En el Hotel La Oromana, entre el soplo apacible de pinares centenarios, no se exhibe hoy ninguna fotografía de lo que guardaron sus paredes hace cuatro décadas. Sólo la memoria de Rafael, uno de sus empleados, mantiene la llama de aquellos días de 19
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Todo viene girando demasiado deprisa para Désiré Doué, autor de 12 goles y 12 asistencias para el PSG desde mediados de diciembre. El extremo, de 19 años, sigue empeñado en saltarse los plazos con insultante descaro. De hecho, sólo ha transcurrido un mes desde que transformó el penalti definitivo en Anfield, que otorgaba el pase a cuartos de la Champions. Dos semanas más tarde llegaría su debut con Francia, cuando tampoco titubeó para anotar desde los 11 metros, camino de la Final Four de la Nations League. El pasado miércoles, su contribución resultó también decisiva, con un golazo ante un Aston Villa que acababa de adelantarse en el Parque de los Príncipes. París, la ciudad que idolatró a Kylian Mbappé, Neymar y Leo Messi, se rinde ahora a su nueva estrella.
Durante la última semana, la camiseta de Doué ha sido la más vendida en la tienda oficial del club, por delante de las de Ousmane Dembélé y Khvicha Kvaratskhelia. La fiebre en torno a su fútbol versátil y vertiginoso ha aumentado de tal modo que Luis Enrique sufre en cada rueda de prensa para aplacar la euforia. «Los cumplidos están muy bien, pero hay que concentrarse en el trabajo. A comienzos de temporada recibió algunas críticas y ha logrado adaptarse. Aún le queda mucho camino por recorrer», dijo el asturiano antes de la eliminatoria ante el Liverpool.
Entre las jóvenes estrellas de la Champions, el brillo de Doué ya rivaliza con el de Lamine Yamal, dos años menor. Sin embargo, a diferencia del azulgrana, Doué ha mostrado una mayor polivalencia en los tres frentes del ataque. Desde el comienzo del curso, Luis Enrique le alternó como extremo derecho (38% de los minutos), extremo izquierdo (21%) y punta (9%). Incluso apostó por él como mediocentro ofensivo (28%) para reforzar sus llegadas por el carril central.
Apuesta de Luis Campos
«Es muy joven, regatea bien, es muy técnico, físico y defiende bien. Me gusta, pero quiero más de él», comentó el ex entrenador del Barça a comienzos de curso. Por entonces, su mejor baza atacante era Bradley Barcola. Entre agosto y diciembre, Doué apenas jugó de inicio tres partidos de Ligue 1 y uno de Champions. Sin embargo, algo cambió a final de año. Justo cuando Luis Campos decidió desprenderse definitivamente de Xavi Simons. Tras un par de cesiones al PSV y Red Bull Leipzig, el director deportivo del PSG traspasaba al holandés a cambio de 50 millones de euros. Exactamente el mismo precio que pagó en verano al Stade Rennes para hacerse con Doué.
Hoy, Barcola ya no encuentra sitio en el once del PSG y ve amenazado su estatus en la selección. El pasado 23 de marzo, Didier Deschamps dio paso a Doué durante la segunda parte ante Croacia, sacrificando a Barcola y pasando por alto que el novato había llegado con algo de retraso a la concentración en Clairefontaine. Estas incipientes indisciplinas se asemejan bastante a las de Neymar, su gran ídolo. Al igual que el brasileño, Doué suele plantarse ante los defensas, totalmente quieto antes de la finta. Y le gusta ese autopase de espaldas con el empeine o celebra un gol con idéntica pose, a modo de homenaje. Neymar, claro, nunca se implicó tanto en tareas defensivas.
Por citar otra diferencia, Désiré no cuenta aún con el oro olímpico de su ídolo, autor de un gol y el último penalti de la tanda ante Alemania en Río 2016. El pasado 9 de agosto, España tumbó a Francia en el Parque de los Príncipes gracias a un doblete de Sergio Camello. Aquel viernes, Doué lideró el ataque bleu durante la prórroga, aunque no pudo definir la última ocasión, justo antes del 3-5. Tras un espectacular caño ante Jon Pacheco, fue taponado por Adrián Bernabé y su disparo se perdió ligeramente desviado de los dominios de Arnau Tenas.
Doué festeja el 1-1 ante el Aston Villa en París.AFP
Apenas una semana más tarde, el PSG presentaba a su nuevo futbolista y colmaba las arcas del Stade Rennes. Un nuevo hito para la mejor cantera del fútbol francés, que en los últimos años ya había hecho caja con Eduardo Camavinga (31 millones del Real Madrid), Mathys Tel (20 millones del Bayern) y el propio Dembélé (35 millones del Dortmund). El contrato firmado hasta 2029 debe considerarse un logro de Maho, su padre, que también ejerce como representante.
