Un aficionado que presenciaba la final de la Liga de Naciones entre España y Portugal murió en Múnich al caer desde la tribuna que se encontraba sobre un sector de la tribuna de prensa, lo que llevó a que los periodistas tuvieran que tomar un camino distinto al habitual para dirigirse a la zona mixta.
El seleccionador español, Luis de la Fuente, al comienzo de su conferencia de prensa tras la derrota ante Portugal, expresó sus condolencias a la familia del aficionado.
“Queremos expresar nuestras condolencias con la familia del aficionado que nos han dicho que ha fallecido. En estos momentos nos damos cuenta de lo que verdad es importante”, dijo.
El departamento de prensa de la Federación Portuguesa también ha expresado sus condolencias y posteriormente lo hizo también el seleccionador portugués Roberto Martínez.
El accidente se produjo durante el segundo tiempo de la prórroga. El accidente se produjo cerca de donde estaban las mesas de comentaristas del canal RTL y de la plataforma DZN que transmitían el partido en directo para Alemania.
Un portavoz de la policía de Baviera dijo que actualmente se están interrogando testigos y se están examinado videos de que momento no hay indicios de que pueda tratarse de un crimen.
Sobre la víctima dijo que sólo podía informar que vivía en la ciudad de Garmisch-Pattenkirch y que no se había podido precisar todavía su nacionalidad.
Alcaraz mira a Nadal: "¡Vamos!". Nadal mira a Alcaraz: "¡Vamos!". Alcaraz mira a su equipo: "¡Vamos!". Nadal mira a su equipo: "¡Vamos!". Los equipos de ambos les miran: "¡Vamos!". Y así una y otra vez, una y otra vez, "¡Vamos!", "¡Vamos!", "¡Vamos!". En su camino en estos Juegos Olímpicos, Carlos Alcaraz y Rafa Nadal pueden encontrarse parejas más habituadas al dobles, duplas de auténticos especialistas, pero es imposible que se topen con dos tan firmes, tan animados, tan lanzados.
Pese a su inexperiencia en el juego de dos, Alcaraz y Nadal son favoritos al oro en estos Juegos Olímpicos de París por esa actitud tan propia que les ha llevado a, cada uno por su lado, reunir 26 títulos de Grand Slam en sus vitrinas. En su próxima ronda, los cuartos de final, se encontrarán con los estadounidenses Austin Krajicek y Rajeev Ram, dos veteranazos que han ganado cinco 'grandes' en dobles -por separado-, pero a ver cómo les hunden. Después de cada error, un aliento y después de cada acierto, un grito. "¡Vamos!", "¡Vamos!", "¡Vamos!" y luego "¡Vamos!", "¡Vamos!", "¡Vamos!".
Luego está el tenis. Si en la primera ronda de estos Juegos, Alcaraz estuvo nervioso, muy nervioso, en la segunda ronda de este lunes contra los neerlandeses Tallon Griekspoor y Wesley Koolhof le encontró al punto a eso de jugar junto a su ídolo, con todo lo que implica. Tranquilo como en sus partidos de individuales y sin ninguna muestra de dolor en el muslo derecho, el más joven de la pareja tomó el control para cerrar la victoria por 6-4, 6-7(2) y 10-2 en el super tie-break en dos hora y 21 minutos.
El control de Nadal y los golpes de Alcaraz
En el día más caluroso de lo que va de año -o de siglo- en París, Alcaraz y Nadal lograron sufrir poco con su saque -tres bolas de break concedidas- y esperar pacientes a su mano para quebrar el servicio de los rivales una vez por periodo y llevarse el triunfo. Como ya demostró en el torneo individual ante Alcaraz, Griekspoor es buen pegador, bueno en el saque, bueno desde el fondo, y Koolhof es un experto en dobles así que el éxito no era sencillo. El encuentro se decidió en dos momentos y en éstos brilló Alcaraz. En el primer set, una derecha cruzadíma le entregó el periodo a la pareja española. Y en el super tiebreak, dos saques y dos remates que lo decidieron todo
Nadal, dispuesto, incluso veloz, recuperado de sus esfuerzos recientes, ponía control y experiencia en la red, pero Alcaraz era el que resolvía en la mayoría de casos. El vencedor de 22 Grand Slam, de hecho, es consciente de esa máxima y de ahí sus acciones: pese a la diferencia de edad, en los intercambios tácticas, el veterano suele escuchar al joven y no al revés. Cuando Nadal tomaba el mando era en los momentos delicados, como cuando Griekspoor y Koolhof forzaron el super tie-break, para impedir que el ánimo de Alcaraz decayera. "No pasa nada, va", y todos arriba. De entrada, en esa muerta súbita, un 5-0, el dominio de la situación, y luego "¡Vamos!", "¡Vamos!", "¡Vamos!" y "¡Vamos!", "¡Vamos!", "¡Vamos!".
Aquel portero de rodilleras y coderas cosidas por su madre de tanto tirarse a parar disparos de jugadores imaginarios por las calles de Cheste sueña hoy con volver a Wembley. Ya pisó el mítico escenario en 2022 defendiendo los colores del Huddersfield, pero la moneda salió cruz y los Terriers no pudieron ascender a la Premier ante el Nottingham Forest.
