Un panenka de Mbappé dedicado a Brahim y un registro por encima de Ronaldo Nazario

Un panenka de Mbappé dedicado a Brahim y un registro por encima de Ronaldo Nazario

La energía, la actitud y la concentración fueron otra vez las señas distintivas del Real Madrid. Apenas cuatro días después, frente a un rival con mucha más enjundia que el Mónaco, el equipo de Álvaro Arbeloa volvió a ofrecer un fútbol preciso, intenso, severo en su área y letal en sus transiciones. «No puedo ir contra la naturaleza de mis futbolistas. Todo lo contrario, tengo que aprovecharla», explicó el técnico en la sala de prensa de La Cerámica, en referencia a la velocidad de sus delanteros.

«El compromiso de los jugadores es innegable», reiteró Arbeloa sobre el líder provisional de LaLiga protagonista de cinco triunfos consecutivos. «No diría que hay un cambio muy grande, pero algo ha encajado ahora», analizó Thibaut Courtois. Por cuarta jornada liguera consecutiva, el belga no tuvo siquiera que intervenir antes del descanso. Algo insólito en las cinco grandes ligas europeas en este arranque de 2026. Cumplido el tiempo reglamentario, Courtois únicamente tuvo que blocar un disparo de Alberto Moleiro y despejar un balón aéreo.

Kylian Mbappé había pasado desapercibido durante la primera mitad, víctima de algún desafortunado resbalón, mientras Pape Gueye gobernaba en la medular con su esplendoroso despliegue. El senegalés había recibido en la previa el tributo de La Cerámica por ese gol que había valido un título de la Copa África, mientras Brahim Díaz hacía todo lo posible para esquivar las cámaras desde el banquillo. Por una de esas extravagancias del fútbol tuvo que ser Gueye quien fallase estrepitosamente en la acción del 0-1 de Mbappé. No conforme, el francés provocó y transformó a lo panenka un penalti en el añadido. «Para ti, para ti», espetó al internacional marroquí durante la piña de los festejos. Arbeloa sólo dio minutos a Brahim y Gonzalo García, dejando en paso sus otras tres opciones de refresco.

Güler y Asencio

A ver quién da un mínimo descanso a Mbappé, que acumula 21 goles en sus 20 partidos en el torneo doméstico. A los 27 años, el capitán de los bleus acumula ya 416 tantos en su carrera, dos más que otra leyenda como Ronaldo Nazario.

No tuvo acierto el Villarreal, que este curso no da la talla ante la elite de LaLiga. Tampoco en las botas de Gerard Moreno, impreciso tras una pícara acción a balón parado de Dani Parejo. Fue cumplida la hora de juego, cuando el delantero había dejado ya incontables muestras de la calidad de su pie izquierdo. El único despiste de la zaga visitante a lo largo de la noche.

A la mejoría de Dean Huijsen hubo que sumar la contribución Arda Güler. En sus 80 minutos, el zurdo no sólo apareció con peligro por el balcón del área, sino que ganó seis duelos a ras de césped y sumó otras tres recuperaciones. Se notaba el buen pie de Arda, como los cambios de orientación de Fede Valverde y Raúl Asencio, que permitían situaciones de uno contra uno para Vinicius.

Brahim Díaz y Pape Gueye, tras el pitido final en La Cerámica.

Brahim Díaz y Pape Gueye, tras el pitido final en La Cerámica.EFE

Otra mención de honor merece Asencio, que ahora acierta incluso cuando yerra. Como en ese desliz a cinco minutos para el final, cuando la hinchada amarilla reclamó una mano en el área que no fue tal. Durante más de una hora, el central se sobrepuso a las molestias en su renqueante pierna derecha. Impuso su potencia y colocación en un par de acciones al límite, sin resentirse de una tibia afectada por el estrés traumático.

Mucho más terrible resultó el infortunio de Juan Foyth, el gran pilar de la zaga. El argentino, establecido esta vez como central, se marchó en el minuto 23 con lo que parecía un grave daño en el tendón de Aquiles. De confirmarse, esta desgracia aumentaría la leyenda negra de Foyth, que en los últimos tiempos ya sufrió dos graves lesiones en la rodilla y otra más en el hombro derecho. Pau Navarro tuvo que hacerse cargo de Vinicius desde el inicio. Fue un duelo vibrante, uno de esos piques al límite tan del gusto del brasileño.

