El campeón del mundo estará presente el próximo domingo 29 en la cita madrileña, en la que se rendirá homenaje a Luis León Sánchez.
Van der Poel, en la Paris Roubaix.EFE
Madrid disfrutará del campeón del mundo. Este jueves se ha confirmado la asistencia de Mathieu van der Poel al Madrid Criterium, que se celebrará en la capital del España el próximo domingo 29 de octubre. Será la primera presencia del neerlandés del Alpecin-Deceuninck en suelo español para competir en una prueba de carretera.
Van der Poel tratará de relevar en el palmarés a Tadej Pogacar, ganador de la primera edición el año pasado. La lista de corredores parcipantes en el evento sigue aumentando. La organización pretende convertirlo en el escenario ideal para rendirle el más sentido homenaje a Luis León Sánchez (Astana Qazaqstan Team) en su último año como ciclista profesional. El murciano, uno de los españoles más laureados de la última década, dice adiós al deporte que tanto le ha dado y en el cual ha cosechado 47 victorias, con cuatro etapas en el Tour de Francia, una general de París-Niza y dos Clásicas de San Sebastián como resultados más destacados. Así, la cita madrileña servirá para que todos los aficionados puedan mostrar su agradecimiento y admiración a ‘Luisle’, uno de esos corredores que, durante muchos años, les ha hecho vibrar encima de su bicicleta.
Entre otros, también estarán Juan Ayuso, Marc Soler (UAE Team Emirates) y Juanpe López (Lidl-Trek) y el campeón de España, Oier Lazkano. El Madrid Criterium se podrá seguir en directo por Eurosport.
La noticia en Superbagnères, donde el Tour regresaba 39 años después, -memorias de aquellas batallas ya a color, con Hinault, Lemond y Fignon como protagonistas; del último triunfo, el de Robert Millar en 1989 por delante de Perico Delgado...-, es que Tadej Pogacar no ganó. Concedió tregua el tirano del Tour, permitió el UAE una fuga, de la que el más fuerte y el más bravo, Thymen Arensman, se llevó un triunfo bajo la niebla de los que queda para siempre. [Narración y clasificaciones]
El líder se limitó a observar esta vez, a ignorar su hambre voraz, a poner pausa a la historia, a apenas marcar con una suficiencia demoledora los intentos de Jonas Vingegaard. El danés, inquieto en la calma de los favoritos, olvidó humillaciones previas y lo probó justo en el momento que cruzaba por debajo de la pancarta de cuatro kilómetros para la cima, con no demasiado que perder. Consiguió marcharse en pareja con Pogacar y se respetaron, apenas un par de acelerones cada uno, el último, con el que el esloveno le rebasó en meta para otro bocadito a su ventaja en la general, que ya se dispara a 4:13.
Por detrás de ellos, no demasiado lejos, Felix Gall y un Florian Lipowitz que asalta el podio por méritos propios y también por el abandono de Remco Evenepoel en las primeras rampas del Tourmalet, la otra noticia del día. Carlos Rodríguez, que ayudó a su compañero en la escapada y que se mostró combativo toda la jornada, asciende al Top 10, objetivo de mínimos, y recupera sensaciones, más importante.
En el tercer día en los Pirineos se marchó el sol y llegó el otoño, niebla y llovizna para refrescar el ambiente y hacer los descensos cautelosos. El sábado venía marcado por los dos recitales previos de Pogacar, dos mazazos que dejaron al Tour boquiabierto. Y por sus palabras tras la crono en Peyragudes, cuando fue cuestionado por su carácter insaciable, tres etapas ya en su zurrón en la presente edición. Algo así como no estoy aquí para hacer amigos en el pelotón: "Esto es el Tour. No puedes aflojar si se te presenta una oportunidad de pelear por un triunfo de etapa. Nunca sabes cuándo va a ser tu último", aseguró, poniendo en valor el trabajo de su equipo.
Pogacar, al llegar a la cima.MARCO BERTORELLOAFP
Desde la salida de Pau se intuía oportunidad para la fuga, para escaladores, y a ello se afanaban en el bus del Movistar por la mañana, conscientes de que la actuación de su líder Enric Mas necesitaba mostrar algo más. Atentos estuvieron de inicio, con hasta cinco hombres en los primeros vaivenes, los que ya no resistió Evenepoel, los que acabaron también con Skeljmose tras una caída.
Y tres Movistar, Einer Rubio, Muhlberger y el propio Mas estaban en la escapada que hizo camino, donde también buscaba puntos para la Montaña el bravo Lenny Martinez (puso su nombre en solitario en la cumbre del Tourmalet), pero también Sepp Kuss y Simon Yates por el Visma y Arensman y Carlos Rodríguez por el Ineos. Sin embargo, pronto el balear confirmó que no está para demasiado.
