Un Rayo casi parte al Madrid

Un Rayo casi parte al Madrid

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No es muy lúcido presumir de haber ganado un partido en el último segundo, de penalti y a los cien minutos. El Madrid se salvó por la metedura de pata, y nunca mejor dicho, del vallecano Mendy sobre Brahim. Una patada estúpida. Pero el Madrid sigue con la ruleta rusa de partidos bochornosos.

Con un golazo de Vini, casi lo más efectivo que hizo en todo el partido, parecía que el Madrid iba a socorrerse con un partido fácil y de baño y masaje. Ja, ni mucho menos.

A los veinticinco minutos ya estaba dormido y con un juego todavía peor que el de Xabi Alonso, con ese bloque bajo, lo que no hizo Arbeloa contra el Benfica, y un juego parsimonioso, a cámara lenta, que recordaba a aquellos partidos de solteros contra casados. Naturalmente, el Rayo atacó y casi le partió por la mitad.

Pero fue tan sólo el inicio de un partido blanco detestable. El Rayó llegó a bailar al Madrid ,empató y casi pudo ponerse por delante. Los pitos acusadores hacia los jugadores arreciaron en la grada. Y tenían más que razón. Arbeloa no da para más. Además, es el peor equipo en plantilla y calidad de los últimos diez años.

Dije que Arbeloa era un gran error de Florentino Pérez y puede costarle que se canse y que se vaya del cabreo que tiene en la actualidad el presidente. Pero es que con sólo la camiseta del Madrid no se puede ganar.

Sí que hubo dos penaltis que se fueron al limbo de los autos. Uno a Mbappé por empujón clarísimo y otro a Vini , que le metieron el pie por detrás.

Tal vez por eso el mediocre y desdichado árbitro Diaz de Mera, acomplejado por los errores, suministró a un Madrid minusválido diez minutos con uno más, para marcar el tanto de la victoria y acabar con los sueños del Rayo, que se dejó la piel.

Desde el minuto treinta de partido al Madrid se le acabó la gasolina. No podía con su alma. ¿Qué ha hecho Pintus? Pues tenerlos tan mal como la temporada pasada con Ancelotti. Es un preparador físico muy desgastado por los años.

No hubo esta vez "Florentino, dimisión". Al menos no lo escuché . Pero el Madrid está metido en un fatídico laberinto mortal, con un equipo con mucha deficiencias técnicas y un entrenador que no tiene ninguna experiencia.

Cometió muchos errores. El de Mastantuono, el de Gonzalo en la derecha y decapitar la fortaleza de Tchouaméni, que no parece aquel jugador imperial del equipo de Xabi Alonso.

Encima tardó muchísimo en sacar a Rodrygo, porque alguien se empeña en Mastantuono. El Madrid incluso ha empeorado con respecto a las semanas anteriores. Es indiscutible.

Y cuidado con Mbappé, que se dice que ya está pensando en un club de la Premier League. Desde el Arsenal al City. Esta harto de meter goles y no ganar ningún título. Y encima el despreciativo Arbeloa se atreve a meterse con él cuando desangra el equipo. Mientras calla, tapando a los demás. Con esa lesión de Bellingham por no haberle cambiado ni un minuto en ningún partido. Delirante.

Ya sabemos que un jugador juega en el equipo donde puede ganar más. Atención, porque si no gana nada Mbappé en esta segunda temporada consecutiva navegará hacia las islas británicas.

Fornals rescata y catapulta al Betis ante un amenazante Valencia

Fornals rescata y catapulta al Betis ante un amenazante Valencia

El Betis se encontró, por primera vez esta temporada, con un Valencia amenazante y peleón que solo cometió dos graves errores en el partido, pero los pagó muy caros. Se tuvieron que arremangar los hombres de Pellegrini y supieron sostenerse mejor en los minutos finales de un duelo igualado en el que Pablo Fornals apareció en el minuto 88 para catapultarles a la quinta plaza, a la pelea por Europa. El Valencia, en cambio, se queda con el regusto amargo de un partido en el que mereció más y salió de vacío, mirando de nuevo hacia abajo porque la distancia con el descenso vuelve a ser escasa. [Narración y estadísticas: 2-1]

Si la pregunta en el vestuario del Valencia es qué más tienen que hacer para ganar partidos, la respuesta es clara: equivocarse menos. En el arranque del partido, hubo valencianistas que se frotaron los ojos viendo cómo su equipo mostraba una personalidad apenas vista esta temporada. Es cierto que la primera ocasión fue un centro tenso de Antony que se paseó sobre la frontal del área pequeña sin que lo acertara a embocar Abde en el segundo palo, con Foulquier de mero espectador. Le pillaron ese despiste al Valencia, pero poco más.