Esa vía paterna, procedente de Costa de Marfil, es la que ha elegido Guéle, su hermano, que juega de lateral derecho en el Estrasburgo y que se ha decantado por Los Elefantes, vigentes campeones de la Copa de África. Las raíces francesas, por parte de madre, deben interpretarse bajo el prisma de la semántica. Porque rara vez un nombre y un apellido dijeron tanto de un futbolista. Désiré, en la lengua de Montaigne, significa "deseado" y Doué, "talentoso".
Desde la creación del Mundial de Constructores en 1958, sólo 10 pilotos se proclamaron campeones de Fórmula 1 con un coche que aquel mismo año no conquistó el título de marcas. Esta selecta nómina arranca con Mike Hawthorn (1958) e incluye a figuras de la talla de Jackie Stewart (1973), James Hunt (1976), Keke Rosberg (1982), Alain Prost (1986), Michael Schumacher (1994), Mikka Hakkinen (1999) o Lewis Hamilton (2008). Sin embargo, sólo Max Verstappen (2021, 2024) y Nelson Piquet (1981, 1983) lograron la hazaña por duplicado. Hoy, a falta de cinco grandes premios para el cierre del Mundial 2025, Mad Max apura sus opciones para completar una tercera con la que desempatar con su suegro.
Porque Piquet, de 73 años, es el padre de Kelly, esposa de Verstappen, y el abuelo de Lily, la pequeña hija de la pareja, nacida el pasado mayo. Célebre por su constancia y determinación al volante, acostumbrado a la polémica por sus intempestivas declaraciones, el tricampeón brasileño conquistó dos de sus tres títulos con sendas remontadas ante Carlos Reutemann y Alain Prost que ahora podría reeditar su yerno frente a los pilotos de McLaren.
Antes de que mañana se dé la salida en el GP de México, Verstappen cuenta con 40 puntos menos que Oscar Piastri, líder del Mundial, y 26 menos que Lando Norris, su compañero en la escudería de Woking. Un sustancial déficit que no le permite ni un error en las cinco carreras y dos sprint races restantes, pero no imposible de nivelar. De hecho, el holandés puede aferrarse al ejemplo del Mundial 2007, cuando Kimi Raikkonen contaba con 37 puntos menos que Fernando Alonso y 35 menos que Hamilton, enfangados en una guerra salvaje dentro de McLaren. Esas cifras son el resultado de equiparar los sistemas de puntuación de ambas épocas, aunque resultan esperanzadoras para el holandés, que podría beneficiarse del clima de nervios que atenaza hoy a sus adversarios.
Bernie Ecclestone y Gordon Murray
Norris y Piastri empiezan a notar en la nuca el aliento de uno de los mejores pilotos de la historia. El genio que ha conseguido 63 de las 69 últimas victorias de Red Bull, el que ha superado a sus compañeros de equipo en 42 de las 43 últimas sesiones clasificatorias (97,6%). Su hegemonía dentro del garaje ha dejado en el olvido la etapa de Sebastian Vettel, aquel tetracampeón que cerró su último título en 2013 con nueve victorias consecutivas. Aunque si Verstappen necesita un ejemplo de constancia y determinación, nada como acudir a la figura de Piquet.
El brasileño fue un piloto con una asombrosa confianza en sus posibilidades, capaz de sobreponerse a la adversidad gracias a su fortaleza mental. Desde su llegada al Gran Circo, a mediados de 1978, se codeó con dos de los personajes más influyentes en la historia de la F1. Bernie Ecclestone, dueño del equipo Brabham, era un tiburón de los negocios que sólo le pagó 50.000 dólares anuales durante sus tres primeras temporadas (1979-1981). El ingeniero Gordon Murray, con su eterno mostacho y sus trazas de hippie, fue el gurú del diseño con quien desarrolló su talento para la conducción.
"Todo me resultaba tan fácil, tan natural, que nunca pensé en el por qué, ni en el cómo. No fue cuestión de trabajo duro, ni de suerte, simplemente todo me salió con mucha facilidad", admitió Piquet en una entrevista con Motorsport Magazine. Durante su año de rookie aguantó el tipo frente a un bicampeón como Niki Lauda. Harto de las averías del motor Alfa Romeo, que sólo le dejaron acabar dos de las 15 carreras de 1979, el austriaco anunció su retirada a finales de aquella temporada. El paso a los propulsores Ford Cosworth sentó muy bien a Brabham y Piquet peleó el título de 1980 hasta la última cita, disputada en Walkins Glen, donde un trompo en el tramo inicial dejó el título en bandeja a Alan Jones.
