En las décadas de los 80 y 90, el wrestling era como una religión en Estados Unidos, donde tenía millones de seguidores. Uno de los rostros más conocidos del mundo de la lucha libre en esa época, Virgil, ha fallecido a los 61 años sin que hayan trascendido por el momento más detalles.
“Queridos amigos, con gran tristeza traigo la noticia de la familia Jones del fallecimiento de nuestro querido Michael Jones. Virgil falleció pacíficamente en el hospital esta mañana y os pido que recéis por él y por su familia. ¡Que su memoria sea eterna!”, ha confirmado Charles III, árbitro de este espectáculo y amigo de la familia de Virgil.
Michel Jones, el hombre más allá del personaje, padecía un cáncer de colon en fase dos y pidió ayuda a sus fans para financiar los costes médicos para su tratamiento.
Virgil debutó en la World Wrestling Federation (WWF, ahora WWE) en 1987 como el asistente y guardaespaldas de Ted DiBiase, el mítico Million Dollar Man. Una amistad que, como parte del show, se volvió enemistad y los convirtió en rivales en el cuadrilátero.
Tras abandonar la WWE en los 90, Jones siguió dentro del mundo de la lucha libre, trabajando en otras empresas de este deporte. Su última pelea fue en el 2020, cuando participó en el evento independiente ‘Talk ‘N Shop A Mania 2: Rise of the Torturer’.
El 15 de octubre del año pasado, en la penosa sala de prensa del Nuevo Arcángel de Córdoba y tras sellar prácticamente su clasificación para los cuartos de final de la Liga de Naciones, Luis de la Fuente, sonriente, dijo esto: «No se trata de estar agrandado, son cosas ciertas. La tierra es redonda, aunque algunos piensan que es plana. No se puede ir contra las cosas ciertas. Estoy muy tranquilo, no estoy agrandado, pero si lo estuviera, me lo habría ganado porque otro, en estas circunstancias, tiraría de carisma. Yo soy humilde y no voy a cambiar. Ahí la dejo, báilala».
Eran tiempos en los que, incluso desde algún sector cercano al poder en la Federación, con Pedro Rocha apartado, se deslizaba que sí, que al seleccionador se le había subido a la cabeza la Eurocopa y que esa reclamación de un mejor contrato se le había ido de las manos. Porque ya en ese momento, octubre del año pasado, De la Fuente demandaba públicamente una renovación que ayer se cerró hasta 2028. Entre ese 15 de octubre y ayer, 27 de enero, han pasado 104 días y no pocas cosas.
Para saber más
De la Fuente, antes de la Eurocopa, había apalabrado su nuevo contrato con Pedro Rocha, el hombre que designó Luis Rubiales para guardarle el sillón mientras Luis Rubiales creyó posible irse para volver. El técnico tenía un contrato de personal de alta dirección desde que fue nombrado seleccionador sub'21, por el que cobraba alrededor de 600.000 euros brutos anuales. Al pasar al primer equipo escaló, aproximadamente, hasta los 800.000. Su acuerdo verbal con Rocha subía a 1,2 millones.
Habiéndole devuelto a España un título internacional de primer nivel, ocurren dos cosas nada más volver de Berlín: De la Fuente entiende que esa cifra debe revisarse, y Rocha ve cómo el martes 16 de julio, apenas dos días después de la final de la Eurocopa, el TAD (Tribunal de Arbitraje Deportivo) le inhabilita durante dos años. Es decir, De la Fuente se queda sin interlocutor válido para cambiar de contrato. Porque él, al margen del dinero, quería tener un contrato como seleccionador nacional. La situación de interinidad en la Federación impide que se firme nada. Nadie, ni la Junta Gestora ni el Secretario General, querían dar ese paso por miedo a seguir el camino de Rocha.