La razón es que, valiente, se volcó en jugar en campo del Betis y en generar ocasiones que amenazaran. Lo hizo Gayà con un centro que cabeceó Hugo Duro en pugna con Diego Llorente. Y lo hizo Danjuma colándose hasta la línea de fondo y retando a Ruibal hasta que el bético, en opinión de Sánchez Martínez, lo trabó con un penalti discutido por la grada. El Valencia tuvo la oportunidad de adelantarse, pero Pepelu no pudo engañar a Álvaro Vallés, que se estiró para repeler su disparo desde los 11 metros. No tiene fortuna el equipo de Corberán: de los cuatro penaltis lanzados, tres los ha fallado, dos Pepelu y uno más Danjuma.

El varapalo no apaciguó al Valencia, que siguió con su plan mientras el Betis estaba en su letargo y no tomaba el mando. Ugrinic, multiplicado en las labores de recuperación, armó un ataque buscando en la orilla izquierda a Danjuma y Gayà, que colgó un centro a la cabeza de de Hugo Duro que acabó en Lucas Beltrán. De espaldas en el área pequeña, el argentino se la cedió a Rioja en la frontal para, de un zurdazo, colocarla pegada al palo para marcar un gol que, por su sentimiento bético, no celebró. En esos 20 minutos, el Valencia tuvo en sus manos el partido. Sin embargo, la ventaja le duró poco.

Creció el Betis, Ruibal apareció en el área y Copete, tras despejar un balón con peligro, le pisó. No tardó Sánchez Martínez en ver penalti, sin que el VAR lo corrigiera. Al contrario que Pepelu, Chimy Ávila fusiló a Dimitrievski para poner el empate. Desde ese momento, los hombres de Pellegrini dieron un paso al frente y comenzaron a hilar jugadas. No amenazaban, pero era un Betis mucho más reconocible. Buscó hacer daño y fue en los últimos minutos antes del descanso cuando llegaron las ocasiones, y no solo béticas. Se complicó Abde buscando colocar, de primera, con el interior del pie y al palo largo un centro de Marc Roca, al igual que Lucas Beltrán intentando un remate de chilena.

Para la segunda mitad, Pellegrini, obligado a repartir esfuerzo ante la plaga de bajas y las tres competiciones en disputa, ya no se guardó más a Fornals, aunque el castellonense tardó en aparecer. El Valencia mantuvo la misma intensidad y, como si fuera un pinball, acumuló disparos a la portería de Vallés. De un centro de Danjuma, una pesadilla toda la tarde, nació un remate de Beltrán que salvó Bartra, como también atajó el rechazo que enganchó Rioja, que cazó Ugrinic para obligar a Vallés a volver a lucirse. No tumbaban la muralla verdiblanca, por más que habían encontrado el camino.

También el Betis empezaba a amenazar, con Abde, poco inspirado, y el Chimy Ávila, por eso el empate era un resultado difícil de sostener y los entrenadores buscaban más músculo y, de paso, repartir esfuerzos para la Copa. Al Betis le espera el Atlético y al Valencia, el Athletic. Corberán optó por cambiar la delantera, con Sadiq, y el centro del campo, sacando a Pepelu y Beltrán. Ni Santamaría ni Almeida, que desplazó a Danjuma al centro, cumplieron con su misión.

Se abrió de nuevo el duelo y, si bien la tuvo Ugrinic rematando un centro de Gayà desde la línea de fondo, también pudo marcar Abde si, tras dos recortes que sentaron a Cömert, no hubiera estrellado el disparo en el lateral del área. Ya ninguno encontraba continuidad, y quien primero se equivocara, perdería el punto. Habría hecho bien el Valencia con intentar contener al Betis y aguantar el resultado, pero quiso más sin protegerse. Se escapó Deossa por la banda perseguido sin intensidad por Santamaría, que no fue capaz de frenarle, y su asistencia al área la remató Fornals dos veces hasta marcar el 2-1 que impulsaba a su Betis.

Alcaraz, sabiendo superar cada obstáculo

Alcaraz, sabiendo superar cada obstáculo

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Tengo que reconocerlo, Alcaraz me ha sorprendido, mucho, durante este precioso Abierto de Australia. Todavía más incluso que ver a Novak Djokovic en la final. ¿Por qué? Porque últimamente se ha hablado mucho de Carlos, ha estado demasiado en las noticias. Él mismo ha reconocido, después del triunfo, que lo ha pasado mal, que ha sido una pretemporada «emocional» y especial. Con toda esa presión de la ruptura con Juan Carlos Ferrero (a todos nos ha pasado), su maestro, alguien tan especial. Cómo lo ha superado, cómo ha completado sus cuatro Grand Slams, siendo el más joven de siempre y de la manera tan espectacular en que ha jugado. Sorprende sí, por cómo está sabiendo superar todos los obstáculos que se presentan en su carrera. Esa es la clave que saco de su inolvidable victoria en Melbourne.

