Carlos Alcaraz no sabía qué hacer. Al acabar su partido de semifinales del Open de Australia ante Alexander Zverev se tiró al suelo, como acostumbran los campeones, se fue a abrazar con su equipo y, a partir de ahí, qué. Ahora qué. El hermano de su médico, Juanjo López, le lanzó desde las gradas una bandera de Murcia y la ondeó un poco, pero no sabía qué más hacer para celebrarlo. Es muy difícil encontrar un festejo a la altura de un triunfo tan épico. A toda prisa le abordó Jim Courier, el entrevistador habitual de los vencedores en Melbourne, y Alcaraz tuvo que entregarse a la conversación.
“¿Cómo has podido conseguir una victoria así?—, le preguntó el ex número uno, y Alcaraz respondió: “Creyendo”.
“Siempre he dicho que tienes que creer sin importar cuánto estés sufriendo. Tienes que seguir creyendo en ti. A mediados del tercer set he empezado a sufrir; físicamente ha sido uno de los partidos más exigentes de mi carrera, pero ya he vivido partidos así y sé lo que tengo que hacer. Tengo que poner el corazón en el partido. Sabía que, si aguantaba, tendría opciones. Estoy muy orgulloso de mí mismo”, confesaba el ya finalista del Open de Australia, que espera rival entre Jannik Sinner y Novak Djokovic.
Dita AlangakraAP
En plena entrevista ya se le notaba exhausto, vacío, pero fue después cuando le llegó el bajón definitivo. Su hermano Álvaro tuvo que entrar en la pista para ayudarle a recoger sus raquetas y sus toallas, y Alcaraz le pidió unos segundos. Sin camiseta, a medio cambiar, se sentó en el banquillo, se llevó las manos a la cara y amagó con ponerse a llorar. Ni para eso tenía fuerzas. Al final, sin lágrimas, todavía cojeando, se marchó al vestuario para continuar con su recuperación.
“Si ganas el domingo serás el jugador más joven en vencer en los cuatro Grand Slam”, le lanzaba de nuevo Courier, y el español tiraba de humor: “Gracias por la presión. Estoy de broma, estoy de broma. Estoy muy contento de jugar mi primera final aquí. Es algo que llevo persiguiendo mucho tiempo No estaría aquí sin este público. Ha sido un placer. Me han apoyado en cada bola. Estoy muy agradecido”.
El público australiano enloqueció con sus palabras. En los dos primeros sets se había mostrado neutral y, si alguien decantaba la balanza, era un grupo de seis jóvenes españoles llegados desde Sídney que hacía mucho ruido. Pero en cuanto empezaron los problemas físicos de Alcaraz, todos los aficionados presentes en la pista Rod Laver se volcaron en apoyarle. Cada vez que salvaba una situación comprometida, las gradas temblaban como si fueran a venirse abajo.
Mundial de atletismo
JAVIER SÁNCHEZ
Enviado especial
@javisanchez
Budapest
Actualizado Viernes,
25
agosto
2023
-
21:27Ver 1 comentarioLa venezolana estuvo cerca de ser eliminada y...
Tenía cinco años y todavía vivía en Nueva York cuando Paula Badosa tuvo su primer contacto con el tenis. Gracias al trabajo de sus padres, Josep Badosa y Mireia Gibert, modelos y fotógrafos, estuvo en una sesión de fotos con las hermanas Williams y no les hizo ni caso. No sabía ni quiénes eran. Sólo un par de años después, con su familia de vuelta a España, la apuntaron a un campus de verano del Club Tennis d'Aro, en Platja d'Aro, en la Costa Brava, y así empezó un camino con la raqueta que culmina este jueves. A las 09.30 horas -por Max y Eurosport, en las semifinales del Open de Australia disputará el partido más importante de su vida ante Aryna Sabalenka, la actual número uno, íntima amiga suya, para alcanzar su primera final de Grand Slam.
A sus 27 años ya había vivido momentos importantes. Ganó el WTA 1000 de Indian Wells en 2021 y fue número dos, pero nunca había estado tan cerca de la historia. Con su talento y su físico, la espera sólo se entiende por un cúmulo de problemas que tuvo que descifrar, comprender y superar.
"Antes estaba muy asustada cuando jugaba. Pensaba: '¿Qué va a pasar si pierdo? ¿Qué van a decir de mí?' Dedicaba mucho tiempo a eso. Ahora no me importa lo que pase porque sé que puedo aceptarlo", admitía anteayer, feliz en Melbourne después de muchos años luchando contra las expectativas.
Adolescencia triunfal
De niña Badosa no solía acumular trofeos -destacaba más Julia Payola, también gerundense-, pero su adolescencia fue triunfal. A los 16 años, Estados Unidos y España se peleaban por ella, así que recibió un patrocinio de LaLiga y a los 17 años, en 2015, ganó Roland Garros junior. Entonces ya se había marchado de casa para irse a entrenar con Pancho Alvariño a la academia TenisVal de Valencia. Entonces, con sus primeras entrevistas, se le vino el mundo encima. "No me lo esperaba, no estaba preparada para estar tan expuesta, para que la gente me llamara la nueva Sharapova, que me dijeran que tenía que estar top 20 o top 10", reconocía tiempo después en un Informe+ de Movistar, donde aseguraba que aquello le cambió.
