Jude Bellingham estará aproximadamente un mes de baja tras caer lesionado en el entrenamiento del Real Madrid de este viernes en la ciudad deportiva de Valdebebas debido a un fuerte golpe.
Las pruebas médicas confirman que sufre una “lesión en el músculo delgado plantar de su pierna derecha”.
“Tras las pruebas realizadas hoy a nuestro jugador Jude Bellingham por los Servicios Médicos del Real Madrid se le ha diagnosticado una lesión en el músculo delgado plantar de su pierna derecha. Pendiente de evolución”, reza el parte difundido por el Real Madrid.
Bellingham sufrió un golpe en la fase de ejercicios con balón de la sesión del viernes del Real Madrid y se tuvo que retirar con dolor del entrenamiento para someterse a pruebas médicas.
“Ha tenido un golpe y lo están valorando”, reconoció Ancelotti en su comparecencia ante los medios, más tarde de lo habitual tras el incidente en el entrenamiento.
Según informaron a EFE fuentes del Real Madrid, el fuerte golpe que recibió Bellingham fue en el pie derecho y se estima un tiempo aproximado de baja de un mes, por lo que no acudirá a los partidos de Inglaterra de la Liga de Naciones en la ventana de septiembre y se perderá con su club los partidos de LaLiga ante Real Valladolid, Real Betis, Real Sociedad y Espanyol.
Sous le ciel de Paris (bajo el cielo de París). Esta vez sí, bajo su hora dorada. Eran las nueve en punto y caía el sol, la artista francesa Zaho de Sagazan entonó la canción de Édith Piaf desde el Museo del Louvre, con el pebetero olímpico de fondo. Parecía una luna llena. El nadador Léon Marchand (cuatro oros y convertido en héroe olímpico) se acercó y tomó la antorcha. Se encendieron las luces del Stade de France. Se apagó la del pebetero. Una orquesta interpretó La Marsellesa, con el estadio en pie. Los atletas fueron desfilando, junto con parte de los 45.000 voluntarios que han participado en estos Juegos. Banderas de todos los colores ondeaban bajo el cielo.
Comenzaba la fiesta. Y se acababa. La capital francesa puso esta noche un broche épico a 15 días de deporte, buen ambiente e ilusión. La ciudad disfrutaba de esa luz de última hora que la lluvia no dejó salir el día de la ceremonia de inauguración, hace dos semanas. El Stade de France, en el barrio de Saint Denis, se convirtió en un majestuoso teatro donde se tributó homenaje al olimpismo y a los deportistas.
Fue un acto poderoso (casi tres horas), muy festivo y también teatral, en el que se pasó el testigo a Los Angeles, próxima sede en 2028. Ahí, ya al final, sonaba My Way. Antes, unos 9.000 atletas de 205 delegaciones, los que han hecho posible estas semanas, salieron al campo, bailando y agitando banderas, mientras se tocaban conocidos temas musicales. «Juntos, unidos por la paz», se leía en las pantallas del estadio.
El universo de Jolly
Han sido, como se quería destacar en el acto, los protagonistas del sueño olímpico. El público (unas 71.000 personas) estaba entregado. El Stade de France se convirtió en un karaoke, todos cantando Champs Elysées, de Joe Dassin, saltando con Freed from desire, de Gala o We are the Champions, de Queen.
A los mandos del acto estaba de nuevo Thomas Jolly, que se había puesto muy alto el listón con la apertura y que envolvió a los presentes en su particular universo artístico. Experto en jugar con las luces, anoche sí el tiempo permitió que las que proyectaba el atardecer y las de la noche clavaran la puesta en escena que había ideado.
Hubo, además del homenaje deportivo, despliegue teatral y fiesta. En el corazón de la ceremonia, Jolly rindió homenaje al olimpismo a su manera, convirtiendo el estadio de Francia en una escena futurista impresionante, con bailarines y acróbatas, donde un caballero dorado cayó del cielo para descubrir los vestigios del olimpismo. Se alzó la bandera griega, sonó el himno de Apolo en un piano suspendido en el aire, bailarines cayeron de lo alto del estadio y, el colofón: los anillos olímpicos se elevaron al cielo, como lo hizo hace dos semanas la llama en el pebetero. Saint Denis fue por momentos la Ópera de París. Entonces el campo se llenó de gente. Esta representación (Record) para expresar que el olimpismo es la mayor obra intangible de la humanidad para la paz.
Tom Cruise, con la bandera olímpica.AFP
Hubo entrega de medallas a las mujeres del maratón. Han sido los primeros Juegos paritarios de la historia. Se repasaron los mejores momentos de las competiciones y empezaron los conciertos: tocaron el grupo francés Phoenix y Red Hot Chili Peppers.
Este del periodo olímpico ha sido el París más entregado que se ha visto en mucho tiempo. A pesar de las dudas iniciales, la capital francesa ha sacado músculo: los Juegos han sido un éxito. Se han celebrado pruebas en escenarios irrepetibles (Torre Eiffel, Versalles, el Grand Palais...), con los estadios abarrotados, ambiente en las calles... El pebetero se ha convertido en uno de los mayores éxitos, hasta el punto de que se quiere perpetuar, como herencia, igual que pasó con la Torre Eiffel. Francia, además, ha quedado quinta en el medallero, con 64 metales. El país ya presume de nuevos héroes.
La seguridad era uno de los mayores temores, pero nada ha empañado la fiesta deportiva. Tampoco las dudas sobre si el agua del Sena permitiría realizar las pruebas acuáticas en el río.
