El FC Barcelona y el Gobierno de la República Democrática del Congo (RDC) han anunciado este miércoles un acuerdo estratégico de cuatro años con el objetivo de promover el fútbol y la cultura del deporte y la paz. Este acuerdo representa, según ha informado el club catalán, “un compromiso compartido por fomentar el desarrollo polideportivo dentro de la RDC”.
Como parte de esta colaboración, el Barça “contribuirá a enriquecer la formación de los jóvenes deportistas del país mediante la transmisión de su ecosistema de valores”.
La entidad azulgrana lo hará a través de las Barça Academies, que crearán y desarrollará un programa de actividades deportivas -incluyendo campus y clínics- destinado a los niños de la región para promover un desarrollo estructurado e inclusivo a través de la práctica del fútbol, baloncesto, balonmano, fútbol sala y hockey patines.
Además, desde el Barça Innovation Hub (BIHUB), se desarrollarán programas específicos para adultos, con itinerarios de formación para entrenadores que fomentarán el talento y ampliarán los conocimientos de estos profesionales bajo la metodología Barça en los siguientes ámbitos: formación técnica avanzada, estructuración deportiva por edades, integración de la ciencia deportiva y organización conjunta de deportes.
Como parte de este acuerdo entre el FC Barcelona y el Gobierno de la República Democrática del Congo, todos los equipos profesionales del club lucirán el emblema RD Congo-Coeur de Afrique en la parte posterior de sus camisetas de entrenamiento durante las próximas cuatro temporadas, hasta la 2028-29.
Este acuerdo también tendrá presencia en el futuro Espai Barça, ya que se creará la Casa de la RDC en las nuevas instalaciones del Spotify Camp Nou. Será una exposición inmersiva que recibirá a los visitantes del estadio para mostrar la diversidad cultural y la tradición deportiva de la República Democrática del Congo, con el objetivo de fortalecer los lazos con este país de África Central.
A pesar de que ninguna de las partes ha cuantificado el acuerdo, según diferentes informaciones, la entidad azulgrana ingresará unos 44 millones de euros en este periodo. En las últimas semanas, el AS Mónaco y el AC Milán también han anunciado acuerdos similares de patrocinio con la República Democrática del Congo.
Poco antes de las 12 de la noche del 29 de septiembre, Robin Le Normand abandonaba el césped del Metropolitano con la cabeza abierta. Lo hacía por su propio pie y nadie, o quizás sólo el doctor Óscar Celada, que fue quien le atendió sobre el terreno de juego tras el choque fortuito con Tchouamení, imaginaba los dolores de cabeza que iba a tener el central tanto metafórica como literalmente para volver a pisar los terrenos de juego.
Hoy, 67 días después, el francés estará disponible ante el Cacereño, en la eliminatoria de segunda ronda de Copa del Rey (19.00 horas). Lo hará con un casco protector, como precaución tras la lesión sufrida, con el que lleva entrenando desde que pudo volver a pisar el césped hace 15 días. "Ayuda a absorber la energía del impacto, el problema no es tanto el golpeo del balón sino los choques fortuitos", explica a EL MUNDO, Ayoze González, jefe de neurología del Hospital Universitario de Gran Canaria. Esta última semana, Le Normand pudo completar las sesiones preparatorias junto al resto de sus compañeros.
"Pensando en su salud, el club, los médicos, todos hemos estado pendientes. Después viene el futbolista, que se puso en forma y que está ya a disposición de poder empezar a competir. Transmite ilusión y entusiasmo y está muy contento y con muchas ganas de ayudar al equipo", respondió Diego Simeone en la rueda de prensa previa al choque copero.
"hay que ir recuperando sensaciones"
En el club, tras diagnosticarle un traumatismo craneoencefálico con hematoma subdural, que es una hemorragia entre las capas que protegen al cerebro, el pasado 1 de octubre, nunca han tenido prisa con el central,que afrontó la lesión con bastante incertidumbre. Ya con el alta médica, ahora dependía de cómo se sintiera él y "las sensaciones" que tuviera para presentarse a filas, de nuevo, a las órdenes de un Simeone. "El hematoma se cura bien, pero puede ser grave, y eso genera miedo y hay que ir recuperando sensaciones", apunta González.
