El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dijo este domingo que el equipo de fútbol americano Washington Commanders debería recuperar “inmediatamente” el polémico nombre original de Redskins (pieles rojas), que cambiaron en 2020 por sus connotaciones racistas hacia la población nativa estadounidense.
“Los Washington ‘Lo que sea’ deberían cambiar su nombre INMEDIATAMENTE a Washington Redskins. Hay un gran clamor por ello”, escribió el mandatario en su red Truth Social.
Trump insistió en que “lo mismo ocurre con los Cleveland Indians, uno de los seis equipos originales de béisbol, con un pasado histórico”.
En 2021, ese emblemático conjunto pasó a ser conocido como los Cleveland Guardians (Guardianes de Cleveland), también en respuesta a la presión de movimientos de justicia social en el país.
“Nuestro gran pueblo indígena, en masa, desea que esto suceda. Su herencia y prestigio les están siendo arrebatados sistemáticamente. Los tiempos son diferentes ahora que hace tres o cuatro años. Somos un país de pasión y sentido común”, advirtió el mandatario, con un mensaje a los dueños de estos equipos: “¡¡¡HÁGANLO!!!”.
En otro mensaje en la plataforma, Trump amenazó a los Commanderscon entorpecer las negociaciones para el regreso de la franquicia a la ciudad capital.
“Si no cambian el nombre de nuevo al original Washington Redskins y no eliminan el absurdo mote de Washington Commanders, no haré ningún trato para que construyan un estadio en Washington. El equipo valdría mucho más y el acuerdo sería más emocionante para todos”, indicó.
En diciembre de 2020, la formación de la capital de Estados Unidos abandonó el nombre de Redskins (referencia a la piel roja de los indios nativos estadounidenses), así como su logotipo que mostraba la cabeza con plumas de un hombre indígena en los costados del casco del equipo, que ahora luce una W en mayúscula.
En Florida hay más de un millón de ciudadanos ilegales, no documentados. Una cifra que según el Instituto de Política Migratoria se eleva hasta los 14 millones si tenemos en cuenta todo Estados Unidos. Y serán más, seguro. Y muchos son latinos. Y les encanta el fútbol. Y este Mundial de clubes con Leo Messi y el Inter Miami, Boca Juniors, River Plate, Palmeiras o Monterrey es un paraísos del balón para ellos. Muchos, con trabajos estables pero sin papeles, planeaban acudir a los estadios, especialmente al Hard Rock de Miami donde este sábado el Inter Miami y el Al Ahly inician el torneo, pero la presencia de la policía fronteriza de Donald Trump en los alrededores del evento les ha ahuyentado.
"Todos los ciudadanos deberán llevar consigo la confirmación de su estatus legal en el país", anunció en un comunicado el ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas), desplegado por el Gobierno en las sedes del Mundial.
Los disturbios de la última final de la Copa América, disputada en el Hard Rock de Miami el año pasado, han elevado la atención de las autoridades. El partido entre Argentina y Colombia se tuvo que retrasar más de una hora porque se produjo una avalancha de aficionados en la entrada, se saltaron los puntos de seguridad y se enfrentaron a la policía, con 27 arrestos. Una imagen que Miami no quiere repetir justo cuando queda un año para el Mundial de selecciones, la cita más importante para el país a nivel deportivo junto a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
plan de seguridad
De hecho, la seguridad del Hard Rock Stadium ha emitido un comunicado en el que detalla su plan de seguridad: los aficionados que no tengan entradas "no podrán acercarse al estadio, "los que tengan tickets tendrán que pasar "multitud de puntos de seguridad" antes de entrar, "la policía patrullará la zona para asegurarse de que todo el mundo tiene entradas".
"Mi mujer es abogada y está recibiendo muchas consultas de ciudadanos no documentados sobre lo que deben hacer. Tienen trabajo y entrada pero la presencia del ICE les da miedo", asegura un taxista camino del Hard Rock.
"CBP está lista para controlar la seguridad en los partidos", escribió en redes sociales la policía fronteriza (CBP). Una publicación que después fue borrada por la reacción que tuvo entre los ciudadanos en relación a las duras políticas de Donald Trump en cuanto a inmigración. Muchos creen que la presencia de esos departamentos del gobierno en los partidos va más allá de la propia seguridad de los encuentros.
