Con Verstappen y Pérez en los primeros puestos, el español de Ferrari finaliza tercero y promete batalla para la carrera clásica de este domingo
Carlos Sainz, tras su podio en Austria.Darko BandicAP
Baja Carlos Sainz de su Ferrari, ¡alegría!, su primer podio de la temporada, pero apenas celebra: directo a la báscula, un vistazo a los Red Bull del primero y el segundo, Max Verstappen y Checo Pérez, y una pequeña charla con sus mecánicos. ¿Por qué no está eufórico? No es por ningún error propio, por un fallo de su equipo o por alguna maniobra de un rival: es por el formato.
El tercer puesto del español este sábado en el Red Bull Ring fue en la carrera sprint, que reparte un tercio de puntos que la carrera clásica, y por eso apenas le importó. Como ocurrirá en los libros de historia, donde no contará como su podio número 16 en la Fórmula 1, en la mente de Sainz el éxito fue sólo un anticipo de lo que debe ocurrir este domingo (15.00 horas, DAZN).
“Parece que tenemos buen ritmo. Espero mañana poder pelear”, comentó justo al acabar en una demostración de que la mayoría de pilotos piensa más en la carrera clásica que en el sprint. “Eran condiciones complicadas, la primera prueba con intermedios, no sabía si tendríamos grip”, resumió Sainz.
Su carrera, como la de todos, estuvo marcada por una primera vuelta apasionante, alocada, imprevisible. Por culpa de la lluvia caída sobre el circuito austriaco minutos antes del inicio, sólo había una trazada posible y muchos se aprovecharon. En esa salida, Pérez adelantó a Verstappen, Nico Hulkenberg se colocó detrás de ambos y Sainz se deshizo de Lando Norris con muchos rivales amenazando por detrás. Luego Verstappen devolvió la jugada a Pérez, Hulkenberg se aprovechó del mexicano y el espectáculo se multiplicó con múltiples adelantamientos en posiciones traseras. Por desgracia, la emoción duró poco. Más allá del lento retroceso de Hulkenberg, que acabó sexto, no hubo nada más.
Dijo adiós España y lo dijo también Rudy Fernández, el último partido de una carrera única en sus sextos Juegos Olímpicos. Ahí su legado: la selección murió de pie, con orgullo y coraje, otra vez ante Canadá. No estará en el Bercy Arena de París el equipo de Sergio Scariolo, que compitió hasta el último aliento contra un rival evidentemente superior y murió en la orilla de la épica.
En una tarde en la que tres de sus referentes no parecieron ellos, España se acogió al valor de los que menos cuentan. Con Brizuela y Pradilla plantó cara a la pléyade de NBA que es la Canadá de Jordi Fernández y sólo perdió por un triple que no entró.
Resultó un escenario cruelmente parecido (85-88, idéntico resultado) al de hace un año en Yakarta. Allí Canadá amenazaba con despedir a España a las primeras de cambio del Mundial en el que defendía el oro, como así fue. Esta vez de unos Juegos, con los de Jordi Fernández ya clasificados, pero decididos a terminar primeros de grupo y evitar un camino de espinas en el Bercy Arena. Son la nueva potencia del basket mundial, de los pocos en ser capaces de mirar a los ojos al USA Team, estrellas tan poderosas como Shai Gilgeous-Alexander o Jamal Murray.
El pecado de España había estado en su amanecer en el torneo, perezoso ante una Australia que se ha demostrado que no era para tanto. Despistes imperdonables, quizá fruto de la inexperiencia o del desgaste mental del Preolímpico. Lo subsanó contra la Grecia de Antetokounmpo, pero ese triunfo, caprichosas las matemáticas, no le ha servido para ser al menos tercera de grupo. Esta vez no habrá un USA Team implacable para España en los cruces. Desde Sidney 2000 (con un formato diferente, entonces dos grupos de seis) no se quedaba sin pisar al menos los cuartos de final.
Consciente la tropa de que la victoria antes de Grecia contra Australia llevaba al escenario más terrible, a un todo o nada, o primeros o eliminados, la tarde cobró un tinte dramático en Lille. Y entonces entran en juego la memoria de las batallas, los nervios y la capacidad de disfrazarse de héroes. Porque Canadá es el villano, sus fieros defensores, sus inmensos talentos, su físico inigualable. Y desde el principio aplicó su receta agresiva.
Sin Aldama, Lorenzo ni Willy
Y siempre mandó Canadá, lastrada bien temprano España por los fallos desde el perímetro, por la dimisión de Lorenzo Brown, secado por Lugentz Dort, uno de los mejores defensores de la NBA. Y por la 'ausencia' de Santi Aldama. La segunda unidad pronto dio otro aire a los de Scariolo. Ellos iban a ser los heroicos protagonistas.
También apareció el factor sorpresa canadiense, Andrew Nembhard, que descarriló los planes defensivos de España, más focalizada, evidentemente, en Shai. Apareció algún triple, la energía de Llull y, al fin, la selección se sintió cómoda, sin complejos... hasta que el final del segundo cuarto le dio un mazazo de realidad. Dos triples de Nembhard y los chispazos de Shai para llevar al descanso una distancia dolorosa (49-38).