Los desaires con Soto Grado empezaron a acentuarse a propósito de un simple saque de banda, aunque cualquier excusa parecía válida frente al árbitro que hace un año le enseñó la roja en Mestalla, tras una presunta agresión sobre Stole Dimitrievski. El asunto vino a empeorar poco antes del descanso, cuando el '7' echó a perder una magnífica oportunidad para el contragolpe por un absurdo empujón sobre Moleiro. Pero no se descentró Vinicius, cuidado hasta la extenuación por Arbeloa. «Mbappé y Vini son los dos mejores jugadores del mundo. Yo sólo puedo agradecer su trabajo», concluyó el ex preparador del Castilla.

Dos estocadas de Mbappé

Dos estocadas de Mbappé

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Ese jugador maravilloso que es Mbappé, con sus dos estocadas, mató a un Villarreal que resistió hasta donde pudo, porque en la segunda fase no podía con su alma por culpa de un Real Madrid penitente que corría y corría para quitarle el balón. Y atacaba con peligro.

Para saber más

¿Quién lo iba decir? El Madrid se pone de líder de momento, a pesar de todo el pésimo comportamiento de Xabi Alonso. Y con la aparición de un inesperado Arbeloa, que ha dado el espíritu perdido de lo madridistas.

Sobre todo, alma y corazón. Y cuando corres y corres, todos luchan, con esa calidad de algunos jugadores basta para despeñar a un Villlarreal luchador, pero sin definir ni tirar a puerta, casi nunca.

Lo cierto es que Arbeloa ha mejorado a Vini, sobre todo. Pero también a Camavinga, a Belligham e incluso a Huijsen. Y eso es mucho para un equipo que estaba alelado, esperando con las tácticas de Alonso sirvieran para algo.

La superioridad madridista en la segunda parte fue muy llamativa. El problema es que les falta los goles de a Vini y Belligham, lo que hacían antes de la pandemia de Ancelotti. Tiene que resolver siempre el de siempre. Cómo Mbappé pilla de listo el primer gol y cómo se fabrica un penalti de la nada.

Eso es lo que más debe preocupar a Arbeloa. La suma dependencia de Mbappé es insuperable. Estuvo casi torpe todo el partido y ,al final, dos tantos y 21 goles en liga en 21 partidos . Es algo extraordinario. Hay que respetar mucho a Ronaldo, pero el francés es mucho más completo.

Posee la potencia del magnifico Eusebio luso, la sorprendente habilidad de Cruyff y el remate preciso de Puskas. Vale más que los millones que ha pagado el Real Madrid por él. Y encima casi ni se lesiona.

Me llama la atención el odio especial que Marcelino tiene al Real Madrid. Quizá porque nunca será aspirante a ser entrenador del Madrid. Fatalmente, es un segundón y siempre lo será. No se puede hacer el rídiculo en la Champions, en la Copa y ser mucho más pobre de juego frente al Madrid. No da la talla e incluso será devorado el Villarreal por Simeone.

Al final, la apuesta de Florentino le ha salido sorprendentemente bien . Algo y mucho ha cambiado con el mandato de Arbeloa. Su personalidad perpendicular y ese esfuerzo de conjunto que es como inaudito desde hace muchos años, de bloque bajo y contragolpe.

Mbappé se basta para llevar a un esforzado Real Madrid al liderato

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Los campeones pueden construirse desde la brillantez o desde la efectividad. El Real Madrid eligió dormir líder de la Liga arremangándose en La Cerámica, esforzándose en sujetar los latigazos del Villarreal, que no cesaron en todo el duelo, y castigándole con goles de Mbappé. Fue suficiente. Todo lo que apretó los dientes en defensa para proteger su área, lo falló en la local. Demasiado perdón que, esta vez, no lamentó. [Narración y estadísticas: 0-2]

Propuso el Villarreal un duelo de vértigo, que bailó de un área a otra, con amenazas que, poco a poco, se fueron acercando mucho al gol, aunque no llegó ninguno en la primera parte. Intentó el Real Madrid hundir al equipo de Marcelino y se encontró con que en los planes del asturiano estaba resistir y buscar velocidad. La verticalidad más absoluta como estrategia de ataque bajo el mando de Gerard Moreno. Durante muchos minutos fue una pesadilla, incomodando a Camavinga con robos para buscar a Moleiro y Buchanan, incluso las incorporaciones de Pedraza por la orilla izquierda. Pero no era bastante. El Real Madrid no se agrietaba lo suficiente. Si bien no tenía fluidez, nunca se descompuso. Fueron 20 minutos de pura adrenalina con centros que salvó Carreras o simplemente Mikautadze no atinó a mandar entre los tres palos.

