Hay tantos jugadores del Madrid, siete, nominados para el Balón de Oro que, si se ampliase la lista de metales, podrían ganar el de Oro, el de Plata, el de Bronce, el de Aluminio, el de Cobre, el de Cromo y el de Níquel. El Santiago Bernabéu, por su parte, aspira a obtener el Micrófono de Diamante, galardón virtual concedido oficiosamente a los estadios que albergan un mayor y más importante número de conciertos.
Ya no se sabe muy bien si el colis
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Etapa de media montaña tirando a baja. Etapa rápida, animada, entretenida, pero irrelevante, de las llamadas de transición, con triunfo al sprint del británico Jake Stewart, del equipo Israel Premier Tech. Su cuarta victoria profesional y su primera World Tour. Una sorpresa, pero una compensación. El velocista del equipo, Pascal Ackermann, había abandonado a causa de una caída. El líder, Remco Evenepoel, también se cayó con algunos otros ya en la zona de protección, y no parece que sufriera daño alguno.
La escapada del día, cinco hombres reducidos finalmente a tres (Labrosse, Thomas, Guernalec), fue sometida a falta de dos kilómetros para la llegada. Esforzado, pero inútil el trabajo del Lidl-Trek para Jonathan Milan, el hombre destinado a ganar al sprint. El italiano pasó con apuros, pero pasó, la cota de Quatre Vents, de tercera categoría, a 27 kms. de la meta en Mâcon. Quizás acusó el esfuerzo en el puertecito y terminó quinto en la "volata". Van der Poel disputó con ganas el sprint, pero fue noveno. Como Van Aert, ha perdido filo con los años. Sigue siendo un martillo, pero ya no un cuchillo.
El Dauphiné entra en las tres etapas decisivas en los Alpes. Escribíamos ayer que esta etapa de Mâcon, de media montaña, era el aperitivo del aperitivo. El aperitivo de una etapa de media tirando a alta, la del viernes. Y ésta, a su vez, el aperitivo de las altísimas del sábado y el domingo. Sobre todo la del sábado, con tres "cols" de categoría especial: la
Madeleine, la Croix de Fer y Valmeinier, una de las vertientes del Galibier, donde está situada la meta.
Dado el nivel de nuestra natación, tres medallas de oro y nada más que de oro en un Campeonato de Europa, en este caso en piscina corta, suenan a festival, a exhibición. Después de las obtenidas por Carmen Weiler (200 espalda) y Carles Coll (200 braza), la tercera corrió a cargo de Hugo González de Oliveira en los 200 estilos, con récord de España: 1:51.39, rebajando el de Carles Coll (1:52.11).
Y llegó, como las anteriores, de un modo rotundo, dominador, sin darles opción al italiano Alberto Razzetti (1:52.05) y el turco Berke Saka (1:52.25). Después de los tramos de mariposa y espalda, Hugo tomó la cabeza en la braza, el estilo que suele determinar los resultados en las pruebas combinadas. El tramo de "crawl" redondeó la indiscutida victoria del español, que, de algún modo, "resucita", después de no haberse clasificado este pasado verano para el Mundial de Singapur.
Ha pasado Hugo por varias vicisitudes a lo largo de su trayectoria, hasta el punto de, incluso, haberse planteado la retirada no hace tanto. No encontraba recompensa ni reconocimiento a sus esfuerzos y títulos. Campeón mundial de 200 espalda en Doha2024 y europeo de 200 estilos en Budapest2021 en piscina larga, de 50 metros, la olímpica, este oro lo recupera para el liderazgo de la natación española a una edad, 26 años, todavía de plenitud.
Hugo González, tras ganar.Wojtek JargiloEFE
Biológica y ambientalmente, Hugo es uno de esos productos "mestizos" que contribuyen a alcanzar alturas deportivas. Nacido en Palma de Mallorca, trasladado a Madrid, hijo de español y brasileña, entrenado y educado en Estados Unidos, en Auburn y Berkeley, estudiante de Ingeniería Informática, se mudó de California a Cataluña, a Terrassa en busca de, digamos, su definitiva entidad deportiva. Parece que la ha encontrado. O, mejor, recuperado.
