Este lunes por la mañana se conocía la noticia del fallecimiento del Papa Francisco, a los 88 años de edad, en su residencia de Santa Marta. El Pontífice llevaba una temporada complicada, estando tiempo atrás varios días ingresado en el centro Gemelli de Roma.
Desde el deporte español, diversos clubs han querido despedirse del Santo Padre. Uno de éstos ha sido el Real Madrid, que mediante un comunicado han lamentado la pérdida expresando sus condolencias. “Durante su pontificado, marcado por la dimensión de su gran legado, el Papa Francisco ha representado un enorme espíritu de solidaridad y apoyo a las personas más desfavorecidas y vulnerables”, escribían los blancos en dicha nota informativa.
Otros equipos como el Atlético de Madrid, el Getafe, el Sevilla y el Villareal también han querido dar el pésame por el fallecimiento a través de respectivos mensajes en redes.
Asimismo, otras estrellas del deporte español han mostrado su emoción ante la gran pérdida. La atleta gallega Ana Peleteiro compartió por historias de Instagram una fotografía de Bergoglio sujetando una paloma y la ha acompañado con un emoticono de estrellas.
Igualmente, Dani Ceballos y Giulano Simeone, futbolistas del Real Madrid y del Atlético de Madrid, respectivamente, han difundido sendas imágenes del Papa durante diferentes momentos de su periodo al frente del Vaticano.
Un recuerdo especial ha tenido el futbolista argentino Ángel Correa, que colgó en sus redes un vídeo recordando que fue el Papa Francisco quien le confirmó.
El Papa, que por aquel entonces era arzobispo de Buenos Aires, sentía una gran afición por el equipo de fútbol de San Lorenzo. Ángel Correa estaba en ese momento en dicho club argentino y fue ahí donde recibió el sacramento de la confirmación por parte de Bergoglio.
Emma Coburn cuelga una foto en Instagram de un intenso entrenamiento en Gunnison, Colorado, a 2.350 metros, y nada sorprende: durante el invierno las mejores atletas se exigen al máximo en altitud y la estadounidense, campeona del mundo en 2017 y bronce en los Juegos de Río 2016 en los 3.000 obstáculos, es una de ellas. Pero hay un detalle que sorprende: hace apenas 10 días, Coburn fue madre de una niña, Betty Ann, junto a su marido y entrenador, Joe Bosshard. ¡¿Cómo?!
Contaba la piragüista Maialen Chourraut que volvió al kayak apenas un mes después del nacimiento de su hija, Ane. Relataba la saltadora Ana Peleteiro que regresó al gimnasio seis semanas después de dar a luz a la pequeña Lúa. Pero el caso de Coburn no tiene nada que ver con el de las dos medallistas olímpicas españolas: la mediofondista yankee no pasó por un embarazo, por un parto y no está corriendo durante el puerperio.
"Sorpresa, somos padres. Nuestra hija, Betty Ann Bosshard, nació hoy a través de una madre subrogada. Es una alegría que no puedo expresar con palabras y, después de años de esperarla, conocerla hoy fue como un sueño. No puedo empezar a expresar mi gratitud a nuestra increíble madre subrogada. Betty está feliz y saludable gracias a ella. Que comiencen las aventuras, Betty. Te amamos", escribió en Instagram con un vídeo adjunto donde se podía ver cómo una enfermera presentaba a la niña a sus nuevos padres.
La maternidad a través de otra mujer de Coburn -más su exposición en redes sociales- puede sorprender en España, donde la gestación subrogada está prohibida, pero no así en Estados Unidos donde prácticamente ya es una opción más para las deportistas. Mientras se alargan las carreras de las mujeres hasta alcanzar los 40 años, ya son varios los casos de atletas que han optado por un vientre de alquiler y no paran para ser madres.
Las ayudas de la WNBA
Como Coburn, la también estadounidense Breanna Stewart y su pareja, la española Marta Xargay, ambas jugadoras de baloncesto, que en 2021 tuvieron a su primera hija, Ruby, por gestación subrogada. Stewart había congelado sus óvulos y el nacimiento casi le pilló en Tokio, donde se proclamó campeona olímpica. Su caso apenas fue destacado como una anécdota en la prensa de Estados Unidos o, como mucho, como parte del éxito de un programa de la WNBA, la liga en la que compite. Desde 2020, la mayor competición de baloncesto del mundo incluye en su convenio colectivo una ayuda de hasta 60.000 dólares a las jugadoras que quieran ser madres e incluye entre las posibilidades la gestación subrogada.
"Al negociar este convenio se me ocurrió incluir opciones que muchas mujeres no tienen. Teníamos que crear recursos para empoderar a las mujeres en todos sus roles", exponía Nneka Ogwumike, ala-pívot y presidenta de la WNBPA, el sindicato de las jugadoras. Otras competiciones, como la NWSL, la liga estadounidense de fútbol, han llegado a acuerdos con clínicas de fertilidad para incluir sus servicios en el seguro de sus estrellas.
"Gritaría a los cuatro vientos que si este es el camino que tienes que seguir, no te avergüences", reclamaba Erin Andrews, comentarista de partidos de NFL y NHL, en la revista Glamour, ante el aumento del uso de los vientres de alquiler en el deporte. La gestación comercial está plenamente desarrollada en varios estados de Estados Unidos, mientras en países como Canadá, Reino Unido o Australia la subrogación sólo se permite si no hay un intercambio económico de por medio.