Le Normand fue titular desde el minuto 1 con el Cholo y lo jugó casi todo hasta su percance con el mediocentro madridista. El único partido que no disputó fue el del empate en Vallecas, uno de los duelos más flojos del conjunto rojiblanco, porque el entrenador decidió darle descanso. Son 720 minutos en total esta temporada y está entre los 15 jugadores con más tiempo disputado pese a haberse perdido más de dos meses de competición. Desde el club insisten en que "perder a un jugador de su nivel siempre es complicado" pese a que los resultados hayan podido recuperarse.
Su lesión, además, coincidió con el peor momento del equipo esta temporada. El empate en Anoeta y las derrotas en el Villamarín ante el Betis y frente al Lille en Champions League, volvieron a sacar el puesto del Cholo a la palestra. Pero el equipo se rehizo y despegó tras arrancar una inesperada victoria en París para, ahora, no sólo encadenar goleadas, sino mantener la portería a cero. En las siete victorias consecutivas de los rojiblancos, Oblak sólo ha tenido que recoger dos balones de su red. "No hay equipo que salga campeón que reciba muchos goles en contra", valoró Simeone. No cabe duda, de que la vuelta de Le Normand al césped es la mejor noticia para el entrenador rojiblanco, pese a que en los últimos duelos haya encontrado en Lenglet y Giménez una pareja no sólo competitiva a nivel defensivo, también goleadora. Ambos llevan un tanto cada uno en lo que va de temporada. El del uruguayo, un cabezazo soberbio para dar la primera victoria de la temporada ante el Leipzig en casa.
Le Normand, en el Cerro del Espino.ATM
Precisamente, unas de las últimas fotos del entrenamiento del Atlético de Madrid reflejan a un Le Normand despejando de cabeza como muestra de su completa recuperación. "El riesgo de volver a la competición no está en golpear de cabeza sino en los choques fortuitos por la propia intensidad del torneo", apostilla el jefe de neurología. Han sido dos meses en los que, por los estrictos protocolos del campeonato cuando hay un traumatismo craneoencefálico, el proceso de recuperación del defensa galo ha sido muy lento y muy progresivo.
Sesiones muy livianas "no invasivas" de gimnasio en solitario, sólo y sin ningún tipo de sonido para no influir en una posible recaída, algo que nunca ocurrió. "Se hace por mantener un entorno tranquilo, más que por los ruidos, ya que el estrés o los ejercicios con impacto son algunas de las las causas que puede empeorar el hematoma o provocar la rotura de otro vaso sanguíneo", cuenta González. Pruebas médicas (resonancias, tacs,...) constantes para monitorizar el proceso de reabsorción del hematoma y la cicatrización del cráneo. Hasta las primeras carreras en el césped, también en solitario, para intentar no perder la gran forma que venía exhibiendo desde su llegada este verano de la Real Sociedad por unos 35 millones de euros.
Vestuario sano
En el vestuario están encantados con su vuelta y especialmente sus amigos más cercanos, como son Antoine Griezmann, que no estará en Extremadura tras la extracción de una muela, Thomas Lemar y Clement Lenglet, los tres francoparlantes de la plantilla. Aunque este último sea competidor directo por la posición, hay muy buen rollo entre los compañeros y más con la vuelta de un futbolista que estuvo preocupado cuando escuchó el diagnóstico ya que, aunque como profesional estén acostumbrados a lidiar con diferentes lesiones, éstas suelen afectar más a su tren inferior.
Desde el club saben que los jugadores están acostumbrados a vivir con lesiones y que ellos tienen su proceso de recuperación propio, pero los traumatismos craneoencefálicos no son una dolencia habitual en el mundo del fútbol. Petr Cech también lo sufrió tras una jugada desafortunada con un futbolista del Reading en 2006. El guardameta checo tuvo que jugar con casco toda su carrera, pese a que le limitaba la audición, porque su lesión fue mucho más grave que la del galo ya que su cráneo sufrió un hundimiento.
Jordi Ribera (Sarrià de Ter, 1963) es un enigma incluso para más le conocen. Lleva ocho años al frente de España y más estará porque ha renovado hasta los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028, pero igualmente lo suyo es sólo de él. «Me gusta leer sobre filosofía e historia. Y ver películas, soy de ir al cine», asegura a EL MUNDO cuando se le pregunta por sus hobbies. Lo dicho: un misterio. Del Preolímpico que la selección afronta desde este jueves (18.30 horas, contra Bahréin, TDP) y hasta el domingo en Granollers, puede hablar largo, pero el resto se lo reserva. Apenas se le escapa alguna confidencia que sirve para conocerle.
