El juzgado número tres de Mataró, en funciones de guardia, ha acordado esta tarde la prisión provisional sin fianza para el presunto autor de haber apuñalado al padre de Lamine Yamal el pasado jueves en Rocafonda. Al mismo tiempo deja en libertad a los otros tres detenidos pero estarán obligados a cumplir una serie de medidas cautelares. Dos de ellos tendrán que personarse en el juzgado dos veces al mes, no podrán abandonar el país y tampoco acercarse a la víctima a menos de 300 metros durante un año. Para el último se ha decretado la prohibición de comunicación y alejamiento a menos de 200 metros de la víctima durante seis meses.
Esta decisión se conoce después de que el padre del jugador del Barcelona, Mounir Nasraoui, haya recibido el alta médica y abandonado el hospital Germans Trias y Pujol de Badalona donde se encontraba ingresado. Aun así, la causa todavía queda abierta por los delitos de homicidio en grado de tentativa y lesiones.
Los hechos ocurrieron cuando la víctima se encontraba en un parking detrás del campo al que solía acudir con su hijo cuando era pequeño. Allí le asestaron tres puñaladas en el abdomen que, según contó en el programa de televisión El Chiringuito a través de una llamada telefónica, le llevaron a estar “entre la vida y la muerte“.
La visita de su hijo
Alarmado por lo ocurrido, el delantero del Barcelona quiso acudir al hospital pero, una vez le tranquilizaron sobre su estado de salud, decidió ir al día siguiente al hospital para visitarlo.
Esta mañana el jugador ha entrenado junto a sus compañeros y todo apunta a que podrá jugar ante el Valencia en su estreno liguero. De hecho, su entrenador, Hansi Flick, admitió en rueda de prensa que “sí puede jugar”.
El apodo de Gran Capitán se lo puso a Gonzalo Fernández de Córdoba la tropa, no la corte, pese a la proximidad con Fernando el Católico que se había granjeado el militar cordobés. Al valor y la dedicación mostradas en los campos de batalla, desde Granada hasta Nápoles, Fernández de Córdoba añadía capacidad de convencimiento y sentido de la estrategia, cualidades que reforzaban su autoridad moral, ante los suyos como frente al enemigo, y le convertían en un gran negociador. La huida del sultán Boabdil de Granada y la capitulación del último reino nazarí de Al-Andalus fueron fruto de sus mediaciones: no más sangre. El Madrid no necesita Reconquista alguna, no desde la 'Séptima', porque su historia moderna es la de la conquista permanente. Pero necesita a un gran capitán que de ejemplo en el campo y recuerde con sus palabras y sus gestos en el vestuario cómo y por qué se conquista, más allá del ruido y los arbitrajes.
Luka Modric es el primer capitán, pero no siente esa condición como antes, porque se observa apartado del juego, suplente. El segundo, Dani Carvajal, que cura sus heridas, es al que muchos esperan, en la tropa y la corte, como a ese capitán que urge ahora que llegan las grandes batallas. Encararlas sólo a través del catalejo de errores como el de Muñiz Fernández y el VAR en Cornellá, donde debió ser expulsado Romero por la cacería de Mbappé, es como meter a todo el equipo en un embudo.
«Que vuelva Carva, aunque sea con muletas, lo necesitamos, porque da dos gritos y pone a todos firmes», se escucha en Valdebebas. La nostalgia por el jugador es tremenda en el campo, donde Lucas Vázquez se ve devorado por la banda que era capaz de devorar un partido tras otro Carvajal, y Valverde pone piernas, pero nadie pone tanto y en ambas direcciones. La baja de Rüdiger aumenta las urgencias.
El mejor lateral del mundo
El lateral de Leganés es como una espada de acero templado: nada la doblega en defensa y todo lo atraviesa en ataque. Dijo Carvajal que se creía el mejor lateral del mundo. Puede considerarse una afirmación presuntuosa, si se quiere, pero en absoluto exagerada. Los títulos, su sexta Champions y la Eurocopa en 2025, y los premios, cuarto en el Balón de Oro y 'The Best', le dan la razón. Carvajal los merecía tanto como Rodri o Vinicius. Si fuera por títulos, más, pero el 'showbusiness' no aprecia a los defensas, salvo si eres Piqué. Carvajal tiene sus cosas, pero muy poco de clown.
