El español Álvaro Morata, nuevo delantero del Milan, estará de dos a tres semanas de baja por una lesión en el cuádriceps, que sufrió el pasado sábado en su estreno como ‘rossonero’ ante el Torino (2-2), partido en el que marcó y lideró la resurrección de los suyos para empatar sobre la bocina.
Morata, según han informado este martes los medios italianos, ya saltó a San Siro para disputar la última media hora con molestias que, a la postre, se convirtieron en una lesión más grave que le obligará a perderse los dos próximos partidos de Serie A ante el Parma y ante el Lazio, ambos a domicilio.
En riesgo, además, su participación en la Liga de Naciones con la selección española, que defiende título. El capitán de la actual campeona de Europa, fijo en las convocatorias del seleccionador Luis de la Fuente, se perderá seguro el duelo del próximo 5 de septiembre ante Serbia por sanción y podría no estar recuperado para el duelo ante Suiza del día 8 de septiembre.
Después de haberse ganado a pulso la titularidad tras su debut en San Siro, serán el serbio Luka Jovic y el suizo Noah Okafor los que peleen por el puesto de delantero centro que deja libre el español.
Casi todos los jugadores de la selección española tienen sus manías, sus supersticiones, antes de empezar los partidos. Álvaro Morata también. Y aunque los cambios en la Federación han hecho que en esta concentración de la Liga de Naciones faltase gente, empleados de la Federación, importantes para él, el capitán ha mantenido esas manías vía Whatsapp (ya se sabe: frases, mensajes, palabras concretas, etc...) mientras iba en el autobús camino de la semifinal ante Francia y de la final ante Portugal.
Su presencia en la competición que cerraba el curso para la selección fue testimonial. Jugó los últimos 10 minutos de la prórroga porque Mikel Oyarzabal apenas podía caminar del esfuerzo que había hecho. Y quiso el destino que, llegados a los penaltis, fuese él quien fallase el cuarto lanzamiento. Igual que ocurrió en las semifinales de la Eurocopa de 2021 en Wembley ante Italia, Morata falló.
Fue Luis de la Fuente el que le pidió que tirara, y en su gestualidad incluso camino de la pelota se podía intuir el desenlace. "Son cosas que pasan. El año pasado me tocó levantar la Eurocopa como capitán y esta vez he fallado el penalti. Me sabe mal por mis compañeros", expresó en la zona mixta del Allianz Arena, donde dejó también una de esas frases muy suyas "Seguro no hay nada, depende de muchas cosas. Las cosas hay que pensarlas con tranquilidad, pero claro que es una posibilidad que no esté en septiembre", anunció ya entrados en la madrugada del lunes.
Contrato hasta enero
No es la primera vez que dice esto. El año pasado, en una entrevista con este periódico 48 horas antes de la semifinal de la Eurocopa contra Francia, dijo textualmente: "Es probable que deje la selección tras la Eurocopa". De hecho, en su entorno lo daban por hecho, inmerso como estaba también en esa separación de su mujer que luego fue temporal. Sin embargo, nunca anunció su adiós. Esta tarde, en Madrid, estaba anunciada la presentación de su documental, donde quizás podría haber despejado esas dudas, pero el jugador ha cancelado la convocatoria.
Desde dentro (seleccionador, compañeros, etc...) le han pedido que no se vaya. Es un tipo importante para el grupo, y el Mundial está a un año vista. Dueño de 89 partidos con la selección, dueño de 37 goles (el cuarto máximo anotador de la historia, a uno de Fernando Torres), Morata tiene contrato con el Galatasaray hasta enero, y en función de lo que decida, en ese momento sería importante para él buscar un buen equipo que, en los cinco meses previos al Mundial, le permita jugar. Eso, si no dice adiós antes.
Porque su importancia dentro del campo ha disminuido, eso es una evidencia. La Liga de Naciones protagonizada por Oyarzabal en el puesto de delantero centro cierra un poco el debate en torno a esa posición del campo. Cierto que no es un delantero centro al uso, pero con dos asistencias el día de Francia y un gol en la final contra Portugal, más todo lo que aporta en la presión y en la salida de balón, ahora mismo le sitúan como el nueve fijo, por delante de otras opciones como Samu Omorodion, casi inédito en esta Liga de Naciones, o Dani Olmo, que también puede jugar ahí. Precisamente esa carestía ayuda a pensar que Morata puede continuar.
La noche en Tenerife concluyó con un poco de lluvia, con la sonrisa de los tres debutantes (Paredes, Samu y Pablo Barrios) y con un entrenador feliz. Primero dejó hablar a los chavales con los medios, y ahí se escucharon todos los lugares comunes que uno pueda imaginar. "Muy feliz", "lo importante era la victoria del equipo", "he tenido personalidad para tirar el penalti", etc... Esta última frase fue de Bryan Zaragoza, el más 'echao pa'lante' de todos.
Luego le llegó el turno a Luis de la Fuente, al que cada vez le da menos vergüenza decir lo que piensa, piensen lo que piense de él. "Estoy orgulloso de ser español, de ver cómo la afición vive esta selección y cómo esta selección no se cansa de ganar para dar alegrías a la gente", expresó en su primera respuesta ante los medios, después de saludar al seleccionador suizo, que andaba arrastrando un catarro desde el sábado.