Para saber más

Antes, superar la semifinal también resultó increíble. Otro obstáculo que le hizo sacar lo máximo de sí mismo, emocional y físicamente. Fue una prueba de fuego. Fue como: 'Si gano este partido voy a llegar a la final preparadísimo'. Zverev es un jugador duro, te lleva al límite.

Más obstáculos, porque de eso se trata. De afrontarlos y de ir superando cada uno. Perder el primer set de la final. Vi a Djokovic con mucha chispa en ese arranque. Sacando muy bien, con golpes buenos, restando. Si juega así todo el partido... Pero eso, en Novak, era antes... Ahora las piernas son de Carlos, la velocidad. ¿Cuántas veces tiene que ganar el punto Novak? Porque Carlos llega y llega y llega... a cada esquina. Y Novak se va como apagando. Quizá el Djokovic de hace 10 años... Ante Jannik Sinner logró mantener ese nivel, pero dos partidos seguidos así, ante estos dos superhéroes actuales, es demasiado.

Aún así, hay que poner en valor al serbio. Porque gracias a Novak el torneo ha sido sensacional, de película. Cada vez nos quedan menos oportunidades de verle jugar, de verle rozar ese 25 Grand Slam que se le está resistiendo tanto. Ha tenido buen cuadro, es cierto, pero comprobarle a ese nivel, derrotar a Sinner. ¡Guau! Qué ganas de seguir demostrando que sigue aquí, que no es el abuelo del circuito. Qué nivel físico. Ha bromeado después con que le veremos una década más...

Para Alcaraz, empezar así el año es increíble. Pero ahora, el siguiente paso, es fundamental. Esto no se detiene. Tiene que planificar un calendario inteligente, trabajarlo bien con su equipo. ¿Medio Oriente, Indian Wells, Miami...? Después de un clímax tan grande como el de ayer en Australia, hay que resetear. Ha tachado el objetivo número uno de la lista, pero hay que marcar el siguiente. Cuando uno consigue algo muy grande, siente un vacío.

Por último, técnicamente no he apreciado cambios radicales con su nuevo entrenador. Se habla del saque, pero las variaciones son muy lights. Es que, en realidad, poco hay que tocarle a Carlos, Mejor dejarlo así. Le he visto muy sólido en su juego.

Scariolo tiene un tesoro: Procida se reivindica ante el Zaragoza

Scariolo tiene un tesoro: Procida se reivindica ante el Zaragoza

De Gabriele Procida apenas se conocían destellos, pinceladas de un chico que parecía llamado a mucho más. Y no sólo en el Real Madrid que le fichó este verano. Mucho antes, cuando se forjaba en la cantera de Cantú y Bolonia, parecía un proyecto destinado a la NBA. Por el italiano, al que tampoco se vio demasiado en el pasado Eurobasket, anda preguntando media ACB, rogando una cesión. Con tardes como la de este domingo en el Palacio ante el Casademont Zaragoza, parece obvio que su momento de blanco está por llegar. [99-78: Narración y estadísticas]

Con su rostro tímido y su físico privilegiado, no tardó en desplegar su abanico de talentos. Hasta poner en pie al Palacio, el animado de una tarde que no se complicó, de esas de entreguerras que tantas veces cuestan resolver. En sus dos entradas en pista, Procida fue el rey: triples, mates, defensa (a Santi Yusta) y canastas acrobáticas. 18 puntos en 23 minutos. Y una victoria para seguir en todo lo alto de la Liga Endesa.

El Casademont Zaragoza no está teniendo una temporada sencilla con un debutante en ACB, Jesús Ramírez, en el banquillo. Forjado en Alemania, navega con una plantilla extraña, con lesiones y demasiados cambios. Esta misma semana anunciaron la salida de dos de sus pívots (el turco Kabaca y el dominicano Joel Soriano), el paso por el quirófano de su base referente (Trae Bell-Haynes). También está lesionado Dubjlevic y otro de sus refuerzos, Stevenson, se marchó hace tiempo.

Mientras intenta escapar de los puestos de peligro, con todo eso lidia Ramírez (además de con la competición europea, en su caso la FIBA Europe Cup). Esta misma semana ha recibido dos nuevas piezas, el ex NBA Josh Richardson (casi 600 partidos entre Dallas, Miami, San Antonio...) y otro base, Isaiah Washington, que no fue de la partida aún en el Palacio.

Miguel González

Con tales remiendos, la visita a Madrid le liberaba de presión. Y en esos escenarios, los equipos se vuelven más peligrosos. Así fue de inicio, ante un Madrid con la vista puesta en su semana europea montado en el avión (el martes Atenas, el jueves Dubai...), con la baja de Maledon y Tavares y Lyles de descanso. Miguel González entendió que era buen momento para reivindicarse.