«Los próximos meses lo perderemos como jugador, pero no como líder en el vestuario, porque estará aquí y trabajará con nosotros. No nos vamos a aprovechar de su fuerza, pero sí de su cabeza, que es tan importante como su fortaleza física», dijo un Carlo Ancelotti que sabía bien de qué hablaba poco después de lesionarse Carvajal. La realidad es que la dinámica de la recuperación no permite esa vida en paralelo todo lo deseable. Es difícil ser líder sin serlo en el campo, incluso es complejo serlo desde la suplencia, que deteriora los egos y las relaciones. Que se lo pregunten a Modric.
Ancelotti, el pasado sábado en Cornellà.AFP
Carvajal se lesionó a principios de octubre, en un choque fortuito con Yéremy Pino durante un partido contra el Villarreal. La exploración confirmó los peores pronósticos: rotura del ligamento cruzado anterior, rotura del ligamento colateral externo y rotura del tendón poplíteo en su pierna derecha. Le aguardaba una temporada en blanco.
Bronca en Lille
La lesión no se producía en un partido cualquiera, sino en el siguiente que el Madrid disputaba tras la caída en Lille (1-0), clave para que el club blanco se haya quedado fuera del 'Top 8' de la Champions y ahora se vea abocado, en dieciseisavos, a un duelo muy complejo frente al City de Pep Guardiola. Sólo hay que rebobinar las cintas para recordar el rol que Carvajal ha tenido en algunos de esos duelos, como central improvisado en un agonístico final en el Bernabéu o cabecilla del 'Álamo blanco' en el Etihad. Pero volvamos antes a Lille, donde, en el descanso, Carvajal entró en el vestuario hecho una furia y comenzó a gritar a sus compañeros ante el silencio cómplice de Ancelotti, que levanta la ceja pero difícilmente la voz.
«El día a día sin Carva es más difícil, porque llama al orden a quién sea, además de tensionar los entrenamientos con su manera de competir también en Valdebebas», afirman en la Ciudad Deportiva. Es cierto que el equipo marcha líder en la Liga, pese a la última derrota ante el Espanyol, ha ganado todas las competiciones menos la Supercopa de España, goleado por el Barcelona, y únicamente en la Champions está ante una situación de alto compromiso, pero son varios los que en el vestuario sienten que falta algo.
A la prolongada lesión de Carvajal se unen las salidas de Nacho y Kroos. A pesar de no ser titular y de sentir que no era correspondido con los minutos que merecía, Nacho fortalecía el compromiso, junto a Carvajal y Lucas Vázquez o Sergio Ramos en el pasado. Todos formaban lo que en tiempos de Zidane en el banquillo llamaban el «comando español». Nacho ejerce esa función, hoy, en el equipo de Míchel en Arabia hasta con intérprete en sus arengas antes de los partidos.
Carvajal, premiado por la APDM.Kiko HuescaEFE
Al Madrid nunca le ha faltado un carácter en el vestuario, fueran Camacho, Hierro, Raúl o Sergio Ramos, por no retroceder hasta Di Stéfano, y hasta quienes ejercían la autoridad de los silencios, como Zidane o Kroos. Mbappé está, hoy, lejos de querer ese rol en el Madrid y su pretensión por ser el capitán de Francia no ha funcionado, por ahora. Con mucha calidad en el vestuario, pero perfiles heterogéneos, altos objetivos individuales, como los de Vinicius o Mbappé, y falta de un núcleo duro de la casa, el Madrid necesita a un Gran Capitán que llame al alto, aunque sea con muletas.
El Barça acabó la pretemporada con muy mal pie. En la que debía ser la fiesta de su trofeo, el Joan Gamper, cayó sin paliativos por 0-3 ante un Mónaco que supo castigar la tibieza barcelonista a nivel defensivo con goles de Camara, Embolo y Mawisa. Un resultado que rompe una racha de 11 victorias azulgrana consecutivas, desde que la Sampdoria, por la mínima y gracias a un madrugador tanto de Soriano, logró hacerse con la edición del año 2012.
Aproximadamente una hora antes de que el balón empezara a rodar, el Barça llevó a cabo la protocolaria puesta de largo de los jugadores que, al menos de momento, formarán parte de la plantilla que Flick tendrá bajo sus órdenes, en la que destacaron tanto unas cálidas ovaciones para Lamine Yamal, Gavi y Ansu Fati como algunos pitos para un Frenkie de Jong de quien los seguidores esperan que dé un paso más adelante. Además de esta puesta de largo, de forma excepcional, también tuvo lugar la presentación relámpago de las dos incorporaciones que el club ha cerrado con vistas a una temporada que, para los azulgrana, arrancará el próximo sábado ante el Valencia en Mestalla.