De repente dejó de escuchar a sus entrenadores, dejó de trabajar, pensó que ya había llegado. Y no. Durante más de cuatro años, estuvo dando vueltas por los torneos menores de la Federación Internacional de Tenis (ITF), alternando victorias y derrotas y luchando contra sus propios demonios. En cierto punto decidió volver a Cataluña y ponerse a trabajar con Xavi Budó, ex entrenador de Carla Suárez, pero aún le costaba exhibir su tenis. "Llegó a decirme que no le encontraba sentido a la vida", confesaba también Budó quien participó de su anterior explosión.
VINCE CALIGIURIAFP
A los 24 años, en 2021, en plena madurez tenística, ganó su primer título WTA en Belgrado, brilló todavía más en Miami, llegó a semifinales en Madrid, a cuartos de final en Roland Garros, nuevamente a semifinales en las WTA Finals... en definitiva se instaló en la élite. Además, el vaivén post pandémico en el ranking WTA la llevó al número dos, una posición en la que sólo habían estado tres españolas: Arantxa Sánchez-Vicario, Conchita Martínez y Garbiñe Muguruza. Un logro que aumentó la presión. Y que la hundió nuevamente. "Me daba mucho miedo perder contra alguien de menor ranking que el mío y eran casi todas las rivales", recordaba estos días en Australia.
Los cambios y la lesión
Dejó de trabajar con Budó para ponerse en manos de Javier Martí, luego de Jorge García, del británico Joel Cannell y finalmente de su actual técnico, Pol Toledo, amigo de infancia en el Club Tennis d'Aro. Cambió el resto de su equipo en varias ocasiones hasta encontrar a su actual preparador físico, David Antona, a su fisioterapeuta, Roberto Martín, y a su psiconeuroinmunólogo, Daniel de la Serna. Y entre otros vaivenes personales se mudó a vivir a Dubai, donde entrena en el complejo del hotel Atlantis The Royal.
Todo ese trasiego la condujo a una irregularidad que en 2022 ya la dejó fuera del Top 10 y de las WTA Finals y que en 2023 se complicó por culpa de una lesión de espalda. Una fractura de estrés en una vértebra la obligó a parar y estuvo cerca de retirarla del tenis, pero a base de horas de masaje, de infiltraciones y de restricciones -ahora no come gluten ni lácteos- volvió a jugar. Era su última oportunidad. Después de caer al puesto 140 mundial, tenía que usar su ranking protegido para entrar en los Grand Slam y necesitaba ganar y ganar y ganar. Lo hizo.
DAVID GRAYAFP
"Hubo un punto el año pasado en el que estuve muy cerca de dejarlo porque no me veía al nivel. La espalda no respondía bien, no encontraba soluciones, pero quería intentarlo por última vez, una última oportunidad. Y bueno, aquí estoy", valoraba después de vencer a Coco Gauff en cuartos (7-5 , 6-4) con la tranquilidad como arma. Después de todo lo vivido, ahora Badosa es otra, más estable, y hay pocas jugadoras capaz de desmontar sus golpes si ella no falla. Posiblemente Sabalenka sea una de ellas, también tiene capacidad Iga Swiatek, la número dos del mundo, pero pocas más.
La española saldrá de Australia de vuelta al Top 10 del ranking WTA, número nueve, y prácticamente sin puntos que defender hasta el WTA 1000 de Roma de mayo. Con su nueva mentalidad, la gira de tierra batida de primavera y especialmente Roland Garros, se presentan como escenarios donde brillar y volver a levantar un título 'grande', si no ocurre antes el sábado en Melbourne. Badosa, ahora es, por fin, la mejor Badosa.
En el entorno de Carolina Marín cuentan que no lo esperaba. La china He Bing Jiao, su rival en las fatídicas semifinales de los Juegos de París en las que volvió a romperse la rodilla, subió al podio a recoger su plata -perdió en la final-, con un pin de España. Un bonito homenaje. Una sorpresa porque Jiao no tenía mucha relación con Marín y porque la cultura china no es muy dada a este tipo de expresiones. "Podéis imaginar cómo está, pero ha visto la fotografía de Jiao y le ha emocionado", comentan quienes la conocen.
La jugadora aterrizó este lunes en el aeropuerto de Barajas, en Madrid, y allí la recibió un grupos de aficionados que le dedicó una ovación y la vitoreó: "¡Campeona, campeona!". "Todavía no he podido ver todo (refiriéndose a las muestras de cariño), pero quiero dar las gracias a todo el mundo. Estoy destrozada, no puedo decir otra cosa. Me voy ahora mismo al hospital y a ver qué sale. No sé si me tienen que operar, voy directamente al hospital y ahí tomaremos decisiones. Gracias por el apoyo", dijo ante los medios que la esperaban en la terminal.
Durante toda la mañana se estuvo haciendo pruebas en la Clínica CEMTRO, donde fue operada las dos veces anteriores, por el doctor Pedro Guillén. Las primeras exploraciones, realizadas en el centro médico de la Villa Olímpica, apuntaban a una rotura del ligamento cruzado de la pierna derecha, aunque no se hará oficial hasta que haya un diagnóstico seguro. Marín se rompió por primera vez ese ligamento de esa misma rodilla a principios de 2019, en Indonesia. Luego, dos meses antes de los Juegos de Tokio 2020 sufrió la misma lesión, pero está vez en la rodilla izquierda y con afectación también al menisco.
Desde el mismo entorno de Marín aseguraban que ni tan siquiera habían valorado la opción de recibir una medalla de bronce honorífica y que esa iniciativa, si realmente existía, no había salido de ellos.