El Madrid cae ante el Bayern en el Bernabéu y necesita un acto de fe en Múnich

El Madrid cae ante el Bayern en el Bernabéu y necesita un acto de fe en Múnich

Un acto de fe no atiende a la razón ni a la realidad. El Madrid es uno en sí mismo, tantas veces resucitado que no creer, entre su gente, es pecado. Anatema. Ahora lo necesita más que nunca, después de sufrir la potencia ajena y su propia impotencia. El resultado es malo, muy malo, ante un rival que forma parte de la misma aristocracia que el Madrid. La realidad, sin embargo, es que pudo ser peor, mucho peor, y que el Bayern perdió la oportunidad de clavar la tapa del ataúd de su rival en el propio Bernabéu. El gol de Mbappé, en cambio, llegó como lo hace el soplo de la respiración asistida. En Múnich, la próxima semana, necesitará más que el milagro de la resurrección, también todos los panes y los peces que no encontró sobre la hierba del Bernabéu.

Perder y no sentirse perdido resume las sensaciones con las que acabó el Madrid, tan vulnerable como poderoso en la reacción. Son los intangibles a los que debe aferrarse, porque son los que el Bayern teme. Lo tangible, el resultado, es una losa frente a un adversario que ganó y calculó, sostenido por un arsenal que, hoy, no tiene el Madrid. Es duro decirlo pero es lo cierto. En el Allianz tiene el Bayern que tomar una decisión. En el cálculo puede estar su trampa. El Madrid ya no tiene nada en qué pensar, sólo creer. La fe es, hoy, su argumento.

Un Bayern calculador

Entre los hombres y las intenciones había una diferencia. Kompany lo puso todo, pero no se pusieron como siempre. El Bayern salió a dominar, con posesiones larguísimas, como si la pelota recorriera de un lado a otro los pasillos de un laberinto. En cambio, no salió a fuego, con esa verticalidad que inclina los estadios de Alemania hasta que el Madrid, herido, dejara el rastro de la sangre sobre la hierba. La razón no era el respeto, ni el peso del escenario. Era el temor a encontrarse sueltos a Vinicius y Mbappé en mitad de la pradera, como guepardos. Especialmente al primero, del que no tiene buen recuerdo desde que abrió en canal el Allianz. A ese recuerdo debe aferrarse el Madrid. Mbappé es el gol, sin duda, pero el desequilibro es Vini. El problema es que es tan capaz de desequilibrar hacia afuera como desequilibrarse hacia adentro. Que estos días pase por el sillón gris de Arbeloa.

El Bayern tiene a su Vini en Olise. El francés, de 24 años, es un futbolista al que se espera hace tiempo. Avanza del mismo modo que se despliega un látigo. Lo buscaron sus compañeros continuamente, enfrentado a un duelo clave frente a Carreras. No basta un defensa frente a un jugador semejante. Son necesarias las ayudas, como ante Vinicius.

Olise, en el Bernabéu.

Olise, en el Bernabéu.OSCAR DEL POZOAFP

El Madrid detectó el peligro, pero el Bayern es como una baraja con cartas marcadas. Ni Kane y Luis Díaz habían entrado apenas en juego, pero aparecieron como en un baile de máscaras tras un error de Vinicius en un pase. Kane y Gnabry combinaron para habilitar a Luis Díaz, que cruzó sobre Lunin.

Ese error que tanto quería evitar el Bayern, las pérdidas mortales, lo cometió el Madrid ante un rival que se parece mucho al conjunto blanco, pero en un proyecto muy maduro, no improvisado. La era de Kompany y la miniera de Arbeloa no tienen nada que ver y la diferencia no está sólo en los banquillos, también en el palco.

A un error le sucedió otro, esta vez de Carreras, sorprendido por Pavlovic, y el resto resultó demasiado fácil ante una defensa desguarnecida. Olise tuvo tiempo de controlar y mirar y Kane podría haberse echado un pitillo. Miró y colocó el balón donde quiso. Un hecho especialmente grave, puesto que llegaba inmediatamente después del descanso, en el que se supone que Arbeloa debió comprimir más a los suyos. Al contrario, Vinicius no aprovechó el regalo de Upamecano.

