Fue nadador olímpico, jugador de waterpolo, pero sobre todo entrenador de natación, faceta en la que Joan Fortuny i Vidal (Barcelona, 12 de mayo de 1946), fallecido este viernes, según confirmó la Real Federación Española de Natación (RFEN), destacó especialmente.
Todo empezó en 1971, cuando empezó su carrera como técnico en el CN Palma. Allí entrenó a uno de los grandes nadadores españoles de siempre, Rafael Escalas.
Después fue entrenador del CAR de Málaga (1981) y técnico de referencia del CN Montjuïc (1984). En el CAR de Sant Cugat (1988) fue director de natación en la primera década del siglo XXI y encargado de la preparación de David Meca, Erika Villaécija, Rafa Muñoz o María Peláez, entre otros muchos.
Su etapa de formación se desarrolló en el Club Natació Barceloneta. Ganó en 1962 la travesía al Port de Barcelona y al año siguiente consigue una beca en la residencia Blume y entrena a las órdenes del holandés Jan Freese.
En siete años ganó 46 títulos nacionales, en todos los estilos menos en espalda, batió 57 récords de España y participó en dos Juegos Olímpicos -Tokio (1964) y México (1968)-, dos Juegos del Mediterráneo (1963 y 1967) y el Europeo de Utrecht (1966).
En 1968, Fortuny le da una nueva vuelta a su carrera y acepta la oferta del seleccionador español de waterpolo Bandy Zolyomy para incorporarse al equipo nacional, con el que juega 37 partidos en tres años. Es cuando decide escuchar la oferta de Freese y volver a su mundo, al de la natación, para entrenar a los grandes nadadores españoles.
Carlos Alcaraz se ejercitó aparentemente mermado físicamente este domingo en Montecarlo, con el antebrazo derecho cubierto por un vendaje especial.
El número 3 mundial no recurrió ni a un 'sparring' ni a otro jugador para realizar intercambios, limitándose a una práctica limitada con su entrenador, el excampeón de Roland Garros y ex número uno mundial Juan Carlos Ferrero.
La ATP no comunicó este domingo la lesión del jugador e indicó a AFP que no se sabrá hasta el lunes por la mañana si Alcaraz ha reservado o no una pista para entrenar ese día.
Alcaraz, de 20 años, está exento de disputar la primera ronda y no jugaría en el torneo monegasco hasta martes o miércoles, frente al canadiense Felix Auger-Aliassime (36º) o el italiano Luca Nardi (75º).
Alcaraz, ganador de dos títulos del Grand Slam (Estados Unidos 2022 y Wimbledon 2023), nunca ganó un partido en Montecarlo. En su primera participación en 2022 llegó muy cansado tras su título en Miami, cayendo en el primer partido. El año pasado fue declarado baja antes del torneo.
En la conferencia de prensa del sábado, Alcaraz se había mostrado optimista. "Espero alcanzar las rondas finales" en Montecarlo, el primer gran torneo de la temporada europea sobre tierra batida, que da inicio a la cuenta atrás hacia Roland Garros.
"Tuve unos días de descanso después de Miami y he estado entrenando en tierra. En general no necesito mucho tiempo para alcanzar mi mejor nivel en esta superficie", explicó entonces.
El Masters 1000 de Montecarlo arrancó su cuadro principal este domingo con cuatro partidos del mismo.
En los resultados del día destacó la contundencia del croata Borna Coric (32º) para ganar 6-1 y 6-1, en una hora y cuatro minutos, al kazajo Alexander Bublik (18º).
El estadounidense Taylor Fritz (13º) fue eliminado por el italiano Lorenzo Musetti (24º) por un doble 6-4.
El argentino Sebastián Báez (19º), el mejor tenista sudamericano actualmente en el ranking ATP, fue eliminado por su parte al perder 1-6, 7-6 (7/3) y 6-2 ante el alemán Jan-Lennard Struff (26º).
