El esloveno Primoz Roglic, uno de los favoritos para el Tour de Francia, abandonó la carrera el viernes por la mañana justo antes de la 13ª etapa tras su fuerte caída la noche anterior, así lo anunció su equipo Red Bull-Bora.
“Después de una revisión detallada por parte de nuestro equipo médico anoche y nuevamente esta mañana, se tomó la decisión de que Primoz Roglic no será titular hoy“, dijo el equipo.
El ganador del último Critérium du Dauphiné fue sexto en la clasificación general, a 4:42 del maillot amarillo Tadej Pogacar.
El jueves bajó dos puestos tras una fuerte caída en la final de la duodécima etapa.
Eterna maldición del Tour de Francia, única Gran Vuelta que falta en su colección, cruzó la meta a más de dos minutos del ganador y con el hombro derecho sangrando.
El esloveno de 34 años ya había caído en el mismo hombro en el Dauphiné y tiene fama de caer a menudo al suelo, ya sea por falta de destreza o porque llegó al ciclismo muy tarde tras una carrera inicial en saltos de esquí.
El jueves, no pudo hacer mucho cuando el kazajo Alexey Lutsenko chocó contra una isla separadora en forma de salchicha que lo hizo girar y atropellar a varios corredores.
Pogacar y sus dos perseguidores en la general, Remco Evenepoel (a 1:06) y Jonas Vingegaard (a 1:14) pasaron sin incidentes. No fue lo mismo para Roglic, que colocado en el lugar equivocado, en el momento equivocado, pasó por encima de su bicicleta.
El paso del Mortirolo se abrió antes de la Segunda Guerra Mundial para que los ganaderos llevaran las cabras a los pastos de las tierras altas. La brecha trazada en una de las costillas de los Dolomitas también fue utilizada por los contrabandistas por esquivar el control de los carabinieri. La leyenda envuelve a esta mole de rampas infernales. Dureza extrema para un gigante que rivaliza con los imponentes Stelvio, Gavia y Pordoi.
Allí, Franco Chioccioli sentenció el Giro de 1991. Allí, Marco Pantani demarró como nunca a falta de 10 kilómetros para la cima en 1994, aquella ronda perdida por Miguel Indurain con Eugeni Berzin. Allí, Alberto Contador, en 2015, firmó su remontada más célebre al rebasar a todos tras afrontar la subida con una desventaja de 50 segundos por una avería mecánica.
Esta subida, cubierta con un bosque de coníferas que apenas deja pasar el aire, es un retablo para los escaladores de tronío, como Tadej Pogacar, tan apasionado de la mística de la Corsa Rosa, que este domingo se anotó la etapa reina de un Giro en el que nunca ha tenido adversarios de alta intensidad. Aventajó a Geraint Thomas y a Daniel Martínez en 2.50 minutos. Ya supera a sus rivales más próximos en cerca de siete minutos y todavía resta una semana de alta montaña. ''Ha sido uno de los mejores días de mi vida'', declaró el bicampeón del líder inabordable, vencedor de cuatro etapas en su debut en la ronda italiana.
El esloveno volvió a abrumar en una jornada de tremendo desgaste con un ataque demoledor a falta de 14 kilómetros para la meta, ubicada en la estación alpina de Livigno, que terminó con las esperanzas de renacimiento de Nairo Quintana. El colombiano fue segundo y presentó su mejor actuación en el regreso al Movistar.
El temor al Mortirolo marcó el desarrollo de la cita de este domingo, con la etapa maratoniana (222 kilómetros y cinco puertos). El pelotón se rompió con una macrofuga de 60 corredores, que alcanzó una ventaja de cinco minutos antes de afrontar el ascenso al puerto alpino, que se hizo por su vertiente más suave, la de Edolo Monno, con 12,7 kilómetros al 7,7% de pendiente media. En la aventura se metieron gente con vocación ofensiva en la escapada, como Quintana, Valter, Juanpe López, Alaphilippe, Storer, Steinhauser, Narváez o Pelayo Sánchez. Scaroni tuvo el privilegio de pasar primero por la cúspide del Mortirolo.
