El estadounidense se impone en el 1.500 (3:33.69) al ídolo local, que firmó marca personal (3:34.32).
Nuguse, por delante de Katir, en la línea de meta en Madrid.AFP
El Pabellón Gallur ha devuelto a Madrid la pasión por el atletismo. Tras los llenos del Campeonato de España, el pasado fin de semana, volvió a registrar una entrada sin, prácticamente, huecos. Y, en la penúltima escala del World Indoor Tour Gold 2023, deparó una excelente jornada.
Frustrado el duelo Jakob Ingebrigtsen – Mo Katir en los 3.000 metros, por renuncia del noruego, el español bajó hasta los 1.500. Crecido a causa de su exuberante estado de forma, abrigaba un doble propósito: batir el récord nacional de Andrés Díaz (3:33.32), fechado aún en el siglo pasado (1999), y el mundial del propio Ingebrigtsen: 3:30.60, de 2022.
El primer objetivo parecía real. El segundo, ideal. La carrera partió con las ambiciones intactas. El paso por los 400 (54.84) y los 800 (1:52.09) respondía a lo estipulado. Era, sin embargo, un paso algo ficticio para Katir, dado que pertenecía a la liebre y al estadounidense Yarod Nuguse. Quizás Katir, aunque los tiempos de paso eran los obligados, esperaba otro tipo de carrera y pareció sorprendido. Tardó en reaccionar. Recortarle metro a metro a Nuguse le supuso un desgaste suplementario.
Incluso así, tomó la cabeza a los 1.200 metros. Fue un espejismo que le consumió las fuerzas que le quedaban. En la recta final, Nuguse le adelantó con facilidad para terminar en 3:33.69. Récord, sí, pero del mitin. Katir hizo marca personal (3:34.32), pero indudablemente vale una mucho mejor. Detrás de ambos, casi clandestinamente porque los ojos de todos estaban posados en el dúo estelar, llegó Adel Mechaal con 3:34.82, también plusmarca personal. Y tras él, Grant Fisher (3:34.99). Una carrera objetivamente buena, pero un poco decepcionante por las esperanzas que había despertado.
Óscar Husillos está en forma y volvió a bajar (45.84) de los 46 segundos en los 400 metros. Se muestra seguro de sí, lleno de confianza y, consecuentemente, de ambición justificada. En su estela, como en el Campeonato nacional, arrastró a Iñaki Cañal que, también, bajó de los 46 segundos, con 45.95. Ambos supondrán unas bazas a considerar en el próximo Europeo.
También se encuentra en excelente condición Saúl Ordóñez, vencedor en los 800 con 1:46.22. Mariano García, en cambio, tras su 1:45.12 en Boston, el pasado día 4, ha dejado atrás su mejor condición. No estuvo nunca en carrera y, resignado y tranquilo, acabó último con 1:48.56. No irá al Europeo, y la temporada en pista cubierta, excelente no obstante, ha concluido para él.
Cuatro hombres más allá de los ocho metros depararon un salto de longitud nada excepcional, pero lleno de interés. El cuarto lugar de Javier Guerra con 8,08 fue toda una agradable sorpresa y un augurio de empeños mayores. El fenómeno griego Miltiadis Tentoglou, con un brinco flojo para su categoría, ganó con 8,15, el mismo registro que el cubano Maykel Massó y un centímetro más que el sueco Thobias Montler.
Convincente nivel en los 60 metros vallas, dominados por el estadounidense Daniel Roberts con 7.39. En un pañuelo se disputaron las siguientes plazas de honor el cubano Roger Iribarne (7.48), el estadounidense Freddie Crittenden (7.51) y Quique Llopis, también 7.51 y muy regular en números de ese valor.
El mejor registro femenino correspondió a esos mismos 60 vallas, en los que se impuso la finlandesa Reetta Huske con récord nacional (7.79).
Tribunales
GERMÁN GONZÁLEZ
Barcelona
Actualizado Jueves,
21
septiembre
2023
-
10:37Se trata del último trámite antes de finalizar la investigación judicial y esperar...
Desde que en Brasil 1950 quedamos cuartos, todo lo posterior fue desdichado: Suiza 1954 y Suecia 1958, no clasificados; Chile 1962 e Inglaterra 1966, caídos en la primera fase; México 1970 y Alemania 1974, no clasificados; Argentina 1978, caídos en la primera fase; España 1982, corramos un tupido velo... Sólo en México 1986 vimos, por fin, algunos brotes verdes.