Emma Carrasco, leridana de 19 años (cumplirá 20 con las campanadas del 31 de diciembre, campeona mundial y europea júnior, está en camino de instalarse en la suya, en la gran élite. Acabó sexta en los, también, 200 estilos (2:07.90), dominados por la favorita, Marritt Steenbergen, con récord de Europa: 2:01.83. Minutos después, la neerlandesa se impondría en los 100 libre con 50.42. Cuarto oro y cuarto récord de Europa para ella.
Había que frotarse los ojos para ver a dos españoles en la final de los 100 libre, la prueba reina. Es cierto que acabaron séptimo (Luca Hoek, 46.42) y octavo (Sergio de Celis, 46.43), lejos de Maxime Grousset (45.17). Pero ningún otro país presentaba un dúo en los poyetes.
Carles Coll está haciendo un Campeonato impresionante. Entró en la final de los 50 braza con récord de España (26.03), tras haberlo batido también en las series matinales (26.22).
En una interpretación prestada de la Astronomía, el Real Madrid y el F.C. Barcelona forman un sistema estelar binario, más tendente a la colisión que al equilibrio gravitacional. La relación entre ambos pasa hoy por un momento especialmente tenso en su larga e incómoda historia en la galaxia futbolística. La Vía Láctea, en referencia a la blancura dominante en el fútbol mundial. La 'central lechera', en la ácida cosmogonía de Pep.
El enfrentamiento actual tiene que ver también con las personas, no sólo con las instituciones. Dos hombres de generaciones distintas y física e ideológicamente opuestos. Dos personajes de diferente formación, carácter y manera de manifestarse. Laporta es un bocachancla, vocablo recién reconocido por la RAE. Florentino, más sinuoso, rima con sibilino.
En la Antigüedad, se establecía la 'Ekecheiria'. Una tregua sagrada que detenía las guerras durante la celebración de los Juegos Olímpicos. Ni el Madrid ni el Barça han respetado la 'Ekecheiria' navideña, el espíritu de estas fechas, paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. Roto el feble y artificial armisticio de la Superliga, evaporado el pegamento de pega, valga el juego de palabras, que los mantenía 'juncti sed non uncti' (juntos, pero no revueltos), Pérez y Laporta se han enzarzado en una áspera batalla dialéctica. La atizó Florentino con sus ataques al Barcelona a cuento del caso Negreira.
Exageró cuando lo definió como "el mayor escándalo en la historia del fútbol mundial". Pero sí lo es del español. Con eso basta para darle la razón. Incluso así, no tiene mucho sentido culpar a aquellos años vergonzosos de las actuales decisiones arbitrales que no gustan al club. Sea como fuere, nuestro fútbol arrastra el baldón de haber ignorado o consentido el caso Negreira. Y los tribunales, el de dejarlo dormir, que es como dejarlo morir con esa forma de indulto que es la indiferencia y de perdón que es el olvido.
La respiración asistida de Xabi
Los bombardeos navideños de Florentino han sido selectivos. Se han centrado en el arbitraje. Los de Laporta, de saturación con un zafio rimero de invectivas e improperios contra un Real Madrid que, por ende, representa el 'despotismo no ilustrado' frente a un Barça en el que 'se respira libertad'. Y Joan, heroico desde su Arcadia libertaria, remató acusando al Madrid de 'barcelonitis'. Que el presidente de un club caracterizado históricamente por una 'madriditis' enfermiza recurra a tal melonada, remite a una psicopatología consistente en invertir la carga del dicterio y atribuir al adversario tus propias miserias. Abunda en política. Se la conoce como 'ganar el relato'.
Mientras Xabi continúa con respiración asistida por Courtois y Mbappé, y el Barça, después de un peñazo de partido en Villarreal, se mantiene en cabeza de esta Liga de juego mediocre, volvemos al principio de estas líneas: a la Astronomía. Estrenado el invierno astronómico, ha llegado, puntual, el frío. Y frías, templadas o calientes, proliferan en el mundo las guerras, reales o metafóricas. Aquí estamos en guerra futbolística, política y electoral. La mayor parte del resto del planeta tiene en estas fechas poco que celebrar y mucho que lamentar.