Difícil rehabilitación
De la Fuente, ante sus más allegados, se muestra molesto con su situación, y lo hace público en esa ventana de partidos de octubre, poco después de comenzar a trabajar con su nueva agencia de representación, conocida también por llevarle sus asuntos a Fabián Ruiz o Alexia Putellas (es en ese momento, conviene subrayarlo, cuando una parte de los que mandaban entonces en Las Rozas hablan de «recrecimiento» por su parte).
Solventados los partidos de noviembre y conocido el rival para cuartos en el sorteo, De la Fuente decide afrontar un reto que llevaba aplazando varios meses: el 3 de diciembre entra en el quirófano para operarse de su rodilla, algo que le va a exigir una rehabilitación difícil. Para ella, para la rehabilitación, se queda en Madrid y no falta ni un día a su cita con el gimnasio y con los fisios. Poco después, el 16 de diciembre, Rafael Louzán gana las elecciones a la presidencia y ese mismo día dice que lo primero que hará es llamar a De la Fuente para cerrar la renovación.
Luis de la Fuente.EFE
Pero no fue lo primero que hizo. Tardo varios días en llamarle, algo que tampoco gustó al entrenador, que sin embargo, por supuesto, se sentó con él para cerrar a principios de este mes un acuerdo que llega hasta 2028 y que ronda, si se cumplen todos los objetivos, los dos millones de euros brutos al año, un sueldo, ahora sí, de campeón de Europa. Esos pequeños malestares quiso ignorarlos ayer: «No ha habido discrepancias. Siempre he dicho que estaré en los sitios mientras sea feliz y lo soy. Ha habido sintonía y cercanía en todo momento. Es un momento de alegría para mí, para mi familia y espero que para todo el mundo del fútbol». Lo de la sintonía y la cercanía es discutible, pero eso dijo.
Llama la atención la duración, pues se rompe una regla no escrita en la Federación, desde hace más de tres décadas, según la cual a los seleccionadores se les renueva de gran campeonato en gran campeonato. De la Fuente ha firmado estar en dos seguidos (el Mundial 2026 y la Eurocopa 2028), con los riesgos que eso conlleva. En estos siete meses, De la Fuente ha tenido ofertas, la mayoría de ellas bastante «exóticas», según fuentes de su entorno, que no confirman ofrecimientos de Oriente Medio y algún escarceo poco claro con la Liga estadounidense a través de un famoso intermediario que ya llevaba los asuntos, en su día, de Luis Aragonés. "Estoy donde quería estar. Nunca he pensado en otra selección. Estoy feliz aquí y nunca he querido irme. Desde la estabilidad se trabaja mejor y eso es lo que tengo en mi casa, la Federación. Espero seguir muchos años más", zanjó ayer, y en algo tiene razón: él nunca quiso irse.
El Nuevo Mestalla le va a costar al Valencia 241,2 millones de euros. Así lo refleja la documentación recogida en el proyecto de ejecución que la pasada semana presentó al Ayuntamiento de Valencia. Será un estadio con 70.044 localidades, totalmente cubierto y que estará acabado en julio de 2027, cumpliendo así los plazos marcados por el consistorio.
El coste presupuestado por los autores del proyecto, los arquitectos Mark Fenwich y Javier Iribarren, supera en 20 millones de euros la cifra estimada por el club en el proyecto inicial, que era de 119 millones. Ahora, sólo por los cambios hechos en la cubierta, se eleva a 139,7 millones el precio de la obra que queda por ejecutar, a los que se sumarían los 63 que el club tiene invertidos en la estructura de hormigón. Por tanto, la cifra se iría a los 202, 7 millones, a los que hay que sumar el IVA y el beneficio industrial. En total, el nuevo estadio supondrá para el Valencia un coste de 241,2 millones de euros. Si se suman los 48 millones pagados por el suelo, la cantidad se aproxima a los 300 millones de euros.
