La esquiadora de montaña granadina Ana Alonso, clara opción de medalla en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026, ha sufrido una grave lesión de rodilla tras ser atropellada en Sierra Nevada (Granada) mientras realizaba un entrenamiento en bicicleta.
Alonso sufre la rotura del ligamento cruzado anterior y del ligamento colateral interno de una de sus rodillas, además de un edema en la rodilla, la fisura del maléolo y una luxación de clavícula, según explicó ellas misma en su perfil personal en Instagram.
Fue atropellada hace diez días en Granada, mientras montaba en bicicleta como parte de su entrenamiento, por un vehículo todoterreno y las pruebas a las que ha sido sometida en los últimos días han revelado el alcance de sus lesiones.
Favorita para mella en los JJOO de inverno en Milán 2026
El atropello y las lesiones ponen en serio riesgo su participación en plenitud de condiciones en los Juego Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026, que comienzan en Italia el 6 de febrero del próximo año.
Ana Alonso era una clara opción de medalla para España en esquí de montaña, modalidad que por primera vez será olímpica.
Está entre las mejores deportistas mundiales en la prueba individual de sprint, donde acaba de ser tercera en la Copa del Mundo, y es la favorita al oro en los Juegos en el relevo mixto junto al catalán Oriol Cardona tras ser los últimos campeones de la Copa del Mundo.
Pese a que los tiempos son muy limitados, la intención de la deportista andaluza es recuperarse y poder competir en los Juegos, según manifestó ella misma.
“Dentro de todo estoy aquí, de una pieza y con más ganas que nunca de salir adelante. Esto no es un final, es un nuevo reto que toca escalar con determinación, fe y mucha pasión”, explicó.
“No es la primera vez que me toca levantarme, aunque esta vez la cuesta sea más empinada y haya que hacerla más rápido. Me pongo de nuevo el traje de luchadora y voy a por ello acompañada del mejor equipo profesional y humano posible“, añadió Ana Alonso.
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EL MUNDO
Madrid
Actualizado Sábado,
18
noviembre
2023
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14:34Ver 1 comentarioEl brasileño, que se lastimó el jueves en Barranquilla, sufre...
Ser tan insultantemente superior tiene estas cosas. ¿Qué cosas? Pues cosas como el partido de anoche en Sevilla, donde nada había en juego y donde todos lo sabían. Lo sabía Luis de la Fuente, que movió a cuatro jugadores para dar paso a chicos que no tienen mucho protagonismo. Lo sabía Montella, el seleccionador turco, que se guardó a todos los buenos que estaban apercibidos y, si veían tarjeta ayer, se perderían la repesca (Çalhanoglu no viajó, Güler y Yildiz lo vieron todo desde el banquillo). Lo sabía el público, que apenas medio llenó La Cartuja para ver un empate, y gracias. [Narración y estadísticas (2-2)]
Lo sabían todos, de modo que la sesión derivó en algo bastante aburrido. España jugará, y como una de las más favoritas, si no la que más, el Mundial del próximo verano, y ya sólo le queda saber los rivales en la primera fase (el sorteo es el 5 de diciembre). El empate deja un sabor tontorrón, como feo, aunque no tenga la más mínima trascendencia, y de paso salva la racha de partidos oficiales sin perder. La selección igualó ayer a Italia. Por los pelos, todo sea dicho, porque Turquía a punto estuvo de dar el susto.
El seleccionador podría haber puesto incluso a la unidad C, si es que existe, pero se conformó con hacer algunos retoques. Por ejemplo, decidió guardar a dos futbolistas que, pensándolo bien, son hoy los más importantes del grupo. Se trata de Zubimendi y Pedro Porro. Todas las incógnitas que rodean al desempeño de Rodri y Carvajal hacen que el mediocentro del Arsenal y el lateral del Tottenham sean, hoy, capitales.
Un elemento extraño
Detrás de Zubimendi el nivel ya baja, y mucho, aunque Aleix García, su sustituyo ayer, sea un buen jugador. Pero es eso, un buen jugador. Sin más. No el mejor mediocentro del mundo. En el caso de Pedro Porro, todas las vueltas que ha dado De la Fuente hasta encontrarle y tranquilizarle en el puesto merecen protegerlo, porque igual, detrás de él no hay mucho. Llorente cumple, pero es otra cosa. Es como un elemento extraño en una selección como la española. Es como que no pega.
Las otras dos caras nuevas fueron Dani Olmo y Yeremi Pino. Precisamente el futbolista del Barça acertó con la portería nada más empezar, así que al partido se le quitaba en ese momento la poquísima emoción que ya tenía. La primera parte fue surfeando la agradable noche sevillana en busca del descanso con Turquía metida en su campo, desinhibida cuando podía correr (muy pocas veces), pero muy académica en su 5-4-1, que a veces mudaba en un concreto 6-4 (seis defensas y cuatro medios corriendo como posesos detrás de la pelota).
Inevitablemente España se relajó, porque andando logró ir acumulando ocasiones. Una de Oyarzabal por aquí, otra de Olmo por allá, un paradón del portero turco un poquito más allá... Tanto se relajó que, aunque fuera a ratos, vio peligrar el récord de partidos invicta, que ya son 31, a uno de quedarse sola en ese escalón de la historia (se la jugará con Argentina en marzo). Sí se le escapó entre las manos otro, el de ser un equipo que termina una fase de clasificación, seis partidos, sin encajar un gol. Producto de esa natural relajación, en un córner los turcos encontraron el tanto después de un barullo. Era un asunto menor el del gol, al menos en ese momento.
Fermín, durante el partido contra Turquía.José Manuel VidalEFE
A la vuelta del descanso la inercia cogió vuelo y hasta Unai Simón tuvo que sacar con una buena mano la chilena de Yilmaz justo antes de que Turquía, envalentonada, se pusiera por delante, algo que no le ocurría a España desde el mes de marzo, cuando Países Bajos se le puso 2-1 arriba en la ida de los cuartos de final de la Liga de Naciones. Para ese momento el equipo ya estaba desconectado del partido.
Por suerte para los números se pudo conectar rápido con el gol de Oyarzabal justo antes de irse a descansar y dejar paso a Samu, uno de los opositores al puesto de Morata. El chico no pudo enseñar gran cosa, ni cosa pequeña, porque en el tramo que le tocó jugar no pasó casi nada. Si acaso, que Unai Simón tuvo que hacer otra gran parada para evitar el segundo sofoco.
A esas alturas de la película ya importaba muy poco lo que pasara, a excepción, claro, de que Turquía marcase, en cuyo caso ese récord de partidos sin perder se hubiera ido a paseo. Pero, más allá de eso, que puede tener trascendencia, o no, a este equipo tan insultantemente superior a casi todos los rivales le vendrá bien descansar hasta marzo, recuperar jugadores y poner el contador de la energía a cero de cara al Mundial. Sentirse tan por encima del resto tiene estas cosas. Cosas como la de ayer, que casi le cuestan un disgusto de lo más absurdo.