Ferrari busca una solución desesperada para Leclerc: “Fue casi peligroso”
Muchos deportistas viven en Mónaco, pero muy pocos son de Mónaco. Piensen en alguno que no sea el joven de la foto. Cuesta encontrarlo. Está el tenista Valentin Vacherot, actualmente entre los 20 mejores del ranking ATP, o el ciclista Victor Langellotti, que disputó la última Vuelta, pero el gran emblema deportivo del Principado es Charles Leclerc. Y cuando Charles Leclerc falla en el Gran Premio de su país, en el acontecimiento más importante del año, hay drama. Mucho drama. El pasado fin de semana, Leclerc tuvo que abandonar entre las calles que le vieron crecer y la herida sigue abierta estos días en Montmeló, donde el domingo se celebrará la séptima prueba del Mundial (15.00 horas, DAZN).
¿Qué ocurrió? Según el análisis del propio piloto y el estudio posterior realizado por Ferrari, le fallaron los frenos. Un problema que no provoca una imagen espectacular, no genera una nube de humo ni deja restos de carbono esparcidos por la pista, pero que resulta aún más preocupante. El monoplaza de Leclerc le traiciona de vez en cuando y así es imposible correr. Desde el Gran Premio de Canadá, el monegasco siente que no puede confiar plenamente en el sistema. No sabe qué sucederá cuando pise el pedal. Un peligro latente que culminó en Mónaco.
Allí brilló en los entrenamientos, ilusionó en la clasificación hasta discutirle la pole a Kimi Antonelli y en carrera rodaba tercero, con el podio prácticamente asegurado. Pero tras la resalida llegó a la última curva, la Anthony Noghès, y los frenos no funcionaron. Tres de los cuatro no respondieron. Solo el delantero izquierdo mordía la rueda. El impacto fue inevitable. «No había deceleración, ninguna. Fue casi peligroso», resumió después con rabia contenida antes de señalar directamente al proveedor, Brembo, y empujar a Ferrari a buscar una solución inmediata. En Montmeló, de hecho, ya utilizará unos frenos de Carbon Industries, la misma configuración que emplea Lewis Hamilton. Falta comprobar si será suficiente.
Un problema de estilo
Como otros años, Leclerc parece condenado a rozar la grandeza sin llegar a tocarla. Esta temporada es cuarto en el campeonato, con dos terceros puestos como mejor resultado, y está a 81 puntos del líder, Antonelli. Una diferencia que todavía no es definitiva, pero que empieza a adquirir un aspecto inquietante. Porque Antonelli gana con la serenidad de los campeones, domina su Mercedes y cuenta con la complicidad de la fortuna. Y Leclerc, todo lo contrario.
EFE
Si el accidente de Mónaco fue un golpe visible hay otro que le duele incluso más: Lewis Hamilton. El heptacampeón, que hace apenas un año parecía caminar hacia la retirada, encadena podios y se ha convertido en el perseguidor más inmediato de Antonelli. Su estilo, más calculador en la frenada y más eficiente en la gestión de los recursos, encaja mejor en esta nueva Fórmula 1 mientras la conducción de Leclerc, que exige mucho al sistema de frenado en las entradas y necesita una respuesta precisa para ejecutar sus adelantamientos, se pelea con los nuevos monoplazas. Debe adaptarse y hacerlo además a toda velocidad.
Para su fortuna, Montmeló llega en el momento exacto. Es un circuito que combina curvas rápidas con frenadas exigentes y que servirá como primera prueba real para el nuevo sistema. Si la solución funciona, si recupera la confianza perdida en su Ferrari, el campeonato ganará un contendiente más. Si no, el monegasco regresará a esa tierra de nadie en la que tantas veces ha vivido durante su carrera.
Justo antes del fin de semana de Mónaco renovó su contrato con Ferrari más allá de 2029. Lo hizo convencido de que algún día será campeón del mundo. Ferrari también lo cree. El problema es que, mientras Antonelli acumula victorias y Hamilton desafía el paso del tiempo, Leclerc sigue librando la misma batalla de siempre: demostrar que el destino no tiene la última palabra.





























