Histórico triunfo de la española Paula Blasi en la Amstel Gold Race

Histórico triunfo de la española Paula Blasi en la Amstel Gold Race

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La española Paula Blasi se impuso este domingo en Valkenburg en la 12ª edición de la Amstel Gold Race femenina, al sorprender a las favoritas al término de una escapada en solitario de 22 kilómetros.La polaca Kasia Niewiadoma y la neerlandesa Demi Vollering se quedaron a medio minuto de la española y terminaron en segunda y tercera posición.

Las dos antiguas ganadoras del Tour de Francia tardaron en reaccionar cuando la corredora del UAE lanzó su ataque. "Es increíble. Ni siquiera estaba previsto que participara en esta carrera. Me llamaron en el último momento para sustituir a compañeras lesionadas", dijo Blasi, asombrada.

Tras rodar acompañada por la neerlandesa Nienke Vinke durante tres kilómetros, la catalana, de 23 años, se fue en solitario a 22 kilómetros de meta en el penúltimo ascenso al Cauberg, hasta conseguir un minuto de ventaja a diez kilómetros de la llegada.

"A menudo he ido haciendo la goma durante la carrera, a veces descolgada en una prueba con muchos nervios. Así que opté por la escapada para salir de este pelotón un poco loco. Y ha dado resultado. Voy a necesitar tiempo para asimilarlo", comentó la vencedora, que milita en en la estructura del equipo de tadej Pogacar.

La ex triatleta y especialista en contrarreloj logró en Países Bajos su quinta victoria como profesional, la más importante hasta la fecha, informa Afp.

Blasi es una de las grandes promesas del ciclismo tras haberse proclamado campeona de Europa y haber logrado la medalla de bronce en los últimos Mundiales en la categoría sub-23.

El tríptico de las Ardenas continúa el próximo miércoles con la Flecha Valona. Ausente el domingo, la francesa Pauline Ferrand Prévot tomará la salida con aspiraciones de victoria, al igual que lo hará el próximo domingo en la decana de las clásicas, la Lieja-Bastoña-Lieja.

La Copa de la Real: un doblete en el 'fútbol moderno' alimentado en Zubieta

La Copa de la Real: un doblete en el ‘fútbol moderno’ alimentado en Zubieta

Cuando en 1987 la Real Sociedad alzó el título ante el Atlético en la tanda de penaltis en La Romareda, ninguno de los jugadores que se han proclamado campeones había nacido. Como ellos, miles de aficionados realzales que tampoco pudieron estar en La Cartuja para ver a su equipo proclamarse campeón en abril de 2021 de la Copa de 2020. La maldita pandemia le birló el éxtasis.

De aquellos que ganaron el título al Athletic sin el apoyo de la grada en 2021, solo cinco volvieron a experimentar anoche una sensación con la que soñaban como canteranos en Zubieta. El sueño de toda Guipúzcoa. Remiro, Zubeldia, Elustondo, Barrenetxea y el gran estandarte, Oyarzabal, son líderes de una plantilla que gana la cuarta Copa para la historia del club, pero que lleva dos finales en cinco años, un paseo por Europa de la mano de la Champions y la pelea continua por seguir dando guerra en cualquier competición continental. Y eso lo ha logrado con una mezcla casi perfecta de sangre txuri-urdin y peloteros diferenciales. La agitó Imanol Alguacil, hasta que el fútbol le agitó la magia, y ha vuelto a hacerlo Rino Matarazzo, un tipo que ni habla castellano pero que tiene el aura de aquel Toshack recién llegado a la Liga.

El americano ha dado confianza a una espina dorsal donde no se mira la edad, aunque quizá sí la procedencia. Porque la savia de la cantera fluye por Gorrotxategi, Beñat Turrientes, Marrero o Jon Martín. Junto a ellos aparece un abanico de jugadores con galones que han florecido en el Reale. Dos campeones de Copa en el 99, Carlos Soler y Gonçalo Guedes, han avivado a un equipo al que le costó el rodaje de inicio de temporada. Tanto que se cobró la cabeza de Sergio Francisco e hizo zozobrar un proyecto hasta en la competición que conduce al título que hoy festejan en Sevilla.

