La nadadora más laureada en los mundiales de natación sincronizada ha agradecido el apoyo de todas las personas que la han acompañado durante su carrera
Ona Carbonell anuncia su retirada de la natación sincronizada
“Hoy dejo de ser una de las ‘niñas’ de sincro”. Así comenzaba su despedida Ona Carbonell, en el acto celebrado este viernes en la sede del Comité Olímpico Español. La decisión ya hacía bastante tiempo que sobrevolaba la mente de la deportista, pero ha sido ahora cuando la ha querido comunicar de manera oficial.
En su intervención, Ona declaraba que: “La retirada del deporte siempre es difícil, cuando no traumático. En mi caso, me siento afortunada de que esto no sea así, lo hago de forma serena, meditada y tranquila y conforme conmigo y con la decisión”.
La catalana cuelga el bañador siendo la nadadora con más medallas mundiales de natación artística: 23 en total. Además, se retira con dos medallas olímpicas: plata en dúo y bronce en equipo, que consiguió en Londres 2012 y 12 metales europeos.
Sin duda ha sido una jornada muy emotiva para la deportista, por ello ha tenido que leer su discurso para que no se le olvidara absolutamente nada. Sus palabras, han sido de agradecimiento para todas las personas que la han acompañado durante estos 23 años en la natación sincronizada. Desde sus compañeras hasta el staff técnico, pasando por sus padres, hijos y hermano. No se ha dejado a nadie atrás. De su profesión ha destacado que ha sido “el entorno donde he desarrollado una profesión y donde he hecho muchas amistades. He conocido la importancia de la empatía, del trabajo bien hecho, del respeto y del trabajo en equipo entre otras muchas cosas”.
Pero no todo ha sido de color de rosa dentro de su andadura deportiva. “He vivido de todo, muchos momentos buenos y algunos malos. Gracias al apoyo recibido conseguí sobreponerme a los malos y he tenido siempre en mente la importancia del ejemplo que damos al conjunto de la sociedad, y sobre todo a los niños y niñas. Quiero pensar que el que yo he dado es positivo”, decía la deportista.
Ona Carbonell durante su discurso de despedida.J.P.GANDULEFE
Aunque Ona se despide de las piscinas, ha dejado claro que su vida continuará ligada al deporte y al Comité Olímpico Español dentro del Primer Departamento de Maternidad del Deporte, que buscará ayudar a las deportistas a la conciliación con la maternidad. “Hace años que soy consciente que las mujeres no disponemos de las herramientas y recursos para avanzar a nivel de igualdad. He trabajado para visibilizar lo poco que se había avanzado en la conciliación. Trabajaremos para que las mujeres quieran ser madres no tengan que renunciar a su carrera deportiva”, anunciaba la ex nadadora.
Muy arropada en su adiós
Nadie quiso perderse esta cita. Ona estuvo arropada por otros deportistas como Sandra Sánchez, Teresa Perales, Lydia Valentín, Eva Moral, David Cal o Jennifer Pareja. También hubo figuras del deporte español que quisieron arropar a la catalana enviándole un emotivo vídeo. Fue el caso de Pau Gasol, Marc Márquez, Saúl Craviotto o Rafa Nadal, entre otros.
Gemma Mengual, una de las referentes en natación sincronizada, declaraba a EL MUNDO que Ona ha sido “una persona importante en este deporte, un referente. Ha dejado huella y ha hecho historia, todos sabemos eso, pero Ona es muchísimas más cosas. Es madre, mujer, amiga y creo que a partir de este momento se le abre otro mundo”.
La ex nadadora no ha sido la única que ha tenido buenas palabras para la homenajeada. El secretario de Estado para el Deporte, José Manuel Franco, reconocía, ante todos los presentes, que este acto sólo reflejaba “el cariño que Ona Carbonell ha generado durante toda su vida”.
