Varios centenares de aficionados se manifestaron en la puerta del coliseo blanco para quejarse por la colaboración entre el ex árbitro y el conjunto culé.
El ‘caso Negreira‘ llegó al Santiago Bernabéu en la disputa del primer clásico desde la publicación por parte de EL MUNDO de la investigación sobre los pagos del Barcelona al ex colegiado y ex número 2 del Comité Técnico de Árbitros José María Enríquez Negreira. A pesar del silencio mediático del Real Madrid durante la polémica de estas semanas, Chamartín recibió a los azulgrana como el territorio hostil que históricamente ha sido para ellos. “¡Corrupción en la Federación!”, protestaron varios centenares de aficionados madridistas en las puertas del estadio antes del encuentro.
Bajo una pancarta que rezaba dicha frase, los manifestantes corearon varios cánticos contra el conjunto culé, su directiva y la Federación. “¡Siempre robando, el Barça siempre robando!”, “¡Laporta, suelta la pasta!” y el mencionado “¡Corrupción en la Federación!” fueron los lemas elegidos por la concentración, celebrada bajo la Torre D del coliseo blanco, donde también se guardó un minuto de silencio “en favor del juego limpio” y en protesta por la colaboración entre Negreira y el Barça.
Antes, las dos directivas lideradas por Florentino Pérez y Joan Laporta habían celebrado en el restaurante Zalacaín de la capital la tradicional comida previa a los clásicos. Una reunión amena en la que no se hicieron declaraciones públicas entre dos organizaciones que ahora mismo son ‘amigas’ fuera del césped por el desarrollo del proyecto de la Superliga.
La NFL aterriza hoy en el Santiago Bernabéu con un evento en el que, tal y como ha podido saber este periódico, se anunciará por fin que los Miami Dolphins serán el equipo local en el partido oficial que la liga de fútbol americano celebrará el próximo otoño en el coliseo blanco. Un aterrizaje que confirma la importante conexión deportiva y económica entre Miami y Madrid.
La NFL es el último reclamo de una lista que también incluye el Gran Premio de Madrid de Fórmula 1 y su «aprendizaje» del GP de Miami y el fútbol, con el propietario de los Dolphins, según fuentes consultadas por EL MUNDO, interesado en entrar en el accionariado del Atlético.
Pero vayamos por partes. La conexión Miami-Madrid tuvo un punto de inflexión el pasado 9 de febrero. Emilio Butragueño, director de relaciones institucionales del Real Madrid, y Peter O'Reilly, vicepresidente ejecutivo de la NFL, se dieron la mano en Las Vegas y anunciaron en ese momento la llegada del espectáculo del fútbol americano al Bernabéu. Hoy, un año después, Florentino Pérez recibirá a la comitiva de los Dolphins y a representantes de la NFL en el palco de honor.
NFL-Real Madrid, Dolphins-Atlético
El coliseo blanco le ganó la partida al Metropolitano y será el escenario de un partido oficial de la próxima temporada de la NFL. Faltaban dos datos: los nombres de los equipos y la fecha. A día de hoy ya conocemos al equipo local, los Dolphins, y se puede deslizar que el encuentro se disputará en uno de los parones de selecciones de fútbol del próximo curso, en el de octubre o en el de noviembre, aprovechando que el Bernabéu no tendrá citas. De momento, la NFL guarda bajo llave el nombre del rival de los Dolphins hasta el anuncio oficial.
La relación entre Madrid y la NFL no ha dejado de crecer en los últimos años, empujada por varios factores: el interés de la liga de fútbol americano en la marca Real Madrid, el deseo del conjunto blanco de acoger eventos internacionales en el nuevo estadio y la buena sintonía entre los Dolphins y el Atlético de Madrid. Dos estrellas rojiblancas como Koke y Griezmann estuvieron hace unos meses visitando el Hard Rock Stadium de Miami y el francés es un apasionado de la liga, tiene amistad con jugadores e incluso un podcast. Además, Fernando Torres apareció en la retransmisión oficial del último draft de la NFL para anunciar una de las selecciones de los Dolphins, que en verano recibieron a los madridistas Vini y Militao.
Stephen Ross, el nombre
Pero si hay una persona que es capital en esta conexión Miami-Madrid es Stephen Ross, empresario americano de la industria inmobiliaria y dueño, entre otras cosas, de los Dolphins, de su estadio y del Gran Premio de Fórmula 1 de la ciudad. En su bolsillo, según la lista Forbes, una fortuna estimada en 17.000 millones de euros. Las manos de Ross llegan a la NFL, la Fórmula 1 y el tenis, donde es promotor del Mutua Madrid Open y el Masters 1000 de Miami.
Le falta el fútbol. Hace un par de años, el círculo del empresario negó estar negociando la compra del Atlético de Madrid, pero a día de hoy Ross sigue interesado en formar parte del accionariado rojiblanco. No como dueño, pero sí como inversor. Ve al cuadro del Metropolitano, con nuevo estadio y en pleno desarrollo de la nueva Ciudad del Deporte y Ocio, como una vía de negocio interesante y en sus planes estaría tantear a los distintos propietarios para acceder a un 15% de las acciones. El 70,39% del club es de Atlético HoldCo, socio mayoritario propiedad de Cerezo, Gil Marín y Ares Management, el 27,81% del grupo inversor Quantum Pacific, del empresario israelí Idan Ofer, y el 2% de socios minoritarios.