El camino ha sido sufrido, más de lo esperado. Pese a no haber cruzado con ningún ogro por el camino, pasaron tantas penurias a las que se sobrepusieron que la Copa ya tuviera grabado en su peana su nombre. El castigo de no jugar competición europea les llevó hasta Negreira y Reus en las primeras rondas, para luego subir en Elda. Cuando parecía abocado a una prórroga, un centro de Guedes lo convirtió en la victoria Pablo Marín en el añadido. No sería más fácil acabar con Osasuna. Forzaron la prórroga otra vez con el tiempo cumplido y hasta tuvieron que sobreponerse a un penalti fallado por Oyarzabal que hubiera evitado los lanzamientos. El fallo de Zakharyan hizo a todo Anoeta temerse lo peor, pero llegó la clasificación a cuartos. Otra vez ante un vecino: el Alavés. Nueva agonía. Un toma y daca que resolvieron Guedes y Oskarsson en los últimos 15 minutos de un duelo eléctrico.

En semifinales, a doble partido, el reto era increíble. El derbi, el Athletic copero buscando plantarse en otra final y con la vuelta en San Mamés. Para entonces, la Real ya había empezado a carburar con Matarazzo. Oyarzabal, de penalti, en Donosti y Turrientes asaltando San Mamés metían a la Real Sociedad en otra final, la octava de su historia, y daban a los realzales la oportunidad de ver, casi 40 años después, a su equipo levantar una Copa. Bakero, López-Ufarte, Beguiristain, Zamora, Górriz o Arconada estuvieron anoche en las botas de Barrenetxea, Aramburu, Zubeldia, Remiro o Marreno, tanto da.

Esta Copa, que acompañará en las vitrinas a la del Club Ciclista de San Sebastián de 1909, a la de La Romareda de 1987 y a la de 2020, a las Ligas del 81 y el 82, a la Supercopa, abre, además, de nuevo las puertas de Europa, de la Europa League y de la exótica Supercopa de España. Pero, sobre todo, vuelve a dejar boquiabiertos a los chavales de Zubieta que sienten que, algún día, pueden ser campeones.

De los 10 minutos que pudieron virar la final para el Atlético hasta el beso de Marrero a Pablo Marín: "El partido era en los 90"

De los 10 minutos que pudieron virar la final para el Atlético hasta el beso de Marrero a Pablo Marín: “El partido era en los 90”

Primer minuto y gol de Barrenetxea. Minuto 45 y penalti de Oyarzabal. Pocos equipos se reponen de esa "falta de frescura" en una final de Copa del Rey que mostró el equipo de Diego Pablo Simeone, según el técnico en el primer tiempo, pero que luego se pudo ver cómo se extendía también hasta la prórroga del encuentro. No quiso el argentino hablar de físico, pero sí recordó el esfuerzo de Barcelona. Una batalla física y mental. "El partido era en los 90", ha concluido el Cholo con el diagnóstico que se pudo observar en La Cartuja.

Y tenía razón. Porque cuando Julián consiguió empatar el encuentro con otro gran gol, la Real Sociedad estaba en la lona. "No fue perfecto y sufrimos, pero es lo que define este equipo", ha explicado Rino Matarazzo sobre lo que ocurrió, especialmente, desde el tanto del argentino hasta el final del tiempo reglamentario. Baena por dos veces, Sorloth con un cabezazo y Cardoso pudieron llevar la Copa a Madrid. "Esa contundencia la tuvieron ellos y nosotros no", ha definido el técnico rojiblanco y ha completado "dimos todo lo que teníamos".

Pudo ser suficiente, pero la puntería no estaba del lado colchonero y algo ocurrió en el descanso antes del tiempo añadido. "Nos hemos mirado a la cara. Mikel ha hablado y su mensaje ha sido muy emocionante y todos hemos tirado para adelante, hemos creído y nos hemos llevado el premio", ha apuntado el héroe de la Real Sociedad y ha añadido su técnico: "Respiramos y nos estabilizamos".

Y entonces, lo que pudo haber sido, no fue. Las ocasiones se repartieron por bandos y nadie consiguió derrotar al otro hasta que llegó un momento que Unai Marrero conocía bien, porque ya lo vivió y superó ante Osasuna en octavos con otros dos penaltis parados. En esta ocasión, ni más ni menos, paró los dos primeros y llevó la final a un punto de no retorno pese al fallo de Oskarsson. "Estaba tranquilo, había tensión pero estaba a gusto. Piensas poco. La afición estaba detrás y me he venido arriba", ha revelado Marrero.