«Es un honor lucir esta camiseta. Poder decir que soy jugador del Barça es un sueño desde pequeño. Lo daré todo para dar muchas alegrías al club», apuntó un Pau Víctor que actuó en el filial barcelonista el curso pasado en calidad de cedido por el Girona, fue su máximo anotador y que se ha incorporado a la disciplina barcelonista tras el pago de 2,5 millones de euros fijos a los que se sumarían una serie de variables. Aparentemente, durante la pretemporada ha convencido a Flick y se perfila como su primera opción para relevar a Lewandowski cuando lo considere oportuno, si bien también pueden jugar juntos en el once.
«Estoy muy contento de volver a casa, es un suelo hecho realidad. Tengo muchas ganas de llevar esta camiseta, con este escudo. He venido a ganar, tenemos un gran equipo, una gran afición, somos un gran club e iremos a por todo esta temporada», señaló por su parte un Dani Olmo que aún tendrá que esperar para tener sus primeros minutos sobre el césped. Hansi Flick, mientras, fue tan o más parco en palabras que el día de su presentación como técnico azulgrana. «Buenas tardes, culés. Estoy muy contento de estar aquí», señaló inicialmente en catalán. «Todo el equipo y todo el staff trabajaremos muy duro. Con vuestro apoyo seremos más fuertes», finalizó ya en inglés. Marc-André ter Stegen, primer capitán una vez confirmada la marcha de Sergi Roberto, en cambio, sí se extendió algo más. «Estamos muy orgullosos de defender estos colores y este escudo», empezó también en catalán.
Agradecimiento a Xavi
«Queremos dar las gracias a Xavi y su staff, por todo lo que aportaron como cuerpo técnico y su sacrificio. Y, también felicitar a Sergi Roberto por todo lo que ha conseguido. Serán recordados para siempre en nuestra casa como dos leyendas», arengó el guardameta ya en castellano. «Empezamos esta temporada con mucha ilusión. Damos la bienvenida a nuestro nuevo entrenador, Hansi Flick, y su staff y esperamos que juntos tengamos muchos éxitos. Además, este año hay un evento que me llena de ilusión: la vuelta a nuestra casa, el Spotify Camp Nou», sentenció el alemán.
Ferran Torres pelea por un balón.MANAURE QUINTEROAFP
En la presentación de su proyecto en casa, Flick apostó por por un primer once con muchos jóvenes, con jugadores como Balde en la defensa, Marc Casadó, Pablo Torre o Marc Bernal en la medular y el propio Pau Víctor en punta. Acompañados, claro, por jugadores más bregados, como Ter Stegen bajo los palos, Koundé, Christensen e Íñigo Martinez en la zaga y Lewandowski y Raphinha en el ataque. Con un juego que fue de más a menos a lo largo de los primeros 45 minutos, tanto el Barça como el Mónaco tuvieron opciones para abrir el marcador, pero escasa puntería para concretarlas. La más clara, eso sí, acabaría con el balón en el fondo de la red del conjunto monegasco. El tanto, obra de Raphinha a pase de Pablo Torre, sería finalmente invalidado por fuera de juego.
Un despiste defensivo, prácticamente nada más arrancar la segunda parte, le costó muy caro al Barça. Camara, aprovechando la poca fuerza del pase de Íñigo Martínez y la falta de atención de Bernal, se llevó el balón y batió cómodamente a Ter Stegen para marcar el 0-1. No tardaron mucho tampoco los visitantes en echarle más sal a la herida. En este caso, por medio de Embolo, quien aprovechó un pase a la espalda de la zaga azulgrana para poner el 0-2 en el marcador. La salida al campo de Lamine Yamal animó un poco a una grada enfriada por los dos tantos rivales. Y a punto estuvo Pau Víctor de aprovechar una buena asistencia de la joven estrella azulgrana para recortar distancias. El Mónaco, por medio de Mawisa, desató múltiples pitos en la grada de Montjuïc con un 0-3 que sentenció definitivamente la derrota barcelonista.
Antes que lo hiciera Valentín Vacherot, hace ya casi 30 años un español vivió una historia de película de esas que tanto gustan en el tenis: procedente de la previa y situado en el puesto 146 del ranking ATP, ganó el Masters 1000 de Hamburgo en 1996 tras derrotar a un futuro número uno, Yevgueni Káfelnikov, y a un futuro número dos, Álex Corretja. Era Roberto Carretero.