Sus contactos en la capital de España son claves para el futuro deportivo de la ciudad. Es «un ejemplo», aseguran fuentes consultadas por este periódico, para el GP de Fórmula 1 que quiere celebrar Madrid y ambas partes estudian cómo colaborar, tanto a nivel económico como de experiencias.
Luka Modric es una leyenda, el fútbol un juego extraordinario y el destino caprichoso e impredecible. El veterano centrocampista, quién sabe si en su último gran torneo con Croacia, falló un penalti pero marcó en la siguiente jugada para mantener vivo a su país en la Eurocopa hasta el minuto 98, cuando Zaccagni, héroe italiano, anotó el empate que dio el pase a los transalpinos y eliminó a los balcánicos. Fue un duelo agónico, de pura supervivencia. [Narración y estadísticas (1-1)]
Dalic decidió jugarse la vida con su centro del campo de siempre, ese que ha llevado a su país a una final y un tercer puesto en dos Mundiales consecutivos: Brozovic, Kovacic y Modric. La generación dorada merecía protagonizar su último baile de la mano. Y lo hicieron.
Después de un arranque prometedor en el que dominaron la posesión y tuvieron algunos acercamientos en las botas de Sucic y Kramaric, los italianos vieron que no tenían por qué tener miedo, que el empate les podía valer pero que su fútbol daba para más. Barella y Jorginho, capos del Inter y el Arsenal, asumieron su papel y domaron la pelota y a su rival.
Los balcánicos, agónicos y precipitados, tuvieron el balón por momentos, pero estuvieron nerviosos y sin ideas. El conjunto de Spalletti, sin embargo, dejó muy en lo alto el valor del papel que ha hecho España en este grupo. Los italianos son un gran equipo al que sólo le falta un gran nueve, lo que históricamente siempre ha tenido.
Dominar, pero no correr
Retegui, atacante del Genoa, tuvo las mejores ocasiones del primer tiempo. No llegó a un par de centros de Di Lorenzo y en el 20 dirigió un cabezazo que rozó el palo izquierdo de Livakovic, avisando a una grada croata que no dejaba de cantar. Un minuto más tarde, Brozovic apareció milagroso para desviar su volea. Sufría mucho Croacia. En el 26, Livakovic sacó ante Bastoni la ocasión más clara del choque. Un cabezazo a un metro al que el guardameta respondió con agilidad.
Croacia superó el arreón y, consciente de sus limitaciones, volvió a bajar las pulsaciones del duelo. Con ese centro del campo no puede correr, necesita dominar. Y si no domina, puede caer.
La entrada de los jóvenes Sucic y Pasalic no le dio a Dalic lo que quería. Deseó sangre, pero tuvo apatía. No aparecieron entre líneas y Kramaric no tenía el cuerpo suficiente para pelear con los centrales transalpinos. El choque empezaba a pedir a Budimir o Petkovic, gigantes croatas. Todo mientras Livakovic volvía a evitar el primero, esta vez desde los pies de Pellegrini.
El disparo de Zaccagni que valió el 1-1 en Leipzig.EFE
El descanso confirmó los presagios de Dalic, que dio entrada a Budimir en lugar de Pasalic. El del Osasuna se situó como referente para dar una opción en largo y Kramaric volvió a la banda izquierda, su lugar natural. Ahí creció el cuadro balcánico y ahí nació el 1-0, fruto de un golpe del destino que sólo puede ofrecer el fútbol.
Gigante en cada pelea
En el 51, Kramaric, dentro del área, disparó a puerta y la mano de Frattesi desvió el balón. No lo vio Makkelie, pero sí el VAR. Un penalti clarísimo que Modric, en su batalla contra su propio final, quiso lanzar, asumiento la responsabilidad de toda su generación. Quién iba a ser. El croata buscó el lado izquierdo de Donnarumma, pero éste adivinó su idea y rechazó el lanzamiento. Locura italiana para seguir mirando a octavos de final. Pero el fútbol es increíble, imprevisible, y Modric, que podría estar hundido por la situación, se redimió para anotar el primer tanto del duelo en la siguiente jugada. Sucic puso un centro templado, Budimir remató, Donnarumma lo detuvo y el rechace lo envió a gol el centrocampista del Madrid.
El fútbol dio la vuelta en un segundo. De repente, Italia se quejaba y temblaba con balón y Croacia cantaba que seguía viva. Modric, MVP, se hizo grande, gigante en cada pelea por el balón, Brozovic ocupó espacios como si fuera 2018 y el equipo mordió, elevado por una afición que convirtió Leipzig en Zagreb.
Con el paso de los minutos, Italia se recompuso y fue consciente de su situación. Creció otra vez con el balón y asedió la portería de Livakovic en un tramo final catatónico. En Croacia, ya sin estrellas, sólo quedaron secundarios con oxígeno achicando balones. Parecían aguantar, pero una arrancada de un imperial Calafiori asistió a Zaccagni para que el de la Lazio anotara un golazo por la escuadra. Italia vivió, Croacia murió y depende ahora de una carambola milagrosa.