Desde esos primeros golpes de fogueo, el Madrid buscó los suyos. El requiebro de Güler en una baldosa para sacar un disparo fue la primera ocasión que salvó Luiz Junior. Vinicius aún no había podido aparecer y la solidaridad en defensa había evitado que Mbappé pudiera armar su pierna. Era cuestión de tener paciencia porque el duelo estaba muy abierto. Eso mismo pensaba el Villarreal, que se encontró con el golpe anímico de la lesión de Juan Foyth. El argentino se fue al suelo en el minuto 20, con la mano en el tendón de Aquiles. El beso de Mastantuono cuando se retiraba sin poder caminar era síntoma de malas noticias.

Desde ese momento, el Madrid se asomó con más intensidad al área amarilla. En una contra, Bellingham habilitó de nuevo a Güler para que golpeara desde la frontal, por encima de la portería. Tras el turco aparecieron tirándose una pared Vinicius y Mbappé, una sociedad con mucho que decir en La Cerámica. Su primera conexión acabó con un disparo del francés a las manos del guardameta brasileño a la media hora del partido.

El ritmo se aceleró porque el Villarreal sostenía su valentía y, por eso, también el riesgo. Casi se lo hace pagar al filo del descanso Vinicius con un zurdazo cruzado desde la medialuna que rozó el poste. Había tenido que encontrar nuevos huecos porque en la banda estaba bien vigilado por Pau Navarro. La respuesta a esa clara ocasión la dio el campeón de África Pape Gueye, con un misil tras un ataque comandado por Pedraza y Moleiro, estiletes por el carril izquierdo.

Fue tras el descanso cuando el partido se rompió. Justo cuando Vinicius le ganó el primer duelo claro a Pau Navarro, se coló hasta la línea de fondo y buscó un pase atrás que Gueye no pudo salvar, desde el suelo, y cazó Mbappé para abrir el marcador.

La ventaja dio algo de pausa y comodidad al equipo de Arbeloa, pero no podía dejar de controlar alas del Submarino. Porque por allí se coló Pedraza, lo derribó Mastantuono y la falta se la sirvió Parejo al punto de penalti a Gerard, que mandó su golpeo por encima del larguero. Fue recordatorio de que el marcador era corto y el enemigo, insistente aunque no pisara el área.

Quiso zarandear Marcelino su once buscando más fuelle, aunque al Villarreal le siguió costando pisar el área mientras la sensación es que el Madrid, cómodo, solo tenía que dejar pasar los minutos. Eso sí, con el arma de Gonzalo para balones parados y con Brahim, aún herido. Quien volvió a aparecer fue Mbappé, derribado en el área por Pedraza en el añadido. El francés no falló. Lo tiró a lo panenka, en homenaje a su compañero. La tarea, aunque fuera sin brillo, estaba hecha.

La guerra civil que está a punto de explotar en el tenis: 1.000 millones, Arabia Saudí y la queja de Djokovic contra Alcaraz y Sinner

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El tenis tal y como lo conocemos podría desaparecer en los próximos años. O no. La única certeza es que entre las pistas y los despachos hay una guerra civil a punto de explotar. A un lado, el Open de Australia y muchísimos jugadores —más de 600—, aunque estrellas como Carlos Alcaraz y Jannik Sinner se hayan alejado de las trincheras. Al otro, los circuitos ATP y WTA y los otros tres Grand Slam: Roland Garros, Wimbledon y el US Open. Entre ambas partes ya hay demandas, multimillonarios dispuestos a intervenir e incertidumbre. Quizá desaparezca el sistema actual. Quizá no pase nada. Pero el precedente del golf y la herida abierta del LIV Golf espantan.

Para entender la situación hay que rebobinar seis años y centrar la mirada en un solo tenista, el más laureado de todos los tiempos: Novak Djokovic. En 2020, el serbio creó un nuevo sindicato de jugadores junto a Vasek Pospisil para reclamar lo que consideraba que era suyo: más dinero, más libertad comercial, menos partidos y menos imposiciones. "Nos merecemos tener más voz en las decisiones que se toman en los despachos", afirmaba entonces Djokovic, que respaldaba la fundación de la Professional Tennis Players Association (PTPA) con datos.

Pese a que los premios de los torneos aumentan cada año, los tenistas solo reciben el 17% de los ingresos que genera su deporte, un porcentaje minúsculo si se compara con el 50% que obtienen los jugadores de la NBA o el 70% que pueden llegar a cobrar los futbolistas. Además, los circuitos ATP y WTA apenas ofrecen espacio para la publicidad individual de cada jugador y, a cambio, les exigen cada vez más días de trabajo, especialmente tras la ampliación a dos semanas de los Masters 1000. "Es un calendario insostenible", argumentaba Djokovic, que pronto encontró apoyos.

