Las pruebas médicas han confirmado los peores pronósticos: Dani Ceballos estará dos meses de baja. El centrocampista andaluz abandonó llorando el Reale Arena, casi sin poder caminar, y al llegar a Madrid los análisis han determinado que sus lágrimas tenían motivo. El andaluz sufre una lesión en el músculo semimembranoso con afectación del tendón de la pierna izquierda.
Ceballos se hizo daño en una acción con Kubo, rozando el final del partido de ida de las semifinales de la Copa del Rey entre la Real Sociedad y el Real Madrid, y no pudo continuar. Se tiró en el suelo y se llevó la mano a la parte posterior del muslo izquierdo. Cuando llegaron los médicos, el futbolista ya estaba llorando de la impotencia. Sabía que se había hecho algo muy serio.
Consiguió andar hacia los vestuarios, apoyado en los hombros de dos fisios y abrazado por la mayoría de sus compañeros, y de camino al autobús apenas podía mover la pierna izquierda.
El andaluz, clave para Ancelotti esta temporada y disfrutando del mejor momento de su carrera, deberá parar ahora, cuando incluso sonaba su nombre para ser parte de la próxima lista de Luis de la Fuente.
“Muy triste por no poder ayudar a mi equipo en este tramo tan importante de la temporada. Y muy triste por tener que parar en el que sentía que era mi mejor momento…”, ha escrito el centrocampista de 28 años en su cuenta de Instagram.
“Toca afrontarlo con fuerzas, con ganas de luchar y con la certeza de que volveré aún más fuerte. Esto no ha acabado. He salido de peores. Gracias por tanto cariño… Nos vemos pronto, antes de lo que pensáis”, concluye el comunicado del jugador.
Si Ceballos cumple el plazo de dos meses de baja, podría perderse hasta 13 partidos: ocho de Liga, la eliminatoria de Champions contra el Atlético, una hipotética ronda de cuartos, la vuelta de Copa contra la Real y la hipotética final copera del 26 de abril en La Cartuja (Sevilla). El gran objetivo es que el andaluz pueda estar recuperado para dicho encuentro, si el Madrid llega.
En Liga, no estará ante Betis, Rayo, Villarreal, Leganés, Valencia, Alavés, Athletic y Getafe.
El camino de espinas duró algo más de un mes. 34 días. Los que separaron el 16 de enero del 19 de febrero. El partido contra el Celta del encuentro de vuelta de Champions contra el City. Los pitos de los aplausos. En esas cinco semanas, Aurélien Tchouaméni aprendió lo que significa jugar en el Madrid. Y lo hizo con «personalidad» y «profesionalidad», cuentan en Valdebebas, donde todo son elogios hacia el futbolista sobre el que debe girar el equipo esta noche.
Lo que vivió Tchouaméni durante las primeras semanas de enero lo han vivido y sufrido otras estrellas del Madrid antes que él, y de cómo se reaccione ante ello depende el futuro de ese futbolista en Chamartín. El Bernabéu, un estadio que en algún momento de su década madridista pitó a Cristiano Ronaldo, abucheó al centrocampista francés durante el partido de Copa contra el Celta. Era el 16 de enero y sobre Tchouaméni concretó el público su enfado por la derrota del Madrid en la Supercopa.
Un Tchouaméni que fue central de emergencia durante varias semanas por las lesiones de Militao y Alaba y al que le costó cogerle el punto a la posición. Tenía, y tiene, juego aéreo y buena salida de balón, pero le faltaba velocidad y, por momentos, colmillo. Rabia. Virtudes que el Bernabéu sí veía en el canterano Asencio.
El galo fue el central del Madrid durante todo el mes de diciembre y aunque el conjunto blanco ganó en Champions al Atalanta y en Liga sumó varias victorias, las actuaciones del francés no terminaron de convencer.
El gran cambio
Y a partir de ahí el francés cambió y creció. En Valdebebas hablan de un jugador profesional que poco a poco va ganando galones en un vestuario que transita entre diferentes generaciones. Domina el francés, el inglés y el español, lo que muchas veces le hace ser nexo entre los subgrupos que se generan en la plantilla.
Después de los pitos contra el Celta no quiso grandes charlas ni condescendencia. Asumió sus errores, aguantó el chaparrón durante el partido y se centró en «el próximo partido». Su mantra lo tienen claro a a su alrededor: «Silencio y trabajo».
«Contra el Celta lo escuché todo, pero está bien, es parte del deporte y para mí lo importante no es estar pendiente de si dicen que lo hago bien o mal, sino trabajar y estar centrado. Sé lo que hay que hacer en una situación así: trabajar y mejorar», reflexionó ayer en Valdebebas.