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Un año más tarde llegaría al fin su momento. Al volante del BT49C de Murray, que sólo sufriría una rotura en todo el curso, Nelson protagonizó una enconada pelea ante los Williams. A falta de seis carreras, Reutemann le aventajaba en 17 puntos. Un margen muy respetable, si consideramos que entonces las victorias se premiaban con nueve. No obstante, Piquet fue recortando hasta la última cita en Las Vegas.
14 puntos en tres carreras ante Prost
Para ceñirse la corona debía acabar por delante de Reutemann, pero sus problemas se acrecentaron desde el viernes, cuando empezó a sentir intensos dolores cervicales que le obligaron a contratar al masajista de Sugar Ray Leonard, campeón mundial del peso welter. "Recuerdo que a falta de 33 vueltas ya ni siquiera podía mantener la cabeza recta", recordó Piquet sobre su calvario en aquella pista, construida en el parking del casino Caesar's Palace. Tras cruzar la meta en quinta posición, tres por delante del argentino, vomitó dentro del casco. El chico que había adoptado el apellido de soltera de su madre para ocultar su pasión ante una familia que la desaprobaba, el que entendía el lenguaje de cada coche gracias a sus amplios conocimientos de mecánica, era campeón del mundo.
El coraje de Piquet quedó también de manifiesto en 1983, cuando revalidó el título tras otro intenso duelo frente a Prost. A falta de tres carreras, con sólo 27 puntos por entregar, Le Professeur tenía 14 de ventaja. El motor Renault había sido más consistente que el BMW de Brabham, pero dos averías en el turbo (Monza y Kyalami) truncaron el primer entorchado de Prost y facilitaron el segundo de Piquet. Los incesantes rumores sobre la ilegalidad del combustible de diseño preparado por BMW y Ecclestone no cambiaron nada.
Aquel 1983, Brabham acabó tercera en el Mundial e Constructores, tras Ferrari y Renault. Hoy, Red Bull ocupa la cuarta plaza, con tres puntos menos que la Scuderia. En caso de completar la remontada, Verstappen redondeará una de las mayores gestas en la historia del Gran Circo.
Menos de dos semanas de su podio en Bakú, Carlos Sainz volvió a probar el lado amargo de la Fórmula 1, que ya le venía acompañando durante sus 16 primeras carreras con Williams. Sólo un par de horas después del final de la sesión clasificatoria en Marina Bay, los dos coches de la escudería británica fueron descalificados por la FIA, por culpa de una irregularidad en el alerón trasero.
Durante la pertinente revisión del alerón del DRS, los comisarios encontraron que los dos monoplazas de Williams superaban el límite máximo de 85 milímetros a ambos lados del área exterior de dicho ala. Dado que este tipo de infracciones no suelen admitir ningún tipo de interpretación por parte de la FIA, ambos fueron excluidos de sesión del sábado.
De este modo, Sainz partirá decimonoveno mientras Alex Albon ocupará el último puesto de la parrilla. Un funesto epílogo a una jornada ya de por sí bastante gris sobre el asfalto. Pese a algunas mejoras apuntadas el viernes, el piloto madrileño había caído eliminado en la Q2, ocupando la decimotercera plaza, justo por detrás de su compañero.
Pésima racha en Marina Bay
Nada más conocerse la penalización, James Vowles, team principal de Williams, emitió un comunicado donde calificaba lo sucedido como "tremendamente decepcionante" para el equipo. "Estamos investigando de forma urgente lo sucedido. En ningún momento buscábamos una ventaja de rendimiento y los alerones traseros habían superado anteriormente nuestras propias revisiones. Sin embargo, sólo hay una medición que importa y aceptamos totalmente el dictamen de la FIA", expresó el ex colaborador de Toto Wolff en Mercedes.
"Cada vez que instalamos un alerón con mayor carga aerodinámica parecemos un poco menos competitivos", advirtió Sainz el jueves, antes de tomar asiento en el FW45. Después de tres carreras consecutivas en los puntos, el panorama se oscurece para la escudería de Grove, que no logró colar ningún coche en el top-10 en sus cinco últimas participaciones en Marina Bay. De hecho, su último piloto en puntuar allí fue Lance Stroll, octavo clasificado en 2017.
La quinta posición en el Mundial de Constructores, con 29 puntos de ventaja sobre Racing Bulls, otorga a Williams cierta tranquilidad para tomar decisiones en este tramo final de Mundial. En cualquier caso, lo más probable es que en la actual coyuntura decida romper el parc fermé, para realizar cambios aerodinámicos en su monoplaza y la carrera desde el pit lane.