Para él, la deportista deja mucho más que todos los éxitos que ha cosechado en el agua. “Ona deja deja su luz, su calidez, su trabajo, su capacidad de superación, su vocación y su voluntad. Además de un sin fin de éxitos que la engloban como la mujer que más medallas ha conseguido en los mundiales”, anunciaba durante su discurso en el que también admitía que: “Has sido, compañera, capitana, referente, y sobre todo amiga. Quiero confesar que además de lo deportivo, tu lado humano, tu implicación con los desfavorecidos y las facetas sociales son lo que más admiro de ti, y mira que admiro cosas”.
José Manuel Franco también ha querido hacerle una petición a la ya ex nadadora. “Tú representas el poder transformador del deporte, por eso te pido que te quedes para siempre cerca de él”.
También tuvo palabras de afecto para ella, Fernando Carpena, presidente de la Real Federación Española de Natación. “Eres una persona que transmites valores, pero no solo los transmites, también los tienes. Has vivido lo que es el alto nivel en el buen sentido. Solamente puedo abrirte las puertas de la Federación y en aquello en lo que te encuentres más a gusto, tendrás tu sitio”.
A finales del siglo pasado, el fútbol había colonizado casi toda la tierra, pero el casi que faltaba no era despreciable: India, China y Estados Unidos. En el último país hubo un hombre llamado Henry Kissinger, primero secretario de Defensa y luego de Estado, que dedicó el tiempo que le dejaba libre su tarea de pactar paces en Oriente y agitar golpes en Latinoamérica a predicar el fútbol entre los suyos. Incluso logró la organización de la Copa del Mundo de 1994 para EEUU, remando río arriba contra escépticos en su tierra y fuera de ella.
Kissinger había nacido en Fürth, Baviera, en 1923, hijo de un maestro de escuela judío y una ama de casa. El crecimiento del nazismo llevó a la familia a tomar la sabia decisión de emigrar a EEUU cuando él tenía 15 años. Mundo nuevo, vida nueva. Pero su infancia y preadolescencia en el Viejo Mundo ya le habían enamorado del fútbol, que definía como «una complejidad disfrazada de simplicidad». Cuando alcanzó los más altos cargos en la administración republicana, sus colaboradores tenían entre otras tareas la de suministrarle sobres con recortes del fútbol europeo, soccer en su nuevo país, que designa con la palabra fútbol esa variante suya del rugby, tuneado con cascos y corazas.
Para saber más
Finalizando los 70, estuvo entre los impulsores de la North American Soccer League (NASL), aquel intento algo postizo de meter el fútbol por arriba, con un supercampeonato cuya bandera fue un declinante pero aún válido Pelé, al que se juntarían Beckenbauer, Cruyff, Eusebio y otros nombres de relumbrón. Aquello sólo duró hasta 1984, y digamos que si no cuajó allí como espectáculo sí dejó un estímulo para su práctica. Colegios y universidades se interesaron por este deporte, al que veían valores europeos, y practicarlo pasó a ser un signo distintivo de los y las jóvenes de clases distinguidas. De ahí derivó el excelente desarrollo de su fútbol femenino, en la vanguardia mundial desde años atrás.
El 'aprendizaje' de 1986
Kissinger había intentado hacerse con el Mundial de 1986, al que renunció Colombia tras tenerlo atribuido. La causa fue que la FIFA se descolgó con unas exigencias inéditas que elevaban exponencialmente el costo: 12 estadios de 40.000 espectadores para la primera fase, más cuatro de 60.000 para la segunda, más dos de 80.000 para el partido inaugural y la final, más una torre de comunicación en Bogotá, más congelación de las tarifas hoteleras para los miembros de la FIFA desde el 1 de enero de 1986, más un decreto de libre circulación de divisas internacionales por el país, más una flota de limusinas para los directivos de la FIFA, más una red de trenes entre sedes, más aeropuerto con capacidad para los más modernos jets en todas las sedes, más red de carreteras rápidas para conectar las sedes entre sí.
