyo fue el primer el aviso a los portugueses con un remate que salió rozando el palo. Incluso se animó a probar Cubarsí con un flojo cabezazo que atajó Trubin. El central sería protagonista en negro poco después, pero el guardameta ucraniano arrancó antes los vítores del estadio con una triple parada a todo el frente de ataque culé: despejó el tiro de Olmo a pase de Raphinha, escupió el rechazo que cazó Lewandowski y, reptando para tapar portería, atajó también el tercer intento de Lamine Yamal.
Aunque el Benfica pareció querer enloquecer el juego, el Barça le iba cogiendo el pulso y se engrasaba con la pelota en los pies buscando la grieta de un rival que no se descomponía. De hecho, trataron de acercarse los lisboetas, siempre con el instinto de Pavlidis, explotando su velocidad a la espalda de los adelantados centrales. Fue así como asestó el primer mazazo al Barça en el minuto 22. Se había colado por el eje de la zaga y envió a Cubarsí al vestuario con roja directa por frenarle. El plan que tenía Flick tenía que cambiar. Sacrificó a Olmo para poner en el campo a Araújo y la tarea de buscar las cosquillas al Benfica se complicó. Aún así cogió aire porque los locales no supieron aprovechar su superioridad.
Una estrella al ralentí
De Jong y Pedri trataron de dormir la pelota echando mano de galones. Había que resistir. Hasta la aparición de bengalas en las gradas contribuyeron a darles un respiro para adaptarse. De las botas del neerlandés y del canario salieron las mejores asistencias que Raphinha, por primera vez, interpretó mal durante muchos minutos y a un Lamine Yamal al ralentí.
Mientras, el Benfica no sacaba provecho porque Pavlidis siguió con el punto de mira desajustado y otra vez Szczesny apareció, esta vez disfrazado de Gonzalo Pérez de Vargas, para salvar un testarazo a bocajarro de Aktürkoglü. Pese a todo, el Barça tuvo una clara ocasión al filo del descanso cuando un taconazo de Pedri pegado a la orilla izquierda permitió a Raphinha encarar a la carrera el área. Lo que merecía un zurdazo inapelable lo convirtió en una asistencia estéril a un tibio Lamine.
Necesitaba el Barça intimidar más en la segunda parte y lo que se encontró fue un Benfica más entero y con las ideas muy claras. Una de ellas es que debía empezar a aparecer Carreras. Asomó para poner un centro raso a Pavlidis y Flick entendió que era el momento de mandar a Yamal al banquillo y buscar el colmillo de Ferran. El equipo, mientras, se sostenía en su portero, al que nadie se atreve a cuestionar.
Raphinha festeja el gol del triunfo en Da Luz.AP
Fue entonces cuando Raphinha recordó lo estelar que fue, en este mismo estadio, hace unos meses y se sacudió la nube negra que lo ofuscaba. Titubeó el Benfica en una salida de pelota y el brasileño apareció para robar y soltar un latigazo desde la media luna que batió a Trubin. En el peor escenario, el Barça había vuelto a aparecer.
Ya no pudieron los azulgranas salir del asedio lisboeta. Vivieron pegaditos a su área pequeña y refugiados en el acierto del guardameta polaco, a quien nadie puede recuerda que volvió del retiro. Volvió a amargar a Aktürkoglü, un fuera de juego de Pavlidis le libró de un penalti por tumbar al griego y todo el equipo se amuralló a su alrededor para resistir el bombardeo a base de saques de esquina. Puro oficio para mantener una meritoria ventaja.