Bellingham, al final

Inicialmente, el técnico del Madrid había tomado decisiones consecuentes, como fue la de dejar en el banco a Bellingham para mantener a Thiago Pitarch y Güler. El inglés no estaba en la forma necesaria, aunque hay cosas difíciles de argumentar con tanto viento en contra, hoy una tempestad. Cuando entró Bellingham por el jugador de la cantera, señalado por un error en el área nada más empezar, el Bayern estaba al acecho con un Olise ya en modo figura. El inglés entró en el momento de la efervescencia y lanzó a Mbappé, que cruzó para forzar la mejor intervención de Neuer.

No fue la única. A sus 40 años, y pese a la inactividad reciente, el portero alemán se desplegó como dos de 20, un par de veces ante disparos del francés y en un mano a mano ganado a Vinicius. Sólo una vez pudo superarlo Mbappé, gracias a esos pases medidos de Trent. Un soplo de vida, y mientras hay vida lo siguiente es más cierto si es que hablamos del Madrid.

¿Habrá milagro en Múnich?

¿Habrá milagro en Múnich?

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El Real Madrid no mereció perder. Y la pregunta que flota en el misterio del fútbol es si el Madrid será capaz de lograr una hazaña en Múnich, como si se tratara de una película del calibre de Los cañones de Navarone.

Puede parecer una quimera, una misión imposible sin Tom Cruise, pero con el Madrid en la Champions, todo es posible.

El error principal fue que Álvaro Arbeloa interpretó el partido como si el Bayern fuera el City. No lo es. Es un equipo bastante inferior. Y la estrategia de Arbeloa, una vez más, resultó equivocada. ¿Por qué despreciar tanto al Madrid y jugar como si fuera un equipo vulgar?

No lo entendí. Pero la estúpida corriente generalista en el madridismo actual sostiene que hay que correr. ¿Correr cómo? ¿Como un pollo sin cabeza? En efecto, Vinicius Júnior defendió mucho, pero por su zona llegaron los dos goles muniqueses. Y Kylian Mbappé bajó en exceso en la primera parte. No podía marcar ni aunque fuera un ángel. Correr mucho, sin atacar, es imposible.

La cantidad de balones perdidos fue alarmante precisamente porque no había nadie en posiciones ofensivas. Arbeloa parece creer todavía que dirige al Castilla. No se puede jugar con una táctica tan cobarde. Esto es el Real Madrid.

Con el mejor jugador del mundo convertido en esclavo defensivo, los muniqueses se creyeron durante un rato que se enfrentaban a otro rival alemán más.

A los veinte minutos de juego descubrieron que el Madrid, aun acurrucado atrás, no era un equipo menor. Mbappé tuvo una ocasión clara, lo intentó como un poseso, pero no tuvo fortuna: no cuenta con dos muslos al viejo estilo. Poco después llegó el gol del Bayern.

Trent Alexander-Arnold le dio el pase de gol y Mbappé no falló. Hizo todo lo que pudo —y más—, pese a las torpezas de Vinicius de cara a portería. Incluso logró provocar que el Bayern jugara con un hombre menos.

De repente, un gol del mejor jugador del mundo hizo creer que el hundimiento del Madrid era imposible. Y no lo fue: el equipo firmó un segundo tiempo soberbio, quizá el mejor de la temporada. No tuvo suerte y perdió, también condicionado por el arbitraje del inglés Michael Oliver, que siempre me ha parecido un colegiado alineado con la doctrina de la UEFA. Y ya sabemos que, ahora mismo, el Bayern pesa más que el Madrid.

El Madrid golpeó con fuerza al Bayern, pero esta vez lo salvó Manuel Neuer, que para desgracia del madridismo estuvo extraordinariamente brillante. El Bayern demostró en el Bernabéu que no es para tanto.

Aunque la plantilla madridista sea un cuadro de Picasso, con las piernas en la cabeza, el cuerpo quebrado y el pie hacia arriba; aunque no haya un entrenador sólido ni una plantilla bien ejemplarizada, el Madrid tiene futbolistas como Mbappé, Federico Valverde, Aurélien Tchouaméni, Trent, Arda Güler y Thibaut Courtois. El belga, por desgracia, no pudo jugar en esta derrota madridista.