Ante semejantes imposiciones, Colombia renunció, no sin gran polémica nacional. Kissinger impulsó a Estados Unidos a proponerse, y lo hizo, junto a Canadá, Brasil y México, que al final se lo llevaría. México tenía un gran padrino, Guillermo Cañedo, vicepresidente de Televisa y de la FIFA, de quien en Colombia siempre se malició que fue el urdidor de aquel pliego de exigencias. Kissinger declararía más tarde al respecto: «Los enredos y conspiraciones por la Copa del Mundo de 1986 me hicieron nostálgico de las conversaciones de paz en Oriente Medio». Se compensó publicando tras el campeonato un impactante artículo titulado El fútbol y las actitudes, donde señalaba que cada país juega al fútbol como vive y como hace la guerra.
Pero aprendió a manejarse en la FIFA, y el de 1994 sí lo conseguría, por delante de Marruecos y Brasil. Al presidente de la FIFA, Joao Havelange, cómplice en aquellos años de Juan Antonio Samaranch y Primo Nebiolo (presidente mundial del atletismo) en la causa de allegar grandes patrocinios para el deporte, le pareció oportuno un Mundial en Estados Unidos. Las críticas en Europa y Sudamérica fueron demoledoras, y tampoco puede decirse que Estados Unidos recibiera la noticia con entusiasmo. The Washington Post escribió en su editorial: «El fútbol es un juego que los estadounidenses enseñamos a nuestros niños hasta que alcanzan la edad suficiente para hacer algo interesante». Y también: «Aquí es el deporte del futuro y siempre lo será».
El Soldier Field de Chicago, durante la ceremonia inaugural.FIFA
Kissinger se reservó el papel de vicepresidente del comité organizador, aunque en verdad lo manejaba todo. EEUU ya acudió al Mundial previo, Italia-1990, pero perdió los tres partidos. Ahora que estaba clasificada de oficio necesitaba un equipo competitivo para no hacer el ridículo y Kissinger, aconsejado por su ídolo Beckenbauer, escogió como seleccionador al yugoslavo Bora Milutinovic, un arquetipo de trotamundos de esos que da el fútbol; lo había sido como futbolista y lo sería también como entrenador. En México-1986 dirigió a la selección local y en Italia-1990, a la de Costa Rica, a la que clasificó previamente. Fue una buena elección. Trabajó a fondo, con una larga concentración en Mission Viejo (California) por la que pasaron muchos jugadores hasta ir afinando el grupo definitivo, entre cuyos supervivientes se contó el bético Tab Ramos. Si hasta aquellas fechas Estados Unidos había jugado 80 partidos en toda su historia, ahora iba a jugar 89 antes del Mundial, lo que incluyó el torneo de la CONCACAF, la Copa América y un torneo Internacional en Riad con Arabia y Costa de Marfil. El resto fue una nube de amistosos bien programados y graduados.
Concurrieron 24 equipos, la mitad que al de este próximo verano, divididos en seis grupos de cuatro; pasaban a octavos los dos primeros y los cuatro mejores terceros, con la novedad que la victoria daba tres puntos, no dos, como venía siendo hasta entonces. Los jugadores llevaron el nombre en la espalda sobre el número, costumbre inveterada en los deportes americanos y ya adoptada entonces por la Premier. Se jugó en ocho ciudades, en campos de fútbol americano, en general viejos. Un contraste con Italia-1990, donde se construyeron o renovaron casi todos.
La primera impresión fue desoladora: el 17 de junio abrieron plaza en el Soldier Field, de Chicago, Alemania, como campeona vigente, y Bolivia, entrenada por nuestro recién fallecido Xabier Azkargorta, El Bigotón, al mismo tiempo que coches de policía perseguían por las autopistas al que conducía O.J. Simpson, celebérrimo jugador de fútbol americano (incluso había participado en la exitosa Aterriza como puedas), presunto culpable de asesinar a su esposa y su amante. El fútbol perdió interés, hasta los espectadores de Chicago dejaron los asientos para seguir en los televisores de las galerías la cinematográfica persecución, filmada desde un helicóptero. Ese primer día el Mundial se sintió en casa ajena.