En España, donde la práctica es ilegal, no se conocen casos de deportistas que hayan sido madres a través de ese sistema -más allá del nombrado de Xargay en EEUU- y, de hecho, de momento sólo ha habido críticas. "¡Esta foto es de las cosas más ridículas que he visto en mi vida! Por eso esta mujer ha tenido que irse hasta EEUU para poder llevar a cabo esta ilegalidad. No acaba de ser madre, no. Acaba de comprar un bebé gracias a su estatus económico", denunciaba un año atrás Peleteiro a raíz del caso de Ana Obregón. Pese a sus palabras, la práctica amenaza convertirse en una tendencia entre las deportistas de élite de ciertos países.
Los números dicen que España obtuvo en el Campeonato de Europa en pista cubierta celebrado en Apeldoorn (Países Bajos) cuatro medallas (un oro, una plata y dos bronces). Por reconocible, el dato arroja certezas. Por analizable, admite matices.
Para empezar, han existido más medallas de bronce que de oro y plata. De hecho, han supuesto la mitad del botín. Todo el bronce ha sumado lo mismo que el oro y la plata juntos. Eso no es favorecedor. Todas las medallas son buenas, pero unas mucho más que otras. A la hora de jerarquizar el medallero, el oro pesa más que el conjunto de platas y bronces. Un país con un único oro irá en el medallero por delante de otros que sólo tengan platas y bronces, por abundantes que sean. España ha logrado, en la historia de los Europeos indoor 35 oros, 50 platas y 40 bronces. El oro, ya se ve, escasea frente a la suma del resto de metales preciosos.
Regresando a la actualidad aún caliente en sus ecos de Apeldoorn, España mejoró el resultado de Estambul2023 (un oro y una plata). Pero empeoró los de Torun2021 (uno, dos, dos), Glasgow2019 (tres, dos, uno) e incluso, a igual cifra, pero menor valor, Belgrado2017 (uno, dos, uno).
Sí mejoró, en cambio, la cantidad de finalistas: 15. Un aspecto positivo, pero que, como todos los demás, en la ausencia de contrastes llamativos (12 en Estambul, 13 en Torun, 13 en Glasgow y 14 en Belgrado), no dice mucho. O dice algo, pero en voz baja. Habla de regularidad, que suena mejor que estancamiento. A Apeldoorn no viajó Jordan Díaz. Ni María Vicente. Y Quique Llopis, con molestias, no pudo correr una final de vallas que le sonreía. Y, en la longitud, Lester Lescay, a pesar de su bronce, y el excelente Jaime Guerra estaban lesionados.
Paula Sevilla, en acción en Apeldoorn.NICOLAS TUCATAFP
Pero, en esencia, presencia y potencia, enviamos a Apeldoorn lo mejor del arsenal, con una figura mundial como Ana Peleteiro, porque Europa se adapta más a nuestras hechuras, y la pista cubierta, aunque nunca faltan estrellas, no es el campo en el que se vuelca la mayoría. En el Mundial de Nangjing (China), los próximos días 21, 22 y 23, habrá más que en Apeldoorn. Pero donde abundarán hasta la saturación será en el Mundial a cielo abierto de Tokio, en septiembre.
La pista cubierta, el atletismo de bolsillo, es un escenario orientativo más que referencial a la hora de extrapolar sus resultados a la pista al aire libre. Dura muy poco y está plantada en unas fechas impropias. Es la versión invernal, recortada en el programa, de una actividad de verano. Y aunque ello exhibe la riqueza de un deporte capaz de expresarse con belleza en cualquier estación y en cualquier marco, sugiere más que afirma.
Y esta vez ha sugerido que el atletismo español sigue siendo, en conjunto, una potencia media europea, lo que se traduce en una pequeña potencia mundial. Es, por esencialmente joven y multirracial, un atletismo atractivo y asomado al futuro. Se reconoce incompleto porque sigue siendo deficitario en numerosas modalidades, femeninas y masculinas: los lanzamientos, la pértiga, la altura (un desierto vertical sin Ruth Beitia)...
Attaoui, durante el 1.500 del Europeo indoor.Peter DejongAP
Pero, tierra de mediofondistas sostenidos y renovables (García, Ben, Attaoui, Canales), va ganando enteros en la velocidad. La existencia de tres vallistas de alta gama, Quique Llopis, Asier Martínez y el prometedor Abel Jordán, también con molestias en Apeldoorn, supone una muestra representativa.
En una mezcla de ilusión y consagración, lo mejor del Europeo, aparte, naturalmente, del oro de Peleteiro, llevó el nombre de Paula Sevilla con una prestación que va más allá de su bronce en los 400. Una recompensa resumen de la magnífica actuación individual y colectiva de nuestra gente, todo un ejército compacto, en la prueba. Procedente de la velocidad, sobre todo de los 200, sus 50.99 igualaban el récord de Sandra Myers de 1991. Esa marca vale, al aire libre, otra por debajo de los 50. Myers mantiene 49.67 desde, también, 1991. Bajar de los 50 segundos es cruzar la gran frontera internacional. Aguarda a Paula.