La ola comenzó con el 12-1 a Malta que nos clasificó para la Eurocopa Francia 1984, en la que fuimos segundos. La fase de clasificación para México la pasamos sin angustia. El Barça llegó a la final de la Copa de Europa, el Atlético a la de la Recopa y el Madrid a la de la Copa de la UEFA, lo que contribuyó a darnos sensación de fortaleza, aunque sólo el Madrid ganara la suya. Emergía la Quinta del Buitre y seguía el seleccionador del 12-1 a Malta, Miguel Muñoz, cuya lista incluyó siete del Madrid, cinco del Barça, tres del Athletic, dos del Atlético y el Sporting, y uno del Zaragoza, el Betis y el Sevilla. Veintidós, con la precaución de llevar tres porteros. Cometió un serio error: ir sin cuarto central. La pareja Goikoetxea-Maceda era soberbia, pero junto a ellos sólo fue Gallego, un mediocentro de muy buen pie y estaca si hacía falta, adaptable a líbero. Sanchís, el central de la Quinta, estaba lesionado. Muñoz desdeñó a Salva, del Barça, habitual en el equipo.
Se programó una concentración en Santa Cruz de Tlaxcala, 45 días de encierro a 2.300 metros de altitud, en una antigua fábrica de hilaturas llamada La Trinidad, convertida en centro vacacional de la Seguridad Social mexicana. Perdido en la nada, era ideal para la paz y el aburrimiento, con México D.F. a dos horas de autocar. La Federación alojó a las esposas o novias de los jugadores en el D.F. y cada semana organizaba una excursión allí de los casados o emparejados en lo que llamaron "el autobús del semen", para dos horas de intimidad con sus parejas en una especie de vis a vis carcelario. Los solteros se quedaban más aburridos y solitarios que nunca.
Una sola línea de teléfono, cartas, billar, ping pong y paseo por la carretera al anochecer. Ese era el cuadro, pasto de problemas entre jugadores y periodistas y de los jugadores entre sí. Muñoz programó partidos entre titulares y suplentes, haciendo muy visibles los respectivos papeles, y los segundos, al ver cara a cara su destino, se desahogaban con entradas furiosas. Así que, pensando que si tenían que lesionar a alguien que fuese de otro equipo, cambió el plan por dos partidos en Guadalajara (uno contra el local, otro contra el Atlas) y dos en Tlaxcala, ante el Puebla y la sub'21 mexicana. Eso sí: en ambos casos separó las aguas y jugaron el primer partido los titulares y el otro los suplentes, lo que profundizó el ánimo lúgubre de estos. El viaje a Guadalajara llevó dos horas de autocar hasta México D.F. y dos más de vuelo, pero a todos les pareció una liberación del encierro.
Para aliviar el tedio, la Federación organizó una comida de convivencia a la que invitó a Rocío Jurado, de gira por allí. Asistieron las mujeres de los jugadores, todos los directivos y trabajadores de la Federación y hasta los ex jugadores Lángara e Iborra, flecos sueltos de la Guerra Civil instalados allí. Sólo faltaron los periodistas, en solidaridad con sus compañeros de la radio Antena 3, expulsados del hotel porque uno de ellos había insinuado que a un federativo se la pegaba su mujer. De aquella juerga se contó y no se acabó. Hubo descuidos en la dieta y a algunos jugadores les alcanzó el "mal de Moctezuma". Los más afectados fueron Calderé, al que se le complicó con una bronquitis y hubo de ser internado, Tomás, Gallego y Gordillo.
Butragueño, en el partido contra Dinamarca.E. M.
Por fin, el 1 de junio (habían llegado a Tlaxcala el 11 de mayo) llegó el primer partido. Fue en Puebla (12:00), ante Brasil, nada menos. La alineación era casi la que se venía cantando desde los inicios: Zubizarreta; Tomás, Goikoetxea, Maceda, Camacho; Míchel, Víctor (por Calderé), Francisco, Julio Alberto (por Gordillo); Butragueño y Julio Salinas. En el minuto 53 Míchel caza el balón tras un córner, su remate pega en la cara inferior del larguero, bota dentro, sale, y el australiano Bambridge no da gol. Sí dará once minutos más tarde el de Sócrates, recogiendo un rebote en el larguero; estaba adelantado cuando se produjo el disparo previo, pero...
Un fotoperiodista cazó la foto perfecta y la vendió a Interviú por 10.000 dólares. Demostraba inequívocamente que el balón había entrado, pues el sol del mediodía proyectaba su sombra dentro. Un español buscavidas, que se pegó a la selección por el procedimiento de hacerse amigo de Manolo el del Bombo, cameló al fotógrafo para que le diera una copia, de la que sacó muchas más que iba vendiendo a 10 dólares. Era un cara que pedía autógrafos a los jugadores y luego hacía camisetas con ellas para venderlas.
A la derrota se sumó una noticia pésima: Maceda no podría seguir jugando. Había llegado mal curado de una lesión de rodilla, entrenaba con pantalón largo para que los periodistas no vieran que la llevaba vendada. Al día siguiente al partido se le puso más grande que la cabeza. No podía seguir. Regresó a España.