El alero asestó dos triples de inicio, mostrando a las claras las intenciones mañas. Resultó una primera mitad igualada, pues la energía del Madrid no era suficiente. Prueba de ello era el dominio visitante de la pintura, con el gigante Koumadje y el atildado Robinson. El Madrid se mantuvo con un segundo cuarto de mucho acierto, de cinco triples y de la irrupción de un tipo que pide más. Gabriele Procida también comprendió que esa debía ser su tarde.

El paso por vestuarios le trajo más clarividencia a un Madrid en el que apareció Hezonja. Len, en la tarde de los pasos adelante, también dominaba a base de tapones y mates. Pero faltaba consistencia y el Zaragoza seguía en partido después de dos contras finalizadas por el canterano Traoré que enfadaron a Scariolo. Tuvo que salir Llull a poner orden -y la máxima (65-53)- con dos triples.

Y después llegó el remate de Procida, protagonista absoluto. Y con merecimiento. Golpeó de nuevo la tarde con contras fugaces, una preciosa canasta a aro pasado y otro triple. Intentó un mate brutal sobre Traoré. Y, sobre todo, elevó la distancia con un Zaragoza que hacía tiempo al que la energía le había abandonado. Scariolo tiene un tesoro.

La celebración de Alcaraz, de una copa de champán al tatuaje de un canguro: “Mucha gente habló de mí y me puso en duda”

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"Sabe bien", aseguraba y, la verdad, es que sí: sabía bien. Durante la atribulada celebración de su Open de Australia, Carlos Alcaraz ofreció champán a los periodistas desplazados a Melbourne y se permitió tomar un trago de una de las copas. "No bebo más, que esto es un non stop", comentaba en pleno trajín. Ser campeón de un Grand Slam es un duro trabajo. Desde que recibió la copa de manos del australiano Mark Edmondson -qué oportunidad perdida que no lo hiciera Rafa Nadal- hasta que se marchó a su hotel, Alcaraz anduvo arriba y abajo por el edificio Centerpiece del Melbourne Park.

Primero fue a la televisión australiana Nine, luego a Eurosport, más tarde a ESPN, a la sala de prensa escrita, frente a las cámaras de TNT británica, CCTV china, Sky Italia... Todo sin ni siquiera pasar por la ducha, todo sin ni siquiera disfrutar de la celebración. Más allá del abrazo con su equipo -especialmente con su entrenador, Samu López- al acabar la final ante Novak Djokovic, apenas pudo saltar un poco con ellos, hacerse unas fotos con cada uno y poco más. Melbourne está demasiado lejos para que sus amigos viajen hasta aquí -como sí hacen a París, Londres e incluso Nueva York- y esta vez le tocará esperar a aterrizar en Murcia para disfrutar de una merecida fiesta.

MARTIN KEEPAFP

"Con el tiempo he aprendido a parar después de ganar un Grand Slam y saborearlo. Quizá no veo todos los partidos, pero me pongo puntos, momentos concretos... Así me doy cuenta de que lo que he conseguido es muy complicado. Con el tiempo he visto que parar y disfrutar es la mejor manera de seguir trabajando e ir a por el siguiente título", reflexionaba Alcaraz en una reivindicación muy íntima.

En las semanas previas al primer Grand Slam de la temporada, su separación de Juan Carlos Ferrero generó polémica: fue criticado e incluso se puso en duda su capacidad. Todos esos comentarios los tenía guardados. En la ceremonia de entrega de trofeos ya habló de su "montaña rusa de emociones" durante el invierno y luego fue más allá: "Mucha gente habló sobre mí y puso en duda el nivel que podría ofrecer en este torneo. Cada año venía a Australia pensando en ganar, pero esta vez tenía más ambición todavía. He tenido que ser fuerte mentalmente para no escuchar a esa gente, para centrarme en mi juego, y ahora estoy contento porque he demostrado que se equivocaban".

Niega ser leyenda

Durante la rueda de prensa, el ya ganador de siete Grand Slam confesó que pronto se hará un nuevo tatuaje, esta vez un canguro "en una pierna", y que no cree que ahora le falte motivación. El Open de Australia era su gran objetivo de la temporada, pero ahora vendrán otros. "Me plantearé nuevos objetivos. De alguna manera mi cabeza ya está en Roland Garros. También me gustaría ganar algunos Masters 1000 por primera vez y completarlos todos. Y, obviamente, están las ATP Finals y la Copa Davis, que es un título que realmente quiero conseguir. No quiero dejar nada a nadie", confesaba, con la ambición por las nubes.

JOEL CARRETTEFE

Tanta que incluso rechazaba uno de los elogios de Novak Djokovic. Tras el partido, el serbio aseguró que Alcaraz ya era una "leyenda". Pero el propio Alcaraz lo negaba: "Entiendo que me llamen así por los siete Grand Slam o los 25 títulos que llevo. Hay gente que lo hace, pero una leyenda se forja durante mucho tiempo. No es cosa de tres o cuatro temporadas. Una leyenda tiene que ser un jugador que, año tras año, vaya a los torneos con la misma hambre, la misma energía y la misma ilusión".