El césped está siendo uno de los grandes protagonistas de este Mundial de clubes. El clima tan cambiante de esta época del año en Estados Unidos, con calor extremo y tormentas tropicales según la hora del día, y la cantidad de partidos que se están disputando justo cuando más calienta el sol, han hecho de la hierba uno de los puntos de fricción entre la organización y los equipos. Por eso es importante visitar el interior del Metlife Stadium, sede de las semifinales y la final del torneo, para descubrir qué tipo de césped ha seleccionado la FIFA para los duelos decisivos.
La superficie del Metlife, casa de los New York Giants y los New York Jets de la NFL, es normalmente de turf, hierba artificial, como muchas en la liga de fútbol americano, pero para el Mundial de clubes la FIFA ha optado por la hierba natural. Después de las críticas por la superficie de los campos de la Copa América 2024, la organización de Gianni Infantino ha estado "un año investigando" y analizando opciones hasta dar con la mejor.
"La superficie es una Tahoma 31", explica a EL MUNDO Blair Christensen, responsable del césped de los estadios del Mundial. Se trata del mismo césped que se utiliza en otros cinco sedes del torneo. "Hemos dedicado más de un año de investigación y desarrollo para la elección. Realizamos un trabajo de investigación sobre el clima, ensayos, pruebas de cultivo y comprobaciones. Conocemos el ambiente del estadio. Hemos traído una superficie específica para este evento, confiábamos en que sería fuerte durante el torneo y lo estamos viendo. No tendrá problemas en acoger cuatro partidos en una semana", analiza.
Desde una granja de Nueva Jersey
El césped es utilizado durante el año por equipos de la NFL como los Chicago Bears y los Philadelphia Eagles, los equipos de la MLS de Louisville y Philadelphia o de la liga de béisbo (MLB) de Los Angeles Dodgers y Los Angeles Angels. Según la web de la compañía que se encarga de cultivarla, "es ideal para campos de golf y césped deportivo en climas cálidos y fríos".
El césped se trasladó de noche en 23 camiones refrigerados desde una granja a 150 kilómetros del Metlife Stadium, concretamente desde Tuckahoe Turf Farms, en Nueva Jersey, cinco días antes del primer partido. "La particularidad de este césped es que tiene fibras en la superficie que le dan resiliencia y estabilidad", comenta Christensen, pero hay más detalles.
El calor excesivo y el no tener aspersores automáticos como los campos de hierba natural han complicado algunos procesos. Antes y en el descanso de cada encuentro, los operarios del estadio introducen unas máquinas con mangueras por los laterales del campo para hidratar más la hierba. Algo "insuficiente" para algunos entrenadores, como Niko Kovac, del Borussia Dortmund. "La cantidad de riego ha sido insuficiente porque no tienen las herramientas para ellos. Cuando está muy seco es increíble. Te quedas pegado", aseguró en rueda de prensa.
Xabi Alonso, durante el partido ante el Dortmund.AFP
Para evitar esa sequedad, debajo de la superficie de hierba natural, la FIFA ha instalado una capa de drenaje de 85 milímetros y una capa geotextil, elevando el césped unos centímetros por encima de su altura habitual durante el resto del año y formando una capa estabilizada de cinco centímetros de hierba.
El gran cambio con respecto a la Copa América, origen de las críticas, es que el césped ya no se asienta sobre una base de hormigón. Ahora han introducido una tecnología de fibra estabilizada "para darle más de resistencia". Las pruebas, eso sí, han sido constantes durante el torneo. "Probamos muchas cosas a diario, la humedad, la densidad... Todo para intentar alcanzar los parámetros correctos", explica.
El Metlife acogerá las dos semifinales y la final del Mundial de clubes, pero también la gran final del Mundial de selecciones del año que viene. "Estamos aprendiendo a diario, pero a pesar de las cosas que se dicen, esto no es ninguna prueba para 2026. Esto es algo histórico, el mayor Mundial de clubes que se ha hecho. Estamos contentos y no estamos probando nada", insiste Luis Castro, director de partido de FIFA, a este periódico.
