La imagen de Mbappé desde Madrid con 2-0 y la “conversación” de Arbeloa sobre el futuro: “Creo que el club buscará mejorar”

A falta de tres largas jornadas, el Real Madrid finiquitó su temporada en el Camp Nou. La peor visita en el peor momento. El conjunto blanco entregó definitivamente el título al Barça en una nueva demostración de desidia y defectos que no hacen sino reflejar su paupérrimo momento. Eliminado de la Champions en cuartos, de la Copa en octavos y alejada la Liga hasta los 14 puntos con nueve por jugar, los de Arbeloa, con Mbappé en Madrid, despidieron su curso.
Y es que el día no empezó bien para los blancos. Por la mañana, el club anunció su lista de convocados y en ella no estaba Mbappé. El francés, aquejado de unas molestias en el cuádriceps de la pierna derecha, había entrenado con el resto del grupo el viernes y el sábado, pero en la última sesión se retiró cinco minutos antes del final y avisó de que no estaba en condiciones de viajar.
La ausencia de Mbappé dolió en el vestuario, que sigue sin entender demasiado bien la gestión que ha hecho el galo de su lesión. El club aseguró que estaba haciendo «todo lo posible» para estar en el clásico, pero no pudo ser y se quedó en la capital, desde donde subió una imagen a sus redes sociales apoyando al equipo, ya con 2-0 en el marcador. «Veremos si puede jugar en estas dos semanas», se resignó Arbeloa ante los medios.
Ya en Barcelona, los blancos sufrieron la ira de algunos aficionados culés, que lanzaron piedras, botellas y latas sobre el autobús provocando la rotura de una de las lunas del vehículo. El suceso no pareció motivar al grupo madridista, que recibió dos goles en los primeros 17 minutos para certificar su K.O. liguero. En el césped, ni un gesto de ánimo, ni una indicación, ni una conversación sobre cómo presionar o cómo salir jugando. Nada. El Madrid fue un ente en la Ciudad Condal, preso de sus propios defectos y de su actitud ante un Barça que subió marchas en el inicio para homenajear al padre de Flick, fallecido en las horas previas.
Sólo Vinicius, capitán en un clásico por primera vez en su carrera ante las ausencias de Carvajal y Valverde, intentó hablar con los suyos, aunque muy tímidamente. El brasileño, como el resto, estuvo lejos de su mejor nivel y se enfrentó a la grada cuando ésta cantó «Vinicius, Balón de Playa», señalando el jugador las 15 Copas de Europa que ha ganado el Madrid.
El brasileño protestó un penalti a Bellingham en la segunda parte, se encaró con Olmo, siguió respondiendo a la grada y se enfrentó a Raphinha tras un encontronazo entre su compatriota y Trent.
El Madrid entra ahora en el terreno de la reflexión y de la negociación. Una que tendrá a Jose Mourinho, visto como solución a sus problemas, como el gran protagonista. «Entendemos la frustración de la gente. Lo único que podemos hacer es mirar al futuro, creo que el club buscará mejorar y sabemos que el Madrid siempre vuelve», dijo Arbeloa, que admitió que «seguramente tengamos una conversación» sobre el futuro del entrenador salmantino.




