Denuncias internacionales

En su primer año de vida, la PTPA afilió a centenares de socios, especialmente jugadores modestos, aunque también se sumaron nombres conocidos como Paula Badosa, Hubert Hurkacz, Ons Jabeur, Reilly Opelka o Pablo Carreño. Con Djokovic a la cabeza, la asociación hizo el ruido necesario, expuso sus propuestas y planteó una negociación a todos los dirigentes del tenis. Pero solo recibió silencio por respuesta. Durante varios años, ni la ATP, ni la WTA, ni los Grand Slam hicieron caso alguno a la PTPA y sus reivindicaciones se fueron apagando.

Hasta el año pasado. En marzo, la Professional Tennis Players Association, hasta entonces criticada por su falta de impacto, presentó por sorpresa varias demandas en Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido contra los órganos rectores del tenis por "prácticas anticompetitivas". "Los jugadores estamos atrapados en un juego amañado, con un control limitado sobre nuestras carreras y nuestras marcas, mientras sufrimos un flagrante desprecio por nuestro bienestar", proclamaba el sindicato, que iba incluso más allá al afirmar que los dirigentes de su deporte operaban "como un cartel". Aquello fue el inicio de un terremoto del que todavía se desconocen las consecuencias.

El papel del Big Two

A partir de ese momento, las dos partes empezaron a moverse con rapidez. La PTPA, apoyada económicamente por el billonario estadounidense Bill Ackman, se lanzó a buscar 1.000 millones de dólares entre bancos e inversores para crear un nuevo circuito unificado, el Pinnacle Tour, que debería mejorar el reparto de beneficios y explotar menos a los tenistas. Además, alcanzó un acuerdo con el Open de Australia para colaborar a cambio de retirar al torneo de la demanda. La ATP, la WTA y los otros tres Grand Slam, por su parte, cerraron filas y prometieron batalla mientras maniobraban en la sombra. Durante unos meses se barajó la posibilidad de que el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí interviniera en la revuelta a favor de los jugadores, pero la ATP consiguió su apoyo a cambio de otorgarle un nuevo Masters 1000 a partir de 2028.

Y ahora, ¿qué pasará? Nadie lo sabe. Los litigios jurídicos pueden durar años y, en teoría, antes deberían llegar los pactos. De momento, la PTPA parte en desventaja. Todavía no ha encontrado el dinero necesario para montar su propio circuito y sufre una notable división interna. La pasada semana, de hecho, Djokovic decidió desvincularse de la asociación por "la falta de liderazgo entre los tenistas", una crítica implícita a la falta de apoyo de Alcaraz o Sinner, que no quieren inmiscuirse. Pero si el sindicato encuentra la inversión que anhela y el Big Two decide dar un paso al frente, el tenis tal y como lo conocemos podría cambiar para siempre.

Así volvió Mateu Morey de su infierno de lesiones: "Imagínate un niño al que le gusta el fútbol, tanto tiempo sin poder jugar..."

Así volvió Mateu Morey de su infierno de lesiones: “Imagínate un niño al que le gusta el fútbol, tanto tiempo sin poder jugar…”

Cuando Mateu Jaume Morey (Petra, 2000) anotó el tanto del empate ante el Celta, su primer gol como profesional, en la segunda jornada de LaLiga al final del encuentro en Son Moix, algo volvió a sonreír dentro de él. "Reunió todas las cosas que a veces un jugador desea. Marcar en el último minuto, en casa, con tu gente y sobre todo después de todo lo que había pasado. Fue muy especial la verdad", revela el defensa del Mallorca a EL MUNDO en la víspera del encuentro que les enfrenta al Atlético de Madrid en el Metropolitano.

No hay papel para escribir todo "lo que le había pasado" al jugador en su época en Dortmund. Pero se resume en tres operaciones de rodilla y un infierno que se extendió más de dos años. "Imagínate, un niño que le encanta jugar, disfruta haciéndolo, tener que estar tanto tiempo sin poder hacerlo...", comienza a elaborar el jugador que llegó a Alemania con 18 años con la ilusión por las nubes hasta que la rotura de un ligamento cruzado le bajó de ellas.

"No era consciente y no valoraba lo que era estar ahí hasta que me pasó eso", explica el futbolista que, en medio de ese proceso, meditó colgar las botas. Apenas tenía 20 años y no llegaba ni a tres años como profesional. "Aparte de no poder jugar durante tanto tiempo también estaba lidiando con dolores y llegó un momento que pensé en dejarlo, pero al final tenía la gente que está a mi lado y me dieron ese empujoncito que me faltaba para poder seguir adelante".