La tiranía de Van der Poel: conquista su octavo mundial de ciclocross

La tiranía de Van der Poel: conquista su octavo mundial de ciclocross

Por si no estaba suficientemente claro durante todos estos años, Mathieu van der Poel justificó con su octavo entorchado mundial, cuarto consecutivo, su título oficioso de mejor corredor de ciclocross de la historia. Superaba así a otra leyenda de la especialidad, Erik de Vlaeminck, que se enfundó siete veces el arcoíris. Tibor del Grosso, su compatriota neerlandés, y el belga Thibau Nys completaron el podio.

El circuito de 3,3 kms., en Hulst (Países Bajos), se las traía con un inusual desnivel acumulado de 40 metros, numerosas zonas de pateo, pontones, puentes, tablones y un tramo de escaleras con 22 peldaños. Dos ascensiones empinadas complicaban los descensos y, sobre todo, los ascensos, que obligaban a veces a poner pie a tierra. El terreno estaba algo pesado, aunque en absoluto pegajoso. La lluvia empezó a caer cuando la carrera concluía y manchó a los corredores con esas máculas de barro que gusta ver en las rudas pruebas de ciclocross.

La carrera, como se preveía, fue un concierto para una sola nota con un único instrumentista. En el comienzo de la segunda vuelta, Van der Poel soltó a Del Grosso y Nys. El trío se había despegado casi en el acto del resto de los participantes, entre ellos Felipe Orts, que, conscientes de quienes mandaban, los tres máximos favoritos, ya sólo pensaban en hacer un top-10.

...Y no hay mucho más que decir... Van der Poel hacía su victoriosa vida por delante de los de los demás. Ausente Van Aert, cuando él corre se sobreentiende que sólo un accidente en forma de caída o avería mecánica, puede privarle del éxito. No se produjo y -un canto a la genética- el ilustre nieto de Raymond Poulidor e hijo de Adrie van der Poel abrochó el triunfo, el decimotercero en 13 carreras de una temporada en la que se ha mostrado imbatible.

Por detrás de él, Nys y Del Grosso alteraban las posiciones en función de un titubeo aquí, una pequeña debilidad allá, una curva mal trazada o un resbalón. Nys casi se va al suelo en plena pugna con su compañero de fatigas, y el Del Grosso aprovechó para alejarse y atrapar el segundo puesto a 35 segundos de un Van der Poel que había bajado el pistón para no exponerse a un percance de última hora. Nys fue tercero a 46. Felipe Orts, que se había retrasado en la salida, terminó en séptima posición, a 1:04 de Van der Poel. Es más o menos el puesto que le corresponde en la corte del rey Mathieu.

El mejor partido posible

El mejor partido posible

En un partido cargado de simbología y también de nostalgia, Carlos Alcaraz conquistó el único Grand Slam que le faltaba frente a quien lo ha ganado más veces. La mejor final posible no era el mejor partido posible, categoría reservada, por definición, al disputado entre el primero y el segundo del ránking. Pero Australia mostró al tenis, entusiasmado por los nombres, los antecedentes y las circunstancias, que un enfrentamiento inesperado y desigual puede suscitar el mayor interés que cabe pedir y celebrar.

Dos semifinales eternas habían puesto en la final, frente a frente, a dos hombres y dos épocas. Una nacida como ley natural para aplicar la última pena a la otra. Y ésta decidida a resistir como un deber consigo misma, con el propósito de aplazar la sentencia por medio de una victoria insospechada. O, en la presumible derrota, extinguirse con un grito y no con un gemido. Con una explosión y no con un crujido. Se medían el más arrollador presente y el más glorioso pasado, reunidos en un punto común a través de un destino devenido neutral tras haber tomado partido por ambos con el fin de juntarlos en un mutuo homenaje.

Alcaraz es depositario de una herencia individual que crece y se expande. Djokovic, custodio de otra tripartita que agoniza y con él expira. El tiempo no se había detenido para permitir a Nole jugar otra final de Grand Slam. Únicamente se había tomado un descanso antes de volver a transcurrir en beneficio de quien tiene la edad para aprovecharlo y no para sucumbir ante su peso.

Desde el crepúsculo de su grandeza, intacta en la historia y el recuerdo, Djokovic, orgulloso, quiso morir matando. Lo hizo hiriendo. De gravedad en el primer set y, en el cuarto, con un estertor muy parecido a una reacción. En un regalo al aficionado, en una oda y una ofrenda al tenis, Alcaraz lo fue macerando con la cruel violencia de los servicios y la venenosa dulzura de las dejadas. Nole nunca se rindió, aunque siempre careció de auténticas posibilidades. Incluso agotado, no entregó las armas: se las tuvieron que arrebatar.