Lo más caro es la cubierta, que pasa a ser del 100% de las localidades y los arquitectos presenta ahora como alternativa una solución diferente a la incluida en el proyecto básico del pasado mes de enero. Se trata de una cubierta formada por cables tensados y vigas de acero, cubierta por una membrana textil tensada en lugar de por los paneles de aluminio engatillado. Sería como una "enorme rueda de bicicleta horizontal", describen los arquitectos, que ven esta solución "mucho más ligera y luminosa que la solución inicial".
"Su diseño, de aparente sencillez, se asemeja a un velo que se dejara caer sobre una serie de postes verticales", añaden. Si bien la idea previa de los paneles de aluminio permitían en la instalación de "sistemas de generación de energía fotovoltaica", en este caso los arquitectos puntualizan: "Esta solución cobra sentido si se entiende que en ningún momento de la vida útil se va a tener necesidad de ocupar con paneles fotovoltaicos toda o parte del área de la cubierta".
En cuanto a la fachada, nada ha cambiado. Estará formada por bandas metálicas que en conjunto crean una piel curvilínea, paramétrica y tridimensional, y que hacen de telón de fondo de la imponente presencia del conjunto de pilares metálicos que sostienen la nueva cubierta ligera", recoge la documentación.
La definen como un nuevo concepto que responde " a una nueva filosofía de proyecto coherente con los valores de la nueva propiedad del club". "Sin perder un ápice de espectacularidad, y manteniendo una imagen corporativa, reconocible y elegante, es un edificio más amable con su entorno, más ligero, abierto y ventilado con una mejor relación del visitante con la ciudad que le rodea", añaden.
Fachada exterior del Nuevo Mestalla.E.M.
En cuanto a los asientos, la memoria contempla que serán 70.044 y se propone que sean abatibles, así como se mantienen en 900 las plazas de parking frente a las casi 3.500 del proyecto original de hace 15 años. De hecho, buena parte de los sótanos del estadio quedarán, por tanto, en bruto.
Este diseño y su presupuesto será auditado en breve por el consistorio para conocer el importe al que ascenderá y fijar las garantías en caso de incumplimiento.
Máquinas, en mayo de 2025
El Valencia también presentó al Ayuntamiento una cronología de las obras. Si bien está obligado a iniciarlas el 12 de enero de 2025, el inicio de los trabajos se alargará hasta mayo. El 11 de enero el club presentará el acta de replanteo a la que obliga la Ley de Ordenación de la Edificación (LOE). Se trata del documento en el que se detalla que la dirección y de la obra y los constructores, en este caso la UTE, han verificado el proyecto y están conformes, por lo que no hay impedimentos para iniciar las obras.
Después de 15 años, el estadio necesita adecuarse para poder volver a trabajar en él. Eso provoca que el inicio de los trabajos de arquitectura en el interior del estadio se fijen el 21 de mayo de 2025.
El inicio del montaje de la estructura de la cubierta, empezando por los pilares exteriores, llegará el 29 de diciembre de 2026, 16 meses después de iniciarse las obras. De hecho, el hito que marcará la fase final de la obras será la colocación de la cubierta, prevista para el 23 abril de 2027 cuando la entrega del estadio se hará el 11 de julio de 2027.
La previsión es que el Valencia pueda iniciar la temporada 27/28 en su nuevo estadio.
En la playa de Torrevieja unos cuantos hombres y mujeres arrancan a correr en la arena, se lanzan sobre unas embarcaciones rarísimas, como coches de Fórmula 1 sin ruedas, y se ponen a remar a toda velocidad. Sus siluetas y el sonido de sus jaleos se alejan mar adentro, pero de repente dan la vuelta, regresan a toda velocidad, se bajan en la orilla y esprintan para ser los primeros en apretar un pulsador rojo que está en el suelo.
La gente alucina. "Cada vez hacen cosas más raras", suelta alguno. Otros buscan las cámaras de televisión; parece la prueba de un concurso.
