Puerta grande para Mikaela Shiffrin en el eslalon

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Puerta grande o enfermería, metáfora taurina del eslalon femenino para Mikaela Shiffrin. La puerta grande era el oro. La enfermería, la ausencia de medallas, una forma de accidente para ella. También, incluso, la obtención de la plata o el bronce, quincalla para la mejor esquiadora de todos los tiempos.

Fue puerta grande, con la suiza Camille Rast, lejos, a 1.50 y la sueca Anna Swenn-Larsson a 1.71. Oro de máximos quilates para quien ha ganado 71 eslalons en la Copa del Mundo, más que nadie nunca. Oro para quien ha vencido en siete de los ocho disputados esta temporada (y en el otro fue segunda detrás de Camille Rast). Oro para quien ya hizo suyo el precioso metal en esta misma prueba en Sochi 2014.

La estadounidense había instalado sus reales desde la primera manga, precediendo a la alemana Lena Duerr y a la sorprendente joven sueca (20 años) Cornelia Oehlund. Cuando, en el segundo asalto, ésta se salió del trazado casi al final y Duerr hizo el “caballito” en la mismísima primera puerta, se despejaron varias dudas.

Mikaela, cuarta en la combinada por equipos después de arruinar en el eslalon la soberbia actuación de su compañera Breezy Johnson en el descenso, y undécima en el gigante, se reivindicó. Y rectificó su triste papel en Pekín 2022, donde no acabó el eslalon, el gigante y la combinada. Y se precipitó hasta el noveno lugar en el supergigante y hasta el decimoctavo en el descenso. Aunque ha ganado supergigantes y descensos en su carrera, no son las pruebas de velocidad aquellas en las que mejor se desenvuelve. De hecho, ya no las frecuenta. Quiso abarcar entonces demasiado porque necesitaba reencontrarse consigo misma. Tenía que actuar, no que pensar.

Y es que, todo hay que decirlo, corrían malos tiempos para ella fuera de las pistas. La muerte de su padre en 2020 la afectó psicológicamente de un modo demoledor. A la desgracia se unió la pandemia con la cancelación de la Copa del Mundo y su propio positivo por el virus. Reanudada la competición, ganó algunas pruebas. Pero, según sus palabras, “llegué a los Juegos (sus cuartos) con un sentimiento de derrota en mi interior”.

Ahora en ese mismo interior sólo hay sitio para la alegría en todos sus significados.

kpd