Los fuegos artificiales, sobre el Stade de France.AFP
"Hace años nos dijeron que no podíamos hacerlo (...) De un día a otro, con las primeras medallas, una ola se ha desatado (...) Tuvimos ganas de soñar y tuvimos a Léon Marchand. los escenarios de la competición quedarán en la historia de los Juegos (...) Toda una nación se ha puesto a vibrar. De un día a otro toda Francia es olímpica" subrayó Tony Estanguet, presidente de Paris 2024. Cada frase de su discurso era aclamada por todo el estadio.
Y llegó el relevo. Era noche cerrada. El testigo lo tomó Los Ángeles. La alcaldesa de París, Anne Hidalgo, lo cedió a la de Los Ángeles, Karen Bass. Las acompañaba Simone Biles. La artista HER interpretó el himno estadounidense y Tom Cruise descendió de lo alto del estadio para recoger la bandera y llevarla (en un corte grabado) por Los Angeles. Sonaron los californianos Red Hot Chili Peppers, Billie Eilish y Snoop Dogg.
París, una fiesta esta anoche, culminó su viaje. El relevista del Louvre, Léon Marchand, entró en el estadio con la antorcha. Comenzaba el de Los Ángeles. Sonó My way, título emblemático de Frank Sinatra, que en realidad versionó la canción original (Comme d'habitude), del francés Claude François (en 1967). Le ponía voz la cantante francesa Yseult. Un himno al amor para arrancar el sueño olímpico. My way para sellar el relevo.
Se enredó el Atlético en sus propios pies. Fue capaz de acelerar el duelo ante el Espanyol, de tenerlo en su mano y dejar que languideciera hasta temer que se escapara el punto del tibio empate. Tuvo de delante un rival tan serio como poco incisivo, que aún no ha marcado un gol pero que fue creciendo a medida que los minutos le acercaban a la supervivencia.
Se pintó el partido al inicio como un paseo de los locales, que no parecían notar la ausencia en el once de los tres jugadores más determinantes en los primeros partidos: Llorente, Barrios y Griezmann. Con un Espanyol que parecía estar aún en fase de adaptación a la categoría, Simeone experimentó con la opción que encandila al Metropolitano, rendido a Julián Álvarez y a Sorloth. Todo rojiblanco sueña con que esa pareja se complemente porque será sinónimo de gloria. Para que eso ocurra, hay que alimentarla, y tanto Riquelme como De Paul se tomaron muy en serio la misión.
En el minuto 6, fue Riquelme quien asistió a la Araña para que forzara el paradón de Joan García, salvador de su equipo en la primera parte. Pese a que a Lino le tocó volver a retrasarse en la banda izquierda, aún tuvo fue fuelle para mandar al poste un balón que le sirvió De Paul. El argentino, que arrancó la temporada algo indolente, no sintió la presión de la medular perica y se manejó con tanta soltura que sacó un surtido de asistencias, especialmente para los testarazos de Sorloth. Pero también para buscar a Julián, que tuvo otra buena oportunidad de hacer su primer gol de rojiblanco en un córner que peinó Le Normand y quedó para empujarlo en el segundo palo. Estaban dominando a su rival y se habían instalado en el área enloqueciendo a una defensa que se veía asediada con centro laterales y pases filtrados buscando la amenaza de un gigante noruego y la pillería de un argentino.
Sin embargo, como si en la pausa de hidratación hubieran tomado una poción mágica, el Espanyol despertó. Pedía su técnico, Manolo Jiménez, que complicaran más la vida a Koke y De Paul, y el primero que lo hizo fue Puado que mandó por encima del larguero la mejor ocasión. Se estaba dibujando otro partido al que el Atlético no se adaptó. Había perdido verticalidad y el peligro. Aun así, antes del descanso, Julián Álvarez peleó un balón en la banda derecha para entregárselo a De Paul y que se lo sirviera, cómo no, al noruego. Pero apareció, una vez más, el meta catalán.
Tan poco le gustó a Simeone la primera mitad que enmendó su alineación: se acabó el descanso para Llorente, porque necesitaba su aceleración tanto como a Griezmann entre líneas y a Barrios de pulmón. En la primera jugada de la reanudación, por los tres pasó la pelota y acabó en un remate de Sorloth. La maquinaria parecía volver a funcionar.
Sin embargo, esta vez el Espanyol ya le había cogido el pulso y, como mandaba su entrenador, encontró la forma de exigir a los cerebros del Atlético. El primero en fallar fue De Paul, a quien Veliz le robó el balón para buscar a Puado que, de tacón, la dejó pasar para el remate fallido de Aguado. Ya se iban acercando y eso volvió a inquietar.
Por eso los rojiblancos presionaron cuando el VAR revisó una jugada embarullada que acabó con la pelota en el fondo de la red rebañada por Riquelme... en fuera de juego. No conseguía el Atlético desatascar el marcador y el Espanyol lo percibió. Por eso, optó por refrescarse para entrar en el toma y daca que pedía el duelo.
Tuvo el gol Barrios, lo buscó Griezmann, con poca lucidez, pero la mejor ocasión la tuvieron los pericos en las botas del marroquí Cheddira en un mano a mano con Jan Oblak. La inquietud de la parroquia rojiblanca se agigantó cuando Simeone agitó de nuevo el once, mandó a Sorloth a la ducha, y se encomendó a la chispa de Llorente y el mando de Barrios, que le dejó Griezmann solo ante Joan García para... fallar. Murió el Atlético en el área, pero no fue capaz de acertar.