"podrían sentirse intimidados"
Thomas Kennedy, defensor de los derechos de los inmigrantes de la Coalición de Inmigrantes de Florida, aseguró que "las detenciones han aumentado claramente y, en este momento, el ambiente para la aplicación de las leyes de inmigración es muy hostil", dijo Kennedy, que añadió: "Los aficionados extranjeros con visados válidos podrían sentirse intimidados. Yo estaría preocupado y perturbado si fuera a los partidos", aseguró, en declaraciones que recoge el Miami Herald.
Por su parte, Gianni Infantino, presidente de la FIFA, se centró en la seguridad del torneo: "Lo más importante para nosotros es garantizar la seguridad de los aficionados que acuden a los partidos. Nadie debe pensar que puede venir a un partido y crear problemas. Queremos que todo el mundo se lo pase bien", declaró en un encuentro con medios en Miami.
"Que vengan los aficionados. Queremos que celebren, queremos que vean los partidos, pero cuando se acabe el torneo, se tendrán que volver a su casa", aseguró el vicepresidente JD Vance, en una conferencia al lado de Trump e Infantino hace unas semanas.
Era sólo una niña, apenas 16 años, cuando Kirsty Coventry ya fue escogida Deportista del año en su país, Zimbabue. Tan sólo había debutado en los Juegos Olímpicos, llegó a semifinales en los 100 metros espalda de Sydney 2000, pero su existencia era tan extraña que se convirtió en una estrella. Su instituto, el privado y femenino Dominican Convent High School de Harare, se le quedó pequeño, se fue a estudiar a la Universidad de Auburn de Estados Unidos y, de ahí, a la gloria. Primero, campeona olímpica de los 200 metros espalda en Atenas 2004 y Pekín 2008, luego Ministra de Deportes de Zimbabue y finalmente desde este jueves, presidenta del Comité Olímpico Internacional (COI).
Será la primera mujer al frente del organismo en sus 130 años de historia, la primera dirigente nacida en África y, entre otras cosas, la primera escogida en la primera ronda de las elecciones. Ni Jacques Rogge ni Thomas Bach, sus dos predecesores, que también contaron con mucha competencia, se impusieron con tanta diferencia sobre el resto. En la votación inicial, Coventry obtuvo 49 votos de los 97 posibles mientras el español Juan Antonio Samaranch Salisachs, el segundo candidato, se llevaba 28; el británico Sebastian Coe, tercero, acababa con ocho; y el resto de aspirantes apenas eran respaldados.
El éxito de Coventry se explica principalmente a través del apoyo del propio Bach, que llevaba meses haciendo campaña interna por ella, pero también responde a otros factores. "Necesitamos que quien ocupe la presidencia tenga una idea muy clara sobre cómo afrontar el futuro a largo plazo", dijo Bach, poniendo en valor la edad de los aspirantes, y le sobraba razón. El dirigente alemán, cuyo bajo mandato se incorporaron más de la mitad de los miembros presentes -que le debían un favor-, sabía que su influencia era importante, pero necesitaba más argumentos.
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Coventry convenció por ser mujer, por su juventud a sus 41 años, por su currículo, por ser africana y por su formación estadounidense. Nadie como ella puede restablecer las relaciones entre el COI y el Gobierno de Donald Trump, que había sugerido su respaldo hacia ella, y al mismo tiempo representar un éxito para África, el único continente que todavía ha sido escogido como sede de unos Juegos Olímpicos. El equilibrio parece imposible, pero Coventry lleva en esa línea todavía; en peores se ha visto.
El polémico premio de Mugabe
Hija de una familia adinerada instalada décadas atrás en Zimbabue con su empresa química, cuando fue campeona olímpica supo lidiar con el dictador de su país, Robert Mugabe. "Nuestra chica de oro", la llegó a llamar Mugabe, que le premió con 100.000 dólares después de su éxito en Atenas 2004 y la expuso como un ejemplo de "blanca buena". Pese a su política identitaria poscolonial, a la expulsión de miles de granjeros blancos, Coventry se supuso un emblema de la unión del país y ella no rechazó esa figura.