Aún así, aquel partido se imprimió en la memoria de Carlos Corberán (Cheste, 1983) como el del ascenso de los juveniles del Cheste a Segunda Regional. "Hay momentos que se te quedan en la retina y no tienen que ver con la envergadura del partido que uno juega", explica.
Pero, Corberán no pisó el césped de Wembley o de La Viña ataviado con manoplas y vestido de corto. Lo hizo con traje y desde el banquillo. "Una de las mejores decisiones que tomé fue colgar los guantes justo al acabar mi licenciatura", explica el hoy técnico del West Bromwich Albion, que el domingo jugará las semifinales de ascenso a la Premier League ante el Southampton. Tiene 41 años y comenzó en los banquillos con 23.
Huddersfield y Leeds
Ya son siete en tierras inglesas, con el paréntesis de su breve paso por el Olympiacos griego. Un lugar, Inglaterra, donde se "respira fútbol" y en el que, a nivel profesional, ya ha entrenado más tiempo que en su propio país. En Reino Unido, Corberán ha pasado por el Huddersfield y el Leeds, donde conoció a uno de sus entrenadores más admirados: Marcelo 'El Loco' Bielsa. "Nos desarrollamos producto de las interacciones que vamos teniendo con personas que te van marcando", apunta Corberán y añade que él se enriquece con cada profesional de su entorno y trata de crecer un poco cada día.
Otro de sus modelos es Pep Guardiola, a quien se enfrentó en LaLiga como segundo de Juan Carlos Garrido en el Villarreal durante la temporada 2010/11. "Yo sufrí el fútbol de Guardiola y digo sufrí porque aquel Barça era aplastante y te sometía hasta no poder más". Así, en busca de las ideas del de Santpedor, se fue hasta Arabia Saudí al equipo técnico de Raúl Caneda, que había trabajado con Lillo, segundo de Pep. "Siempre me he movido en búsqueda del conocimiento", apunta.
Era 2012 y la vida allí era muy diferente a la Arabia actual. "Era un país más cerrado", admite el protagonista, pero donde se vivía el fútbol de manera muy pasional, con estadios de 50.000 personas llenos y un arraigo deportivo muy grande. Como no tenía familia, su rutina era sólo fútbol y más fútbol y estuvo en los dos clubes más importantes como son el Al-Ittihad, hoy equipo de Karim Benzema y el Al Nasser donde juega actualmente Cristiano Ronaldo.
Carlos Corberán en un entrenamiento con el West Bromwich Albion.
Sin embargo, el trato con estrellas le vino en el Villarreal de la mano de Garrido, en su primera experiencia en el fútbol profesional. Apenas tenía 26 años y planificaba los entrenamientos de campeones del mundo como Marcos Senna o Joan Capdevila y a mitos del fútbol como Robert Pires o Ariel 'El Caño' Ibagaza. "Cada entrenamiento yo sólo podía aprender de lo bien que se jugaba al fútbol", cuenta Corberán.
Del Villarreal aprendió una cosa que siempre ha buscado en todos los equipos por los que ha pasado, que hubiera proyecto de juego en el club. Se entrenaba como se quería jugar y se buscaban futbolistas para ello, algo innovador en aquella época y que hoy es común en muchos clubes de fútbol.
De hecho, su primer proyecto como primer entrenador le llega en Chipre donde, en apenas una temporada, se sienta en el banquillo del Doxa Katokopias y del Ermis Aradippou. "En la vida uno va tomando decisiones según los sentimientos que va teniendo y siempre me he preocupado de poder garantizar mi libertad en esos momentos de riesgo", explica el técnico.
Éxito profesional y personal
Pero, en aras a esa filosofía de proyectos largos, Carlos dejó Chipre, con opciones para continuar allí o en otros equipos europeos, y dio un paso diferente en su carrera para aterrizar en el citado Leeds, donde entrenaría al sub 23 y le llegaría el éxito deportivo y personal. En la ciudad del Yorkshire conoció a su mujer, profesora de inglés, y tuvo a su primer hijo de los dos que tiene hoy.
Padre de dos vástagos de tres meses y dos años, aunque ha cambiado pocos pañales, Carlos admite que le gusta estar al 100% en el lugar en el que está, sea con su familia o en su despacho preparando un partido. "Cuando llego a casa sí me gusta saber que ya no es hora de trabajar porque ya he estirado el chicle, que hemos hecho todas las horas que teníamos que hacer", confiesa.
Le quedan horas que invertir en, mínimo, dos partidos. Ante un rival que le ganó ambos encuentros ligueros y que cuenta con mucho más presupuesto. Así, Carlos recurre a los tópicos: "Siendo conscientes de la dificultad, de la envergadura del rival, de la plantilla, del presupuesto, de todo... el fútbol es fútbol y trataremos de controlar todo aquello que podamos controlar para ir a Wembley". Palabra de entrenador.