El partido entre Sevilla y Betis en el Sánchez Pizjuán ha sido aplazado por arbitro José Luis Munuera en su tramo final por los objetos que han sido arrojados desde la grada. El colegiado del encuentro decretó la suspensión momentánea del duelo durante 15 minutos por el lanzamiento de artículos desde uno de los fondos del estadio sevillista hacia el área del equipo visitante.
En un primer momento, el árbitro abandonó el terreno de juego y los futbolistas se quedaron en el césped charlando, pero con el paso de los segundos ambas plantillas se fueron a los vestuarios. Era el minuto 86 con un resultado de 0-2 para el Betis.
Cánticos insultantes contra el Betis han sonado en el Sánchez Pizjuán una vez que los equipos se retiraron a los vestuarios.
El lanzamiento de objetos se intensificó una vez que fue expulsado con roja directa el delantero del Sevilla Isaac Romero.
GP de Japón
MIGUEL A. HERGUEDAS
@herguedas
Actualizado Domingo,
24
septiembre
2023
-
09:25Verstappen domina de punta a punta, mientras McLaren firma un...
Pase lo que pase ya en 2025 J.J. Spaun es el personaje revelación del año golfístico. El nuevo e impredecible ganador del US Open ya avisó en mayo, llegando hasta el desempate del The Players Championship, donde cayó de forma rotunda ante Rory McIlroy. Entonces, muchos no le tomaron en serio. Sus comienzos no fueron fáciles; en 2014 desembarcó en el Circuito Canadiense, donde apenas superó los 800 dólares en ganancias. Hoy, con 34 años, en las horas previas al desenlace de su primer major, recordaba los momentos más duros donde más de una vez llegó plantearse dejar la competición.
En un panorama donde en los últimos nueve años de ganadores de majors no ha habido lugar para las sorpresas, el último underdog desde Danny Willett (ganador del Masters de 2016) aprovechó su oportunidad: desafió a la lluvia, a los mejores del mundo y al campo más duro del planeta.
Hasta cuatro jugadores llegaron a los últimos cuatro hoyos empatados en +1. Adam Scott encadenó dos bogeys consecutivos en los hoyos 13 y 14. Sam Burns, gran dominador del torneo, fue el segundo en caer tras un doble bogey en el 15. El norteamericano se tomó mal que no le concedieran el alivio por acumulación de agua en la calle. Luego fue el inglés Tyrrell Hatton, que se peleó con el rough del hoyo 17 hasta cometer bogey en la mejor oportunidad de birdie del campo. Robert MacIntyre hizo el birdie en el 17 para dejar el resultado de +1 en casa-club, soñaba el escocés en convertirse en el primer ganador zurdo del US Open, curiosamente el único major que no ha ganado ningún jugador que juegue a izquierdas.
Desenlace vibrante
Pero Spaun que llegaba a los dos últimos hoyos con +1, pegó en el 17 el que parecía el mejor golpe de su vida. Su drive en este par cuatro se paseó por la bandera y con dos putts logró el birdie y llegar al hoyo 18 como líder en solitario y único jugador al par del campo. Los nervios podrían ser ahora su peor enemigo. Salida a la calle y, con el hierro 6, recorrió los 180 metros para poner la bola en el green, pero a 19 metros del hoyo. Dos putts serían suficientes, aunque no parecía empresa sencilla. Y de repente, la bola de Spaun recorrió con la fuerza perfecta y terminó desapareciendo en el hoyo en un delirante birdie que enloqueció al público del 18, que terminaría coreando 'USA, USA', ya con la mirada puesta en la Ryder Cup de Bethpage. No pudo el norteamericano contener la emoción junto a su mujer y sus dos hijas pequeñas. Con -1, único jugador bajo el par y ganador del US Open.
Jon Rahm protagonizó, con 67 golpes, junto a McIlroy, la mejor ronda de la última jornada. El de Barrika lo hizo cerrando con tres meritorios birdies finales y rescatando un top-10, el segundo consecutivo en majors. "Ha habido dos claves, la primera que he estado muy bien desde el tee... y la segunda, los putts de larga distancia en Oakmont, he dejado la mayoría dados", analizaba el único ganador del US Open en la historia del golf español.
Rahm finalizó octavo con +4, compartiendo posición con el número uno del mundo, Scottie Scheffler, que, pese a sus 70 golpes, transmitió sensaciones de absoluto dominador del golf. Scheffler se dejó en los greenes de Oakmont muchas y buenas opciones de birdie que no terminaron de encontrar hoyo.