Así, Morey consiguió dejar atrás la tristeza y el enfado de "estar alejado del verde", que para él fue lo más duro, y resurgió con una experiencia que le aportó "un aprendizaje brutal tanto en lo profesional como en lo personal" para afrontar el resto de una carrera que ha sido como un círculo de la vida, como dirían en el Rey León. "En Mallorca me he vuelto a reencontrar conmigo mismo. Al final del entreno, donde estamos jugando cada día, donde di mis primeros pasos como futbolista... Imagínate lo que significa para mí poder ir a Son Bibiloni (ciudad deportiva del Mallorca) cada día y ponerme las botas y salir al verde. Es una cosa que intento disfrutar al máximo y darme cuenta de lo privilegiado que soy", expresa. De momento, le queda este y un año más de contrato con el club de sus amores.

Ese círculo vital comienza y termina en Petra, Mallorca, en donde era un niño más que "tuvo la suerte de que se dio todo lo que se tenía que dar para que llegar a poder vivir de esto". Entonces llamó el Barcelona para llevarle a La Masía con 14 años donde compartiría muchas cosas con dos jugadores de los que sigue siendo amigo de aquellos años como Fermín y Gavi. "Estabas lejos de tu familia y nos apoyábamos unos a los otros", apunta un jugador que nunca dudó de sus capacidades a pesar de estar en una de las mejores canteras del mundo. "Si ya vas pensando que no vales, no es el camino correcto. En ningún momento se me pasó por la cabeza. Estaba seguro estar en el sitio correcto para poder crecer y aprender con los mejores compañeros y entrenadores", apostilla.

Pero la experiencia de la Masía no terminó como esperaba ya que por un problema contractual, Morey estuvo apartado de los terrenos de juego, aunque eso, insiste, no empaña su experiencia allí: "una de las más bonitas". Especialmente porque después de llegar a la fría Dortmund, con 18 años, con las ilusiones intactas al ser uno de los equipos que mejor trata a los jóvenes futbolistas, es cuando su rodilla le brinda aquellos dos años en el infierno.

Así que, una vez superado aquello, y quedando libre tras cinco años en Alemania, el jugador vuelve a casa porque lo necesitaba. "Fue un punto de inflexión, poder volver a casa tras 10 años fuera, entre el Barça y el Borussia, y después de lo que había pasado, creo que ha sido fundamental tener los míos cerca, volver a la isla y volver a disfrutar del fútbol", apunta el jugador que alterna titularidad con Pablo Maffeo, aunque el argentino acumula más minutos.

Golf como terapia

Morey salió de inicio en la última victoria del Mallorca ante el Athletic Club con un Muriqi espectacular, que hizo un hat-trick, y que, a día de hoy, es más definitivo que Julián Álvarez, el delantero que les amenazará esta tarde en el Metropolitano. "Ojalá podamos darle continuidad a esa victoria". Lo harán ante un Atlético embutido entre dos duelos de Champions lo que tiene ventajas e inconvenientes. "Influye en la manera de preparar el partido. Puedes dedicar más tiempo a lo que el equipo necesita, pero creo que todos pagaríamos por jugar cada tres días ya que significa estar vivo en varias competiciones", revela el defensa de un Mallorca que cayó en octavos de final de la Copa del Rey ante el Depor tivo de la Coruña de Segunda División.

Pase lo que pase en el Metropolitano, un campo donde el conjunto balear lleva cinco años sin ganar, y con un Mallorca que está inmerso en la lucha por el descenso, Mateu ya sabe lo que es el barro de este deporte. Un lugar del que salió más fuerte, pero con cicatrices que ahora se curan junto a su familia en su isla y con sus amigos en un campo de golf. "Intento ir ahí a pasar el rato, a disfrutar y unos días va mejor y otros días va peor", apunta un futbolista y una persona, que resurgió de sus cenizas.

Hezonja fulmina al Breogán

Hezonja fulmina al Breogán

No hay un jugador igual. Mario Hezonja no admite comparaciones en Europa, un alero con mil posibilidades, talento y físico, conocimiento del juego y liderazgo sólo a prueba de su mentalidad. En Lugo, uno de esos sábados en que las cosas suelen complicarse, el croata se adueñó del escenario para la enésima victoria del Real Madrid, la que le mantiene con sus estupendas sensaciones. [85-103: Narración y clasificaciones]

No fue una noche tan plácida ante el Breogán. Pero esta vez el Madrid, que desde que perdió el pasado 4 de enero el clásico en el Palacio parece otro, se apoyó en el perímetro (15 triples, 52% de acierto), en el dominio de la pintura de Len y Garuba, en la aportación de menos habituales como Okeke y Feliz y en el partido total, sin hacer ruido, de Trey Lyles (cinco puntos sin fallo, seis rebotes, cinco asistencias). Aunque, por encima de todos, Hezonja (28 puntos, seis rebotes).