El escudo de Ancelotti
En la ciudad deportiva ha encontrado Tchouaméni a un hombre que ha actuado de muro durante estas semanas entre él y el foco mediático: Carlo Ancelotti. El técnico italiano ha sabido manejar las críticas al francés y se ha interpuesto siempre entre el futbolista y los mensajes ajenos. Ha sido su escudo. «Ha jugado bien el muy criticado Tchouaméni», dijo tras el encuentro ante el City en el Etihad. En cada declaración, el transalpino destacaba una cualidad del francés, resaltando siempre su enorme «personalidad». «No he hablado con él, porque tiene mucha personalidad y ha manejado bien las críticas», dijo. Lo dicho: silencio y trabajo.
Tchouaméni ha ido creciendo desde el día del Celta hasta esta noche, tanto de central como de pivote, recuperando colmillo y siendo el apagafuegos y el pegamento de un equipo por momentos inconsistente.
Fue baja por molestias justo después del duelo ante los de Vigo, pero desde entonces ha acumulado siete encuentros completos en Liga, dos en Copa y dos de tres en Champions. En la vuelta contra el City, Ancelotti decidió retirarle del campo en el minuto 83, ya con el partido resuelvo, para que se llevara una ovación más que merecida. Hasta ahí llega la gestión del técnico.
Los números de Tchouaméni en las dos últimas citas continentales hablan por sí solos: 4 pases clave, 94% de acierto en el pase, 6 intercepciones, 7 de 8 duelos ganados y ningún regate sobre él. Hoy en el Metropolitano tendrá otra prueba.
Arabia Saudí vuelve a tener el partido por el que paga 40 millones cada año al fútbol español. Otro clásico en el desierto después de la victoria del Madrid contra el Mallorca. Fue superior el conjunto blanco pero le costó anotar hasta que Bellingham, aprovechando el tercer rechace ante el eterno muro balear, puso a su equipo en la final de la Supercopa de España. Valjent, en propia puerta, y Rodrygo, ambos en el añadido, cerraron un duelo que terminó con tangana entre Maffeo, que venía picado con Vinicius, Bellingham, Asencio y Samu Costa. [Narración y estadísticas (3-0)]
Como hizo en la Intercontinental de Doha, Ancelotti volvió a acumular sobre el desierto saudí a todas las estrellas de su galaxia. Asentó su centro del campo en Valverde y Camavinga y dejó libertad por delante a Bellingham, Rodrygo, Vinicius y Mbappé. Y el Madrid fluyó durante gran parte del partido a un Mallorca limitado a los balones largos para Muriqi.
El inicio fue abrasador, con ritmo e ideas, confirmando las sensaciones de Ancelotti en la previa. "Tenemos que llegar motivados", pidió. Sus futbolistas cumplieron, aunque les faltó el premio del gol.
Balones a Muriqi
Greif sumó cinco paradas en los primeros 18 minutos ante un ataque madridista que fue capaz de intercambiar posiciones, aprovechar los espacios y llegar hasta pocos metros de la portería rival. Lo hizo sin demasiada posesión, buscando el uno contra uno en ambas bandas y aprovechándose del talento de sus delanteros. Entre Rodrygo, Mbappé y Vinicius fabricaron las mejores ocasiones del tramo inicial hasta que el Mallorca consiguió apagar el fuego.
Mientras Greif salvaba a su equipo ante Lucas, Rodrygo, Tchouaméni, Mbappé o Bellingham, Maffeo y Vinicius hacían su propio partido. El lateral balear intentó picar al brasileño a los 10 minutos, fingiendo una agresión tras buscar a Vinicius con un choque, y el delantero madridista fue disminuyendo su aportación a partir de ahí.
En el otro lado, el Mallorca comenzó a encontrar aire en los balones largos a Muriqi, isla inconmensurable en el ataque balear. El kosovar buscó emparejarse con Lucas en banda para que Dani Rodríguez y Larin pelearan por segundas jugadas. Así llegaron los mejores momentos de los de Arrasate. A Larin, sin embargo, le faltó acierto. Primero no midió bien un salto tras centro de Dani y luego remató alto desde la frontal.
Vinicius, ante Maffeo, el jueves en Yeda.AFP
El encuentro murió durante unos minutos, para alegría de un Mallorca que logró oxígeno para rearmarse. Enfrente, Bellingham comenzó a echarse a la espalda a su equipo, a amasar balón esperando momentos y a moverse con elegancia francesa entre líneas. De sus botas salió el ímpetu del Madrid hacia el descanso, con una ocasión de Rodrygo tras un pase de la muerte del inglés.
Tras el intermedio, el partido entró en tierra de nadie. Sin ocasiones, sin ritmo y con más pelea en el centro del campo, lesiones y parones que otra cosa. Tchouaméni tuvo que abandonar el duelo tras llevarse un golpe en la cabeza, hubo algún que otro problema físico y nadie se acercó a puerta salvo Dani Rodríguez, que estuvo a punto de marcar tras un llegada al área de Mojica.
