La tenista española Paula Badosa, nacida hace 26 años en Nueva York, regresó esta semana a la ciudad donde pasó sus años de formación para visitar a la Kings County Tennis League (KCTL), un programa apoyado por Laureus que trabaja con niños residentes en las viviendas sociales de Brooklyn y sus alrededores.
Dirigido por un equipo de empleados y voluntarios, el proyecto utiliza el tenis y otras actividades educativas fuera de la cancha para promover el desarrollo de los jóvenes. Además, su trabajo con sus socios ayuda a proporcionar apoyo y orientación a los estudiantes y sus familias en su esfuerzo por asegurarse un futuro mejor.
Al renovar espacios de juego poco utilizados, crear nuevas pistas, proporcionar equipamiento y poner en marcha una amplia variedad de programas, la organización consigue eliminar las barreras físicas y económicas para poder jugar al tenis.
Paula Badosa, en Brooklyn.
Badosa, que volverá esta semana a Flushing Meadows para disputar el US Open, pudo de esta forma comprobar el impacto del trabajo que se lleva a cabo para mejorar la vida de los jóvenes al pasar el día con algunos de los niños participantes. La española les transmitió consejos en el marco de un entrenamiento y les proporcionó una valiosa visión de lo que se necesita para convertirse en un atleta de élite.
“Ha sido un privilegio estar aquí en KCTL, aprendiendo más sobre el trabajo que Laureus está haciendo, utilizando el deporte para ayudar a los jóvenes en una ciudad que significa mucho para mí”, destacó la tenista española.
El director ejecutivo de la organización, Joe Ceriello, también quiso señalar que el hecho de que “conocer a deportistas de primer nivel como Badosa está conectando con la misión de la Kings County Tennis League de despertar el potencial de los chicos”.
Nueve hoyos, nueve, duró el desempate en el Real Club de Golf de Sotogrande, igualando el más largo de la historia en el Circuito Europeo, para terminar con las esperanzas de Jorge Campillo después de un torneo casi impecable. El Ironman de nuestro golf se pasó casi dos horas batallando con Julien Guerrier hasta que en el noveno hoyo de desempate, la peor salida de la semana condenó al extremeño en un desalmado desenlace.
El extremeño, impasible, volvió a no fallar en una jornada tensa. Por lo menos hasta los primeros 15 hoyos, donde su paciencia llegó a desquiciar a Guerrier, compañero de partido estelar, también con -19. El doble bogey del francés en el hoyo 13 dio el oxígeno necesario para que Campillo jugara con cierto margen. Su primer tropiezo llegaría en el hoyo 15, un bogey aprochando desde el rough con el que Guerrier acortó distancias. A falta de los últimos tres hoyos, el extremeño partía con uno de ventaja, cinco con respecto a Jon Rahm, autor de un bogey en el hoyo 16, sentenciando cualquier posibilidad heroica de un milagro.
Llegaron al tee del 18, donde Campillo vivió el único momento de descontrol real: encadenó una mala salida al rough con un golpe al búnker, y el bogey llevó el desenlace a un desempate. En la continuación, todo parecía perdido. Hasta que en el primer hoyo de desempate, el extremeño embocó desde cinco metros para forzar otro hoyo. La tercera vez que Guerrier y Campillo jugaron el 18 persistió la igualdad.
En el tercero del desempate, Campillo por fin visitó la calle, desde donde se dejó un putt de birdie de menos de dos metros, mientras que Guerrier respondió desde el rough con una larga oportunidad de ocho metros. El torneo parecía sentenciado, pero el drama continuó con el fallo del español.
"no he tenido la suerte del ganador"
Cuarto hoyo de playoff: los dos jugadores se encaminaban al hoyo 17, un largo par 3 protegido por agua. Volvió a sacar ventaja el español con un putt sensiblemente más corto. Ninguno de los dos acertó y de nuevo las tablas y vuelta al hoyo 18 para jugar el quinto desempate, nuevo empate, y en el sexto, más de lo mismo. Llegó el séptimo, de nuevo el 18; el cansancio y la tensión hacían ya mella y Guerrier tiró su bola al rough, presionado por un buen golpe de Campillo. A punto estuvo de embocar el chip el francés, pero volvió a perdonar el español.
Octavo hoyo y vuelta al par 3 del 17, otras tablas para igualar el playoff más largo de la historia del Circuito Europeo. En el noveno, de récord, Campillo pegó la peor salida al rough de la izquierda y desde ahí al búnker, mientras Guerrier erró su segundo golpe al rough de la derecha. La ajustada salida de búnker se quedó tan corta que Campillo ni siquiera llegó a green. Guerrier tenía un putt de algo más de dos metros para ganar el torneo y no falló. "Pienso que he dominado el playoff, pero no he tenido la suerte del ganador", relataba, alicaído.
Guerrier logró así estrenar su palmarés en España, mientras Campillo perdió en su 33ª semana de competición en 2024. Ha jugado torneos en 14 países diferentes, intentando compaginar el Circuito Americano con el Europeo. Tenía previsto el viaje a Corea la próxima semana, pero finalmente ha decidido borrarse.
Campillo, en la salida del hoyo 9, el domingo en Sotogrande.EFE
Por su parte, Rahm confirmó en Sotogrande que es un hombre de palabra: "Empezaré a saco, a ver si puedo remontar y asustarles", comentó, con más corazón que cabeza, tras finalizar a siete golpes de los líderes. Sus esfuerzos no han sido suficientes.
