El Olympiacos tiñe de rojo el OAKA, derrota al campeón y regresa a la final de la Euroliga
Qué más se puede pedir, alzar la Euroliga por cuarta vez en tu historia, hacerlo tiñendo de rojo el santuario verde del Panathinaikos. En eso anda el Olympiacos, ante una oportunidad única en el OAKA. Sin fisuras, dominante de principio a fin, los de Bartzokas derrotaron al Fenerbahçe (79-61), último campeón, y aguardan rival español el domingo.
Se puede hablar de Vezenkov, de Dorsey o de Peters. Se puede personalizar, pero los del Pireo son mucho más. Un colectivo que avanza de memoria, que convierte cada escenario en un campo de batalla, rigor táctico, talento cuando es necesario. Bartzokas ha ido construyendo una máquina tan aparentemente perfecta que extraña tanta desilusión reciente en las Final Four. Su impresionante temporada tendrá, de momento, el premio de otra final, tras dejar al Fenerbahçe sin argumentos: le dominó en todo momento.
Durante estos años, el Olympiacos se convirtió en el equipo a seguir, favorito siempre en cada quiniela, pétreo, reconocible... Mantiene su core (Vezenkov, Papanikolau, Walkup...) y añade lujos, desde hace un tiempo Dorsey y Fournier, este curso Tyson Ward, Tyrique Jones, Donta Hall o Cory Joseph. Todo a las órdenes de Bartzokas... Siempre ahí, primero también este curso abrumador de la temporada regular, el rival que nadie quiere afrontar. Y, sin embargo, la Final Four es como su tortura particular, sin conquistarla desde aquel doblete con Spanoulis y Printezis, hace ya nueve años. Las cuatro últimas, siempre presente, siempre con la miel en los labios, incluso con un tiro en el último segundo, como el de Llull en Kaunas 2023.
Vezenkov, ante la defensa turca.AP Photo/Thanassis Stavrakis
Pero los del Pireo persiguen su ballena blanca con obsesión y esta vez el estrado era de los que no se olvidan. La casa del enemigo, a sólo unos kilómetros de su guarida porteña. El OAKA, conquistado por el rojo y el blanco en las tribunas, sin rastro del Panathinaikos más allá de las pancartas de los hermanos Giannakopoulos (padre y tío del polémico Dimitrios) colgadas del techo. En ese ambiente tremendo y con el campeón enfrente, los 'locales' salieron como una moto.
Es casi imposible ejecutar mejor un plan defensivo. El amanecer griego fue una oda a la perfección, a la agresividad, a la prontitud. Mantuvo al Fenerbahçe durante más de ocho minutos sin anotar, errando porque no encontraba resquicios para lanzar con comodidad, para desesperación de Jasikevicius. Ni faltas necesitaba 'gastar' el Olimpiacos, también para desesperación de Jasikevicius.
Aunque reaccionó, todo eran problemas para los turcos. 12 puntos en el primer cuarto y otros 12 en el segundo. Llegaron a caer por 16 tras un 10-0 de salida, con Peters metiendo canastas imposibles. Antes, había sido Dorsey el ejecutor. Apenas Biberovic encontró algo de facilidad: el Fenerbahçe había errado 19 de los 28 tiros intentados y, aun así, sólo caía por nueve, en un tanteo de otro tiempo.
A la vuelta, se repitió la pesadilla turca. 12-0 de salida, 10-0 en el segundo acto y 11-0 tras el paso por vestuarios. Los planes, estaba claro, le salían mejor a Bartzokas que a Jasikevicius. Y, pese a todo, intentaba rebelarse contra su destino el Fenerbahçe, 20 abajo en ese tramo; algo de acierto después para arrimarse (48-39), aunque el sopapo de vuelta, también desde el perímetro, con la aparición poderosa de Vezenkov, 14 puntos en el tercer cuarto del MVP de la competición.
Hubo otro amago de remontada (56-49), empeño de Horton Tucker, pero no hubo forma ante semejante ciclón. Los triples del atildado Alex Peters fueron la puntilla. Y el OAKA ardió en rojo.



