A casi cuatro meses de cumplir 39 años, no volverá a jugar otra final de Grand Slam. En Australia ha compartido con Alcaraz el mejor partido posible. A partir de ahora, ese mejor partido volverá a ser un Alcaraz-Sinner.

Mbappé, con un penalti en el 99, evita una nueva calamidad del Madrid bajo los pitos del Bernabéu

Mbappé, con un penalti en el 99, evita una nueva calamidad del Madrid bajo los pitos del Bernabéu

Un penalti en el minuto 99 evitó una nueva calamidad del Real Madrid ante un Rayo Vallecano con diez futbolistas. Desde los once metros, Kylian Mbappé dio el triunfo a un conjunto blanco que se mantiene a un punto del Barcelona en la lucha por la Liga a pesar de otra tarde de abucheos, poco fútbol y caos en el Santiago Bernabéu. Vinicius puso por delante a los suyos, De Frutos empató el duelo, Ciss vio la roja directa y Bellingham se fue lesionado entre los pitos de la afición.

Arbeloa sólo realizó un cambio con respecto al equipo que cayó en Da Luz ante el Benfica. Sentó a Carreras, que sufrió esa noche, y dio entrada a Camavinga en el lateral izquierdo. El técnico tenía a tres futbolistas con experiencia en el lateral zurdo en su equipo, el propio Carreras, Alaba y Fran García, pero apostó por el centrocampista francés, que compartió cambio posicional con Fede Valverde, de nuevo lateral derecho. Decisiones de emergencia para situaciones de emergencia como la que vive el conjunto blanco, incapaz de construir fútbol y obligado a parches momentáneos por las lesiones y la negativa de la directiva a fichar en invierno.

Mientras el público, enfadado con el equipo desde hace semanas, volvía a silbar con fuerza a los futbolistas, especialmente a Bellingham y a Vinicius, al Madrid le costó entrar en el ritmo del partido ante un Rayo europeo pero con problemas en Liga. El conjunto de Iñigo Pérez está pagando su buena participación en la Conference League con una mala racha de resultados que le han hundido hasta rozar el descanso. Situación crítica para un club sumido en la problemática institucional y social desde hace ya demasiado.

Aún así, los vallecanos son un equipo valiente asentado en la fuerte ideología futbolística de su entrenador. Confía en su salida de balón y en su presión, y le creó problemas al Madrid en los primeros minutos. Tanto que perdonó el 0-1 cuando Ilias Akhomach se adentró en el área y definió desviado ante Courtois.

La clara ocasión rayista provocó de nuevo los abucheos de la grada madridista, necesitada de muy poco para silbar a los suyos. Vinicius, el más buscado por la afición, se encargó de reivindicar el apoyo del público con su primera carrera del día, dando una patada a la valla de publicidad y levantando los brazos para arengar a la masa.

En el 10, la tarde se le puso todavía más en contra a los blancos con la lesión de Bellingham, que sintió un pinchazo en el isquio de la pierna izquierda y pidió el cambio. Entró Brahim, más delantero que centrocampista, y el equipo, con el tiempo, se rompió aún más.

La ausencia del inglés revolvió a sus compañeros durante unos minutos y Vinicius anotó un gol extraordinario tras amagar a su par en varias ocasiones y enviar el balón a la escuadra de Batalla. Fue un impulso del Madrid, un breve espacio en el que el equipo de Arbeloa presionó, mordió e incidió hacia el área rival. Duró poco, aunque pudo sentenciar en ese tramo. Güler, en jugada individual, regateó a su defensor en el pico del área y probó a Batalla, que estuvo ágil. Era el minuto 18 y el Madrid disfrutaba de sus mejores minutos, pero pasada la media hora se apagó.

El Rayo, confiando en esa ideología de la que hablábamos, apostó por sus ideas y se plantó en campo rival para dominar a un Madrid inmaduro, sin estructura ni ganas. Un equipo que vive de las individualidades, escasas según el día, de sus estrellas y que sobrevive como puede en área propia. El Bernabéu, territorio de las sensaciones, no le perdona a sus futbolistas haberlas perdido todas en este mes de enero y le pitó de nuevo en el descanso.

Tras el intermedio el guion empeoró para los blancos. Mbappé pidió penalti en el 47, nada para Díaz de Mera, y De Frutos convirtió en gol una buena jugada ensayada por el cuerpo técnico de Iñigo Pérez. Centro de Gumbau tras sacar en corto un córner, dejada de cabeza de Álvaro ante Valverde y definición del rápido De Frutos adelantándose a Tchouaméni, central después de que Arbeloa sentara a Asencio en el descanso. Tres de los centrocampistas llamados por el Madrid a dominar esta década futbolística han jugado hoy de lateral derecho, central y lateral izquierdo.