86.016 espectadores en San Francisco
Y, sin embargo, todo fue creciendo sobre la marcha. Una causa fue la inmensidad de aquel país, donde desde cualquier lugar puede salir gente para cualquier cosa. Y luego, el inesperado buen papel del equipo local, bien armonizado por Milutinovic. Se hizo muy popular el defensa Alexi Lalas, un hippy pelirrojo de melena rizosa y perilla, que evocaba a Buffalo Bill, pero también llamaron la atención el portero Meola, el líbero Reyna, el cerebral Wynalda y el alborotador atacante Coby Jones. Empezaron empatando con Suiza y dieron la campanada al ganar en el segundo partido a Colombia, 2-1, con aquel autogol de Escobar que le costaría la vida al cabo de pocas semanas. Cerraron el grupo perdiendo 1-0 con Rumanía, pero eso les dio para pasar el cruce y enfrentarse en octavos a Brasil.
Ese día el fútbol pisó fuerte en Estados Unidos. Se acreditaron 1.500 periodistas. En la víspera, el presidente Bill Clinton llamó personalmente a Milutinovic para desearle suerte, y el partido concentró 86.016 espectadores en el Stanford de San Francisco, 2.000 más que la Super Bowl de 1985, récord hasta la fecha. Ganó Brasil 1-0, gol de Bebeto, pero puede decirse que aquella fue una derrota de prestigio. La ABC batió su récord de audiencia. Los muchachos de Milutinovic habían cumplido, logrando lo que la NASL había intentado infructuosamente con sus pelés, beckenbauers, cruyffs, eusebios y demás.
Por lo demás, aquel Mundial dejó cosas interesantes para el recuerdo: Franco Baresi se lesionó de menisco en el primer partido. Dada su edad, 34 años le dimos por retirado. Pero resultó que la entonces modernísima técnica de la artroscopia le permitió reaparecer en la final, donde iba a fallar el primer penalti de la tanda.
Salenko, durante su histórico partido ante Camerún.FIFA
Rusia participó por primera vez como tal, una vez disuelta la URSS. Uno de sus jugadores, Oleg Salenko, marcó cinco goles en un partido, cosa que nadie hizo antes y no haría después, en ese verano estaba pasando del Logroñés al Valencia, y más adelante jugaría en el Córdoba. Rusia ganó 6-1 a Camerún, con el meta Songo'o, que luego pasaría por el Depor, como víctima. Pero esa goleada no le dio para clasificarse. Salenko fue Bota de Oro con seis goles, los mismos que Hristo Stoichkov, aunque conseguidos en menos minutos.
Maradona vivió el definitivo drama de su suspensión por dopaje, después de haber vencido su adicción a la cocaína con un tremendo esfuerzo. El error de uno de sus colaboradores al reponer un medicamento agotado por otro muy parecido, pero que contenía efedrina, hundió su carrera y su vida para siempre.
Roger Milla, que había asombrado en Italia-1990 con su incorporación a Camerún por orden del presidente cuando ya estaba retirado, regresó a este Mundial, ya con 42 años. En el partido de los cinco goles de Salenko marcó el único de los suyos, con lo que se convirtió en el goleador de mayor edad en la historia de la Copa del Mundo.
Hemorragia nasal
España acudió con el polémico Javier Clemente como seleccionador e hizo un buen campeonato. Su equipo, granítico, cargado de defensas centrales, llegó hasta cuartos, donde perdió contra Italia por un gol de Roberto Baggio. A muy poco del final, Mauro Tassotti provocó una fuerte hemorragia nasal a Luis Enrique con un codazo en el área que ni el árbitro ni el linier vieron. Quién sabe si con ese penalti...
La final fue Brasil-Italia. Terminó 0-0 tras prórroga y por primera vez el título se decidió en la tanda penaltis. Ganó Brasil, con un fallo final de Baggio, la estrella de Italia.
En términos generales, aquel Mundial fue un éxito inesperado. Frente al escepticismo inicial, EEUU metió 3.587.538 espectadores en los 52 partidos, con un promedio de 68.991, récord absoluto. Esa fue la más grata de las sorpresas. El fútbol había metido un pie en el país, para felicidad de Kissinger. Desde entonces se ha clasificado a todas las ediciones, excepto el de Rusia-2018 (antes había faltado a todas las celebradas entre Brasil-1950 e Italia-1990) y ha ganado la Copa de Oro (que enfrenta a los países de Centro y Norteamérica) en seis ocasiones.