En el 63, sin embargo, Vinicius dejaría a un lado su batalla individual y correría al desmarque para que Mbappé le encontrara camino del área. El brasileño puso un centro que Rodrygo remató de cabeza al palo y después de otro rechace tras disparo de Mbappé, Bellingham anotó el primero de la noche superando a los cuatro defensas que se acumulaban en la línea de gol. El inglés marcó su segundo tanto de forma consecutiva, el séptimo en sus últimos nueve encuentros. Fue el hundimiento del Mallorca, incapaz de reaccionar ante la superioridad física del Madrid.
Greif, salvador
Los de Ancelotti pudieron ampliar su renta y sólo Greif evitó un resultado mayor. Vini, tras varios regates marca de la casa en el carril izquierdo del área pequeña, remató desviado. Luego Rodrygo, tras una buena internada, definió centrado. Y Mbappé, después de una gran arrancada de Vini, se encontró con el portero.
El añadido tuvo de todo. Problemas físicos para Bellingham, goles de Valjent, en propia puerta, y Rodrygo para poner el 3-0 y una pelea final con Maffeo, que ya venía picado con Vinicius, Bellingham, Lucas, Asencio, Samu Costa y practicamente ambas plantillas y cuerpos técnicos.
Yeda acogerá el tercer clásico consecutivo en la final del torneo saudí. El Barça ganó en 2023 y el Madrid en 2024. Toca 2025.
Jude Bellingham apareció en la sala de prensa de Anfield Road con una sonrisa en la cara. "La sonrisa ha vuelto", admitió en la última concentración de la selección inglesa. Ahora, preparado para pisar el terreno del Liverpool con el Real Madrid, quiso reflexionar sobre los últimos meses, en los que ha sufrido dentro y fuera del campo tras perder en la final de la Eurocopa contra España. "Había perdido la sonrisa después de lka final porque no me habían tratado bien. Me echaron la culpa un poco a mí por perder la final, y creo que en la última convocatoria con nuevas caras, volvió la alegría, por eso dije que volvió la sonrisa". "En el Madrid nunca he perdido la sonrisa", reconoció.
El centrocampista inglés aseguró que "durante la Eurocopa parecía que el mundo se estaba cerrando sobre mí". "Había una crítica exagerada y creo que cruzaron una línea y lo tomaron a lo personal con mi familia. Y para mí la familia es lo más importante. Mi madre no quería salir de casa en verano, fue muy personal para mí", explicó.
De vuelta al Madrid, Bellingham pasó los tres primeros meses de temporada sin marcar hasta que rompió el bote ante Osasuna, repitiendo contra el Leganés en la última jornada de Liga. "Cuando marcas la situación se confunde un poco. Yo soy honesto, me hablo a mío mismo y soy autocrítico... Pero los titulares llegan cuando marcas. La expectativa era alta después del año pasado, pero creo que mi nivel ha sido bueno y creo que juego mi mejor fútbol cuando puedo participar más en el juego", insistió.
"La Champions, nuestro Balón de Oro"
Entre medias, el Balón de Oro. El inglés fue tercero, por detrás de Rodri y Vinicius, y reconoció que el conjunto blanco "merecía el premio". "Rodri es un jugadorazo, pero creo que el premio debía haber sido para un futbolista del Madrid, particularmente para Vini". Pero aún así, declaró que "la Champions fue nuestro Balón de Oro". "Fue el reconocimiento de que éramos el mejor equipo de Europa, eso es suficiente para mí. No pienso en el Balón de Oro".
Eso sí, el británico admitió que "las críticas, especialmente las personales, son otro reto para hacer callar a la gente". Y habló sobre la situación del vestuario: "En el vestuario, en el autobús... Hay mucha confianza, hemos sufrido lesiones antes y hemos aguantado. Tengo mucha fe en el grupo, todos pueden sumar".
Ancelotti no acepta consejos
Minutos más tarde le tocó el turno a Carlo Ancelotti, que sacó pecho de su número de partidos y recordó que "nadie me puede dar consejos". "Yo pienso que oigo muchos consejos, pero creo que no hay que olvidar que he hecho 1.300 partidos, 1.300 alineaciones y 4.000 cambios por lo que no creo que nadie aquí me pueda dar consejos", contestó a la prensa, cuestionado sobre los cambios del duelo ante el Leganés y los 90 minutos que le dio a Vinicius, ahora lesionado.
Sobre el once de cara al partido ante el Liverpool, no dio pistas. "La verdad es que Fede lo ha hecho muy bien, yo no tenía ni una sola duda. Era una emergencia... pero hay que ver a Lucas en el entreno de hoy. Es una posibilidad que contra el Leganés no tenía".