El Bernabéu recibió el gol con más pitos y el equipo reaccionó como pudo. Casi incapaz de nada. El larguero de Mbappé tras una contra fue la ocasión más clara antes de la expulsión de Ciss después de una fea entrada sobre Ceballos. A partir de ahí, asedio madridista, más por inercia que por fútbol. Camavinga se encontró con el palo en el 84 y el Madrid encontró premio rozando el final de los nueve minutos de añadido. Brahim se internó en el área y Mendy, al fallar el despeje, impactó con él. Penalti y gol de Mbappé en el minuto 99 para mantener al equipo en una pelea por la Liga en la que tendrá que mejorar, y mucho.

La reivindicación ‘en caliente’ de Alcaraz: “Nadie sabe lo duro que he trabajado”

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No fue una celebración descontrolada. No parecía que hubiese hecho lo que ha hecho. Estaba contento, sí, pero no aparentaba ser el tío más feliz del mundo. Aunque seguramente lo era. Al ver cómo la derecha de Djokovic se marchaba fuera, Carlos Alcaraz se tiró al suelo, se llevó las manos a la cara y respiró fuerte. Fueron unos pocos segundos. Se levantó porque su rival había cruzado la red para felicitarle. El abrazo entre ambos significaba, como pocas veces, un relevo en la historia.

Después se marchó a celebrarlo con su equipo, todos fuera de sí con su nuevo entrenador, Samu López, a la cabeza. Para él, para Samu, de hecho, fueron algunas de las primeras palabras de Carlos cuando le dieron el micrófono: "Nadie sabe lo que hemos pasado, gracias por estar ahí. Ha sido duro, nadie sabe lo duro que hemos trabajado para conseguir esto", explicaba el número 1 del mundo, completado ya su gran objetivo de este 2026. Y estamos a 1 de febrero.

Porque él arrancó la temporada buscando lo que ya tiene. Es el hombre, el chaval, más joven de la historia en completar los cuatro Grand Slam. Con 22 años y 274 días, destrona a Rafa Nadal, para el que también tuvo un cariñoso recuerdo. "Tú me viniste a ver en directo cuando yo tenía 14-15 años, pero no habías vuelto. Es un honor y un privilegio que hayas venido y estés aquí viendo mi partido", le dijo.

"Esto es una locura", decía en Eurosport luego, más calmado. "Mucho trabajo, mucho esfuerzo, mucha dedicación, y en fin, muy contento", resumía. "Tener aquí a mi equipo, a mi familia, a mis amigos, es lo mejor que puede haber", insistía, y entrando ya en lo que ha sido el partido, explicaba: "El primer set Nole ha jugado a un nivel altísimo. Su bola le resbala mucho y así es muy difícil. He intentado estar fuerte mentalmente en el inicio del segundo set, he visto que él fallaba cosas que en el primer set no fallaba y eso me ha dado confianza".

La reivindicación de sí mismo tomó forma, y de qué manera, en esta entrevista televisiva. Le preguntaron de quién se acordaba. "Si te digo la verdad, me acuerdo de la gente que ha dicho que no lo iba a conseguir. Pensaban que iba a venir y no iba a pasar de cuartos. A los que no creían en mí. Me acuerdo de esa gente, cuando en teoría me tengo que acordar de mi equipo, de mi gente, pero esa mentalidad es la que me ha venido ahora. No he venido aquí para decirle a nadie que soy capaz, simplemente venía a demostrarme a mí mismo que soy capaz de solventar los problemas".

Por su parte, Novak Djokovic tomó la palabra para, con la enorme clase que tiene, dedicarle unas palabras muy bonitas a su rival de este domingo. "Felicidades Carlos, a ti y a tu equipo, a tu familia. La mejor palabra para definirte es histórico, legendario", le soltó, antes de animarse con una broma. "Estoy seguro de que nos veremos muchas veces en los próximos 10 años". El público, claro, rompió a reír.

El serbio, el hombre de los 24 Grand Slam, posiblemente el mejor de la historia, también se dirigió a Nadal. "Se me hace raro verte ahí en la grada y no aquí en la pista. En todo caso, es un honor que hayas venido. Gracias".

El rey ha muerto, viva el rey: Alcaraz destrona al mejor Djokovic en Australia y todos los Grand Slam son suyos

El rey ha muerto, viva el rey: Alcaraz destrona al mejor Djokovic en Australia y todos los Grand Slam son suyos

El mismísimo Novak Djokovic, campeón de campeones, inclinado ante Carlos Alcaraz. El rey ha muerto, viva el rey. En la Rod Laver Arena, escenario de muchas de sus hazañas, el tenista más laureado de la historia reconoció a su sucesor y aceptó el traspaso. Djokovic fue Djokovic más allá de su edad, pero Alcaraz fue Alcaraz. La final del Open de Australia de este domingo fue una bella batalla intergeneracional que se resolvió con la victoria del español por 2-6, 6-2, 6-3 y 7-5 en tres horas de juego.