Havertz rompe la atonía en Lisboa y da el triunfo al Arsenal en el 90

Havertz rompe la atonía en Lisboa y da el triunfo al Arsenal en el 90

El Arsenal más tibio, cauto y pragmático encontró un premio exagerado con el gol de Havertz en el minuto 90, cuando unos y otros daban por bueno el marcador, como habían hecho a lo largo de todo el encuentro. El veterano delantero, que se incorporó por Odegaard a 20 minutos de la conclusión, controló con mimo un exquisito centro de Martinelli, otro de los reclutados en el segundo tiempo, y definió certero ante Rui Silva. Los británicos sacan oro del José Alvalade y ratifican su condición de favoritos para estar en semifinales, a la espera de lo que suceda el próximo miércoles en el Emirates Stadium.

En el casi desesperado afán de encontrar atractivos a un partido plano, muy plano, hasta que llegó el momento determinante, podría destacarse la combustión de Araujo por la banda izquierda, tanto a la hora de proyectarse desde su lateral como de fajarse con Madueke cuando le tocaba defender. Podría uno detenerse a observar al reaparecido Odegaard, novedad en el centro del campo de un Arsenal no obstante en la línea decaída de los últimos partidos. Quedó también algún detalle de Trincao dentro de su discreta actuación, como lo fue la de los dos equipos en términos colectivos.

Cierto que los británicos avanzaron levemente líneas tras el descanso, pero cabe esperar mucho más de un equipo que pretende postularse para el máximo torneo continental y pierde gas de manera preocupante. Languideció un partido en el que nadie quiso exponerse. Un par de ocasiones, sendos palos, insinuaron algo distinto en un duelo sin ritmo donde ambos equipos se esmeraron en no comprometer sus opciones en la eliminatoria.

Pocas ocasiones

Pronto tuvo que dejarse ver David Raya. Un gran pase con el exterior de Diomande al desmarque de Araujo derivó en un disparo que el guardameta español desvió al larguero. El lance, a los siete minutos, fue como la chispa que pudo haber encendido la noche, al igual que sucedió poco después con un córner que Madueke puso en el larguero.

Llegaba el Arsenal a Lisboa en un momento incierto cuando mayores han de ser las certezas. Eliminado por un equipo de inferior categoría como el Southampton en los cuartos de la FA Cup, poco después de perder ante el Manchester City la final de la Carabao Cup, al conjunto que entrena Mikel Arteta parece amenazarle el vértigo. Sólido líder de la Premier, aún siente la amenaza del City, situado a nueve puntos, con un partido menos y a la espera de recibirle en el Etihad el día 19.

La incontestable autoridad plasmada en la fase regular de esta Liga de Campeones ha dado paso a un equipo dubitativo, que sufrió más de lo esperado para eliminar al Bayer Leverkusen tras caer 1-0 en el partido de ida. Distinta era la tendencia del Sporting de Lisboa, al que el estadio José Alvalade recibió con la memoria aún cercana de los cinco goles al Bodo Glimt que le dieron la clasificación después del sofoco padecido en Noruega.

Hubo otro gol, sí, lo marcó Zubimendi de un disparo desde el exterior del área en el minuto 60, pero fue anulado por un fuera de juego previo. Más allá de algunas tímidas tentativas a balón parado, el Arsenal no había inquietado a Rui Silva. Los gunners se han convertido en un equipo previsible, que ya ni siquiera cuenta con los réditos acostumbrados en el fútbol de estrategia. Pero a Arteta, hombre metódico y cabal, volvió a funcionarle el fondo de armario. Cuando todo abocaba a nada, emergió Martinelli y resolvió Havertz.

La lágrimas del 'dernière danse' de Griezmann ante uno de sus peores rivales: "Era el mejor momento para decirlo"

La lágrimas del ‘dernière danse’ de Griezmann ante uno de sus peores rivales: “Era el mejor momento para decirlo”

«Había llegado al límite mentalmente, buscaba excusas cuando no me salían las cosas, probé, pero a los meses me di cuenta de lo feliz que era». Es Antoine Griezmann el que pronunció esta frase sobre La Decisión justo después de convertirse en el máximo goleador de la historia del club rojiblanco. La Decisión del francés, hoy con 211 goles como colchonero, fue buscar nuevos retos en el Barcelona al lado de Messi en 2019, pero aquella aventura de dos años no funcionó ni para él, ni para su familia, ni para el club culé. Tenía 28 años.