Fue en el Peyresourde donde Arensman, en cuyo palmarés lucía la etapa en la Vuelta de 2022 en Sierra Nevada, inició su ofensiva. La que le iba a llevar a la gloria, un fuori classe que nunca mostró en las generales lo que prometía. Su esfuerzo desde ahí hasta la estación de esquí de Superbagnères fue extraordinario, manteniendo las distancias con un grupo de favoritos en calma, con el ritmo de Marc Soler primero y Narvaez y Adam Yates después, hasta que Vingegaard intentó lo que parece imposible. Le honra, al menos.
Hoy llega la Vuelta a los Lagos de Covadonga. La clasificación general la encabeza un sorprendente australiano, Ben O'Connor. Aunque cuarto en el Tour2021 y el Giro2024, al comienzo de la carrera nadie lo colocaba entre los favoritos. Una cabalgada en solitario en la quinta etapa en medio de la confianza o el despiste del grupo de ilustres lo situó en cabeza de la general con 4:51 de ventaja sobre el segundo, Primoz Roglic.
Las etapas posteriores contemplaron cómo Roglic le iba limando tiempo hasta, en vísperas de los Lagos, dejar la diferencia en 1:03. Otros aspirantes también se le habían acercado. Hoy O'Connor, heroico pero inestable, está condenado, se augura que perderá la carrera en la última semana de pasión.
Aunque tal vez no. La historia de la Vuelta registra casos de ciclistas más o menos corrientes que, enfrentados a situaciones excepcionales, se comportaron del mismo excepcional modo. La carrera recuerda al francés Éric Caritoux en 1984 y al italiano Marco Giovannetti en 1990.
Curiosamente, la etapa en la que se coronó O'Connor empezaba en Jerez de la Frontera, donde Caritoux, en aquel 1984, en la habitación del hotel, maldecía entre dientes al darse cuenta, al abrir la maleta, de que había olvidado las zapatillas. Las malditas prisas. El equipo Skil había recordado a última hora que estaba obligado por contrato a participar en la Vuelta, y, precipitadamente, reclutó como pudo a nueve hombres. No estaba entre ellos el líder del equipo, Sean Kelly, que se hallaba disputando las clásicas (y ganando algunas). Caritoux, su gregario de cámara, se encontró poco menos que al frente del grupo. Haría lo que pudiera.
O sea, nada. O casi. A los 23 años, sólo reunía cuatro victorias; la más importante de ellas, una etapa de la París-Niza. La Vuelta no era un bocado a su alcance. El equipo cubriría el expediente, y a otra cosa. Pero he aquí que, tras una semana de etapas llanas, en la que finalizaba en Rasos de Peguera, atacó Eduardo Chozas e hizo pedazos el pelotón. Lo atraparon Alberto Fernández y Caritoux, que se sintió muy bien y soltó al español, que fue sobrepasado por un trío en el que figuraba Pedro Delgado, que se vistió de líder con su primer jersey amarillo.
Lo perdió en, también curiosamente, Covadonga, donde ganó Reimund Dietzen, y pasaría a manos del inesperado Caritoux, que ya no lo soltó. Fernández ascendió al segundo puesto, a 32 segundos del francés. Ni en etapas posteriores ni en la sierra de Madrid-Segovia pudieron Delgado y Fernández con él.
Alberto estaba entonces a 37 segundos. Era un buen contrarrelojista y en la penúltima etapa, la crono de Madrid, de 33 kms., depositó sus esperanzas. Le sacó 31 segundos al francés, que acabaría con seis de ventaja, todavía la menor diferencia registrada en la Vuelta entre el primero y el segundo. Fernández se mataría en diciembre, junto a su esposa, en un accidente de tráfico cuando regresaba desde Madrid, donde había recogido el trofeo al mejor ciclista español del año.
Giovanneti pedalea en una etapa de la Vuelta.MARCA
Giovannetti no tenía más pedigrí que Caritoux. Es cierto que entre 1986 y 1989, incluidos, había coleccionado dos sextos puestos y dos octavos en el Giro. El clásico corredor fiable, pero sin brillo. No era un ganador. Su historial de triunfos se reducía a una etapa de la Vuelta a Suiza. Los equipos españoles Banesto (Miguel Indurain, Pedro Delgado, Julián Gorospe) y ONCE (Pello Ruiz Cabestany, Anselmo Fuerte, Marino Lejarreta) estaban tan preocupados por vigilarse entre sí que no advirtieron que Giovannetti, tras la sexta etapa, era segundo, a 25 segundos de Gorospe.
En el undécimo asalto, el que concluía en la estación de esquí de San Isidro, en la frontera astur-leonesa, Gorospe flaqueó. Lejarreta, que había roto las hostilidades, se había caído a 60 kilómetros de meta. La etapa la ganó Carlos Hernández (Lotus-Festina). Pero Álvaro Pino (Seur) había llevado a su compañero Giovannetti hasta el liderato.