Desde su residencia en Estados Unidos, participó en algunas campañas humanitarias, pero nunca se opuso abiertamente a Mugabe, un hecho que en las últimas semanas le había afeado la prensa inglesa, a favor de la candidatura de Coe. De hecho, cuando Emmerson Mnangagwa, ex vicepresidente de Mugabe, logró hacerse con la presidencia a través de un golpe de estado en 2017, la nombró Ministra de Juventud, Deportes, Artes y Recreación, un cargo al que ahora deberá renunciar. Su futuro ya no está en su país, aunque ha prometido que trabajará para que África tenga más voz.
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Ahora debe ponerse a trabajar por todo el mundo para, cuando reciba el relevo de Bach el próximo 23 de junio, encara múltiples problemas: la reentrada de Rusia en los Juegos Olímpicos, la pérdida de varios patrocinadores japoneses esenciales para el olimpismo, la negociación de los contratos televisivos, la elección de una sede para los Juegos Olímpicos de 2036 y, entre otras cosas, la llegada de las deportistas trans a las competiciones y los problemas económicos de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) por los recortes del Gobierno de Trump.
El anterior presidente, Bach, que nunca se opuso frontalmente a las trans, no mantenía buenas relaciones con el dirigente estadounidense, que amenazaba con vetar a deportistas de varios países en los Juegos Olímpicos de los Ángeles 2028, pero Coventry tiene armas para arreglar la situación. Ya ha anunciado "medidas estrictas" para acatar esas cuestiones de género y, a través de los medios estadounidenses, la administración Trump le ha dado su visto bueno.
El apoyo de Thomas Bach, presidente saliente, a Kirsty Coventry podría justificar su victoria, pero no esta victoria, tan abrumadora que no necesitó que se eliminaran, uno a uno, el resto de los seis candidatos. El olimpismo ha hecho mucho más que apostar por la primera mujer. Ha dado un triple mortal hacia el futuro, en una decisión no carente de riesgos, porque el deporte quiere cambios que no observaba posibles con Juan Antonio Samaranch Salisachs ni con Sebastian Coe. Los miembros del COI entienden que ambos representan el pasado frente a un porvenir que va a necesitar de decisiones audaces y que difícilmente toman quienes han formado parte del establishment durante tanto tiempo: Coe, como presidente de la World Athletics; Samaranch Salisachs, como vicepresidente del propio COI.
Un rasgo de ese tiempo ha sido el presidencialismo, incluso el de Bach, y del que Coventry se ha desmarcado desde el primer momento. La ex campeona olímpica de natación, de Zimbabue, ha explicado que rige su vida a través de la filosofía 'Ubuntu': «Soy porque somos». Originaria de las culturas zulú y xhosa, rechaza el individualismo y entiende que los seres humanos son capaces de conseguir objetivos porque están conectados. De esa forma, insiste, quiere dirigir el Movimiento Olímpico. Loable propósito en un deporte que apuesta cada vez más por ex deportistas en puestos de gobierno, al contrario del antiguo régimen. Coe lo era, pero su arrogancia lo aproximaba al dirigismo del pasado. Los ocho apoyos que obtuvo en la votación envían al británico a la viñeta del cómic olímpico. Ridículo. Samaranch Salisachs fue segundo con 28, a 21 votos de la ganadora, muy lejos del consenso que inspiró su padre y patriarca del olimpismo moderno.
El caudillaje es también un signo de los tiempos en un mundo en el que va a tener que interactuar la nueva presidenta, con Donald Trump como anfitrión de los siguientes Juegos, y Vladimir Putin deseoso de volver a la platea olímpica si hay paz en Ucrania.
Coventry era, además, la candidata más joven, con 41 años, frente a Samaranch Salisachs y Coe, por encima de los 60. Su condición de mujer impulsará la paridad donde no haya llegado, pero antes deberá afrontar la peliaguda cuestión de la transexualidad. Como africana, su continente empieza a soñar.