Apenas tenía 20 años. Antes ya había sido campeón júnior de Roland Garros y su físico imponía: era una bestia, bombardeaba con la derecha. Nadie dudaba sobre su futuro. Pero ahí acabó su carrera. En las temporadas posteriores, una mezcla de lesiones, frustraciones y fiestas lo llevaron a una retirada temprana. Por suerte, supo reciclarse como comentarista en Movistar, donde ya acumula 18 años. Y también, por suerte, cuenta su experiencia con humor en el libro El tenis desde dentro. Del vestuario a la cabina: un viaje al corazón del tenis, recientemente editado por Mauri Spagnol.
La mayoría de aficionados al tenis le conocen como comentarista y apenas le recuerdan como tenista.
Es normal. Han pasado muchos años y antes era muy complicado conseguir visibilidad. No se emitían todos los partidos, ni siquiera todos los torneos. Y era imposible entrar en la Copa Davis, que era la competición más seguida, porque había 14 españoles en el Top 100 de la ATP. Siempre hay algún tuitero que dice: "¿Éste con quién ha empatado?". Pero la mayoría del público es más amable y cambia la pregunta: "¿Qué te pasó?".
¿Y qué le pasó?
Tenía mucho potencial, y lo sabía, pero necesitaba tiempo y no supe dármelo. Me falló la cabeza. Tuve lesiones, especialmente en el hombro, y las lesiones siempre son difíciles, pero eso es solo una excusa. Era muy blando mentalmente. Con las derrotas me fui desinflando, y mi cabeza dijo basta muy pronto. A día de hoy todavía quiero las cosas cómodas, lo quiero todo fácil. Con los años he ido curando la frustración por no haber alcanzado mis objetivos, pero en su momento fue duro.
Póngase en valor.
En mis tiempos había muy pocos jugadores que jugaran con mi explosividad, que saltaran para pegar, que golpearan tan fuerte. Hoy se juega más recto, pero yo jugaba con mucha velocidad pese a usar parábolas y efectos. Quizá me parecía a Fernando González. Me da apuro, pero a veces me comparo con Carlos Alcaraz. Me veo reflejado en su tenis: la derecha, los apoyos, las dejadas... aunque mi revés era mucho peor que el suyo y mi físico... bueno, yo estaba todo el día lesionado.
También es cierto que entrenaban como burros. En el libro cuenta que llenaban carros del Pryca con bolas y que golpeaba más de 200 derechas seguidas con una tensión en la raqueta de 40 kilos. Es una animalada.
Nací antes de lo que me tocaba. Con mi físico -pesaba 92 kilos y no era muy alto- necesitaba entrenar menos y hacer más prevención de lesiones. ¿Cómo iba a aguantar mi cuerpo machacándome así? A mí el tenis me reventó. A día de hoy me levanto y me duele todo. Estoy jodido por todos lados. Y eso que ahora me cuido. El problema es que, como jugador, no me cuidaba nada.
Alcaraz no se inventó la fiesta.
Alcaraz es un amateur de la fiesta comparado con lo que salíamos en nuestra época. En aquellos tiempos también estaban Pato Clavet o Beto Martín, que se cuidaban muchísimo, pero el resto... Se salía más que ahora, eso está claro. Si estábamos en casa, en Barcelona, salíamos cada semana, cada sábado, era una rutina. Y si estábamos fuera, los propios torneos organizaban fiestas. Alcaraz saldrá seis o siete veces al año, se tomará un par de copas y se lo pasará en grande. Pero lo nuestro era otra cosa. La diferencia es que antes no se hablaba, y ahora él lo muestra en un documental. Me parece fantástico que lo haga.
Habla en el libro de la soledad del tenis.
Hay muchos viajes, muchas noches de hotel... tienes que estar muy bien rodeado. A los 20 años mandas sobre tíos de 50: entrenadores, preparadores físicos o fisioterapeutas. Tú les pagas, tú eres el jefe, y dependen de ti. Eso no pasa en otros deportes. Si destacas en el fútbol o el baloncesto, el que manda sigue siendo el entrenador.
Es un deporte para quien sabe sufrir.
Totalmente. Y eso es muy duro. Te paseas por los clubes y apenas ves a niños disfrutando. Todos están cabreados. Y lo mismo pasa con los veteranos. En cambio, pasas por las pistas de pádel y la gente se lo pasa bomba. En el tenis te enseñan a jugar con amargura, a sufrir, a pasar penas. Espero que eso cambie algún día. Alcaraz me parece un pionero en ese sentido: ojalá normalice sonreír en la pista.