Repuesto de su "mal de Moctezuma" y de su bronquitis, Calderé pudo estar en el banquillo el segundo día (7 de junio, ante Irlanda del Norte, en Zapopan, 12:00). Ganamos 2-1 y jugó 25 minutos, henchido de felicidad. Pero al día siguiente tuvo el susto de su vida: dio positivo en el antidopaje. Resultó que por la bronquitis le habían dado Bisolvón, que llevaba una sustancia prohibida. El médico asumió el error y la FIFA exoneró al jugador. Se sintió como si volviera a nacer.
En Tlaxcala los suplentes no aguantan más. Lobo Carrasco tira su plato de espaguetis en la mesa de Muñoz y los directivos porque les han servido antes y a él le han llegado fríos. Poli Rincón hace un amago de marcharse, bajando incluso la maleta a la recepción. Se sabía vetado. ("Un célebre conductor de programa deportivo me quiso hacer su informador dentro del grupo. Me daba mil euros por día, 89.000 pesetas, una barbaridad. Pero le dije que no, y él presionó a Muñoz para que no jugara". No dice el nombre, pero no hace falta. Fallado ese tiro, el informador encontró otro que aceptó la oferta).
España gana 3-0 el tercer partido (Argelia, Monterrey, 12:00), con un calor de mil demonios, y pasa como segunda de grupo. Acabado el partido, Muñoz decide no regresar a Tlaxcala sino dormir en México D.F. para a la mañana siguiente volar a Querétaro y ver el Dinamarca-Alemania (16:00), del que saldrá nuestro rival de octavos, a jugar precisamente allí. El vuelo de Monterrey al D.F. se retrasa cuatro horas y Muñoz decide anular el hotel del aeropuerto y seguir por carretera hasta Querétaro para no llegar tarde al partido. Son tres horas en autocar. En Querétaro hay dos hoteles de la organización: uno lo ocupa Alemania y está lleno; en el otro hay plazas, pero se desaconseja que dos selecciones compartan hotel y Dinamarca se agarra a eso. Aparece uno al que llegan rendidos, a las dos de la mañana, y resulta que en cada habitación hay un ejército de cucarachas. Se amotinan, se hacen llevar al hotel de Dinamarca, lo toman por asalto y se acuestan.
Eloy, fallando el penalti decisivo ante Bélgica.E. M.
Presenciaron el Dinamarca-Alemania, ganado por los primeros, con los que deberán enfrentarse en octavos... después de cuatro días compartiendo hotel. Los daneses protestan, pero los españoles se han hecho fuertes y, por complicidad de idioma y carácter con los empleados, se apoderan de las zonas comunes.
Llega el partido, esperado con aprensión. Es el 18 de junio en Querétaro (16:00). Dinamarca ha ganado a Escocia, Uruguay y Alemania; viene como una moto. El balón es de Lerby y Laudrup, ElkjaerLarsen amenaza... Se masca el gol danés, que se retrasa hasta el 33', de penalti, y lo suponemos inicio de la goleada. Pero cerca del descanso Butragueño caza un pase horizontal en la defensa danesa y marca el 1-1. Un alivio. Muñoz sustituye a Julio Salinas por Eloy, buscando su velocidad; sigue el dominio danés y en la primera salida hay un córner que Camacho cabecea en semipifia y el balón va a la frente de Butragueño, que lo percute a la red: 2-1 en el 56'. Dinamarca se lanza y en el 69', en otra salida de España, Butragueño le hace un regate descatalogado a Olsen, que le derriba. Penalti transformado por Goikoetxea y 3-1. Dinamarca se ofusca, Tomás está cumbre ante ElkjaerLarsen, España ya cree y en el 80' Eloy se escapa, cede a Butragueño y este remata a placer el 4-1.
En el 90', nuevo penalti a Butragueño, que transforma él mismo en su cuarto gol. El 5-1 en el marcador coge por sorpresa a la multitud de madrileños que en aquellos años ocupaba de noche las terrazas de la Castellana. Se desata un grito espontáneo: "¡Oa, oa, oa, el Buitre a la Moncloa!" (había elecciones inminentes) y muchos se bañan en la fuente de Cibeles. Ahí nació la costumbre de celebrar los triunfos del Madrid en esa plaza. Al día siguiente, sobre los goles en el Telediario, alguien pulsó una tecla con el rótulo "Vota PSOE". RTVE lo atribuyó a un error humano...