Ahora, el capital estadounidense asalta los grandes clubes de la Champions y el país se prepara para organizar un nuevo Mundial, apoyado en Canadá y México. Sólo que ya no está Kissinger al cargo, sino Trump...
Entrevista
HUGO COSTA
@hugocostagolf
Valderrama
Actualizado Miércoles,
5
julio
2023
-
00:31El castellonense relata a EL MUNDO su orgullo por el acuerdo alcanzado por...
Koundé fue el héroe de la epopeya que escribió el Barça ante el Eintracht. Durante muchos minutos, los alemanes fueron los protagonistas de loque apuntaba a ser otra tragedia europea. Dos goles en tres minutos permitieron respirar a los azulgranas, que siguen con pocas opciones de estar en el top-8. Tienen que dejar de temblar y afilarse. [Narración y estadísticas (2-1)]
No se encontró el Barça al equipo más goleado de la Bundesliga y al segundo que más ha encajado también en la Champions, sino a uno que se amuralló con la intención de sobrevivir y se encontró con la posibilidad de ganar. No le hizo falta jugar ni siquiera quitarle la pelota a los azulgrana más de una o dos veces, porque les inyectaba el veneno suficiente para plantarse ante Joan Garcia con opciones de hacer mucho daño.
Y eso que comenzó amenazando Lewandowski para afinar la puntería en un pase de Raphinha que acabó en gol anulado por un fuera de juego de la punta de la bota del brasileño. Amasaba Pedri el fútbol del Barça buscando el hueco en una defensa bien armada y, si en el área no se podía, había que probar desde fuera, como hizo Gerard Martín con un disparo que salvó Zetterer. Fue la única parada del meta alemán.
Demasiadas prisas
Poco más hizo el equipo de Flick en la primera parte, atosigado, sin que apenas apareciera Lamine, con Raphinha intentando multiplicarse por todos los perfiles y Fermín ahogado. Lewandowski solo era un espectador.
Estaba cómodo el Eintracht porque tenía claro el plan, y le salió a los 20 minutos. Un robo del central Brown y una cabalgada para asistir a Knauff, colándose a la espalda de Gerard Martín, y que batiera la portería azulgrana. Desde ese momento, el Barça se ofuscó. Había demasiada prisa por empatar. Volcado en campo alemán, ni el periscopio de Pedri fue capaz de encontrar la grieta en el muro, a lo que se unió una gran imprecisión. A Fermín le arrebató la igualada Koch y, desde esa suficiencia, el Eintracht pudo irse al descanso con más ventaja si Eric García no hubiera frenado otra carrera de Knauff, que incluso asistió a Skhiri para un cañonazo que rozó la madera en el añadido.
Tenía que revolucionar Flick a su equipo y le encargó la tarea a Rashford. Se acostó el inglés en la banda izquierda para dejar que Raphinha fuera una amenaza en la media punta. Parecía que iba a costar levantar el partido, con Joan Garcia de nuevo frenando a Knauff, pero el remedio tuvo efecto, con Koundé de protagonista.
Doan, tras errar una ocasión en el Camp Nou.AFP
Al borde del área pequeña cabeceó un centro dibujado de Rashford desde la orilla izquierda y, apenas dos minutos después, Lamine hizo que lloviera un balón al segundo palo que el francés, de otro testarazo, cruzó al fondo de la portería de un atónito portero germano. No entendía el Eintracht qué demonios había pasado para verse con el marcador en contra en dos zarpazos.
Para no perder la efervescencia, saltó al campo Ferran Torres. Sus dos primeras jugadas hicieron contener la respiración al banquillo de Dino Toppmöller. La idea era seguir amenazando, pero sin arriesgar el orden que podía permitir al Eintracht correr con peligro, como intentó. En esa tarea tenía que aparecer De Jong. Al Barça le había costado aprender la lección, pero se agarró con uñas y dientes a otra remontada.