Y ya no lo abandonó. Ni en el Naranco. Ni en la cronoescalada de Valdezcaray. Ni en Cerler. Ni en la contrarreloj de Zaragoza. Ni en la sierra segoviana, pese a los esfuerzos frenéticos de Delgado. Al día siguiente, el italiano desfiló de amarillo por Madrid y coronó un podio con Delgado a 128" y Anselmo Fuerte a 148".
Sin más emociones
Giovannetti y Caritoux no lograron nada parecido en años posteriores. Ambos fueron campeones nacionales (el francés dos veces) y Giovannetti fue tercero en el Giro en ese mismo 1990.
Conseguiría también buenos puestos en la corsa rosa. Pero terminaría su vida profesional con cuatro victorias. Caritoux, con 13. La flamígera gloria, esa yegua hermosa y salvaje, había pasado una vez por su lado. Se subieron a ella en marcha, se aferraron a sus crines, la domaron y luego, exhaustos, derribados pero victoriosos, la vieron perderse galopando en dirección a otros.
Telefónica abre mercado en el continente americano. Después de extender su marca por Colombia, Ecuador, Costa Rica, Brasil, Portugal o Estados Unidos, ahora tiende sus redes en Eritrea. El Movistar ha contratado por dos temporadas al ciclista Natnael Tesfatsion, nacido hace 25 años en Asmara. Un toque exótico para una plantilla que lleva varios cursos buscando un golpe de efecto para recuperar la notoriedad de antaño.
Tesfatsion es prácticamente desconocido para el gran público, pero cuenta con buen cartel en el pelotón. Lleva dos años como profesional de élite, integrante del equipo Lidl-Trek, compañero, entre otros, de los españoles Carlos Verona y Juanpe López y de los italianos Jonathan Milan y Giulio Ciccone. Tesfatsion se desenvuelve bien en la media montaña y atesora una aceptable punta de velocidad. Es campeón nacional de Eritrea en la prueba en ruta. Este año fue segundo la Cadel Evans Road Race. En 2022 ganó el Tour de Ruanda, precisamente en el este país se disputará el Mundial de 2025.
En el Movistar confían en la progresión de un ciclista al que llevaban siguiendo hace tiempo. Es una de las figura de su país, en el que sobresalen Biniam Girmay (ganador de etapas en el Tour de Francia y en el Giro de Italia), con el que comparte lugar de nacimiento, y Amanuel Ghebreigzabhier, tres veces campeón de contrarreloj de Eritrea y compañero suyo en el Lidl-Trek.
«Tuve la oportunidad de conocer mejor al equipo este año en Australia durante el Tour Down Under y me dejaron muy buena impresión», explica Tesfatsion, que terminó en el puesto 53ºen el Mundial de ruta de Zúrich y suma dos años de experiencia en World Tour.
Con su fichaje, el Movistar y su estructura Abarca Sports ya han tenido corredores de 31 nacionalidades distintas. Esta es la primera incorporación africana para la escuadra de Eusebio Unzué, que se aproxima a los 45 años de historia.
«El Movista es un equipo fuerte, con un gran ambiente. Tengo ganas de aportar mi esfuerzo y seguir mejorando. Me considero un ciclista con potencia para subidas cortas y con una buena punta de velocidad, y quiero seguir explotando esas cualidades. Ojalá el año que viene pueda lograr mi primera victoria en el World Tour y pueda devolver la confianza que Movistar Team está depositando en mí con buenos resultados», afirma en unas declaraciones facilitadas por el grupo español.
El eritreo destacó en su etapa como sub 23 en las filas del Qhubeka, el primer equipo importante de África. En 2021 pasó al conjunto italiano del Androni (gran plataforma de lanzamiento para escuadras del primer nivel). El pasado año fue segundo en la clásica de Geelong y tercero (tras Alaphilippe y Carapaz) en una etapa del Critérium Dauphiné.
Tesfatsion no es el primer ciclista negro que corre en un equipo español. El pionero fue Hamado Pafadnam, nacido en 1974 en Burkina Faso, que en 2002 fichó por el equipo amateur del Cafés Baqué. Participó en el calendario ciclista vasco-navarro y destacó en el Tour de su país.
Los africanos, al margen de Girmay, han tenido presencias testimoniales en las grandes rondas. El primero que participó en el Tour fue el tunecino Ali Neffatti, en la edición de 1913. En la década de los 50 destacó el argelino Abdel Kader Zaaf. En las últimas temporadas, los corredores de raza negra más relevantes han sido el eritreo Daniel Teklehaimanot, primer corredor en debutar en la Vuelta a España, en 2012, y líder provisional de la Montaña del Tour de 2015, y el francés Kevin Reza, tercero en el campeonato de ruta de Francia de 2014.