A Alcaraz ya no le queda tierra por conquistar: campeón en los cuatro Grand Slam, ahora solo le resta seguir y seguir y seguir. Tiene 22 años; el horizonte es infinito. En la cuenta histórica suma siete majors, un dato que ya deslumbra, como también lo hacen sus más de 3.000 puntos de ventaja como número uno. Pero en la pista las sensaciones son todavía más incuestionables. Únicamente una lesión o la súbita pérdida de la ilusión se presentan como motivos de una derrota. De otra forma, ¿quién le va a parar?

Un Djokovic "imposible"

Djokovic fue quién era durante media hora. Hace unas semanas, con el estreno de 2026, hubo un trend en redes sociales que proponía regresar a 2016: colgar una foto de aquel año, recordarse entonces. El serbio se lo tomó muy en serio. En su primera final de Grand Slam en más de un año apareció con la concentración, la puntería, la potencia y la velocidad de quien se sabe ante una última oportunidad. Para Alcaraz era un partido importante, quizá el más importante del año. Para Djokovic era un partido para lo que le resta de vida. Si ganaba, qué mejor momento para despedirse. Los sacrificios realizados para llegar hasta aquí -de los dolores a los disgustos, pasando por los días lejos de sus hijos- se los iba a hacer pagar a su rival.

Por eso, en el primer set llevó el tenis a la perfección. Todos sus saques tenían intención, todas sus derechas quemaban, todos sus reveses acababan en la línea. Tomando todos los riesgos posibles, solo cometió cuatro fallos en todo el parcial. "Es imposible", lamentaba Alcaraz en conversación con su equipo, y tenía razón. "¡Novak, Novak, Novak!", gritaba el público de la pista central del Melbourne Park, y el actual número uno se veía en una situación inusual: superado en tierra hostil.

Asanka Brendon RatnayakeAP

La solución fue doblar la apuesta. Alcaraz tenía que ser Alcaraz. Y lo fue. Ante Djokovic, el español suele mostrar demasiado respeto. Ya le pasó en citas anteriores, como en la final de los Juegos Olímpicos de París: sea por fascinación infantil, sea por pura admiración entre iguales, la figura que tiene enfrente le genera más nervios que Jannik Sinner, ya no digamos cualquier otro adversario. En esa primera media hora, Alcaraz cayó en la precipitación y se dejó hacer. Pero después reaccionó con la ayuda de su equipo.

Alcaraz encuentra su tenis

Su actual entrenador, Samu López, le dio un consejo extraño, contraintuitivo, que nadie entendía. "Dale más spin", pedía el técnico: más efecto, más altura, menos velocidad. Con Djokovic abrasando cada bola, ofrecerle golpes más lentos sonaba a suicidio, porque seguiría imponiendo su ritmo. Pero Alcaraz hizo caso y todo cambió. El ajuste le permitió dar un paso atrás, alargar los intercambios, asumir menos riesgos y, poco a poco, con más margen de error, fue encontrando su juego.

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Con cada punto, con cada juego, Alcaraz se sentía más cómodo en la pista, hasta llegar a disfrutar. La aparición de su dejada fue una revelación. Y pronto fue él quien alcanzó la excelencia, especialmente con la derecha y en los intercambios largos. Hubo varios puntos para el recuerdo, como un passing shot que Djokovic le clavó por fuera de la red y que el español alcanzó a devolver de manera incomprensible, casi milagrosa. El segundo y el tercer set transcurrieron como quiso el actual número uno: breaks tempranos y sin sobresaltos.

Resistencia hasta la extenuación

Pero para derrotar a Djokovic hay que hacerlo muchas veces. En su semifinal ante Sinner también estuvo contra las cuerdas, con dos sets en contra, y fue capaz de remontar para hacerse con el triunfo. Alcaraz había visto ese partido. Vaya si lo había visto. Y sabía lo que le venía encima. Rafa Nadal, presente en el palco, podría haberle dado algún consejo. En el cuarto set, el ganador de 24 Grand Slams resistió hasta la extenuación. En el primer juego llegó a salvar seis bolas de break: era un aviso. Luego aguantó, aguantó y aguantó.

El saque de Alcaraz solo estuvo en duda en una ocasión, pero qué ocasión. Retumbaban los ánimos a Djokovic desde el público australiano y cualquiera habría temblado. Pero el español forzó el error de su rival y luego, solventada la situación, se reía. ¡Se reía! Estaba en la 'zona Alcaraz': de aquellos nervios del principio a este placer en el desenlace. Ya en el último juego antes del tie-break, consiguió la rotura que tanto había costado y celebró por los suelos su primer título del Open de Australia. El séptimo major, el pleno de plenos. Sus números son deslumbrantes, pero las sensaciones lo son aún más.