Con 35 le ha llegado la oportunidad de otro cambio de rumbo. Una oportunidad que apareció en enero, cuando el jugador era un buen sexto hombre, pero sin el peso que el futbolista atesora en el club y sin la importancia que merece en el juego del Atlético de Madrid. "En septiembre fue algo más difícil de gestionar. Pero con el vestuario que hay y la familia en casa se ha ido trabajando y buscando lo que necesitaba el Cholo. Lo entendí e intenté hacer lo mejor posible", apuntó el jugador

La oportunidad se la brindó el Orlando City con una petición inicial muy difícil para el francés que era que llegara en la ventana principal del mercado de la MLS que concluía el 26 de marzo. Entonces llegó la enésima explosión del francés. Dando exhibiciones, primero partiendo del banquillo y luego como titular.

Especialmente memorables fueron las de Copa del Rey ante Betis en cuartos y FC Barcelona en semifinales. "Parece tan ligero... Es como si estuviera bailando", calificó Hansi Flick al francés su habilidad para jugar entre líneas, girarse y, especialmente, lanzar los contraataques del conjunto colchonero. Esos partidos han colocado a su Atlético de Madrid en la final de Copa y en los cuartos de Champions ante su ex equipo. "Ojalá que sí la juegue. Se la merece más que nadie. Su calidad y talento lo va a mantener toda la vida. Qué puedo agregar más. Lo quiero mucho, quiero siempre lo mejor, ojalá pueda jugar esa final", pidió el Cholo.

Mientras, su entrenador y compañeros como Koke y Llorente hablaban de esa duda. "No sé qué va a pasar" decían sus amigos. "Tenemos unos objetivos en la vida y unas sensaciones y hay que respetarlas", añadió el 14 del Atlético sobre el galo. Pero el francés, callaba. Su situación inicial de la temporada a nivel individual había cambiado y, a nivel colectivo, el equipo tenía un título a tiro y la final de Champions, el mayor objeto de deseo de la historia del Atlético de Madrid, a cuatro partidos.

Lo cierto es que el futbolista nunca llegó a tomar una decisión definitiva y su entorno tuvo claro que la opción de quedarse hasta final de temporada era la más lógica. Había una parte sentimental tras un adiós difícil y feo al FC Barcelona y una reconciliación larga, lenta y muy trabajada. Y una deportiva que se fundamentaba en la posibilidad de ganar títulos con el Atlético de Madrid toda vez que él jugador se perdió la segunda liga del Cholo por estar en el FC Barcelona y sólo pudo conquistar, a nivel nacional, una Supercopa en 2014. "Siempre pienso en el equipo y creo que lo mejor para estar tranquilo y que no haya duda es que el cielo esté despejado y que era el mejor momento para decirlo", reveló el francés.

El peor enemigo

Precisamente el Barça se vuelve a interponer en el camino de sus sueños. Lo intentó antes en 2016 también en cuartos, pero el galo les ajustició a la vuelta con un doblete, después de perder 2-1 en el Camp Nou en la ida. Y no es precisamente el conjunto culé uno de los favoritos del francés. Nunca le ha marcado en liga con el Atlético y apenas le ha anotado seis tantos en 31 partidos de los que sólo ha ganado tres.

"Si Dios quiere vamos a jugar cinco partidos más en Champions". Era Simeone el que auguraba o deseaba lo que sería el dernière danse del francés. Un jugador, "de los mejores que ha entrenado" al que le dedicó un emotivo discurso de despedida para su sorpresa. "Gracias por lo que nos diste, nos das y seguís dando", apuntó el técnico en la rueda de prensa previa para luego recordar al jugador que primero es su entrenador y luego su amigo. "Te quiero mucho, pero soy tu entrenador y sabes que si no corres vas afuera", se despidió.

Estábamos equivocados: el problema no es Mbappé

Estábamos equivocados: el problema no es Mbappé

No hay un madridista, ni en la Tierra ni en la cara oculta de la Luna, que no tuviese la certeza de que la primavera de ilusión duraría hasta que emergiese Mbappé. Y pese a ello no hay mucho que reprocharle al francés. Hizo persecuciones defensivas hasta la frontal del área, conducciones explosivas a la contra, buenos desmarques y Neuer le sacó tres balones nivel Courtois y casi le para el del gol. La posibilidad de que sea gafe existe, pero más allá de eso no hubo leña para quemar a Kylian en la hoguera de la frustración del hincha. Al contrario.