La temporada del Real Madrid está siendo un tobogán con demasiados descensos. Y no es costumbre. «Este escudo, esta camiseta, no te permite ir perdiendo tantos partidos», admitía Alberto Abalde hace unos días en este periódico, esperanzado sin embargo en que la Copa fuera el punto de inflexión de otras veces. Pero lo que parecía diseñado para ser el comienzo del despegue ha acabado resultando el peor de los desengaños.
Restaban más de cinco minutos cuando Juan Carlos Sánchez, un manojo de nervios en el túnel que conducía a las entrañas del Gran Canaria Arena, tiró la toalla. No recordaba el directivo encargado de la sección de baloncesto blanca a su equipo barrido de tal forma en una final. Ante un rival completamente hechizado en los últimos tiempos, sí, pero que no deja de ser inferior en presupuesto y experiencia competitiva. Lo ocurrido en la final de Copa confirma una sospecha, los blancos no son lo que eran. Y mucho se van a tener que poner las pilas de aquí a final de temporada para que esto no sea el principio del fin de una era.
Están los resultados y luego están las sensaciones. El Madrid ha perdido los dos títulos en juego en lo que va de curso, Supercopa y Copa, ambos ante el Unicaja. Recuperó el liderato de la ACB recientemente, pero su paso por la Euroliga está siendo un calvario. En las ocho jornadas que restan deberá ganar la mayoría de los partidos para no meterse en un buen lío; ser cabeza de serie ya es una quimera y parece abocado al play in. La Final Four se antoja lejos y no hay tiempo que perder: dos terribles exámenes en unos días, el clásico en el Palacio y la visita al campeón Panathinaikos.
Los jugadores del Madrid, tras la derrota en la final de Copa.Ángel Medina G.EFE
Serán pruebas de fuego y quien sabe si Chus Mateo se jugará un puesto que, a principios de diciembre, en la primera crisis, le tuvo más fuera que dentro del equipo. El técnico, que desde el comienzo mantiene un discurso apelando a la «paciencia» y destacando lo mucho que perdió su colectivo con los cambios de este verano («Es un año más complicado que otros y tenemos algún déficit más, pero hay que seguir intentando competir», volvió a pronunciar tras la derrota), tiene su parte de culpa y ahí están los errores en la final, la poca imaginación táctica para contrarrestar el ímpetu malagueño, el empeño en Musa y Hezonja...
El problema, claro está, se arrastra de la planificación. Los fichajes que llegaron no mejoraron a los que se fueron. Especialmente dañino fue el adiós tardío de Gerschon Yabusele rumbo a la NBA, pero se echa de menos el poderío de Vincent Poirier (clave en la Copa pasada del Carpena) como recambio de lujo para Tavares, y, cómo no, la magia de Sergio Rodríguez y la sabiduría competitiva única de Rudy Fernández.
Ni Ibaka, ni Andrés Feliz, ni Garuba ni mucho menos Rathan-Mayes, pese a la «paciencia» pedida, han dado el paso adelante necesario en estos meses. Algunos cumplen, otros ni aparecen y con el canadiense se tiró la toalla hasta desaparecer de las convocatorias. La excusa de los refuerzos tampoco vale, pues recientemente llegaron Dennis Smith Jr. (que tampoco contó para ninguno de los partidos de la Copa) y Bruno Fernando, un pívot cotizadísimo pero al que aún no se ha visto pleno.
Al Madrid, que evidentemente extraña a Gaby Deck, ya no le falta físico ni profundidad de plantilla. Le falta química y buen baloncesto. Ni Campazzo, pese a su empeño en la final, ni Tavares están como en sus momentos de dominio más altos, y los Brates no aportan la consistencia y el liderazgo que se les presume por calidad, contrato, experiencia y responsabilidad. Brillan, pero no parecen hacer ganar al equipo. La final fue sintomática para ambos. Musa, mostrando su desesperante dimisión cada vez que le llega un partido importante: no metió ni una canasta. Y Hezonja, al que durante todo el torneo se le vio tomando las riendas del colectivo, tanto en ascendencia como en juego, traicionado por esa cabeza tan especial: cruzado, fallón (uno de ocho en triples), individualista... Y desaparecido durante la entrega de trofeos.