La renta de los fugados fue disminuyendo por la presión del UAE e Ineos. A falta de 30 kilómetros y con dos puertos por delante y en ascensión permanente, la diferencia bajó a los 3.40. Los aventureros quedaron reducidos a una veintena.
Los gregarios de Pogacar controlaron la situación con rienda larga. En últimas rampas de Passo Foscagnio, a 14 kilómetros de la meta, el líder decidió que había llegado la hora de los fugados. Aceleró y sin apenas oposición de marchó para superar a todos. Quintana y Steinhauser fueron los últimos. Al colombiano le cazó a falta de 2.000 metros para la clausura, en las rampas más dura de Livigno, un lugar que conoce muy bien, porque allí se levanta un centro de alto rendimiento muy visitado por el equipo UAE. ''Livigno es uno de mis sitios favoritos de Italia'', señaló un líder que amenaza con cerrar el Giro con una de las ventajas más alta de la historia reciente. Honor y gloria para un inagotable generador de espectáculo.
Sendas distintas para evitar coincidencias y no frenar la progresión del nuevo talento español. Joxean Fernández Matxin, tras la polémica nacida en el último Tour, ha preferido separar los caminos de Juan Ayuso y Tadej Pogacar. El chaval de Jávea admira al esloveno pero se siente incómodo en el rol de gregario, por ese motivo apenas coincidirán durante la temporada. Mientras el campeón del mundo se volcará en las clásicas antes de acudir al Tour, su compañero afrontará carreras de una semana para preparar el Giro de Italia.
Ayuso, que ha firmado un arranque excelente de curso, con victorias en el Trofeo Laigueglia y en Faun Drome, acude este lunes a una de sus rondas predilectas, la Tirreno-Adriático, y a final de marzo a la Volta Catalunya. En la cita italiana de 2024 sorprendió con un segundo puesto en la clasificación general, sólo superado por Jonas Vingegaard, y con una victoria en la contrarreloj inaugural en la que batió al especialista Filippo Ganna. Hoy, la ronda vuelve a levantar el telón en el mismo y agradable escenario que en 2024, en Lido di Camaiore, con una crono de 11,5 kilómetros.
«Estoy contento con mi rendimiento y con el gran trabajo realizado por el equipo en el inicio de la temporada», ha señalado el escalador del UAE, que parte como principal reclamo de una carrera que finaliza el próximo domingo y que incluye dos jornadas montañosas (tercera y sexta) propicias para el joven español. Entre sus principales adversarios para la conquista del Tridente de los dos mares figuran Mikel Landa (tercero en 2021 y 2022), el británico Simon Yates (ganador en 2020), el australiano Jai Hindley (tercero en 2024) y el ecuatoriano Richard Carapaz.
Otras figuras en la carrera de entre mares son Mathieu Van der Poel, el ex campeón mundial y siete veces arcoíris de ciclocrós, que afina la forma para la Milán-San Remo, y el británico Thomas Pidcock, segundo en la Strade Bianche, que atraviesa por el mejor momento de su trayectoria deportiva.
Quien no estará en la Tirreno-Adriático será Jonas Vingegaard, que ha preferido acudir a la París-Niza, que arrancó el domingo con victoria al sprint del belga Tim Merlier.
En las pedaladas desacompasadas de Ben Healy (Birmingham, Gran Bretaña, 2000) no se intuye rastro de eso que en el ciclismo se llama clase. No resulta agradable verle avanzar, casi siempre agarrado a las manetas superiores del freno y con la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha. Pero, más allá de la estética, lo del nuevo líder del Tour de Francia, un pequeño irlandés con pelo largo, barba y pendientes, se veía venir.
