El ex entrenador italiano del Real Madrid Carlo Ancelotti ha sido condenado a un año de prisión por un delito contra la Hacienda Pública relacionado con el ejercicio fiscal 2014, mientras que ha sido absuelto de otro igual relativo a 2015.
Fuentes jurídicas han informado a EFE de que la sección 30 de la Audiencia Provincial de Madrid le condena, en relación al fraude de 2014, también a un multa 386.361,93 euros y a la pérdida de la posibilidad de obtener ayudas o subvenciones públicas y del derecho a gozar de los beneficios o incentivos fiscales o de la Seguridad Social durante tres años.
Aunque ha sido absuelto de un presunto fraude en el IRPF en 2015, el tribunal establece que la responsabilidad civil derivada de la pena se declara en favor de la Hacienda Pública por importe de 386.361,93 euros.
La Fiscalía acusaba al ex técnico del Real Madrid de haber defraudado al erario público 1.062.079 euros en los ejercicios fiscales de 2014 (386.361 euros) y 2015 (675.718 euros) durante la primera etapa en la que el italiano entrenó al Real Madrid.
Durante el juicio, celebrado los pasados 2 y 3 de abril en la Audiencia madrileña, Ancelotti dijo que nunca pensó en defraudar a Hacienda y que él hizo lo que le dijeron el club y sus asesores, pidió su absolución y, en caso de ser condenado, solicitó que se le aplicara las circunstancias atenuantes de reparación del daño, al haber saldado la deuda con fecha de diciembre de 2021, y de dilaciones indebidas.
Uno puede luchar por muchos nombres. Puede ser por el nombre del padre, de la patria o, como ayer pedía la grada del Allianz, de la ciudad. El Bayern tenía mucho por lo que hacerlo. Viene de ganar 11 ligas consecutivas, pero este año transita segundo a 10 puntos del líder. Lleva tres años cayendo en cuartos de la Champions y, desde hace un mes, no tiene entrenador para la temporada que viene. Pero hoy era el día para la resurrección y la Lazio era la víctima perfecta. [Narración y Estadísticas, 3-0]
Así, el orgullo, el honor y la dignidad estaban en juego en esta vuelta de octavos ante un conjunto italiano que sorprendió en la ida. No lo haría otra vez. No lo permitiría el Bayern que en una hora había liquidado la eliminatoria. Los alemanes aplicarían la táctica del rodillo. Esa con la que aterrorizaron Europa, pero que hoy está algo diluida quizás porque cuentan con más futbolistas estilistas que comprometidos.
Queda Müller de aquella época. Un león viejo, pero león. Pedía desde el primer minuto intensidad a sus compañeros y Sané y Musiala percutían por sus bandas más hacia delante que hacia atrás. Eso sí, sus carreras ofensivas eran una delicia para el espectador. El 10 del Bayern parecía que iba sobre patines por el césped cuando conducía la pelota, mientras que el joven extremo era más de fogonazos.
De ambos vinieron dos de las ocasiones más peligrosas para los alemanes en la primera parte, excluyendo los goles. Si uno culminó una gran jugada colectiva con un tiro cruzado que salió por poco, el otro aprovechó una jugada ensayada de córner, para recoger el pase de Kimmich y exigir a Provedel tras un gran latigazo.
La Lazio jugaba como su entrenador. El Zorro Sarri había planteado guardar a su equipo en la madriguera y esperar una vulnerabilidad de su presa. Fue el plan de la ida y salió bien. Además, los italianos contaban con un lanzador de contras privilegiado. Luis Alberto disponía de Anderson e Immobile para buscar la espalda de los centrales alemanes. Sólo Guendouzi encontró una grieta en la defensa alemana, muy pronto, pero su disparo se fue desviado.
Demasiadas líneas van sin haber nombrado a Kane, un jugador que fue al Bayern a ganar títulos y que, de momento, ha perdido dos y la Bundesliga se le ha complicado mucho. La Champions, entonces, es su gran baza. Algo desaparecido en la ida, mostró más actitud en la vuelta. Varios disparos suyos se fueron por poco. Y fue con la cabeza con lo que encontró el gol tras un disparo en semifallo de Guerreiro.
Apenas dos minutos antes la había tenido su homólogo italiano. Se acordará Immobile de esa ocasión. Tras ganar la espalda a la defensa, aprovechó una peinada involuntaria de un central para aparecer en el segundo palo, pero su cabezazo se fue desviado. Para una vez que el zorro se encontró a su presa indefensa, falló el mordisco.
León viejo
Encima, justo antes del descanso, pasó lo impensable. Un córner despejado por la defensa italiana cayó a las botas de Dier como llovido del cielo, éste empaló y Müller, que tendrá una edad pero sigue siendo el más listo, desvió a la red con la cabeza. El orden natural de las cosas se había restablecido en 45 minutos.
Bajó pulsaciones el Bayern y la Lazio fue incapaz de de aumentarlas para acercar la eliminatoria a sus intereses. De hecho, Musiala, Guerreiro, Sane... tanto iba el cántaro a la fuente, que Kane lo acabaría rompiendo. Segundo para el inglés que aprovechó un mal despeje de Provedel. Pudo acercar Luis Alberto a los italianos, pero no era el día.
Salva el Bayern así el envite en la competición que tiene más asequible si es que a la Champions se le puede otorgar ese calificativo. Salva Tuchel el pellejo y Múnich, el honor
El protagonismo de los árbitros en la final de La Cartuja, que había marcado las horas previas a la final, alcanzó su clímax en los tres últimos minutos del tiempo reglamentario. En ese breve lapso, dos acciones en el área del Real Madrid pusieron en tela de juicio la labor de Ricardo de Burgos Bengoetxea, sobre el césped y Pablo González Fuertes, desde la sala VAR.