La tanda continuaba sin fallos y el guardameta de la Real se acordaba de que una lesión casi le aparta de este momento, pero volvió. "No había promesa con Marrero, solo lo decidí. Confío en él y me gusta confiar en ellos", ha desvelado su técnico, Rino Matarazzo, un entrenador que ha ganado un título con la Real tras apenas 15 encuentros en el cargo.

Entonces llegó el momento clave, con Pablo Marín cogiendo el balón de las manos de Musso tras la enésima discusión con Marrero para que no intentara intimidar a sus compañeros. Llegaron las palabras de ánimo y un beso en la mejilla. "Le dije que estuviese tranquilo, que confiaba en él", ha confiado el guardameta. Gol e historia.

Mitos para la historia

Matarazzo une su nombre a otros técnicos como Imanol Alguacil o John Benjamin Toshack y Unai Marrero emula no sólo por su vestimenta sino con su actuación a un de los mayores mitos de la Real Sociedad: Luis Arconada. "La Copa ha sido un viaje increíble", ha declarado el estadounidense y después sólo ha podido añadir: "Guau" con el halo del 87 sobrevolando la sala de prensa.

En un gesto de caballerosidad, los jugadores del Atlético han aguantado en el campo toda la ceremonia de entrega de la Copa del Rey a la Real Sociedad, no así los seguidores rojiblancos que han abandonado casi por completo la Cartuja. "Los aficionados necesitan ganar, no necesitan mensajes", ha respondido el argentino a la tristeza colchonera. Algo que podía haber sido diferente en esos 10 minutos claves del encuentro. Pero entonces llegó el beso y lo cambió todo.

Muere el piloto finlandés Juha Miettinen en un accidente en las 24 horas de Nürburgring

Muere el piloto finlandés Juha Miettinen en un accidente en las 24 horas de Nürburgring

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El piloto finlandés Juha Miettinen, de 66 años, perdió la vida el sábado en un accidente mientras competía en una carrera clasificatoria para las 24 horas de Nürburgring, tras haberse visto implicado en un accidente en el que se vieron envueltos siete vehículos.

Según indicó en un comunicado emitido en la madrugada de este domingo por los responsables del circuito, uno de los más emblemáticos de Alemania, "pese a la llegada inmediata de los servicios de emergencia, los médicos no pudieron salvar al piloto Juha Miettinen".

"Después de que fuera extraído del vehículo, el piloto falleció en el Centro Médico después de que resultaran vanos varios intentos de reanimarlo", indicó el comunicado.

"Todos los que participan en las 24 Horas de Nürburgring están con la familia de Juha Miettinen en estos momentos de dolor", agregó la nota.

Otros seis pilotos fueron llevados al Centro Médico y a hospitales cercanos al circuito por precaución, indicó la nota, en la que se precisó que no se teme por la vida de estos otros pilotos que se vieron envueltos en el accidente.

Este domingo, antes de que se retome la competición a las 11.00 GMT, habrá un minuto de silencio por la muerte de Miettinen.

La gloria de Marrero, de Zubieta a campeón de Copa: "Hay que creer. El chico que soñaba lo ha logrado"

La gloria de Marrero, de Zubieta a campeón de Copa: “Hay que creer. El chico que soñaba lo ha logrado”

"Me gusta la marcha y me crezco en estas situaciones". Unai Marrero tiene 24 años, se ha criado en los campos de Zubieta y, hasta esta temporada, solo le habían lanzado dos penaltis en la élite. Se lo paró a Mbappé la temporada pasada y se lo marcó Luis Rioja un año antes. En La Cartuja fue su segunda tanda, porque la primera se la ganó a Osasuna y fue cuando dijo que estaba "en su salsa". Quizá por eso se agigantó ante Sorloth y Julián Álvarez para atajar los dos primeros lanzamientos del Atlético y colocar la Copa del Rey mirando a San Sebastián. Su naturalidad le llevó a confesar que había echado mano de "chuleta" y que le había dicho a Pablo Marín, el último lanzador, que confiara en él y estuviera tranquilo, como él lo estaba.

"La gente de Guipúzcoa ha sufrido mucho. Hay que soñar, hay que creer. El chico que soñaba de pequeño, lo ha logrado. Es un sueño para mí", confesaba sin dejar de honrar al club donde ha crecido. "Como la Real no hay otro equipo", insistía.