Tiene 61 años y lleva desde los 26 siendo entrenador. Con su fama de metódico, de ver todos los partidos que se juegan en España, ¿Nunca se empacha de balonmano?
No, la verdad. El balonmano para mí lo es todo, le dedico muchas horas, pero sigue siendo motivante. Es mi manera de entender mi trabajo y me gusta. El jugador debe ser creativo, experimentar en la pista, pero el entrenador debe ser metódico, debe controlar los detalles.
Recuerda Ambros Martín, que estuvo a sus órdenes en el Gáldar y hoy es seleccionador femenino, que en los años 90 ya entregaba informes larguísimos a cada jugador y se gastaba medio sueldo en software.
Cuando empecé muy pocos hacíamos montajes de vídeo, por ejemplo. Lo grababa todo, utilizaba miles de DVDs e intentaba trasladar mis ideas a los jugadores de esa manera. Ahora es todo más sencillo, aunque igualmente hay retos. En el CAR de Granada hacemos concentraciones con jóvenes y tenemos cinco o seis cámaras con sensores para grabar sus movimientos y ayudarles a mejorar. Hemos avanzado mucho con los fondos europeos.
Empezó siendo adolescente y se profesionalizó muy joven. ¿Ya se veía entrenador para toda la vida?
No, no. Cuando empecé entrenando en mi pueblo, combinaba el balonmano con mi trabajo como administrador del Hospital Josep Trueta de Girona. Estuve años en el servicio de urgencias de noche y tuve mucha suerte porque los compañeros me ayudaban a cuadrarlo todo. En 1989 me llegó la oportunidad de entrenar en el Arrate [tenía 26 años, el técnico más joven de la historia de Asobal] y cuando llegué al Gáldar en 1992 ya sí entendí que podía ser mi trabajo, mi oficio. Luego hubo una época en la que quise dejar de entrenar.
¡¿Cómo?!
Sí, sí, estuve cerca de dejarlo. Después del Gáldar, fui al Bidasoa y allí, en 2003, no completé la temporada. Pasé un periodo de luto, me replanteé las cosas, estuve casi un año sin entrenar y pensé en abrir un bar o un restaurante en Girona. Ya había cumplido los 40 años, me atraía la idea de emprender y estuve a un paso de hacerlo. Pero me llamó la selección de Argentina y me marché allí a vivir la experiencia. Tenía poca mochila en la vida y la sigue teniendo ahora. Luego ya fui a Brasil, estuve en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008...
David Ramirez / Araba PressAraba
Y le llamó la selección. Da la impresión de que le encanta la táctica y no le gusta tanto gestionar el vestuario.
Puede ser. Cada vez hay un concepto más individualista de las relaciones, cada vez es más difícil la interacción con un grupo. Pero en la selección no lo llevo mal, todo lo contrario. Puedo vivir en la dinámica del vestuario sólo unos días al año.
Los jugadores de la selección aseguran que cuando llegó era indescifrable, muy, muy silencioso.
Me cuesta mucho entrar a la gente. Soy muy cauto, soy muy tímido. Es cierto lo que dicen: al principio marcaba mucho la distancia. Ahora me siento más cerca de ellos. Es mejor para todos. Hoy en día tenemos muy buena relación, mucha confianza. Antes de cada convocatoria, llamo a todos y les planteo qué quiero de ellos. Cuando vienen con el equipo ya conocen su rol y eso es muy útil.
Su estilo en el banquillo es muy comedido. Diría que nunca le he escuchado nunca gritar.
Es mi forma de ser. No hace falta gritar para ser exigente o para reclamar otra actitud. Los gritos alteran a la gente, no la motivan, ése ha sido siempre mi idea. Si tengo que decir cosas duras, prefiero que acabe el partido, sentarme con el jugador y ser directo. No me gusta el teatro que se espera de los entrenadores. Lo más importante es el juego.
Disputa esta semana su primer Preolímpico. El último que jugó España, justo antes de su llegada, en 2016, con varios jugadores actuales, fue un fracaso absoluto.
Lo normal es estar aquí, hay que asumirlo. Sólo te salvas del Preolímpico si eres campeón del mundo o campeón de Europa, como éramos antes de los Juegos de Tokio. Habrá un condicionante emocional, está claro, es un todo o nada, pero tenemos experiencia. Los jugadores llevan años compitiendo al máximo nivel y no habrá problemas en ese sentido.