El invierno de 1974 fue un desastre para el hostelero italiano Carlo Cinque: el posible final de un sueño. Enamorado de la costa al sur de Nápoles, unos años atrás había comprado un terreno cerca de una acantilado y había abierto allí un hotel, Il San Pietro di Positano, pero aquel invierno un desprendimiento de piedras amenazó su suerte. ¿Y su establecimiento se iba directo al mar? Podía abandonar el proyecto ante la inseguridad, pero hizo lo contrario: lo amplió de 33 a 55 habitaciones, lo convirtió en un resort de cinco estrellas y en el espacio que había generado el desprendimiento construyó una de las pistas de tenis más bonitas del mundo.
«Hay que bajar unos 70 metros del hotel a la pista a través de unas escaleras, pero no hay duda que es una pista preciosa», asume el periodista y fotógrafo estadounidense Nick Pachelli, que acaba de publicar un libro, The Tennis Court, en el que narra más de 200 historias como esa de pistas de tenis por todo el mundo que él mismo visitó entre la verano de 2022 y la pasada primavera. Dos años de viajes en busca del lugar más recóndito, más bonito, más singular, donde jugar al tenis.
El Tennis Park Lommerrik de Rotterdam, en Países Bajos.NICK PACHELLI
Por ejemplo, en el libro -de momento sólo editado en inglés- aparece una pista construida por un matrimonio en Bunabhainneadar, un pueblo remoto en la remota isla escocesa de Harris. Por ejemplo, la sede abandonada de la Federación de Ucrania en Ispín, a las afueras de Kiev. Por ejemplo, una pista para refugiados entre un maizal en Kyegegwa, una zona rural de Uganda. Por ejemplo, las cuatro pistas del club de la isla Waiheke, en Nueva Zelanda, y sus muchos loros. O por ejemplo, la pista que cada julio se dibuja sobre la arena de la playa de la Ribera, en Luanco, en Asturias, cuando baja la marea.
«La de Luanco es una de mis pistas favoritas del libro, es muy original y es precioso ver la pasión con la que se vive el torneo que se juega allí cada verano», describe Pachelli en conversación telefónica con EL MUNDO después de muchas visitas a España. Como fotógrafo profesional siguiendo el circuito ATP, estuvo en el Mutua Madrid Open y el Trofeo Conde de Godó, pero en su obra también apareció otros lugares de España: el Club del Sol en Mijas, el Real Club de Tenis de San Sebastián, el Real Club de Tenis Betis de Sevilla y su amarillo, la Rafa Nadal Academy o el Mallorca Country Club de Mallorca, el Reial Societat de Tennis Pompeia de Barcelona o el Club de Tenis Puente Romano de Marbella.
Más de 5.000 llamadas
«Hace dos años un amigo mío me preguntó por qué no publicaba un libro exclusivamente de tenis y se me ocurrió la idea de las pistas. En el tenis es difícil ahora sacar un libro distinto y pensé que éste lo era. Cuando llegué a un acuerdo con una editorial [Hachette], contraté ayudantes para llamar a gente relacionada con el tenis por todo el mundo y encontrar las pistas más raras, las más importantes a nivel tenístico o las que tuvieran las mejores historias detrás. Hicimos más de 5.000 llamadas, investigamos, miramos mucho Google Maps y al final llegamos a la selección definitiva», recuerda Pachelli que confiesa un secreto: en la mitad de las más de 200 pistas fotografiadas se ha dado el gustazo de jugar. Junior brillante, con beca como tenista para una universidad estadounidense, una lesión le obligó a escoger un oficio y tiró por el fotoperiodismo. «Ahora sólo soy un amateur más, aunque me encanta participar en competiciones como los torneos de UTR [una app como Playtomic]», comenta y se atreve con su selección personal.
La pista del Sportchalet Murren, en Suiza.NICK PACHELLI
Si tuviera que escoger pista, jugaría en Luanco, en el Club de Tennis Dansk de Copenhague, en la sueca Bastad, donde se disputa un ATP 250, o en el Sportchalet de Murren, un pueblo de los Alpes suizos. «El libro desafía la percepción del tenista como un deporte elitista. Hay lugares exclusivos, como el All England Club, pero también pistas públicas, accesibles, abiertas a quien quiera jugar», finaliza el estadounidense.