Desde incluso antes de llegar al profesionalismo en 2022, era famoso por sus locuras. Por intentar escaparse lo antes posible y, a poder ser, sin compañía. Con 18 años, Healy se convirtió en el ganador más joven de una etapa del prestigioso Tour del Porvenir. En solitario, claro. Como no había ningún equipo irlandés en la carrera de 2019, Healy y su compatriota Daragh O'Mahony fueron seleccionados para un combinado UCI junto a un peruano, un marroquí y dos corredores de la República Checa. Un año después, volvió a sorprender al mundo proclamándose campeón de Irlanda por delante de Nicolas Roche.
A Healy, puro carisma, el ciclismo le viene por su padre Bryan, que tampoco nació en Irlanda. Cuando era adolescente y ya comenzaba a despuntar en el equipo Wiggins, Ben decidió obtener la ciudadanía del país de sus abuelos paternos -que habían llegado a Londres desde Cork por motivos laborales en los 60-, donde veraneaba de niño. «Sentí que fue una buena decisión y, siendo sincero, al principio fue por las oportunidades, pero la conexión familiar estaba ahí, y ahora me siento realmente parte de Irlanda. Esa parte de la familia también está orgullosa de lo que he hecho. Vuelvo de vez en cuando, pero no tan a menudo por las carreras», reconocía recientemente.
Tras Elliott, Kelly y Roche
El aventurero Healy, un tipo que acostumbra a martirizar a sus compañeros de fuga y que cuenta entre sus hazañas la victoria de etapa en el Giro de 2023 (50 kilómetros en solitario), la de la última Vuelta al País Vasco (57) y la del pasado jueves, su estreno en el Tour, en Vire (43), pretende ahora conservar lo máximo posible el amarillo. «Esto es un cuento de hadas, un sueño hecho realidad. A partir de ahora, me centraré en la general para respetar el maillot amarillo e intentar conservarlo el mayor tiempo posible», lanzaba el lunes.
Healy es el cuarto irlandés que lo consigue y el primero en 38 años, desde Stephen Roche, el único ganador (aunque con sólo tres etapas con el liderato), por delante de Perico Delgado y completando en 1987 un histórico doblete con el Giro. Antes, Sean Kelly en el 83 (una etapa) y Seamos Elliott en 1963 (cuatro). «Es un poco hipster, pero sabe lo que quiere y tiene las piernas para conseguirlo. Es un verdadero luchador y un trabajador incansable», le reivindicaba Roche tras lograr el liderato.
Healy, que vive entre Girona y Andorra junto al ciclista profesional Tom Gloag, pedalea feo y mide poco más de 170 centímetros, pero es la forma de acoplarse en la bicicleta uno de sus puntos fuertes. «Es increíblemente aerodinámico y tiene una potencia increíble», le elogiaba ayer su compañero en el Education First- EasyPost, Harry Sweeny. En la lucha contra el crono lo demuestra.
Healy, el pasado lunes, camino de Le Mont-Dore Puy de Sancy.AFP
Es posible que hoy, en la etapa con inicio y final en Toulouse, logre mantener el liderato. Pero está por ver cómo rinde en la alta montaña. Es la gran pregunta que se hacía el Tour en el día de descanso. En cualquier caso, Healy es toda una incógnita, un tipo inclasificable que se formó en el velódromo, que de adolescente brilló en mountain bike y que este mismo año fue podio en la Lieja-Bastoña-Lieja (décimo en la Amstel y quinto en la Flecha Valona).
«El nivel de Pogacar y Vingegaard es increíble. Tendré que mejorar muchísimo si quiero reivindicarlo. Vi a Tadej después de la meta: súper fresco, mientras que yo estoy agotado. Pero espero poder volver al Tour algún día con mayores ambiciones», concedía en la llegada de Le Mont-Dore, donde observó con suspense y escoltado por su madre cómo su ventaja le daba el liderato. Porque, a sus 25 años, es sólo la tercera Gran Vuelta para Healy tras el Tour del año pasado y el Giro del 23. Hautacam, el jueves, pondrá a prueba al hipster irlandés nacido en Birmingham y los 29 segundos de ventaja que tiene con Pogacar.