Hubo dudas de si Matarazzo iba a confiarle al chaval la titularidad en la final. "Yo estoy para ayudar al equipo y estoy muy feliz de defender este escudo cuando me toque", insistía. Matarazzo no lo dudó. Y Remiro fue el primero en ir a abrazarle como campeón. El chico que se pone siempre primero el guante izquierdo y la bota derecha iba a ser el muro sobre el que se estrelló el Atlético.

La Copa del Rey siempre acaba dejando nombres que jamás se olvidan y en 2026 será Marrero, pero fue disputado saber quién sería el héroe. Pugnaron muchos, del tempranero Barrenetxea al superhéroe que aceleró a los atléticos. Julián Álvarez emergió para tomar la manija, forzar la prórroga con un zurdazo en el 82 y enviar un disparo a la cruceta en la prórroga. Había marcado en todas las finales que jugó y no se amedrentó cuando le tocó llevar el peso de una final sobre sus espaldas.

Le obligó la Real a tomar protagonismo. Los donostiarras quisieron dejar huella en la historia antes de que se cumpliera el primer minuto. Fue Guedes, con un guante en sus botas y un idilio con esta Copa, quien le sirvió a Barrenetxea un centro que el canterano, como si fuera un corpulento 9 acostumbrado a cazar balones en el área, cabeceó desde el punto de penalti para marcar a los 14 segundos el gol más rápido en una final. Adelantó a Unamuno (Athletic, 1930) y Badenes (Valencia, 1952) e inclinó el partido para la Real.

No hubiera podido hacerlo si Guedes no hubiera servido su cuarta asistencia en esta competición, siempre para desatascar a los donostiarras. Lo hizo con ese primer gol y después siendo la víctima de Musso en el penalti que Oyarzabal, cómo no, no falló. Aunque, para idilio con la Copa, y eso que llegó a la plantilla en enero, Ademola Lookman. En muchos momentos pareció imposible de frenar y, en el minuto 18, empató el duelo. Ha jugado cuatro partidos y sus números son tres goles y dos asistencias. Por eso sorprendió que Simeone lo mandara al banquillo en el minuto 60, cuando parecía que más lo iba a necesitar.

Y es que la final la había puesto cuesta arriba otro jugador, otra vez por gracia de Guedes. Buscó el luso un centro de Carlos Soler cuando Musso lo atropelló en su salida. Alberola Rojas no dudó y puso a Oyarzabal en el punto de penalti. Es infalible el capitán en esa faceta, como si no hubiera presión. Aunque exista y se transforme en calambres que impidan acabar el partido. Para tratar de contrarrestar esos galones emergió Koke, con un gran trabajo oscuro. Se jugaban quién recogería el trofeo de manos del Rey Felipe.

A los goleadores realistas les tocó sufrir en el banquillo los últimos 20 minutos, que podían ser suficientes para volver a ser campeones. No había aparecido la pólvora del Atlético, pero estaba en el campo. Griezmann no había brillado y Giuliano se marchó engrisecido. Julián Álvarez no amenazó hasta que las cintas de la Copa empezaban a teñirse de blanquiazul. Entonces, más centrado y con Sorloth como referencia, decidió tirar de su equipo, que tuvo ocasiones para evitar acabar en la tanda. Pero, otra vez, un penalti le apartó de la gloria.

Marrero emula a Arconada y da la Copa a la Real Sociedad en los penaltis ante el Atlético

Marrero emula a Arconada y da la Copa a la Real Sociedad en los penaltis ante el Atlético

Quizás Rino Matarazzo se había imaginado, en su paseo de 3 horas por San Sebastián, que su equipo levantaría el trofeo en la Cartuja dos días después. Quizás Oyarzabal proyectara, tras ver su gol en la última Copa del Rey, que volvería a tener suerte en una cita tan importante para su equipo y haría llorar a los casi 25.000 realtzales que les acompañaron a la capital hispalense. A veces los sueños se hacen realidad si se lucha mucho y, si al despertarse, uno los persigue para que no se desvanezcan. Quisieron los blanquiazules emular a la Real del 87 y fue Marrero el que, en esta ocasión, se vistió de Arconada y Marín, de héroe.

Pero la final la comenzó ganando Barrene que decidió introducir al Atlético en una nueva dimensión. Desconocida, deshabituado. Le dio el control del partido tras marcar un golazo a centro de Guedes en el primer minuto. Los rojiblancos debían olvidar la serie ante el Barça en la que explotaban la carrera y se aprovechaban del monopolio azulgrana del balón y la línea adelantada. Es la Real Sociedad un equipo valiente, pero no suicida. Aún así, Koke explotó en numerosas ocasiones la espalda de Aramburu con la velocidad de Lookman.