En Lugo, dos días después de la batalla contra el Mónaco, en esta sucesión de partidos inasumibles que afrontan cada semana los equipos Euroliga, el Real Madrid se plantó con rotaciones. Con la baja por lesión muscular de Theo Maledon y sin Tavares, Deck ni Abalde. Y el Breogán de Luis Casimiro no es cualquiera. Un equipo de los que se agarra a la Liga, competidor y fiero, sin atisbos de coqueteos con el descenso desde que el veterano entrenador manchego acudiera al rescate hace ya un año.

Con el ucraniano Len en el banquillo y el joven ruso Egor Amosov como gran novedad en la convocatoria (debutó, con 18 años recién cumplidos, a falta de un minuto), el Madrid amaneció golpeando. Ritmo de crucero que destroza a cualquier rival dormido. Un 0-10 de salida ante el que pronto reaccionó el equipo gallego. Hasta el punto de ponerse por delante al comienzo del segundo cuarto (21-19), impulsando por el físico del danés Diba.

Alex Len, ante el Breogán.

Alex Len, ante el Breogán.ACB Photo

No iba a permitir desconexiones el Breogán, consciente del esfuerzo que supone para el Madrid estos tipos de partidos ligueros a domicilio, mezcla de pereza y cansancio. Garuba, tan de dulce últimamente, apareció en el duelo con nueve puntos en un suspiro y Andrés Feliz inyectó una marcha más para devolver la ventaja a los blancos. Pero la siguiente siesta fue un sopapo en toda regla. El eléctrico Dewayne Russell elevó a su equipo hasta la primera ventaja alarmante (43-35). Sólo la irrupción poderosa de Len en la pintura y ocho puntos seguidos del pívot llevaron al descanso la igualdad.

El Madrid regresó con la concentración y el ímpetu recobrado. Hezonja en plan líder (12 puntos más en un suspiro) y el triple como aliado, hasta seis en el tercer acto, dos de ellos de Okeke. Pero el Breogán no se daba por vencido, con el croata Mavra a los mandos de la rebelión ahora. Tuvo que ser otro tirón más, al comienzo del round final, el que acabara rindiéndoles. El triple, esta vez, era el gran puñal blanco.

En el siguiente apretón, el Breogán se fue a la lona. Dos triples más de Hezonja y se acabó el duelo, la 15ª victoria blanca en Liga.

España cae ante Dinamarca y se despide de las medallas

España cae ante Dinamarca y se despide de las medallas

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Dinamarca no dio prácticamente opción a España. Con un Emil Nielsen erigido en todo un muro, capaz de firmar 14 paradas, y un ataque demoledor, con un Emil Jakobsen (ocho tantos) y buenas aportaciones tanto de Pytlick como Kirkelokke o Gidsel, el conjunto danés, siempre alentado por su público, logró llevarse un triunfo por 31-36 que deja definitivamente a los Hispanos fuera de la lucha por las medallas.

Pese a la derrota, cabe destacar el tremendo desparpajo y la calidad mostradas por un Marcos Fis que, pese a su juventud, se erigió como el mayor argumento ofensivo del conjunto que dirige Jordi Ribera. No solo tomó la responsabilidad y transformar acciones desde los siete metros después de que Nielsen fuera capaz de frustrar inicialmente a todo un especialista consumado como Alexi Gómez, con quien comparte vestuario en el Barça, sino que, además, fue todo un estilete en el ataque español. Fue quien más buscó el disparo y logró un más que justo premio a su esfuerzo: nueve tantos que, pese a todo, no bastaron para lograr lo que era como mínimo un trabajo digno de Hércules.

Y eso que, pese a verse por detrás en el luminoso a lo largo de prácticamente todo el partido, España supo encontrar un pequeño resquicio para acariciar el triunfo en su empeño. El momentáneo 17-17 conquistado con gran esfuerzo por los Hispanos sería con todo borrado prácticamente de un plumazo por unos daneses capaces de anotar un parcial de 2-10, siempre apoyados en el buen hacer de su portero, que les permitió marcharse por una diferencia de ocho goles que sería ya prácticamente decisiva. En el ocaso, los españoles encontraron la forma de estrechar el marcador hasta un 31-36 final que deja ahora como aspiración máxima poder pelear por ser los quintos o sextos clasificados.