Juancho y Aldama, tras la eliminación.THOMAS COEXAFP
Que se amplió a la vuelta (56-42 fue la máxima), ya con Lorenzo alarmantemente desconectado, con Willy cargado de faltas y con la selección refugiada en esos trucos defensivos tan de Scariolo, una caja y uno con Abrines persiguiendo a Shai como si le fuera la vida en ello.
Sin tres de su referentes en batalla, sólo quedaba el amor propio. Y en eso España sigue siendo única. Scariolo llamó a filas a los del fondo del banquillo, que pusieron el pecho por delante. Tipos como Brizuela y Pradilla, que quizá jamás sueñen con pisar la NBA, fueron los que evitaron la muerte por aplastamiento. Fueron bravos y contagiaron al resto.
El escolta del Barça enhebró 11 puntos de carrerilla mientras los canadienses se frotaban los ojos. El ala-pívot del Valencia, que se ganó el puesto en el Preolímpico, hizo pupa en la pintura con su empeño y sus agallas. Una pareja improbable.
Mantuvieron las constantes vitales, pero mandaba Canadá, cada vez más cerca de la meta. Un triple de Barrett a falta de 40 segundos pareció ser la puntilla, porque a Llull y a Abrines se les escaparon dos tiros libres. Aún así, un triplazo de Llull llevó al límite el duelo, aunque sólo quedaban 3,1 segundos. Extrañamente, Scariolo gastó su tiempo muerto antes de los tiros libres de Shai, que metió los dos. Y ya no le quedaron después. Sacó de fondo y el milagro de Llull desde su campo no fue posible.
Fue otro final cruel aunque inevitable. El adiós a unos Juegos y el último partido de una leyenda con todas las mayúsculas. Ahí queda, para siempre, el legado de Rudy Fernández, presente también en su postrera batalla claramente lastrado.
Tres semanas después de su triunfo en Montjuïc, el PSG se exhibió de nuevo en Leverkusen (2-7). El vigente campeón de la Champions aprovechó las dudas defensivas del Bayer para imponer la calidad de Désiré Doué y Khvicha Kvaratskhelia. La primera se vio agitada también por las expulsiones de Illya Zabarnyi y Robert Andrich, aunque los parisinos no notaron la ausencia de su central. El encargado de hacer olvidar al ucraniano fue Nuno Mendes, que no sólo controló la situación desde el eje de la defensa, sino que firmó un gol y una asistencia. Cumplida la hora de juego, Luis Enrique dio paso a Ousmane Dembélé, que volvía tras siete semanas de baja. El ganador del Balón de Oro anotó el 2-6 y Vitinha cerró el resultado en el añadido.
Casi cinco meses después de su espectacular final en Múnich, Doué coronó su regreso a la máxima competición de la forma más espectacular posible. En su primer partido de Champions, el joven delantero mostró su colosal talento con una secuencia rapidísima de control con la derecha y disparo con la zurda para poner el balón fuera del alcance de Mark Flekken en el minuto 41. Tres después, dio el pase inicial tras la recuperación de Achraf Hakimi para Kvaratskhelia, cuyo disparo cruzó la línea tras chocar dos veces en la madera.
Y justo antes del descanso, con un magnífico disparo con efecto, Doué sentenció el triunfo, dando a su equipo una segunda parte de 10 contra 10 llena de dominio y control. El protagonismo pasó entonces a Dembélé, al fin restablecido de su problema en el muslo derecho. "Entré un poco como de puntillas porque cuando uno regresa de lesión no está aún al 100%. Quería haber entrado ya ante el Estrasburgo, pero el entrenador me dijo que esperase un poco más. Me he sentido muy bien", declaró el ex delantero del Barça.
Destacó también el primer gol con la camiseta parisina de Willian Pacho, autor de un bonito cabezazo picado a centro de Nuno Mendes. Ante los 1.800 aficionados desplazados a Leverkusen, los jugadores de Luis Enrique enviaron un mensaje nítido a Europa: quieren conservar su corona.
El Nápoles cae a plomo en Eindhoven
El otro foco de interés de la jornada llegó en Eindhoven, donde el PSV arrasó sin piedad al Nápoles (6-2), que volvió a añorar al lesionado Romelu Lukaku. Los locales se repusieron al madrugador 0-1 de Scott McTominay. Pero el conjunto de Peter Bosz encontró los recursos para remontar ante el vigente campeón de la Serie A.
En dos minutos, el PSV niveló con un autogol de Alessandro Buongiorno y luego se adelantó por medio de Ismael Saibari (minuto 37). A partir de entonces llegó el festival holandés, con los tantos de Dennis Man (54, 80), Ricardo Pepi (87) y Couhaib Driouech (89). Un terrible golpe para los partenopeos, apenas suavizado por otro gol de McTominay en el tramo final.