EFE

El británico estaba en ebullición. Las quería todas y al venezolano le estaba dando la noche. Tardó algo más de cuarto de hora en encontrar el premio a su constancia. No fue en velocidad o buscando la espalda sino en una preciosa jugada de tiralíneas que llegó a las botas de Griezmann para habilitar al extremo rojiblanco. Disparo cruzado y empate. Volver a empezar. El plan, con alguna curva, volvía a estar en marcha.

La primera parte se convirtió en un duelo de espejos. Como los entrenadores, ambos americanos y de riguroso negro. Y sus equipos se buscaban por el flanco izquierdo como si hubiera cristales rotos en la otra banda en un precioso duelo de pistoleros: Lookman-Guedes. La Real cedía el balón a los rojiblancos, pero no renunciaba a salir en tres pases usando a su capitán de pivote o buscando la espalda de Molina.

La Real, antes del descanso

El duelo estaba en un detalle y fue Musso el que fue sacudido por el aleteo de una mariposa. El portero, que seguía dando muestras de inseguridad en sus salidas, buscó de puños un centro de Soler. Su mano no encontró balón, si no la cabeza de Guedes. Alberola no dudó y Oyarzábal no falló, como en el 2021, para volver a ilusionar a media Cartuja y toda Guipúzcoa. En el minuto 45, además, ese tiempo donde los golpes duelen más, aunque no tumben.

Tenía el Cholo trabajo en el descanso. Esa palabra que le gusta tanto, la contundencia, estaba toda del lado donostiarra. Salieron con otra marcha los rojiblancos de los vestuarios y pronto avisaron con dos ocasiones de Griezmann y Lookman. Llorente aparecía por la banda derecha y equilibraba el peligro del equipo del Cholo. El siguiente movimiento de ajedrez fue sacar al británico, el mejor del equipo, y Ruggeri por Sorloth y Nico. Los caminos del Cholo son inescrutables. Respondió Matarazzo con Marín y Gorrotxa por Turrientes y Barrene, cemento al medio y a mantener la ventaja.

Tampoco quiso Simeone que Griezmann terminara el encuentro y el francés se llevó una ovación de ambas aficiones. Deportividad que continuaba tras un día de fraternidad en Sevilla. Pero el foco lo devolvió Julián al campo poco después. Tras una jugada de banda a banda del Atlético, terminó el balón en las botas de Julián, que con una gran maniobra empató el encuentro y silenció la Cartuja: una banda por asombro y la otra por miedo. La emoción cambiaba de bando y la Real debía afrontar los últimos 10 minutos sin su capitán y sin Barrene. Pero los rojiblancos, pese al empuje y las ocasiones de Baena y Sorloth, se quedaron sin tiempo y lo dejaron todo para la prórroga.

La alegría txuri-urdin

El tiempo extra siempre suele favorecer al que viene de atrás, aunque la Real intentó por medio de Kubo morder a un Atlético mandón. De hecho, se salvó en una ocasión cuádruple con un milagro de Cardoso. Poco después fue Oskarsson el que la tuvo por dos veces. Musso reaccionó mal al primer disparo y detuvo bien el segundo. Respondió Julián con un zambombazo a la cruceta. La final estaba para cualquiera, la Real, con corazón, había conseguido igualar el poderío rojiblanco.

EFE

Entonces llegó la suerte de los penaltis y el aroma del 87. Marrero, con el azul de Arconada, detuvo a Sorloth el primero y a Julián, el segundo. El fallo de Oskarrson dio un respiro al Atlético después del gol de Soler. Pero a partir de ahí nadie falló y el título, poco a poco, se fue tiñendo de blanquiazul hasta que Marín lo devolvió a donostia. Cinco años después y casi 30 desde el mito de la portería txuri-urdin.

Vivir y morir con Simeone: nadie sabe qué es este Atleti

Vivir y morir con Simeone: nadie sabe qué es este Atleti

El fútbol se estudia con perspectiva, pero se siente en el momento. Y entre estudiar y sentir, no hay color. Por eso resulta tan difícil, salvo para los acólitos y los haters, tener una postura firme con Simeone a estas alturas de su residencia en el Atleti. En el gran esquema de las cosas, analizando el cuadro completo a cierta distancia, su labor es indiscutible y su crédito, aún sólido. En el día a día, en el vivir, reír y sufrir que constituye la santísima trinidad de este deporte y en la desesperación que provoca perder una final, su naturaleza conservadora es desquiciante y las ganas instintivas de cambiar de líder, comprensibles. Toda esa gente que llora en la grada no se merecía un fiasco así.