El ojo entrenado en la Copa de Europa detectó las turbulencias cuando Olise cogió la primera bola y al paso no le salió Mendy, sino Güler y Carreras. El lateral sacó una bajo la línea como aquella de Ferland contra el City, pero no era lo mismo. Se produjo un milagro para no castigar con gol un fallo monumental de Pitarch, idéntico al de los octavos de final. Pero no era lo mismo. En otro tiempo, habríamos visto destellos de decimosexta hasta cuando el árbitro se inventó una amarilla a Tchouameni que empezaba a poner los cimientos de una exhibición redentora de Camavinga en la vuelta en Münich.

Pero nada era lo mismo. Vinicius, el antiMbappé, el hombre que sí nos ha dado la gloria europea dos veces, la enterró esta vez con dos balones lamentables al medio que cayeron como dos losas bávaras. Después falló el 1-2 en una jugada que despertó el tenebroso recuerdo continental de Gonzalo Higuaín.

Con todo, hubo arrebato europeo. El equipo nos castiga con la esperanza de la fe. Hubo un buen Bellingham, un apocadillo Bayern, un cambio inexplicable del gran Arda y la sensación de que la eliminatoria no está cerrada. La necesidad, también, de entender que la mística del estadio no existe y que plantillas mejores que la tuya es muy posible que el 99% de las veces jueguen mejor que tú, salvo que tengas a Mendy para frenar a ese demonio llamado Olise. ¿Ficharía el Real Madrid a un extremo del Crystal Palace? Por el mismo precio, fichó a Mastantuono...

Otro puñetazo de realidad al Real Madrid: el Bayern se une a la lista del Liverpool, el Arsenal y el PSG

Otro puñetazo de realidad al Real Madrid: el Bayern se une a la lista del Liverpool, el Arsenal y el PSG

Decía Arbeloa unos minutos antes del inicio del partido que «me sorprendería que el Bayern no viniera a jugar arriba». Y vaya si vino. Acompañado por 4.500 aficionados y por la inesperada lluvia vespertina que acechó la Castellana, los de Vincent Kompany volvieron a dar un puñetazo de realidad sobre la mesa del Real Madrid. Uno más, por si hiciera falta, para reconfirmar el secreto a voces en el que vive el club desde hace dos temporadas.

Desde que ganara la Champions en Wembley, retirándose Kroos y fichando a Mbappé, el Madrid había perdido contra el Milán, el Liverpool (en dos ocasiones), el Arsenal (también dos) y el PSG. Seis resultados en los que encajó 15 goles y anotó sólo 2. Todo sin contar las derrotas domésticas ante Barça y Atlético. A esa lista se sumó este martes el Bayern. De los diez primeros del ranking de la UEFA, sólo ha sido capaz de ganar al City en las dos últimas eliminatorias y a la Juventus en la liguilla de este curso. El resto, cruz.

Esos partidos han dejado una amarga sensación de impotencia en la grada madridista. El partido de ida contra el Bayern, que pudo marcar varios goles en el primer tiempo, recordó al cruce de la pasada campaña contra el Arsenal. Fue un Madrid incapaz, dependiendo una y otra vez de balones largos hacia Vinicius y Mbappé, errático en salida y sin generar fútbol. El brasileño, que prometió su mejor versión en la previa, falló en el inicio de los dos primeros goles del Bayern y se llevó una pitada.

En el banquillo, Arbeloa le pedía a Mbappé y a Vinicius que se pegaran un poco más a Kimmich, principio de todo en el cuadro alemán. El centrocampista germano es el tipo de jugador sobre el que gira todo un equipo. El tipo de jugador que era Kroos y el tipo de jugadores que son Pedri o Vitinha. El tipo de jugador que le falta al Madrid.

La derrota en Mallorca, con la que el conjunto blanco dijo casi adiós a la Liga, fue la gasolina que encendió el tramo final de un encuentro que no tuvo notas positivas para el Madrid. Tchouaméni se perderá la vuelta por acumulación de amarillas, pero la incapacidad de Vinicius y Mbappé, los mejores pagados de la plantilla, de generar alguna ocasión en la segunda parte desesperó al público. Tampoco ayudaron los fallos de los jugadores en controles o pases, fruto del nerviosismo del momento y de una realidad que el Madrid como club debe enfrentar: falta calidad técnica en la plantilla.