Pero en realidad son la élite mundial del remo de mar, un deporte con muy poca historia y mucho, muchísimo futuro: por lo pronto debutará en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
El epicentro mundial
Un día aparece por la población alicantina el estadounidense Christopher Bak, campeón del mundo, otro día quizá el británico James Cox, campeón de Europa, pero seguro que cada día está su anfitrión, Ander Martín, subcampeón del mundo y de Europa. Es el culpable de que España sea el epicentro de la disciplina. Su Beach Sprint Academy de Torrevieja es el único centro especializado en todo el globo.
"Es una especie de Centro de Alto Rendimiento para equipos de todo el mundo. Ha venido Gran Bretaña, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Japón, República Checa... Han pasado por aquí todos mis rivales y yo, encantado", cuenta Martín, que sabe que sus vecinos alucinan con sus entrenamientos.
"Se acercan y me preguntan: '¿Oye qué hacéis?' Al final siempre se reúnen 20 o 30 personas. Algunos lo confunden con piragüismo, incluso paddle surf. Pero después es superfácil de entender. Corremos, subimos al barco, damos una vuelta, bajamos y tocamos el botón. Son dos minutos de carrera, las regatas son un frenesí", añade el remero de 25 años.
De la pesca al podio
Esto del Beach Sprint es muy reciente. ¿Cómo ha creado ya una academia?
Hacía remo tradicional, estaba en el equipo nacional, pero me aparté en 2023 cuando vi que esto iba a ser olímpico. Es verdad que el formato sprint actual es muy nuevo, pero el remo de mar tiene mucha tradición en competiciones por equipos o cuartetos y, de hecho, así es como empecé. Soy de una pedanía de Torrevieja, toda mi familia se había dedicado a la pesca y desde pequeño me encantaba el mar. Siempre le pedía a mi madre que me apuntase a algún deporte de mar, pero no teníamos dinero para hacer vela, por ejemplo. Un compañero suyo hacía remo en el mar, me invitó a probar y aquí estoy. Cuando entró en la cita olímpica aposté toda mi carrera. Y después, con la academia, todos mis ahorros.
De momento, parece una apuesta exitosa. Este enero se realizará el primer campus de formación de esta modalidad y la idea es arrancar cursillos para no practicantes. Si el Comité Olímpico Internacional se enamora de la disciplina en el debut de 2028 y la incorpora al calendario fijo, España tendrá la mejor cantera del mundo.
Si no, como mínimo, podría tener una medalla porque Martín es aspirante a todo. "Para mí es inevitable plantearme ahora todo pensando en Los Ángeles. Tengo una hoja de ruta marcada para llegar en mi mejor momento. La competición será en Long Beach y ya he quemado Google Maps mirando arriba y abajo la playa en la que se harán las regatas", cuenta quien ya tiene incluso un movimiento característico.
La firma personal
Como las carreras son tan cortas —solo hay 250 metros de la playa a la boya donde hay que dar la vuelta—, se deciden en apenas dos minutos y hay mucha igualdad. Algunas veces uno de los remeros se cae al bajar de la embarcación o se trastabilla en plena playa y acaba perdiendo en los últimos pasos, justo antes de darle al botón rojo que marca al ganador.
Por eso Martín siempre acaba igual: cuando está a un metro del pulsador, se lanza como quien va a parar un penalty y aterriza sobre el mismo. Gane o pierda acaba rebozado de arena.
"Tengo que reconocer que empezó como una broma. En el primer Mundial que disputé iba ganando cómodamente, salté porque me daba tiempo, hizo gracia y ya me he quedado con eso", apunta el remero, ahora en plena pretemporada. En las últimas semanas ha competido en algunas regatas privadas, como el tradicional Challenge Príncipe Alberto de Mónaco, donde se repartían 10.000 euros, pero ya le toca centrarse en la campaña olímpica.
Con los rivales en casa, en su academia de Torrevieja, preparará la cita de 2028 para intentar ser el primer campeón olímpico de la historia del remo de mar.