Hace cuatro meses, cuando el Atleti ya había tirado la Liga y seguía dando síntomas de proyecto agotado, cada año un poco peor que el anterior, pensaba que la era Cholo debía acabar. Entonces llegó Lookman, revivió Griezmann y el técnico exhibió su dominio de las eliminatorias, convirtiendo repentinamente al peluche en una pantera. Si me preguntan el martes tras eliminar al Barça, lo renuevo cinco años. Hoy, cuando el equipo salió desconectado a una final, no mandó salvo cuando perdía, cambió a Lookman porque patatas y, lo que realmente señala al argentino, reculó una vez más tras los empates, resurgen las dudas. Sinceramente, es muy difícil entender a Simeone.

Los penaltis hicieron justicia porque la Real Sociedad fue mejor durante más minutos. En todo. En juego y en actitud, en ataque y en defensa, en el campo y en el banquillo. El fallo en cadena de Nahuel, Giuliano, Ruggeri y Musso en los primeros 14 segundos, que generó el 0-1 de Barrene, no fue un accidente sino una declaración de intenciones. Y ni siquiera tras la vida extra que supuso el golazo de Julián Álvarez fue capaz de tomar el control. La sensación de que este equipo sólo piensa en Europa sobrevoló tanto el partido como los días previos y es un riesgo mayúsculo. No es un gran plan jugárselo todo a hacer real una quimera.

¿Qué es este Atleti? ¿Cuál es su realidad, su idea, su futuro? ¿Es la máquina de competir de Champions o el equipo timorato de esta final, el que deambula sin pena ni gloria por la Liga? ¿De verdad la temporada va a ser de matrícula de honor o de suficiente raspado, sin punto medio, en función de dos partidos contra el Arsenal?

Pues sí, así es. Esa es la vida actual del Atleti con Simeone. Un doble o nada permanente en el que, por ahora, gana el nada.

Homenajes a Zabaleta y pugna entre silbidos y "lo, lo, lo, lo" durante el himno de España en la final de Copa del Rey

Homenajes a Zabaleta y pugna entre silbidos y “lo, lo, lo, lo” durante el himno de España en la final de Copa del Rey

Un tifo con un oso enfadado junto a un madroño y la Copa del Rey con la leyenda «Una pasión, un campeón» y una enorme efigie de Aitor Zabaleta destacaban en las gradas de La Cartuja antes de escuchar el himno ante la presencia del Rey Felipe VI. Pugna entre silbidos y tarareo de «Lo, lo, lo,lo» en un estadio azul y rojo. Los atléticos fueron mayoría ante un unos txuri-urdin que también pitaron a los ex Le Normand y Sorloth.

Una final que comenzó desde muy pronto en Sevilla. Caminaba Andrés Serrano por Triana escoltado por los hermanos DeGregorio, Santiago y Javier, con la hija de Santiago como guardesa. Más de dos siglos entre los tres amigos. Andrés, con 86 años, 72 como abonado, y socio número 80 del Atlético llevaba una camiseta de la generación de Luis Aragonés, con varios pins del club de sus diferentes épocas. Llegaron en AVE y andaban con miedo a la irregularidad de los rojiblancos. «Con el Atleti nunca se sabe», reflexionaba Andrés para luego preguntar: «¿Cómo puede ser que gane a los fuertes y pierda con los pequeños?».

Su andar era lento, claro, por el calor que pegaba en Sevilla, 33 grados a la sombra. Unos metros más adelante, les esperaba junto a la Catedral de Sevilla el grueso de los aficionados de la Real, unos 2.000, a los que su club recomendó juntarse sobre ese punto de la ciudad mientras que la afición rojiblanca, otros 2.000, hizo lo propio en la Alameda de Hércules, lugar que hace un par de años vivió una desagradable batalla campal en la final Athletic-Mallorca.