El volumen de los pitos a Vinicius aumentó con la clarísima ocasión fallada para poner el 1-2, pero desapareció con el gol de Mbappé y con el intento de asedio final del Madrid, más por corazón que por fútbol, y que demostró en 15 minutos que, al menos de pulmones, puede dar mucho más. En una semana, Múnich juzgará finalmente el proyecto del Madrid.

Tyler Dorsey destruye a un flojísimo Madrid y le mete en problemas

Tyler Dorsey destruye a un flojísimo Madrid y le mete en problemas

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Llamó Sergio Scariolo en la previa al "momento de los grandes jugadores", consciente de que se acerca la hora de la verdad de la temporada y su Madrid no es todavía lo que pretende, pero lo que se encontró fue un equipo sin alma. Una paliza sin respuesta en el Pireo, torturado por Tyler Dorsey; la enésima derrota a domicilio de este Madrid de dos caras. Que se despide del liderato y se complica el factor cancha en cuartos. [102-88: Narración y estadísticas]

Nada de grandes jugadores, lejísimos de su versión de mínimos algunos como Hezonja. Apenas Trey Lyles (y Tavares, que nunca falla) se dio por aludido, firmando uno de sus mejores partidos de blanco. Que no sirvió de nada. Porque, lo demás fue un bochorno, una lluvia de triples rival, siempre la distancia del Olympiacos demasiado grande como para soñar con la remontada. El Madrid, que suma 13 tropiezos en 18 partidos en Euroliga lejos del Palacio, está obligado a reaccionar este mismo jueves en Estambul ante el Fenerbahçe, el campeón.

La peor derrota de la temporada en el peor momento. Ante un rival que bien podría encontrarse en otras cumbres, si es que el Madrid llega a ellas. Para ello, nada de lo mostrado en el Pireo debería tener continuidad. Menos un ratito en el segundo cuarto, lo demás fue un desastre.

Andrés Feliz, durante el partido en Atenas.

Andrés Feliz, durante el partido en Atenas.Realmadrid.com

Empezando por el arranque. Si lo que preocupaba era la resolución de partidos a domicilio, esos tramos finales en los que se han escapado de mala manera un buen puñado de victorias (sin ir más lejos, las últimas, en Kaunas y Vitoria), la desconexión esta vez llegó en el mismísimo amanecer. Tampoco es la primera vez. Hace dos días, el Andorra se puso 18 arriba en el Palacio en el primer acto.

Va de tramos en los que al Madrid le pasan por encima y no termina de solucionar esa falta de consistencia. Esta vez, como si no estuviera sobre aviso ante uno de los equipos más temibles de Europa, que acumulaba nueve victorias de carrerilla en Europa, los blancos salieron a verlas venir. Y lo que vieron fueron los triples de Tyler Dorsey, cuatro sin fallo en un pestañeo. Hasta 15 arriba fueron ya los de Bartzokas (27-12).

Tras estruendosa fue la caída como la (breve) resurrección. A lomos de la clase de Trey Lyles (de vuelta, todavía renqueante, de sus problemas de tobillo) y del ímpetu de Andrés Feliz, apoyado en el rebote ofensivo y en los 10 triples seguidos fallados ahora por el Olympiacos, el Madrid asestó un 0-18 a un rival que se quedó como una estatua de sal. Pero que volvió a espabilar antes del descanso, con su propio parcial, un 15-2. Entre Vezekov y Dorsey habían anotado 33 puntos.

No hubo lección aprendida. Ni capacidad de mantener la pujanza. Otra vez la debacle, el llegar tarde a casi todo, el rival que se dispara. A la vuelta de vestuarios, la pareja mortal del Pireo destrozó de nuevo al Madrid. Vezenkov y Dorsey, qué pareja, estiraron la ventaja (65-49) a base de triples. Una superioridad preocupante. Que continuó hasta el final. El Olympiacos llegó a mandar por 23 en el festival de Dorsey, que acabó con ocho triples (de 13 intentos) y 38 puntos. Y ni el maquillaje final salvó el basket-average del Madrid.

El momento de los grandes jugadores.