El Valencia se sacude la amargura con una victoria ante el Espanyol gracias a un polémico penalti

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Si el fútbol es un estado de ánimo, al Valencia lo ha rescatado la terapia de enero. De ser el equipo frágil y magullado, condenado a vivir en el sótano de LaLiga, ha pasado a encadenar victorias, trabajadas, ajustadas e incluso con penaltis muy discutibles. Al Espanyol se le escapó un empate en Mestalla sudado con una decisión de Hernández Hernández que el VAR no discutió. Vio el colegiado que Rubén obstaculizó a Lucas Beltrán en el 90+1 y señaló los once metros. Con el estadio embravecido, marcó Ramazani para poner un 3-2 en el marcador que al valencianismo le sabe a gloria porque le saca de la amargura del descenso. [Narración y estadísticas: 3-2]

Verse en cuartos de final de la Copa del Rey, con la primera victoria fuera de casa, además frente al Getafe, y doblegando al descarado Espanyol, el Valencia da señales de haber encontrado el remedio para la ansiedad de unos jugadores lastrados que empiezan a deshacer sus nudos. A ello contribuye la grada, más calmada, ante la reacción de los suyos, y del club, cerrando fichajes de invierno como Sadiq, el central Unai Núñez y, sobre todo, el argentino Guido Rodríguez, con un caché que no llegaba al equipo desde hace más de una década.

Esos estímulos ejercieron de bálsamo, pero el Valencia dio mejores síntomas sin que esos rayos de sol llegaran al césped. Lo hizo sin el capitán Gayà, sancionado, sin el general al mando de la zaga, Tárrega, lesionado, y cruzando los dedos para que cumpliera el suizo Cömert, que lo hizo -hasta con un gol- y la parroquia se lo aplaudió. Quisieron apretar los pericos, con una defensa en el centro del campo y Roberto obligando a Dimitrievski a saltar a sus pies para atajar el primer balón en el área a los seis minutos. Si Manolo González quería jugar con los nervios del estadio, se equivocó. En un cuarto de hora el Valencia cobró ventaja.

En una jugada de vértigo, Copete buscó al incombustible Lucas Beltrán, que se giró cómodo ante Pol Lozano y filtró la pelota a Hugo Duro, que ya le ganaba la espalda a Cabrera, regateó a Dmitrovic y marcó su cuarto gol consecutivo en Mestalla. Si alguien no entiende por qué Sadiq no es titular indiscutible en este Valencia, esta jugada lo explica. El trabajo del argentino como segundo punta es incansable y muy provechoso. En el minuto 90+1 del partido volvería a demostrarse.

No pudo reaccionar el Espanyol, muy plano en ataque. Se vio noqueado y no se fue al descanso con un mayor castigo porque el Valencia fue romo. No sufría, pero tampoco intimidaba por sus imprecisiones. Esa vida extra la usaron los catalanes al regreso del vestuario.

Los aspavientos de cabreo de Manolo García en el área técnica durante toda la primera mitad hicieron que sus jugadores salieran encendidos para lograr un empate que no tardó en llegar. Primero, con una falta algo escorada a un metro de la frontal que Pere Milla estrelló a bocajarro en la barrera. Los blanquiazules estaban asediando la meta local y, para reforzar ese empuje, salieron del banquillo Expósito y Kike García. Fue el gigantón quien fabricó el empate. Forzó a Dimitrievski a escupir un centro raso perfecto de Jofre y cazó el rechazo para tocarlo atrás donde aparecía Ramón Terrats.

El partido empezaba de nuevo, pero el Valencia no flaqueó por mas que su rival estuviera poniéndole en problema. Estiró Danjuma al equipo por la orilla izquierda hasta la línea de fondo para colgar un balón en el área pequeña que cabeceó a placer Eray Cömert. Como si fuera invisible, el suizo había llegado desde la defensa al área sin que nadie le detectara.

El marcador estaba de nuevo a favor y el duelo destripado, por eso Corberán tenía que incrementar las amenazas, y fueron Sadiq y Diego López. En la ida y vuelta, el nigeriano probó con un disparo enroscado, pero fue el Espanyol quien tuvo el premio. Tuvo que bajar Beltrán al lateral derecho y su mal despeje lo rescató Dolan para servirle a Urko un tiro lejano que tocó en Pepelu y Copete para despistar a su portero.

El empate, como en el partido de ida, servía de poco a los valencianistas, que buscaron a fuerza de latigazos a la contra llevarse el partido, aunque también respiraron cuando Dimitrievski sacó el pie para tapar un remate de Kike García desde la línea de fondo ajustadísimo al primer palo. Toda la mala fortuna que ha acumulado el Valencia se le giró a favor en el tiempo añadido, cuando Lucas Beltrán no dio por perdido un remate de Ramazani escupido por la defensa y cayó en su pugna con Rubén. El estadio, sin imágenes, no dudó. El colegiado, tampoco. Y el VAR, que pudo revisar toda la jugada de principio a fin- incluso un agarrón al inicio de la jugada-, tampoco apreció que fue el argentino quien pudo acabar arrollando al lateral diestro. Un golpe de suerte que puede cambiar una temporada.