En el minuto 90, Ferran Torres reclamó un penalti de Antonio Rüdiger, que el colegiado vasco dejó sin castigo. La acción del central, con un toque por detrás sobre la pierna de apoyo, no fue demasiado protestada por los futbolistas del Barça. De Burgos no vio infracción y desde el VAR tampoco recibió ninguna orden de revisar la jugada.
Aún más controvertida resultó la última jugada del tiempo añadido, cuando Raúl Asencio una acción sobre Raphinha que el árbitro señaló en primera instancia como penalti. De inmediato, el defensa blanco recriminó al brasileño que había engañado a los jueces, mientras Carlo Ancelotti mostraba su disconformidad desde la zona técnica. Tras unos instantes de dudas, González Fuertes reclamó la presencia del árbitro ante el monitor.
Después de una rápida revisión, De Burgos entendió que Raphinha se había dejado caer en el área, por lo que anuló la pena máxima y mostró tarjeta al delantero. De este modo, la final se marchaba a la prórroga, la segunda de la historia entre Barcelona y Real Madrid, tras la disputada en 2011 en Mestalla.
La imagen fue histórica. Una bandera gigante de la Comunidad Valenciana bajó por el lateral oeste del Santiago Bernabéu y el estadio se sumó a una emocionante ovación a las víctimas de la tragedia provocada por la DANA la semana pasada. Un homenaje sentido que continuó con un minuto de silencio en el que sonó el himno regional valenciano mientras los aficionados del Real Madrid y el AC Milán respetaban y compartían el dolor.
«Todos somos Valencia» y «Siamo tutti Valencia» rezaban las camisetas con las que los futbolistas saltaron al campo. En la grada, muchas bufandas del equipo ché, varias banderas de la comunidad autónoma y de España y mucha emoción. El fútbol, como había pedido Lucas Vázquez en la rueda de prensa previa, pasaba a un segundo plano durante unos instantes.
Imagen del minuto de silencio en el Bernabéu.Kiko HuescaEFE
Antes, Chamartín le había dedicado una monumental pitada al himno de la Champions, ese que otras veces tanto ha disfrutado. La afición mostró así su rechazo a la UEFA y a la decisión de no otorgar el Balón de Oro a Vinicius, apoyando la ausencia del conjunto blanco en la gala de París.
Carlo Ancelotti había mostrado su rechazo a la disputa de partidos durante estos días, asegurando que «el fútbol tiene que parar» para quedarse pendiente de los afectados por las inundaciones, pero el encuentro llegó y el transalpino se encontró con una noche muy complicada en lo futbolístico.
Apostó por Tchouaméni, cuestionado en el inicio de la temporada, y sentó a Camavinga, uno de los favoritos de la grada y de la dirección técnica. Todo después del doloroso 0-4 encajado ante el Barcelona y después de diez días de descanso. La afición esperaba cambios en la alineación, en el estilo de juego y en el ritmo del equipo en un partido clave en el devenir de la liguilla continental, pero se encontró otra pesadilla.
"La noche va a ser larga"
"Tenemos que estar preocupados", admitió Ancelotti tras el duelo. El Madrid repitió los defectos del día del Dortmund. Encajó pronto, fue inferior a su rival y se fue al descanso con dos goles en contra, abucheado por su propio público. Valverde y Bellingham sufren en las bandas y Tchouaméni ha bajado su nivel estrepitosamente. "Nos falta algo. La noche va a ser larga... Las próximas noches van a ser largas. El equipo no está compacto, no está bien ordenado en el campo y tenemos que trabajar en esto", manifestó el técnico, "muy preocupado".
El Madrid repitió los defectos del día del Dortmund. Encajó pronto, fue inferior a su rival y se fue al descanso con dos goles en contra. El gol a lo Panenka de Vinicius le acercó en el marcador, pero no evitó los abucheos del público camino de los vestuarios. Ancelotti volvió a confiar en un 4-4-2 impotente, con Vinicius y Mbappé en punta y Bellingham y Valverde pegados a las bandas. Y el Madrid sufrió en ataque y en defensa, especialmente en una presión que no tuvo efecto. El Madrid volvió a correr menos que el rival (105 kilómetros, por los 110 del rival), una constante en los últimos meses.
"Tenemos que trabajar más"
"El año pasado tampoco fuimos los primeros en esa estadística y ganamos la Champions. Pero cuando no hay solidez, tienes que trabajar más. No puedo decir que mis jugadores están vagos, pero ahora mismo no somos capaces de realizar un trabajo colectivo eficaz", reflexionó el entrenador.
Tras el intermedio, Ancelotti sentó a Tchouaméni y a Valverde y dio entrada a Camavinga y a Brahim. Más tarde sería Ceballos por Modric, solución de emergencia a la falta de ideas en el centro del campo. Tampoco sirvió.
Los tres goles del Milán hacen daño al Madrid más allá de los tres puntos. Los blancos suman dos derrotas consecutivas en las que Ancelotti no ha contado ni un minuto con Arda Güler, una de las revelaciones de la Eurocopa, ni Endrick, llamado a ser el delantero del futuro. Decisiones y resultados que dejan al Madrid en crisis.
"Anímicamente no es un problema individual, es colectivo, no lo estamos haciendo bien y no estamos bien, hay que intentar ganar el próximo partido y centrarnos. Así es complicado llegar al final de la temporada. Somos un equipo que no está dando su mejor versión. Tenemos que defender mejor, ahí está la clave. Tengo que buscar soluciones sin volverme loco", finalizó Ancelotti.