Cuando era niño había unos dibujos animados que me fascinaban. Era una sensación contradictoria porque además de disfrutar con ellos me generaban una cierta frustración y angustia. Siempre quise que el Coyote atrapase al Correcaminos, pero me hice mayor sin conseguirlo. Ahora revivo en la Fórmula 1 algo parecido. No importa lo que Lando Norris y McLaren preparen para atrapar a Max Verstappen en el campeonato. Las trampas, las bombas, los cohetes
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Hansi Flick es de los que prefiere tener los pies en el suelo. Por mucho que sus jugadores celebraran sobre el césped con su afición un triunfo ante el Real Madrid que los coloca a dos puntos de hacerse con el título de Liga, el entrenador del Barça prefirió rebajar la euforia. "No nos sentimos campeones todavía. Estaría bien conseguir tres títulos, pero aún tenemos una victoria más que sacar", señaló el alemán en declaraciones a Movistar nada más terminar el partido. Si el conjunto de Ancelotti no logra vencer al Mallorca en el Bernabéu el próximo miércoles, o si los azulgrana se imponen al Espanyol en Cornellà-El Prat el jueves, con todo, la Liga ya estará matemáticamente en manos de la entidad barcelonista.
El germano, eso sí, no dudó tampoco a la hora de celebrar el triunfo conquistado ante el eterno rival, el cuarto consecutivo esta temporada, por mucho que durante muchas fases del duelo la victoria no estuviera precisamente del todo clara. "Esto va para los aficionados y para los jugadores. Es fantástico. El Madrid tiene un gran equipo, pero hemos conseguido remontar un 0-2. Y todo, después del partido de Milán, después de más de 120 minutos. No era fácil lidiar con eso y creo que lo hemos hecho muy bien, aunque me temo que tendré que ir a que me revisen el corazón", apuntó un Flick que asumió que los suyos tienen fallos pendientes de corregir. Sobre todo, en lo que respecta a la faceta defensiva.
"Pienso que hay que mejorar mucho en defensa. Cuando presionamos, todo va bien, pero cuando cometes un error, especialmente en ese primer gol que encajamos, se complica todo, aunque también es verdad que el equipo toma buenas decisiones a nivel colectivo y que teníamos grandes jugadores enfrente. No es excusa, pero jugando cada tres días no es fácil entrenar este tipo de cosas. Lo que está claro es que hay que mejorar y ya pensamos en la pretemporada para pulir todo esto", recalcó.
El técnico admitió además que vivió el duelo con cierta tensión. "Había muchas emociones en el banquillo, muchas decisiones a tomar. Con el penalti o el último gol pienso que podríamos haber dado un paso más adelante, pero con el 4-3 logramos la victoria de todos modos y eso al fin y al cabo es lo que queríamos", señaló después en rueda de prensa dejando caer, como quien no quiere la cosa, su descontento con las últimas dos decisiones de Hernández Hernández tanto en el área madridista como en sus inmediaciones en la recta final del partido.
Lamine Yamal
Lamine Yamal, cómo no, se llevó también muchos de sus elogios. "No es solo un chico, creedme. Tiene confianza, cree en lo que puede hacer y es muy inteligente. Para mí, lo importante era que todo el mundo mirara hacia el clásico después de lo que pasó en Milán, sin olvidar tampoco ese partido. Marco un gol muy importante, nos ayudó a remontar y, con 17 años, tiene una calidad muy alta", recalcó el alemán.
El de Rocafonda, poco antes, ya había hecho suyo parte de ese discurso. "Era un partido muy importante y la distancia que tenemos ahora también lo es. Sobre todo, después del partido de Champions, que ya está olvidado. Ahora toca disfrutar, aunque tenemos que corregir esos goles que regalamos al final, porque no nos crearon ocasiones muy claras", apuntó el delantero quien, a pesar de todo, tiene la máxima competición europea muy en mente. "La Champions se juega cada año y lo intentaremos hasta que la ganemos, pero lo importante era ganar este clásico para acercarnos más al título de Liga", sentenció en Movistar.
Donald Trump no es de la misma opinión que Carl von Clausewitz. No cree, como el militar prusiano, que la política sea la continuación de la guerra por otros medios. Al contrario, mucho antes de agotar la vía política, manda a un portaviones o a los militarizados agentes del ICE, el servicio de inmigración y control de aduanas de Estados Unidos. Minneapolis e Irán son, hoy, los puntos calientes de Trump, sin olvidar el pulso por Groenlandia con la Unión Europea, la intervenida Venezuela, las amenazas a México y Colombia por el narcotráfico o la múltiple guerra arancelaria. Mañana nadie lo sabe.
Un contexto que ha convertido a Trump en enemigo de países y regímenes dispares, democracias o dictaduras, meses antes de recibirlos con buena cara en la fiesta del Mundial. El problema puede ser que el resto entienda que el fútbol también puede ser la continuación de la guerra o la política por otros medios.