La RFEF prevé adelantar una semana la fecha de la final de la Copa del Rey en La Cartuja

La RFEF prevé adelantar una semana la fecha de la final de la Copa del Rey en La Cartuja

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La Federación Española de Fútbol prevé, con el visto bueno de LaLiga, adelantar una semana la fecha de la final de la Copa del Rey que se volverá a disputar en La Cartuja de Sevilla y que inicialmente se había fijado para el 25 de abril.

"Hay un cambio de fecha y hay bastantes posibilidades de que el fin de semana anterior al que estaba previsto sea la fecha que vamos a consolidar", explicó este sábado en declaraciones a los medios el presidente de la RFEF Rafael Louzán.

El directivo explicó que el hecho de que esta campaña el Betis juegue sus partidos en ese estadio y que además siga vivo en todas las competiciones ha provocado el cambio.

"Este año es la primera vez que el Betis juega en La Cartuja y nos era muy fácil organizarlo, pero ahora el Betis está en tres competiciones, la Copa del Rey, La Liga Europa y la Liga, y eso lo hace mas difícil aún a nivel organizativo", apuntó tras un acto de la Supercopa Femenina.

"Eso nos ha llevado a buscar una fecha alternativa pensando en muchas cosas, en capacidad hotelera, porque también hay otro evento en el área próxima a Sevilla y tenemos pensar en los cuerpos de seguridad del estado, porque necesitamos más de 1.200 plazas para ellos para que puedan dar cobertura a un evento de estas características", añadió

Louzán dijo que han considerado todas esas opciones y que trabajan en un cambio de fecha que dio por hecho. "Va a ser una realidad y hay que ajustar bien para la celebración final al fin de semana anterior al que estaba previsto", explicó.

"Ya está concretado que no va a ser la fecha prevista y hay alternativa encima de la mesa. Hemos hablado con la Liga porque hay un calendario apretado y hay pocas fechas y estamos de acuerdo y vamos a ver cuál de esos días de fin de semana y hora exacto, lo tendrán en unas semanas", avanzó

Djokovic se disculpa por el pelotazo que estuvo a punto de golpear a una recogepelotas: "Fui afortunado de seguir en pista"

Djokovic se disculpa por el pelotazo que estuvo a punto de golpear a una recogepelotas: “Fui afortunado de seguir en pista”

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Novak Djokovic ha pedido disculpas este sábado tras un incidente con un recogepelotas durante su partido ante el neerlandés Botic Van De Zandschulp en el Open de Australia, un encuentro en el que consiguió su victoria 400 en Grand Slam y aseguró su pase a octavos de final.

Durante el segundo set, el serbio golpeó la pelota con fuerza después de que su rival la hubiera mandado fuera y estuvo a punto de impactar en una de las recogepelotas de la red, algo que de haber que probablemente le habría costado la descalificación, como ya le ocurriera en el US Open de 2020.

"Me disculpo por eso, no era necesario. En el calor del momento... fui afortunado de seguir en pista y lo siento por causarle estrés al recogepelotas o a cualquiera", declaró el serbio en la rueda de prensa posterior al partido, en referencia a un pelotazo que estuvo cerca de impactar en el joven asistente de pista.

Más allá del episodio, Djokovic valoró positivamente su rendimiento en un duelo que describió como un "muy buen test". "Él estaba jugando agresivo y bien, y creo que me moví genial", afirmó. El campeón de 24 Grand Slams destacó que ha ganado ocho de nueve sets en el torneo y subrayó que se siente "tan bien como en mucho tiempo".

El serbio insistió en que no reserva energía para rondas posteriores. "Intento no pensar en gestionar energía para más adelante. Creo que es importante dar lo máximo cada día para ganar al rival de ese día", explicó.

Djokovic, de 38 años, también habló sobre la edad y su capacidad para seguir compitiendo al máximo nivel: "En un buen día, cuando me siento bien física y mentalmente, sigo creyendo que puedo desafiar y vencer a cualquiera", aseguró. "Si no creyera eso, no estaría aquí, eso es seguro".

Sobre su preparación, explicó que ha reducido la carga de entrenamientos entre partidos como parte de una estrategia para preservar energía. "Cada día evaluamos qué es lo mejor: entrenar duro o ahorrar energía. Entrené fuerte los últimos meses y ahora es más importante no estresar el cuerpo innecesariamente", comentó.

Djokovic avanzó así con confianza en Melbourne, donde busca prolongar su legado y demostrar que, pese al paso del tiempo, sigue siendo una referencia absoluta del tenis mundial. En cuarta ronda, se medirá al checo Jakub Mensik, 18 del ránking ATP.