Se despertó la euforia para el partido de cuartos, contra Bélgica, tenida en menos que Dinamarca, pero lo afrontamos con una seria merma: Goikoetxea no puede jugar por tarjetas y tiene que salir Chendo, lateral, en el centro de la defensa junto a Gallego. La cita es en el Cuauhtémoc de Puebla, el 22 de junio (16:00). Tenemos el público a favor, por hispanidad, por el partido de Dinamarca y porque allí habían jugado Pirri y Asensi, dejando muy buena imagen.
En el 33', Ceulemans, acreditadísimo cabeceador, gana a Chendo por arriba y marca. Bélgica se encierra y Muñoz sustituye al lateral Tomás por Señor, un interior de ataque. La presión es continua. En el banquillo, Rincón se come los puños y mira a Muñoz como diciéndole "sácame", pero el míster no se decide. Está vetado por el dichoso comentarista. En el 63' entra Eloy, de nuevo por Julio Salinas. Por fin, en el 83', a la salida del enésimo córner, Señor clava un disparo raso, imparable.
La prórroga sigue en el mismo son, con Bélgica nadando como náufrago hacia la orilla de los penaltis, que al fin alcanza. Allí marcarán Señor, Chendo, Butragueño y Víctor, pero Eloy falla el segundo ("se me hizo eterno el caminar desde el centro del campo hasta allí"), mientras Míchel era reservado por Muñoz para el sexto. Por nuestra parte, Zubizarreta no detiene ninguno. Fue desesperante verle volcarse una y otra vez blandamente, casi como un saco mal asentado, al lado contrario del balón.
Estábamos fuera. La concentración argentina lo celebró, según confesión posterior de Valdano, porque nos temían más que a Bélgica en la semifinal.
Aquello de "jugamos como nunca y perdimos como siempre" valió más que nunca. Por encima de conflictos y errores, la programación de entrenamientos había resultado, el equipo cuajó y había roto el techo de la fase de grupos, que no se traspasaba desde 1950. Fue un leve apunte de que los tiempos estaban cambiando.
Ser la sombra de Edy Tavares es una labor tramposa y complicada. A la par que hacer olvidar a Vincent Poirier, el que mejor ha sabido elevar su rendimiento en esa tesitura. El día que se confirmó el adiós de Bruno Fernando, el gigante caboverdiano dejó su enésima exhibición (16 puntos, 14 rebotes, cinco tapones...), una tarde perfecta para que el Real Madrid doblegara al Baxi Manresa y, de paso, estableciera un récord. [87-75: Narración y clasificaciones]
Fueron precisamente los del Bagès los últimos en asaltar el Palacio en ACB. Allá por marzo del 2024. Desde entonces, 34 victorias de carrerilla del Madrid (31 de la etapa de Chus Mateo). Tan poderoso en casa como trémulo a domicilio, donde no sabe lo que es ganar aún en la era Scariolo. La marca histórica la poseía el Barça de Xavi Pascual desde 2010.
Por la mañana se hizo oficial lo que ya se sabía. Bruno Fernando, refuerzo de poderío de la pasada temporada, puso rumbo a Belgrado para unirse al Partizan. Fuera mentalmente desde hace semanas y lejísimos de cualquiera de los esquemas defensivos que exige Scariolo. Mientras el Madrid peina el mercado en busca de sustituto, todo lo que no sería nunca el angoleño lo mostró Tavares en una primera parte superlativa. Ocho puntos, ocho rebotes y cinco tapones. Anticipo del show.
Un dominio que aplacó el ímpetu del Manresa, valiente en el Palacio. Amaneció con un 0-7 y aguantó cada una de las embestidas de un Madrid que avanzaba a acelerones. Primero con un 14-0 en el que sobresalieron dos triples de Abalde. Después, la aparición de Okeke y Lyles, puntos fáciles. Las pérdidas y el trabajo de Olinde mantenían en la puja a los de Diego Ocampo.
A la vuelta siguió la intimidadora presencia de Tavares marcando cada cosa que ocurría en la pista. Igual daba que le pararan en faltas: acertó sin fallo los 10 que intentó. Una tortura ante la que los visitantes fueron sucumbiendo. Llegaron a caer por 15 (61-46) y sólo cuando el africano descansó, pudieron volver a respirar. Un parcial de 2-9, con continuos errores de Garuba -que después solucionó (12 puntos, ocho rebotes) para aprovechar la oportunidad que se le brinda sin Bruno Fernando- dejó al Manresa con algo de vida antes de la recta de meta.
Pero la distancia era aún considerable y las armas del Madrid variadas y poderosas. Campazzo, que no había tenido su tarde, apareció al final para el remate. Un fondo de armario para presumir, para seguir fuerte en casa y lamer las heridas de lo que se deja en la carretera. Todo, antes de otra doble jornada de Euroliga, con visita a Múnich y el campeón de Europa, el Fenerbahçe, el jueves en el Palacio.