Intervención de objetos

Precisamente, en la calle Placentines, una de las vías que dan acceso a la Catedral bajaban cantando un grupo reducido de integrantes del Frente Atlético hasta que se encontraron con la masa blanquiazul. «Aitor, Aitor, Aitor Zabaleta», les devolvían los txuri-urdines mientras los rojiblancos daban media vuelta para evitar una confrontación. Por la mañana, la Policía identificó a 91 personas e intervenido objetos contundentes, cuchillos, palos, cadenas, pasamontañas y 95 barras de hierro.

Miles de rojiblancos atravesaban la ciudad para llegar hasta el parque del Alamillo, último paso de peregrinación camino del primer gran momento de la temporada. Muchos cánticos para el Cholo y un gran número de acólios se quedó en la puerta del hotel del equipo madrileño.

No estaba Sevilla de enfrentamientos, de hecho era más habitual ver a aficionados rivales haciéndose fotos juntos, especialmente en las Setas, donde la Real Federación Española de Fútbol había dispuesto una especie de festival futbolístico de confraternzación entre aficiones.

Y eso que en la capital hispalense se desayunó en vaso, como le gusta decir a Carlos Alcaraz. Desde las 11 de la mañana, numerosos bares del centro servían más cervezas y whiskys que cafés, especialmente en la Alameda de Hércules donde paseaban Félix Apalategui y su familia: tres hijos y dos nietos, que llevaban las camisetas de Guedes y Oyarzabal, la zamarra más habitual en la afición realista. «He estado en las últimas finales invitado por Adidas», mientras se dirigía rumbo a Triana.

"Desde antes de nacer"

Diego López, un rojiblanco de 20 años, había llegado desde Madrid y esperaba a su padre, que viajaba desde Málaga. El joven le había regalado por el Día del Padre las entradas para la final. «Soy socio del Atlético desde antes de nacer porque él está tan loco como yo», confesaba mientras enseñaba en su brazo los tatuajes del tridente de Neptuno y la fecha de nacimiento del club, 1903.

Sevilla fue tomada desde toda España y no sólo desde San Sebastián o Madrid. Fagogaga vino desde San Juan de Luz para animar a una Real de la que es socio desde hace 18 años y visitó la silla de Guipúzcoa en la Plaza de España, donde había una cola de 50 metros para poder hacerse una foto. Desde Logroño llegaron Álvaro Díez, Ángel López y Francisco González. Álvaro llevaba una camiseta de Simeone del doblete que se ganó en la 1995/96 con Antic en el banquillo. Consiguieron entradas a través de la Federación porque no son socios del Atlético y los dos se centraban en la Copa antes de mirar la Champions. «Vamos a empezar primero por hoy», decían sobre la posibilidad de otro doblete este curso. Como buenos cholistas, partido a partido. Las piernas no tienen que pesar, hay que jugar con el corazón», concluía Ángel.

Rafa Jódar cae con honores ante Fils en el Godó y promete un futuro magnífico

Rafa Jódar cae con honores ante Fils en el Godó y promete un futuro magnífico

Rafa Jódar embarcará este domingo en el puente aéreo de Barcelona a Madrid con la amargura de haberse quedado a un paso de la final del Trofeo Conde de Godó, pero con numerosas satisfacciones para encarar el Mutua Madrid Open. «Ya es un enorme tenista, ha jugado un primer set increíble. Le deseo mucho, mucho, mucho éxito en el futuro», le dedicaba su rival, Arthur Fils, que lo derrotó en semifinales por 3-6, 6-3 y 6-2 en casi dos horas de incertidumbre.

El francés, número 14 del mundo y semifinalista reciente en el Masters 1000 de Miami, necesitó sus mejores golpes y un sobreesfuerzo para deshacerse de Jódar, un novato al fin y al cabo. ¡Boom!, ¡Boom!, ¡Boom!, resonaban los derechazos del español y, sobre todo, sus reveses hasta que el cansancio hizo mella y su puntería decreció. Quedó una primera hora para el recuerdo: la primera hora de un futuro top 10, por no exagerar más el pronóstico. Una primera hora de ilusión.

EFE

Fils jugará por el título en el Godó este domingo (a las 16.00 horas, Teledeporte) ante Andrey Rublev, que derrotó a Hamad Medjedovic por 3-6, 6-2 y 6-2, pero el protagonista de la semana fue Jódar.