Rahm y el Masters de Augusta: diez años de satisfacciones

Rahm y el Masters de Augusta: diez años de satisfacciones

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Desde aquella primera ronda en Augusta National de 71 golpes en condiciones ventosas, Jon Rahm fue consciente de que algún día terminaría vestido de verde. Cinco años más tarde cumplía su sueño con la sexta victoria española en el Masters de Augusta. Solo Estados Unidos nos supera en triunfos en el torneo más icónico. Impresionante.

Otros cinco años más tarde Rahm celebra su primera década aquí, en nueve participaciones, donde nunca ha fallado un corte y cuenta con cinco finales entre los 10 primeros. Este año su nombre vuelve a sonar con fuerza, probablemente nunca ha dejado de hacerlo, pero desde que el de Barrika se fue al LIV Golf, la popularidad del español no ha salido demasiado reforzada. Segundo, primero, quinto y segundo es la mágica secuencia de los cuatro torneos en los que ha tomado parte en 2026, todos del LIV, donde acumula un resultado de 79 golpes bajo el par. "Me ha venido muy bien estar fuera tres meses, me ha dado tiempo a pensar en qué mejorar, cómo se sentía mi swing y qué necesitaba para mejorar, y sigo trabajando en ello", comentaba Rahm en la ya clásica rueda de prensa de los martes en Augusta.

Después de atender a los medios, Rahm, junto a Sergio García, José María Olazábal y el mexicano Carlos Ortiz, ha jugado los segundos nueve hoyos de Augusta National. Sergio, que aparenta mucha incomodidad en este primer major del año, decidió acortar el entrenamiento y en el hoyo 15 enfiló directamente el camino hacia el 18. Por mucho Masters de Augusta que sea, había partido importante del Real Madrid.

"No sé si cambia mucho, la verdad, pero yo contento jugando cuatro vueltas. No sé si te prepara más o menos, pero yo, para competir, prefiero tener cuatro vueltas", comentaba Rahm en referencia al cambio de los 72 hoyos que el LIV ha incorporado este año, y que parece que ha sentado muy bien al español, su juego está en mejor forma que nunca.

También habló Jon de sus negociaciones con el DPWT, que esperan lleguen a buen puerto. Sus palabras son siempre de agradecimiento al Tour europeo, al que "siempre defenderé y llevaré con orgullo la bandera del DPWT". Es inevitable que en cada rueda de prensa que doy siempre haya una o dos preguntas al respecto. Ya estoy acostumbrado y no me altera psicológicamente. Estamos negociando, seguimos hablando y espero que para septiembre tengamos una solución buena para los dos. Hay torneos del circuito europeo que me encantaría poder jugar, como Wentworth, Francia, Dubái y, por supuesto, España. Y no quiero ni pensar en que no podré jugar el Open de España", explicó el ganador del Masters de 2023, que se mostró optimista de cara a su participación en la Ryder Cup del año próximo.

Rahm tiene en su haber dos majors (Masters 2023 y US Open de 2021) y espera irse esta semana con el tercero, aunque es consciente de que repetir victoria en Augusta está solo al alcance de unos pocos privilegiados. "No es fácil ganar un torneo de Grand Slam; no es fácil ganar un Masters, pese a que cada año jugamos en el mismo

escenario; pero aún más difícil es ganar dos Chaquetas Verdes. En ausencia de Tiger y Phil Mickelson, solo tres jugadores están en Augusta este año y uno de ellos es José María Olazábal. Para mí sería un orgullo estar entre ese exclusivo club de dobles ganadores".

Rahm comenzará el torneo el jueves desde las 19:08, hora española, junto al norteamericano Chris Gotterup, ganador de dos torneos este año, y la estrella sueca Ludvig Åberg.

Simeone se despide de Griezmann entre lágrimas: "Te quiero mucho, pero soy tu entrenador y sabes que si no corres vas afuera"

Simeone se despide de Griezmann entre lágrimas: “Te quiero mucho, pero soy tu entrenador y sabes que si no corres vas afuera”

No ha dejado empezar al jefe de prensa del Atlético de Madrid la comparecencia previa al duelo de Champions ante el FC Barcelona. Antes Diego Simeone tenía unas palabras que decir sobre "uno de los mejores jugadores a los que ha entrenado". Las había pensado apenas seis horas antes, cuando supo quién le acompañaría frente a los periodistas. Su jugador y amigo Antoine Griezmann.