Las situaciones de tensión internacional siempre generan inquietud en las grandes organizaciones deportivas, principalmente el COI y la FIFA, que recuerdan con temor la era de los boicots. La amenaza ha afectado mucho más al olimpismo, porque el fútbol es el alimento de las masas, y a las masas se las teme. No obstante, hay precedentes.
Los mimos de Infantino
La FIFA mima a Trump todo lo que puede, y la prueba es el Premio de la Paz, un Nobel de chocolate, que le regaló Gianni Infantino como si fuera una mona de Pascua. La inquietud, sin embargo, permanece, tanto por el Mundial como por los Juegos de Los Ángeles'28, al tratarse de un personaje fuera de catálogo y de control hasta para sus propios halcones.
Infantino se hace un selfie con Trump.AP
Las peticiones de boicot al Mundial han aparecido ya en todo el mundo, especialmente entre asociaciones en defensa de los derechos humanos, debido a la persecución y expulsión de inmigrantes, pero no por parte de ningún gobierno. Ni siquiera de los que mantienen mayores tensiones con la política del presidente de Estados Unidos, como Colombia, o han sido atacados, como Irán. Ambos están clasificados para el Mundial.
Alemania es una de las potencias donde las voces contra el torneo han llegado más alto, hasta obligar a decir a la ministra de Estado ante la Cancillería Federal, Christiane Schelderlein, que las decisiones sobre participar o no en eventos deportivos «recaen exclusivamente en las federaciones correspondientes». Las competencias del derecho deportivo son un refugio a la medida para lo que conviene, aunque las decisiones de que España no acudiera a final de la Eurocopa de 1960, en la URSS, o de que Estados Unidos impulsara el boicot a los Juegos de Moscú'80, no fueron de sus federaciones ni de sus comités olímpicos. Las tomaron Franco y Jimmy Carter, un dictador y presidente legítimamente elegido.
«Si Trump cumple sus amenazas y lanza una guerra comercial contra la Unión Europea, difícilmente puedo imaginar que los países europeos participen en el Mundial», advirtió Roderich Kiesewetter, un referente en política exterior de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), partido que lidera la coalición de Gobierno. Boris Mijatovic, también diputado en el Bundestag, por los Verdes, fue incluso más contundente: «No es seguro para los aficionados viajar a este Mundial».
El Mundial no es Eurovisión
Mijatovic citó como ejemplo los recientes disparos letales de agentes del ICE en Minnesota, incluso antes de que resultara muerto Alex Pretti, y advirtió: «Solo puedo aconsejar a cada hincha que boicotee los partidos en Estados Unidos». Resulta paradigmático el silencio del Gobierno de Pedro Sánchez, uno de los más beligerantes con Trump, aunque con la selección más favorita del torneo. El Mundial no es Eurovisión.
Si un boicot global o por bloques parece complejo, menos lo es el que puedan realizar los aficionados en una cita compartida por tres países, Estados Unidos, México y Canadá, con tensiones continuas por la inmigración, el narcotráfico o los aranceles. Las fronteras que deben ser esponjosas en un Mundial a tres, son más sensibles que nunca.
Trump, en la celebración del Chelsea en el Mundial de clubes.AP
El pacto por Groenlandia en el seno de la OTAN ha dejado en 'stand by' el problema que más unidad había generado entre los líderes europeos contra las políticas de Trump. De proseguir en la intención de anexionarse un territorio de soberanía danesa, habría elevado las voces de boicot en el continente. Con Trump nada puede considerarse del todo cerrado y no parece que el soccer, algo entre desconocido y grotesco para el inquilino de la Casa Blanca, vaya a frenarle.
La invasión de Afganistán por parte de la URSS provocó el boicot de Estados Unidos y la mayoría de países occidentales a los Juegos Olímpicos de Moscú'80, y una cuestión racial, la violación del embargo al apartheid de Sudáfrica por parte de los All Blacks de Nueva Zelanda, propició el veto de la mayoría del bloque africano a Montreal'76. Estados Unidos no ha invadido Venezuela, pero la mantiene intervenida de facto, mientras amenaza a Irán o Cuba, y es innegable que bajo las severas leyes de inmigración subyace una cuestión racial.
El 'sí' a la Argentina de los coroneles
Los boicots al fútbol nunca han tenido un impacto tan global. Ni siquiera cuando las denuncias de las torturas del régimen de los coroneles, en Argentina, eran evidentes, ya antes de 1978. Buena parte de ellas se producían en la Escuela Mecánica de la Armada, a escasa distancia del Monumental de River, donde la albiceleste se proclamó campeona. Dos meses después del golpe de Estado del general Pinochet en Chile, en 1973, la URSS se negó a jugar un partido en el Estadio Nacional, convertido en un centro de detención, tortura y muerte los días siguientes al golpe del 11 de septiembre. La selección chilena salió sin rival a la cancha y sus jugadores marcaron a una portería vacía.
Matt Freese estará bajo los palos de la principal selección anfitriona el próximo verano en Estados Unidos, pero para buena parte de los participantes y aficionados, bajo la gran portería del Mundial estará Trump. Será como jugar contra el enemigo.