El crecimiento del español

Como ya hizo en el Open de Australia -donde logró su primera victoria en un Grand Slam- y en el ATP 250 de Marrakech -donde celebró su primer título profesional-, en el ATP 500 catalán el español dio varios pasos adelante en su crecimiento como tenista. «Mi objetivo en el tenis es disfrutar, jugar en el circuito y viajar. Cada semana en el Tour es muy divertida. Conoces a gente estupenda. Haces muchos amigos. Creo que la vida en el Tour es buena para los jugadores, con todas las facilidades que te dan los torneos. Es genial», repetía estos días, como ya había dicho en Melbourne en una entrevista con EL MUNDO. Con esa actitud, cada semana que pasa resulta más peligroso. Su juego consistente y agresivo está adquiriendo la velocidad de los mejores, y solo le falta madurez física para aspirar a cotas mayores. Tiene 19 años; llegará.

Además, en el Godó ha conectado con el público español -su público-, que lo encumbró como nuevo ídolo apenas minutos después de la retirada de Carlos Alcaraz, y ha escalado aún más en el ranking ATP. Este lunes, antes del inicio del Masters 1000 de Madrid, Jódar figurará en la lista como número 42, una posición ya más que notable. Por delante de él, solo tres españoles: Alcaraz (número 2), Alejandro Davidovich (24) y Jaume Munar (38).

El momento clave

En el duelo ante Fils hubo un juego decisivo que lo cambió todo. En el primer set, Jódar estuvo imparable. Sin los nervios iniciales que le habían afectado en otros partidos, desde el primer momento apabulló al francés con sus golpes planos y brilló especialmente en los puntos clave. Cada vez que Fils disponía de una bola de rotura, Jódar aceleraba; no logró quebrarle el servicio hasta el séptimo intento. Pero todo se torció al comienzo del segundo set.

MANAURE QUINTEROAFP

Con 1-1 y 15-40, el español contaba con dos opciones de break para lanzarse hacia la victoria. Ya se podía imaginar en la final, el público auguraba fiesta al día siguiente, y fue entonces cuando emergió Fils. Con su poderoso saque y su superioridad física, el francés salvó la situación y sometió a Jódar a un desgaste que, a la postre, resultaría decisivo. Con 4-3 en el marcador, Fils firmó su primer 'break' y a partir de entonces todo se inclinó de su lado.

España se da un baño de goles ante Ucrania en la persecución a Inglaterra

España se da un baño de goles ante Ucrania en la persecución a Inglaterra

Ganar y golear. Esos son los deberes que tiene España y, ante Ucrania, los cumplió. Se dio un baño de goles ante la selección que cierra el grupo tras convertir la segunda parte del duelo, a pleno sol cordobés, en un vendaval ofensivo. La goleada se abrió antes de los dos minutos de juego. Lucía Corrales, dueña del carril zurdo por las numerosas rotaciones que hizo Sonia Bermúdez, se coló en el área para servir un centro perfecto que Edna Imade cabeceó para marcar su cuarto gol como internacional.

Ese tanto les hizo encerrar a las ucranianas en su campo casi durante el resto de la primera parte. Sin embargo, faltó clarividencia para convertir los ataques que se sucedían en goles. Las más claras se acumularon poco antes de ir al descanso, con un latigazo de Salma Paralluelo y un remate de Alexia colándose entre tres rivales con rabona incluida que salvó la guardameta Keliushyk. Clàudia Pina, sin colmillo en esta ventana, también probó con un golpeo por encima del larguero. Sin embargo, Ucrania cuajó una contra y Oudiychuk estrelló el empate en el palo de una sorprendida Adriana Nanclares.

Cualquier esperanza de las ucranianas la tumbaron de nuevo Corrales y Edna. Calcaron la misma jugada al inicio de la segunda parte para meter en el bolsillo de España la victoria y los tres puntos en el minuto 46. Faltaba engordar la cuenta de goles para poder cazar a las inglesas en esa estadística y fiarlo todo al duelo en Mallorca.

Lo buscaron y María Méndez logró el tercero rematando un centro de Vicky López, a quien la seleccionadora había mandado al campo junto a Ona Batlle. El cuarto llegó con un brillante golpeo a escuadra de Eva Navarro y el quinto premió la picardía de Vicky López cazando una bola suelta en el área tras un mal despeje de las acaloradas ucranianas. El duelo estaba tan controlado que debutó Aiara Agirrezabala a sus 17 años. Se mantuvo la voracidad, aunque no llegaron más goles. Deberán aparecer el 5 de junio, en Son Moix, cuando España esté obligada a ganar a Inglaterra por más de un gol de diferencia para sacarse el billete directo a Brasil.