"Quería dar desde el entrenador que soy y el hincha del Atlético que estaré en su lugar, agradecerte tu trabajo, tu humildad. Sos una persona admirable en una sociedad que necesita gente como vos. Gracias por lo que nos diste, nos das y seguís dando", ha expresado el argentino en un discruso de algo menos de dos minutos en el que, por partes, se le rompía la voz.

Pero el Cholo tiene claros los roles de ambos y en dos ocasiones repitió que el francés antes era jugador que amigo. "Quedan ocho partidos de Liga, uno de Copa y si Dios quiere, vamos a jugar cinco partidos más en Champions", ha añadido el argentino para luego recordarle: "Te quiero mucho, pero soy tu entrenador y sabes que si no corres vas afuera".

Parecía complicado, después de estas emotivas palabras, ponerse a hablar del FC Barcelona. Pero unos cuartos de Champions no se juegan todos los días. "Es un rival importante en un momento importante de su competición", ha apuntado el argentino sobre un equipo que sólo ha perdido un partido de los 23 duelos de esta temporada en el Camp Nou.

Precisamente, lo que más teme el técnico rojiblanco son los arranques ofensivos del Barça. El perfil ofensivo blaugrana, uno que también está adoptando el Atlético, tiene una máxima difícil de cambiar. "Todos los equipos cuando atacan mejor defienden peor. El Barcelona es uno de ellos porque se juega con riesgos", ha explicado.

Pero, esté quien esté, el argentino cree en las posibilidades del Atlético. Quiere "seguir adelante y adelante" sin importar quién esté y se ha mostrado ilusionado con la posibilidad de llegar a la final de un torneo que se le ha escurrido dos veces en su último escalón.

El Comité Técnico de Árbitros considera que Gerard Martín debió de ser expulsado en el partido ante el Atlético

El Comité Técnico de Árbitros considera que Gerard Martín debió de ser expulsado en el partido ante el Atlético

Acababa de iniciarse el segundo tiempo de un partido crucial para el desenlace de la Liga, en el que el Barcelona se impuso por 1-2 en el Metropolitano. El Atlético de Madrid jugaba con diez hombres después de que Nico González viese la roja directa (contaba ya con una amarilla) por derribar a Lamine Yamal al borde del área. Atlético y Barcelona empataban a uno. Rashford había neutralizado antes del descanso el tanto marcado por Giuliano Simeone.

Fue entonces cuando se produjo una jugada de la que aún se habla, y se seguirá hablando. Mateo Busquets, árbitro de campo, mostró la tarjeta roja a Gerard Martín después de que el central del Barcelona impactase violentamente sobre el tobillo de Thiago Almada en su intento de disputar el balón. Tras ser llamado por Melero López desde el VAR, con la reconvención de que no se trataba de tarjeta roja, Busquets dejó la sanción en tarjeta amarilla.

"Mateo te recomiendo una revisión para que valores una posible cancelación de la tarjeta roja que has mostrado, por favor. En mi opinión es una acción en la que el jugador del Barcelona juega el balón de forma normal, una dinámica de forma normal, y luego se produce de manera natural el contacto con el jugador del Atlético. Sueltásela", se le aconsejó al árbitro, transgrediendo el protocolo del VAR.

Este martes, en su programa 'Tiempo de revisión', donde analiza las jugadas más controvertidas de cada jornada, el Comité Técnico de Árbitros (CTA) concluyó que el árbitro debió haber mantenido la decisión de expulsar a Gerard Martín.

"Se produce una disputa con el balón dividido, claramente alcanzable para ambos futbolistas. Es el jugador visitante quien llega en primer lugar y golpea el balón. Sin embargo, en la continuación de la acción, impacta con los tacos en la parte lateral de la pierna de adversario. Justo por encima del tobillo, generando una torsión de la articulación. El árbitro en directo valora la intensidad, la zona consecuencias de la entrada y sanciona con tarjeta roja por juego brusco grave", explica el CTA, antes de concluir que la rectificación fue errónea.

"El hecho de tocar primero el balón da prioridad en la disputa, pero no anula las consecuencias posteriores de la acción ni la posibilidad del juego brusco generado. La sanción disciplinaria correcta debe de ser tarjeta roja", argumenta este organismo, que estima que el VAR no debió intervenir y "que indujo a una modificación incorrecta".