Preso de su propio discurso, a De la Fuente le preguntaron qué hará ahora en este parón de cuatro meses, pues la selección no se vuelve a juntar hasta la segunda quincena de marzo para jugar los cuartos de final de la Liga de Naciones, donde se encontrará, lo sabrá el viernes, a Holanda, Croacia o Italia, con el partido de vuelta en casa. "No hay tiempo para descansar. Hay mucho trabajo por hacer. Necesitamos no bajar la guarda, ver partidos, hacer seguimiento de jugadores, para que, cuando vengan, los jugadores sepan que les daremos armas para ganar partidos. Eso genera confianza", explicó quien tiene algún que otro plan para estas primeras semanas.
El gesto de Morata
Al margen de los debutantes, hubo otros dos protagonistas. Uno que casi era también debutante, Casadó, y Morata. El mediocentro del Barça dio un puñetazo y anunció que ha venido para quedarse por si Zubimendi un día no puede. Completó un partido estupendo, "jugando como un veterano cuando apenas lleva un partido y medio", según De la Fuente.
Y luego está lo de Morata. El capitán, al que le hicieron el primer penalti, está a un gol de igualar a Fernando Torres como tercer máximo goleador de la selección. Ese era el momento de conseguirlo, pero el público empezó a corear el nombre de Pedri y el siete le entregó el balón al canario, que lo falló. "Otra grandeza del capitán, para que luego se diga", zanjó el técnico.
Por inesperado o por extraordinario, la Plaza de Cibeles de Madrid, esta vez teñida de rojo, se abarrotó de gente para acoger un nuevo triunfo de la selección. La cuarta. Muchos de los que ayer agitaban la bandera gritando a sus nuevos ídolos no estaban cuando, hace ya 12 años, Sergio Ramos tenía el honor de presentar al número 23 de aquella selección, Pepe Reina, que antes había hecho lo propio con el resto de jugadores de ese equipo que se hizo leyenda. Pero esta vez fue diferente. Fue la noche de los chavales, de esos que eran muy pequeños entonces, pero que han conectado como nadie con un país ansioso por volver a gritar, con orgullo, "¡Campeones, oé, oé!". Ellos eran la atracción y ellos protagonizaron la fiesta.
Una celebración que empezó horas antes de la llegada de los jugadores, cuando los clásicos como Yo soy español, español, español o el We will rock you de Queen comenzaron a sonar. Ya no pararían. Tampoco lo hizo el calor, que obligó a los presentes a asentarse en los lugares más inhóspitos, árboles incluidos.
Así, sobre las 22.00 horas, llegaron a una plaza que, rodeada de camiones policiales, vehículos blindados y plagada de familias de todas las partes del país y del mundo, esperaba eufórica su llegada: "Venimos desde Huelva solo para ver la celebración. Llevamos cuatro horas de espera para coger un buen sitio. Lo importante es que los chavales lo recuerden y lo pasen bien", decía un padre onubense.
"Respeta a todo el mundo"
También argentinos, que fueron campeones de América en la misma noche del domingo, quisieron acompañar, con la camiseta albiceleste, la histórica celebración. Allí, junto a la diosa griega esperaban las madres, que no dudaron en mostrar su emoción por lo que estaban viviendo. "Estoy muy contenta y orgullosa de lo que Nico ha conseguido. Es un chico que respeta a todo el mundo", dijo María a TVE. Todo un símbolo.
El baile fue un elemento esencial durante toda la noche, con Wally López, Aitana, que acertó con su predicción para la final e Isabel Aaiún, autora de la canción fetiche de esta Euro: Potra salvaje. Porque esta selección demostró ser así, "libre como el principio de una canción". Sin complejos, sin la necesidad de imitar ni ser nadie más que ellos mismos. Tardaron, el procolo obligaba a saludos protocolarios que, quizás, retrasaron más la gran bienvenida de lo esperado, pero un gran escenario decorado con los colores de todos les esperaba para animar la fiesta. Ni siquiera Ibai Llanos, que bromeaba en los momentos previos con Marc Cucurella, se lo quiso perder.
Vista general de la Plaza de Cibeles, el lunes.EFE
Como en todo acto que se precie, lo primero es presentarse. Y así lo hicieron. Vídeo con todos los goles, móviles en alto para inmortalizar el momento y a saltar. El primero fue Álvaro Morata, el capitán, que con una sonrisa radiante levantaba al cielo de Madrid el trofeo mientras era ovacionado. "Españoles, ¡somos campeones de Europa!", gritó tres veces. "¿Sabéis por qué? Porque habéis creído y lo hemos notado", dijo el delantero rojiblanco. "Ha sido un auténtico orgullo ser el capitán. Os aseguro que siempre me he dejado la vida por intentar conseguir esto". "Tenemos el mejor país del mundo, la mejor comida, los mejores sitios de vacaciones, los mejores trabajadores, somos el mejor país del mundo", terminó.
Justo después, se vistió de ese Pepe Reina que tanto recordábamos, y que el propio Álvaro se encargó de homenajear, para presentar a sus compañeros. Desde David Raya, pasando por Dani Carvajal o por Robin Le Normand que, a pesar de no estar acostumbrado a hablar delante de tanta gente, sí que se atrevió a gritar bien fuerte: "¡Viva España!".
También nos dejó un surtido de apodos, como el "teniente Vivian", con el que parafraseó la canción de La Bamba o el "tiburón" para Ferran Torres. Joselu se arrancó con Luis Miguel, Dani Olmo con Estopa o Grimaldo que vibró con La Falda de Myke Towers. También Álex Remiro, el único que no ha podido jugar en el torneo, se llevó su merecido aplauso. "Gibraltar es español", fue otro de los gritos coreados.
Solo quedaba el míster, Luis de la Fuente, que después de ser manteado por todos los jugadores, también mandó un mensaje al país: "Unidos somos más fuertes". Así fue la noche en la que España celebró, simplemente, ser campeona.