Rahm (-17) salió con el cuchillo entre los dientes, pero sus cuatro birdies y dos eagles resultaron insuficientes para alterar el control de su compatriota. En el cierre de temporada, el dominador del LIV Golf concluyó sexto. No ganó, pero sigue acumulando puntos para la próxima Ryder Cup de 2025. "No he estado cómodo en toda la semana. En general, no ha sido mi semana para poder hacer -22, -23 y ganar, aunque ha sido suficiente para hacer -17 y terminar entre los 10 primeros", comentaba el de Barrika, antes de poner rumbo a Nueva York para un acto promocional en la Bolsa junto a Ana Patricia Botín, presidenta del Banco Santander.
David Puig completandó otra semana sólida, con un acumulado de -13, empatado en el duodécimo puesto.
Cinco meses y medio, 162 días, 19 jornadas, todo ese tiempo ha pasado el Valencia en puestos de descenso, con Mestalla ejerciendo de salvavidas pero cómo al equipo le costaba reaccionar. Sufría el mismo castigo que Sísifo, condenado a empujar la piedra por la ladera de la montaña, a pelear por sacar la cabeza de la cola de la clasificación y, cuando parecía que llegaba con ella a la cima, que podía pasar una jornada sin estar en peligro, algo ocurría y le obliga a empezar de nuevo. Ante el Valladolid, también se enfrentó a lastres como la falta de acierto o el error tan grosero como inesperado de Mamardashvili, pero reaccionó, se sacudió Sadiq la losa de sus fallos y logró el milagro de asomar la cabeza para tomar aire fuera del infierno. [Narración y estadísticas: 2-1]
El momento del Valencia, sin permiso para descuidarse ni un momento, se evidenció claramente en este partido y lo personificaron el atacante nigeriano y el guardameta con errores groseros. El primero perdonó clarísimas ocasiones de gol que bien podían proporcionado un descanso a Mestalla, que por primera vez en mucho tiempo percibió que podía ver fútbol sin tener un nudo en el estómago de manera permanente. Le había regalado esa tranquilidad el gol de Diego López en apenas seis minutos y la ocasiones que fueron cayendo, una tras otra, en el área de Hein. Alguna tenía que entrar, que sí, que el Valencia estaba dominando a un Valladolid que ni siquiera intimidaba y que había tenido que reponerse de la conmoción que obligó a su central David Torres a abandonar el campo. El aturdimiento lo había demostrado todo el conjunto pucelano, que respiraba al ver que el corto marcador les daba vida. Y así fue.
En el minuto 40, Mamardashvili, el mismo jugador de manos milagrosas en el que se impulsó el Valencia la pasada temporada, le regaló el empate con un fallo incompresible en la salida de balón. Sin tensión, sin saber a quién tenía que entregarle la pelota, la mandó a los pies de Latasa, que no perdonó y se llevó el empate al vestuario. No está el georgiano entero, aparecieron algunos pitos en Mestalla que se tornaron en aplausos para sostenerle el ánimo.
Imposible no responsabilizar al guardameta, pero tampoco se pueden olvidar que hubiera sido un lunar si en ataque el Valencia hubiera sido más letal. Hasta cinco ocasiones claras tuvo de ampliar el marcador. La tuvo Rioja en el minuto 10 con un disparo perfilado que se le escapó rozando la escuadra. Más clara fue cinco minutos después la de Sadiq, que no enganchó de cabeza un centro telegrafiado por Gayà.
Volvió a fallar el nigeriano, titular indiscutible por la lesión de Hugo Duro, al no aprovechar otro centro raso que le sirvió el capitán al punto de penalti tras una jugada de pizarra al saque de una falta a la media hora de partido. Dos minutos después, cabeceó alto otra pelota llovida de Almeida, muy gris. El Valencia generaba mucho peligro sin que su delantero fuera capaz de sacar provecho ante un Valladolid que parecía capaz de acompañar.
Se animó Rioja, poco exigido en sus labores de carrilero y más centrado en intimidar como extremo, a conectar con Diego López pisando área para dejársela de cara a Enzo Barrechena en la frontal. Pero el tiro del argentino, sin demasiada fe en su golpeo, se perdió a la izquierda de la portería pucelana. Es lo único que le falta a este centrocampista que cuajó un partido soberbio y que ha dado estabilidad al juego del equipo.
Ya con el empate, fue de nuevo la conexión Rioja-Gayà la que provocó que el sevillano enganchara un testarazo al fondo de la red, aunque en un ajustadísimo fuera de juego. No se afinaba.
El Valencia volvió tras el descanso con la herida abierta de un castigo que no merecía, y le costó algo sobreponerse. Lógico porque el rival intentaba no enterrar todas sus opciones de salvación y eso pasaba por no dejar pensar. Lo pudo hacer el medio argentino para enviar una pelota a Sadiq que la espalda de Cenk. Esta vez no falló. Con su control orientado y su poderoso cuerpeo venció al turco en el duelo para batir a Hein. Se había redimido, como también lo hizo Mamardashvili salvando un cabezazo de Latasa en el minuto 59.
Desde ahí mostró el equipo de Corberán una versión desconocida: supo manejar en el encuentro, con Enzo a la batuta, contener el ímpetu que, aunque fuera por agallas, mostraron los pucelanos y hasta pudieron marcar el tercero en un córner que Tárrega cabeceó a la cruceta. Mestalla, al borde de Fallas, encendió la traca que le permite soñar con la permanencia.